Bajo los tilos, buscando un poco de refresco, se miran.
No hay palabras entre ellos. El silencio llega. El susurro de las hojas al rozarse, del viento entre las ramas y el de las manos al tocarse.
Las pupilas brillantes. Pequeñas lágrimas al borde de los párpados. Se miran. Y se ríen.
Sin palabras.
Una mano atrapa los dedos temblorosos. Los dedos, protegidos, parecen relajarse un poco. Y se dejan llevar.
La mano roza la muñeca y la alza al aire. Parece flotar en aquel espacio único bajo los tilos.
Labios que se abren. Para besar. La palma abierta, los dedos libres, la muñeca fresca. Y la boca ansiosa.
Tiemblan de deseo. Y de novedad. Aún a sabiendas que se quieren, que han nacido para conocerse.
Se acercan. Se tocan con el cuerpo, se abren como flores. Y los labios se encuentran con la boca y el mundo parece detenerse bajo los tilos.
El viento arrecia, las ramas se agitan, las hojas caen una y otra. Y el beso funde las intenciones, diluye los miedos, templa los sentimientos.
Amor.
Bajo los tilos se quieren y se desean. Y se dicen muchas cosas sin hablarse. Bocas ocupadas, lenguas entrelazadas; brazos enmarañados; torsos como cimitarras. Intenciones y certezas.
Y el mundo gira de nuevo bajo el hechizo del amor. Del que se tienen ahora y del que transmutará con el tiempo que vendrá. Porque han nacido para conocerse y para quererse de muchas maneras.
Pero nadie quiere saber lo que vendrá. Ninguno de los dos se ocupa ahora mismo del futuro.
Bajo los tilos ondulantes dos personas se quieren y se callan. Y parecen amarse para siempre. Al menos mientras el viento susurre entre los árboles y las manos se acaricien y haya ganas, muchas ganas, de un nuevo beso.
Someone To Watch Over Me. Linda Ronstatd & The Nelson Ridlle Orchestra.
No tiene que ser muy guapo. Tampoco muy bajo ni demasiado alto.
Ni my delgado ni muy gordito. Así, normal.
Puede tener los ojos claros y ser miope; puede no ser muy rico; puede ser simpático y callado. O hablador y parrandero.
En la noche quizá ronque un poquito (todos lo hacemos). Y puede que vaya girando imperceptiblemente hasta el borde de la cama. Puede lanzar sus brazos a buscarme o puede darme la espalda y tocar el universo con nuestros cuerpos.
Por el día quizá esté muy ocupado y hasta sea un tanto despistado; puede que se le quede algo siempre, o las gafas o la cámara o un jersey.
Pero llamará para saber dónde estoy. Pero se acercará al oído para susurrarme un hola, un cómo estás.
Y en las reuniones tediosas, sin decir palabra, alzará la mirada y sabrá decirme que nos marchemos de allí.
Y me abrazará mientras vamos uno junto al otro, en silencio, hasta casa. Y le hablaré de lo que no le he dicho nunca a nadie y sabrá cómo entenderme, o al menos fingirá que me entiende: todo lo que el amor hace por aquel que queremos.
Y llevará la billetera que le regaló su prima la estrambótica; y cocinaremos platos de casa, que para exotismos ya está la calle llena de restaurantes. Y vendrán nuestros amigos, nuevos y viejos, a echarse al sofá, a ver televisión, a charlar sin sentido sobre todo lo que ocurre en el mundo; a pontificar sobre política; a ahondar sobre el amor, el desengaño, el milagro de la vida y la marcha de la vida; sobre el trabajo y sobre el placer. Y se sentará cerca y me tomará de la mano apenas sin tocarme; y hasta le sonreirá a mi tío el pesado. Y preguntará con interés por mis padres y yo por los suyos; y los llevaremos al médico; y sus sobrinos vendrán en Navidad a buscar sus regalos; y en verano, en la playa, jugaremos a los castillos, a las batallas, a recordar cuando fuimos gimnastas o algo parecido, y queríamos ser astronautas o camioneros, o vedettes de revista o médicos o ingenieros.
Puede que no sepa contar un chiste. Pero de su boca todo lo que salga me hechizará porque me importará lo que le pase por la vida, por la cabeza y por el corazón.
Puede que, de mañana temprano, no diga gran cosa; no importa, no quiero discursos a horas tan extrañas.
No tiene que ser un manitas; yo tampoco lo soy. Pagaremos para montar una lámpara y vendrá el instalador del internet unas cien veces porque no sabremos darle al botón de encendido, o extraviaremos la clave de la red inalámbrica; o durante una maratón de películas nos perderemos las mejores escenas por querer imitarlas (mal) en la vida real.
Y será brillante y será un planeta habitado y será todo lo que necesite que sea; estable, concienzudo, irritante, amable, imperfecto, surrealista, sociable, hasta callista si hace falta, y encantador.
Ya veis que no pido poca cosa. Y sin embargo sé que no es mucho: alguien a quien querer; alguien al que cuidar y que acariciar. Alguien que sepa porqué está en el mundo y yo a su lado.
