Cierto que miento: reflejos de actualidad.

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Hay algo único en Sergio Bero: su prosa en incisiva, afilada como un bisturí. Y su amor por los personajes que habitan sus relatos no es óbice para retratarlos descarnados, desnudos, llenos de una fragilidad tan humana que traspasa las páginas y se encarna dentro de nosotros mismos tomando nuestros pensamientos, adueñándose de nuestro corazón. Si algo tiene de especial Sergio Bero, es que escribe para llegar al alma.

Su segunda novela, o su primera novela después de su debut con la novela corta: La calma luchada es un fresco de la sociedad actual, hedonista, macrobiótica, puntillosa e inmediata, en la que conexión automática garantiza el aislamiento y la soledad, y en la que somos más incapaces, si cabe, de expresar nuestros sentimientos y quereres al estar llenos de las telarañas de los anhelos incumplidos.

Que vivimos tiempos de infantilidad no creo que sorprenda a nadie. La exaltación casi religiosa (no sabemos vivir de otro modo) de la juventud eterna, aún peor, de la infancia perpetua, nos lleva a un estado de inmadurez emocional (que no física) que agudiza más la separación real que vivimos como individuos. Interaccionamos más con pantallas que con los Otros y, por tanto, la incomunicación se profundiza y abre heridas donde no las hay y crea malentendidos donde no debería haber nada que aclarar.

De todo esto y de mucho más va Cierto que miento, (publicada por Editorial Hidroavión) la nueva novela del psicólogo Sergio Bero.

Es pura realidad en movimiento. Es Madrid pero también Barcelona, y es Alicante y Filadelfia. Los escenarios no son más que fondos reflejados en pantallas de móvil, desde donde la sorpresa, la alegría y la tragedia de una pasión encontrada de repente y disfrazada de amor (no: amor confundido con deseo), da pie a desplegar todo el abanico de inseguridades, celos, peleas y miedos que sazonan toda relación que nace. Le sirve al autor para retratar las grandezas y las miserias de sus personajes con gran profundidad, pero a la vez con una sutileza llena de respeto y cierta sorpresa; les presta carne y voz, y sueños y posibilidades, inseguridades y miedos a todos los tópicos de las relaciones humanas de nuestros días.

Cierto que miento es un reflejo constante en el espejo de Blancanieves, sólo que con más ironía; Cierto que miento es un encuentro continuo con el miedo a perder lo deseado, una exploración descarnada de las armas que empleamos para no perder lo que anhelamos y un vaivén de mediocridades que nos hacen muy seres del siglo XXI.

Nada hay de superfluo en Cierto que miento. Ni la certeza de que su protagonista miente, ni la sensación de que se asoma constantemente al abismo. Asimismo, es un retrato de la sociedad homosexual actual y de sus interacciones, sus libertades y sus miserias, en un juego de reflejos constante. No juzga pero tampoco atempera; no da tregua pero tampoco agobia. Un relato donde se desarrolla la voz hablada (o como hablamos en en nuestro tiempo: a través de mensajes), la voz compartida, la voz gozada y la voz herida, en una sucesión continua de alegrías y decepciones tan característica, en su velocidad, del ritmo actual, donde una flor nace y crece y muere en una misma tarde lo mismo que un deseo, un proyecto o un amor.

Cierto que miento va más allá en su trasfondo: no está llena de tópicos a pesar de que se nutre de ellos, y no está exenta de lugares comunes a pesar de que los sobrepasa. Juega con el agobio de una relación en constante peligro de extinción; pero también con los equívocos propios de las obsesiones pasajeras y nuestra necesidad de respuestas inmediatas, tan infantil pero tan necesaria, de la que ya no sabemos prescindir.

Todo esto se despliega en una novela coral que no es más que el retrato de una voz. Es una obra madura que habla sobre la inmadurez de nuestros días, y sobre la responsabilidad (que tenemos sobre todo a nosotros mismos) de aceptar lo que nos ocurre en la vida y darnos cuenta, con el tiempo que tanto desdeñamos, que todo lo que nos pasa suele ser, al final, para nuestro bien.

La calma luchada es un libro que retrata la madurez emocional (con los riesgos que cada etapa de la vida encarna); Cierto que miento, donde su protagonista se ve a sí mismo mentir, manipular y desear hasta extremos que rozan la desesperación, es el retrato de un viaje iniciático en el que éste aprende, a regañadientes, a dejar que lo que ha ocurrido quede atrás, pero no a olvidarlo, cosa que nos hace preguntarnos, al pasar cada una de esas páginas llenas de vibrante energía, si algún día volverá a cometer los mismos errores sin haber sacado nada en limpio, o aún peor, sin dejar de pensar que todo lo que le ocurre no es más que una respuesta externa errada a sus deseos más intensos. Como la vida misma, se ve.

