Las ocho montañas: masculino, plural.

El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read

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 Las ocho montañas es la nueva novela de Paolo Cognetti, escritor italiano que es traducido y publicado por el Grupo editorial Random House.

Siempre he puesto en duda la existencia de etiquetas en el arte. La exploración interna, el viaje a las profundidades humanas que el artista realiza durante la aventura de creación de una obra de arte es similar en todos: la expresión hace única esa búsqueda, pero la revelación de un viaje semejante se me antoja universal.

Sin embargo, asistimos cada vez más a la clasificación en compartimentos estancos de las actividades creativas. No es algo novedoso: como todo en la historia social humana, se viene gestando paulatinamente desde la llegada de la era industrial, cuando pasamos de seres a objetos a estudio y el planeta de habitable a fábrica de provecho. La imposición de un sistema científico tan rígido como el religioso que le precede, no hace más que dividir y subdividir el conocimiento, y por tanto sus frutos, en múltiples estanterías donde se almacena etiquetado, clasificado y, a la postre, olvidado. Marguerite Yourcenar padecía de algo así: se le señalaba, como mujer, una literatura masculina. Marguerite Duras escapó algo más, como Simone de Beauvoir, a esa etiqueta, cayendo sin embargo en el limbo en el que Teresa de Ávila o Emilia Pardo Bazán se hallaban olvidadas; ni siquiera los poetas escaparon de ese sistema cartesiano de disección y análisis (Rosalía de Castro, por ejemplo, o Sor Juana Inés de la Cruz). De suerte que, actualmente, no sólo triunfa una economía de lenguaje aprendida del Periodismo (casi todos los escritores de nuestro tiempo son periodistas, no escritores que fungieron de periodistas, como hubo sido durante el pasado siglo) si no que se potencia la innecesaria clasificación de género que me ofende como lector, pero que quizá como autor me sonrojaría de ira.

Con estos mimbres leí Las ocho montañas. Un relato sobre la amistad entre dos hombres y su relación con la familia. Aquí cabría preguntarse, ya que el mismo autor refiere su paralelismo con Annie Proulx, si su libro cabría en el cajón un tanto estrecho de literatura queer (siendo como es el relato de una amistad profunda entre dos hombres heterosexuales en la Italia a caballo entre los siglos XX y XXI) o simplemente, a falta de otra gaveta en la que guardarlo, le vendría mejor esa etiqueta para hacer entender que entre dos hombres puede nacer una amistad, florecer cariño, verdadero afecto, sin que medien deseos físicos que levanten sospechas en una sociedad todavía reacia a aceptar la igualdad no ya como un derecho (que, obviamente, es) si no como una realidad.

Pero Las ocho montañas es mucho más que todo eso. Paolo Cognetti, desde su fascinación por las montañas, el alpinismo y la vida en las cumbres, logra tejer un relato realista, es decir meramente observador, sobre los secretos, los meandros y las características más íntimas que la amistad encarna en el mundo masculino. Aparte de tópicos paterno-filiales e incluso de frustraciones matrimoniales, construye un relato cuyo eje central, lleno de desencuentros y de encuentros en lo que todo ocurre como si nada (así es la amistad entre los hombres) Pietro (Berio) y Bruno tejen una amistad sincera, un cariño único, que sobrevive al roce del tiempo y a las necedades humanas.

Las montañas y la filosofía budista, marcan la diferencia entre los mundos alpinos y nepalíes. Y sin embargo, los hermanan. Berio es el que viaja,el que se desplaza, el que se busca en el exterior; Bruno es el inmóvil, el que se encuentra en en su propio medio, el que lucha por ser diferente sin conseguirlo del todo. Ambos fracasan en ser lo que no pueden ser, porque sólo somos quienes debemos ser; Berio lo piensa y lo cuenta en este relato que es un eterno retorno, y Bruno, que siente tan profundamente esa realidad, termina yéndose para no volver jamás.

Toda vida mediocre es triste. Ambos hombres se piensan así. Ignoran que así es para todos, pues oropeles y fama sólo esconden el latido de un corazón asustado. Pero para aquellos que luchan, ya sea ascendiendo las ocho montañas o bien llegando sin circunvoluciones al centro de uno mismo, lo importante es el viaje y quienes encontramos en él. Que hay muchas clases de amor, todas válidas, y que un apretón de manos, una palabra dicha con una cadencia particular o un gesto de cabeza sirven para unir por siempre vidas y corazones y llenar de fugaz felicidad la vida más pequeña posible. Y que eso puede que resuma la esencia de la amistad masculina y, en el fondo, la amistad sin etiquetas ni riesgos ni interpretaciones inútiles de todos los seres humanos.

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Firmamento: vida ondulante

El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read

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La vida es un lío. La vida que se desordena sin que sepamos cómo. Y nos atonta perdiendo la guía, el rumbo.

Así empieza de verdad la nueva novela de Màxim Huerta: Firmamento, publicada por Editorial Espasa. Dos vidas en maremoto, dos puntos alejados en el universo, y un hilo invisible que dibuja una constelación que se va advirtiendo poco a poco, a medida que caen las barreras y los velos, ropas y vergüenzas, y un lenguaje cada vez más libre y más gráfico y también más abstruso (y cíclico, pues La noche soñada forma parte de ese trazo estelar que hallamos en Firmamento.)