Alguien que vele por mí sin darse cuenta. Y que me quiera con todo su cariño, tal como yo le querré.
Está allí. A la misma hora, sentada en la misma mesa, junto a la vitrina.
Mira la gente pasar. Sobre la mesa, un libro que apenas hojea. Un café a medio tomar y la marca de sus labios en el borde.
Es bella. Melena larga, suelta, limpia. Piel tersa, pero ya no es una niña. Labios rojos, verdes ojos, triste otear.
Debe esperar a alguien o a algo. Quizá a que pase el tiempo. O a que el tiempo pase sobre las cosas.
Siempre elegante, siempre arreglada.
Sentada, sin molestar a nadie y sin ser molestada. Ni un ruido parece alterarla. Ni siquiera pide lo que desea tomar; nadie se lo ofrece; sólo se lo sirven.
Lo sé, porque desde hace tiempo llego antes que ella al café y la espero. Entra silenciosa con su bolso y su libro en la mano, un mohín apreciativo hacia la mesa en la que acostumbra sentarse; apenas si cambia la silla de sitio y ya está, el café servido, los labios rojos, la marca del labial en el borde.
Y un morsdisco en mi corazón.
No sé nada de ella. Ni su nombre. Todo es un misterio; todo menos sus ojos, verdes y callados, que parecen mirar pero no ven, apenas maquillados, y que brillan con el sonido de la tristeza y el susurro de la soledad.
Ella tiene las manos delicadas, con las uñas muy bien arregladas. Y ni una joya, ni un aderezo.
Se sienta en su misterio y permanece callada las dos horas que está en el café. Viendo la vida pasar.
Qué sencillo fue enamorarme de ella. La tengo dibujada en mi corazón junto a la huella de sus labios. Una vez me vio e hizo como si me sonriese. La tarde no fue más brillante, el día más claro.
Fue un momento, un pequeño instante. Fuimos uno en ese segundo que dura una sonrisa de salida. Pero se ha instalado para siempre en mi corazón.
Ella y su silencio. Y sus ojos tristes. Y su pelo largo.
Y yo. Cada tarde, en un café.
She is there. Sitting at the same table, always at the same time.
She looks people go by. On the table a book she barely reads. One sip to a coffee cup, and she left her lips mark in the edge.
She is beautiful. Long, free hair. Bare skin, though she is not young anymore. Red lips; green eyes; looks melancholic and a little sad.
She must be waiting for someone or for something. Maybe just waits to Time go by. Or maybe she expects Time goes by things and people, she included.
Always elegant, always perfect.
Sitting there, disturbing no one, and by no one either. A noise no bothers her. She doesn’t make her order; no one asks for it; they just serve it and then go.
I know it because from some time I arrived at the café before she does and I wait for her coming. Her entrance is silent, with her handbag and her book on hands, she looks towards the empty room looking for her table, barely touches her chair and she sits there, looking outside looking for nothing, and sips her coffee, living her lips marks on the edge of the cup.
And a bite in my poor heart.
I know nothing about her. Even her name. All is a mystery, except her quite green eyes, that sees but don’t look for anything, with almost no make-up, and ring with the sounds of solitude and sadness.
She has the most delicate hands, polished nails, soft fingertips. And no jewels, even a ring, even a sign.
She sits in her mystery and she stays at the café almost two hours in silence. Looking Life goes by.
How easy was to fall in love with her. I have her drawn in my heart near her bite mark. Once she glanced at me and almost smiled at me. That afternoon the sun shined so, that the day never was so brighter.
It was a moment in Time. We belonged together in that brief moment, the moment that a smile fading last forever.
She and her silence. And her sad eyes. And her long hair.
En una de las mejores series de televisión norteamericanas de todos los tiempos, la verdadera pionera en el rupturismo que sobrevino posteriormente con Los Soprano y A dos metros bajo tierra, éste es un capítulo especial. Quizá sea el que mayor romanticismo y fina ironía tenga, algo que le sobraba, por lo demás, a Doctor en Alaska.
En este episodio (el noveno de la tercera temporada), un circo llega a Cicely, con toda la magia que sus artistas llevan dentro, pero además trae consigo los secretos de la física cuántica, que nos lleva al origen y más allá de nosotros mismos, y trae consigo el amor. Un amor tranquilo, sereno, que embarga al Hombre volador y a Marilyn; un amor romántico cuyo fin no es más que un punto y seguido.
La clave está al final del episodio, cuando Chris, que se pasa emocionado todo el capítulo intentando entender el mundo increíble de la Cuántica, nos resume la verdadera sensación de estar vivo, dentro de la marea de la vida que va y viene, y que deja su huella en el amor, único sentimiento que es eterno, a través del poema Rosa roja, roja de Robert Burns (1759-1796).
Quizá mucha, no lo sé. Y sin embargo es lo que hay.
Durante unos segundos miré hacia los lados a la espera de que saliesen payasos, de que comenzase el circo. Pero no apareció nadie, no se movió ni una hoja.
¿No es maravilloso? Saber por fin que eres para mí, tener esa certeza que corta las venas y correr con el ánimo en la boca para decírtelo. Y después de tanto tiempo…
Y llegar y no encontrarte.