Vida que Sergio Bero retrata con innegable maestría y solidez.

It’s a sin: no es pecado, es un virus.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Los días idos/ The days gone

Y no es exclusivo de un grupo étnico, ni de un segmento poblacional; no afecta a pobres o a ricos; ni a mujeres ni a hombres; ni a niños o ancianos; no se asocia a un estilo de vida; todos estamos expuestos; todos merecemos saber.

Y sí, la pandemia de la mitad del siglo XX ha sido el VIH (aunque aquí habría que hacerle un hueco al virus de la Hepatitis C, mucho más infectante y también letal que el propio VIH, pero que se ha beneficiado de la investigación del mismo para brillar en su tratamiento) y sigue siéndolo. Ahora ya en la cómoda posición de enfermedad crónica, pero que continúa dando quebraderos de cabeza a los investigadores con su enrevesado sistema de supervivencia.

VIH es un virus. Así que los tiempos de los virus no son estos. Siguen siéndolo. Y a diferencia de esta nueva pandemia, el VIH apareció en un momento de brillantez cultural pero todavía germinal en cuanto a globalización humana. En los tiempos de desarrollo de la comunicación por satélite, de la aparición de diversos canales de televisión temáticos que se convirtieron en verdaderos iconos; la popularización de las primeras computadoras personales, en lenguaje binario, el floppy disk de memoria, la marca de la Ventana y de la Manzana, el Walk-man (¡qué libertad sonora!) y los video juegos caseros y portátiles, la interconexión humana aún era complicada, la comunicación a distancia (o mejor dicho, la ausencia de inmediatez actual) primaba; así, a pesar de los avances tecnológicos y de los primeros albores de encuentros y conexión mundial, la información veraz quedaba descolgada, y muchas veces oscurecida, bajo los mantos de tabúes y de intereses comerciales o culturales. ¿No os suena? Es cierto: no hemos cambiado un ápice en miles de años de Historia humana.

¿No vivimos tiempos paralelos? Sólo que hemos hecho del SARS-COV-2 un circo mediático que en la década de 1980 era impensable.

It’s a sin es la nueva miniserie de HBO firmada por Russel T. Davies, hombre al que se le deben joyas televisivas, supuestamente transgresoras, desenfadas e incisivas, y sobre todo apegadas a la realidad, a la que no mira con miedo pero tampoco con ira. Russell T. Davies es un hombre que comprende, y crea, bajo esa premisa.

La miniserie va sobre el amor en los tiempos de Sida. Sobre el manto de peligro e incertidumbre que se va extendiendo en la sociedad británica (mejor dicho, del Reino Unido) a lo largo de la década de 1980-1990. Es una mirada reflexiva, carente de revancha, explicativa, apegada a la realidad social; no hay en ningún fotograma ni un ápice de la superioridad moral de la que adolecen las obras norteamericanas creadas sobre el mismo período; carece de esa manía inculpatoria que tanto hemos visto, de ese ambiente oscuro y sin salida, y de esa reivindicación que enfervorece a las masas (en ese gesto tan puritano que sigue en boga en nuestros días) mezcla de razón y sinrazón. It’s a sin está en las antípodas de The Human Heart o de Angels in America, impostadas y grandilocuentes, y por tanto extremas en su apropiación a una causa y su rechazo al resto; y más cerca de la primera obra realmente abierta y clara sobre la década: Longtime Companion. Cae, como sus loables e inmensas antecesoras, en momentos cliché; pero está muy, pero muy por encima de todas ellas en su visión social, amplia y muy real, sin un ápice de propaganda ni de resentimiento (eso se lo deja al espectador, fin real de toda obra artística) del ambiente de 1980, de la evolución política y legislativa, de las conquistas y pérdidas, y de la amplísima gama de sentimientos y emociones de la que somos capaces los seres humanos en ese viaje que va desde la despreocupación del desconocimiento hasta la madurez del saber y la pérdida.

It’s a sin es un canto a la vida, un retrato de un tiempo del que somos directos herederos, y una mirada madura y hermosa, rebosante del encanto de lo real (¡y la mejor música pop!), que merece la pena ver y disfrutar.

Llevo grabado tu nombre/ Your Name Engraved Herein.

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen

Una película taiwanesa estrenada en diciembre 2020, producida por Netflix, que nos enseña (quizá algo irregular) la historia de dos amigos adolescentes en los turbulentos Taiwan de finales de la década de 1980.

Llevo grabado tu nombre, con la canción que le da título (interpretado por Crowd Lu), llega al corazón pequeñito que todos tenemos dentro, y que quizá acaba olvidado, para recuperarlo después, con un gusto algo melancólico pero bello, y liberador.