¿No es para reír? ¿No es para llorar saber que me he embelesado en mis propios sueños y he llegado tarde?
Tarde para ti.
Que pasen los payasos. Que se rían de mí.
Parece una farsa, una comedia sin sentido. Pero en realidad todo lo tiene.
Me quisiste una vez y yo creí quererte; me distraje con el mundo que brillaba más que tú y tú huiste y nos olvidamos y nos reencontramos de nuevo.
Años pasados y sentimientos escondidos. Y cuando los descubro, corro a buscarte, corro a besarte, corro a amarte. Pero ya no me quieres.
O me quieres pero no me amas.
¿No es absurdo? Pero es cierto.
Que pasen los payasos a reírse de mí. Que yazgo algo inestable, creyendo una cosa, sabiendo otra, amando en soledad.
¿Cómo es posible, después de todo lo que he vivido, que me haya pasado esto?
Lo ignoro…
¿No es para reírse?
Ahora que parezco centrarme, eres tú el que sale volando con unas alas novedosas, preciosas y pequeñas, que te llevarán lejos. Todo lo lejos de mí.
Y yo me quedo aquí. Sin nadie a mi lado. En soledad.
¿No es una comedia? Seguro que sí. Sólo yo creí que me amabas y cuando te lo digo con atropello y balbuciendo tu nombre, me miras y te callas, y dices un nombre que no es el mío y vuelve el silencio.
Que pasen los payasos, que la farsa avanza.
Excusas, cambios de humor, excepciones, vaguedades. A estas alturas de mi vida caer en ese error, pensar en no pensar, creer en el corazón, callar la razón, guiarse por un impulso, cegarse a la realidad, es para reírse.
Que pasen los payasos, que la fiesta ha empezado.
Sin mí.
¿No es irónico? ¿Qué gracia puede tener?
No le encuentro ninguna. Y debe tenerla toda porque ya no tengo quince años y la experiencia que me ha traído hasta aquí parece estar equivocada. Al menos contigo.
Te amo. No puedo negármelo. No puedo negártelo. Y no lo he hecho. Y así estoy, en silencio y soledad.
Y tengo que amarte para dejarte ir. Para que tú seas feliz no debo serlo yo. Y no es tu culpa. Pero tampoco es mía.
¿No es irónico?
Que pasen los payasos, que la farsa acaba de empezar.
Amo. Por fin. Y porque amo, sólo me queda la soledad.
Is not ironic? How fun could it be?
Maybe it has a lot, I do not know. But it is what it is.
For an instant I looked around to watch to come in the Clowns, to the Circus to start. But nothing happened, nothing moved: one heart or one leaf.
Is not wonderful? To know for sure you are the right one for me, having this statement at heart and to run to tell you with my lips in my sleeves. And you waited for so long…
And came and found you were gone.
Isn’t it rich? Is it not to cry out knowing I was lost in my dreams and because of it I was late?
I was late for you.
Send in the Clowns. Let them laugh at me.
It is a Farse, a Comedy, a Tramp. But it has sense, the sense of mistaken.
You loved me once and once I thought I loved you; I get lost in a world that glistened more than yourself, and we forgot ourselves, and we found out ourselves again in the walk of Time.
Years, and hidden feelings, gone by. And when I found out them I ran into you, I ran to kiss you, I ran to love you. But you don’t love me anymore.
Well, you do love me, but not in the way true hearts love each other.
Is not it absurd? But it is crystal clear.
Send in the Clowns to laugh at me. Now that I am instable, believing one thing but knowing another one, loving in Solitude.
How is it possible, after my whole life, to get lost in love again?
I ignore it.
Is it not to laugh at?
Now that I grounded, it’s your turn to fly away with these new, glistening, precious and tiny wings. And you fly away far from me. Far away.
And I stay here. With no one around me. In Solitude. Again.
Is it not a Comedy? It is indeed. Me alone believing in your love, nervous and anxious, telling to you this wonderful news about it and you looking at me, in silence, telling me with your eyes, with your lips, another name that was not mine, and all became Silence again, and my heart stopped.
Please, send in the Clowns. The Farse goes by.
Excuses; changes of heart; little things, vague thoughts. At this time in my career make these mistakes, thinking without thinking, believing in the matters of the heart, blinded the Mind, guided by impulses, to say no to Reality… It is to laugh at indeed.
Send in the Clowns, the party has started.
Without me.
Is it not ironic? How fun could it be?
I don’t find out any reason to laugh, actually. But it must have one reason I can’t find out because I am not fifteen anymore and my experience is telling me I was flawless, at least with you.
I do love you. I can not deny it anymore. Not to me. Not to you. So, I have not. And because of that I am like I am right now, in silence and in solitude.
And I do have to love you to leave you. To leave you to have all the Happiness I am denied to have together. It is not you fault, I know. But neither it is mine.
Is it not ironic?
Send in the Clowns, the Farse is just started.
I do love. At last. I do love. And because I love, now I am surrounded by Solitude and Silence. Again.