Màxim Huerta es Mare Nostrum: no podemos entender su creatividad sin el sol, el aroma de los pinos, la libertad encerrada del Mar Mediterráneo. Y el ritmo de sus mareas. En Firmamento la prosa navega siguiendo esas fuerzas líquidas, encontrando esa concupiscencia del abrazo acuoso y del beso de sol. Mi vida es Mar Océana, un mundo atlántico, cuya extensión es profunda y oscura, remota y libre en ese aparente infinito. El Mediterráneo es refugio y complicidad, sensualidad a flor de piel; sabroso al tacto, rico al gusto, arrullo para los oídos: un festín para los sentidos. Y así se descubre Firmamento. Que comienza con un final y finaliza con un comienzo. Un hechizo de estrellas y una historia de dos.

 Firmamento parece sencilla: es una historia de dos. Un encuentro. Una combinación imposible, una unión de seres desgarrados. Pero no hay nada más complicado que una vida humana: sus baches, sus cumbres, sus sueños y sus pesadillas, sus pesares y sus alegrías. Y el inicio y la migración de la soledad no buscada a la compañía imprevista está lleno de sorpresas, de descubrimientos inesperados, de miedos, tropiezos, deseos y conquistas. Y es en esas pequeñas cosas (la vida es ese conjunto de pequeñas cosas) donde Firmamento destaca: una espalda al aire, el pie que se hunde en la arena, el reflejo del sol en el agua, el inicio de un cuello, el tacto de los dedos. Y esas reflexiones profundas, que nacen de la experiencia y de la observación minuciosa y de la compasión hacia todo lo que tiene que ver con lo humano, trazan el cielo estrellado que Ana y Mario descubren, y recuerdan, de sus vidas anteriores, de su nueva vida.

Es una novela de presente. De decisión. De vértigo. Azul y libertaria. Libertina, llena de detalles eróticos porque nada hay más sensual que la orilla de la playa, que lame y relame la arena con ese movimiento dulce y feroz de la marea. El pelo libre, las pieles tocadas por el sol, los cuerpos firmes, las intenciones huidizas. Y ese secreto escondido, muy Màxim Huerta, como el hueso oculto dentro del fruto más dulce, esa suave ironía, ese descaro tangencial, esa vivisección sutil de la naturaleza humana que tanto le inspira y que tan bien  retrata con ese lenguaje directo, y a la vez cargado de poesía, muy suyo.

Las constelaciones guían al hombre en esa singladura fugaz que es la vida. Y busca en las estrellas, además, su confort y su futuro, perdiéndose en la belleza que emana de ese océano infinito de luces titilantes. Pero el destino real está en la tierra, hecho de piel y de deseos, de intenciones y de encuentros. Y de renuncias y de valientes decisiones. El destino está escrito, realmente, en el corazón. Y Màxim Huerta usa su pluma para recordárnoslo.

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¿Y si fuéramos nosotros?

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

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No tendría que salir mal. Mira: hay mar, un océano enorme que desparece en el cielo. Y hay estrellas. Trillones. Una y dos. Como tú y yo.

¿Y si fuéramos nosotros? Los que caminan de la mano, los que se hacen cosquillas sin querer y sonríen por tonterías y por verdades. ¿Y si fuéramos nosotros los que ríen fácil, con la boca llena de dientes mientras se abrazan callados? No tendría que salir mal. Nunca más.

Tengo miedo. Tú también. Hay mucha historia detrás. Pero ahora sólo somos tú y yo. Y nada más. Podríamos intentar borrar de nuestra mirada esos ojos que nos hicieron daño y de nuestra memoria las palabras que hieren y se quedan clavadas en el pensamiento.

Podríamos ser nosotros. Un dos. Uno más uno. Cada quien dando lo mejor de sí pidiendo lo mejor del otro. No tendría que salir mal. Porque nos conocemos. Porque aquello que se rompió en nuestras historias viejas ya no nos hiere. ¿Y si fuéramos nosotros?

Nada importaría si fuéramos tú y yo aquello que más necesitásemos. Nada más tendría sentido sin ti ni sin mí. Y eso comienza a pellizcarme la piel.

Podríamos ser nosotros. Sólo nosotros. Lo vivido ya no necesitado, sólo nosotros frente a una posibilidad única, que nos hace nuevos, nos estrena de puro gusto.

Sólo tú y yo.

Podríamos probar. Lo tenemos todo: el mar que ruge, las estrella que titilan. Y el amparo de la noche. La piel que se abre y las bocas que se beben, el sudor que lubrica, los abrazos que protegen y los corazones que laten.

¿Y si fuéramos nosotros? Todo sería nuevo. Todo se olvidaría de verdad. Tus heridas, mis miedos. Tus manías, mis deseos. ¿Y si fuéramos nosotros no llegaríamos al fin del mundo?

Podríamos probar. Podríamos quedarnos así, entrelazados y confundidos el resto de la noche mientras los cuerpos piensan por nosotros y los latidos ponen en marcha el ritmo del mundo.

De nuestro mundo.

El tuyo. El mío.

Todo sería posible, si fuéramos nosotros.

¿Te atreverías?

Jurásico total (perdidos sin wifi): aventuras en mundos perdidos

El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature, Lo que he visto/ What I've seen

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La literatura juvenil está viva, late, crece, se despliega, se desarrolla, se vende. Podría esgrimir muchas razones, todas válidas. Pero la fundamental para mí estriba en que la juventud se entrega a la fantasía escrita, usa su imaginación para recrear lo que lee sin esfuerzo, penetra en los mundos de lo escrito con la confianza y el abandono que les da el corazón que crece.

No es fácil escribir libros así. Se necesita un talento especial. Porque ese público no tolera la mentira, lo hueco; se entrega a lo que siente vivo, se identifica con cada historia y personaje porque se encuentran parecidos, sí, pero sobre todo porque son reales. Cómo sea el entorno es lo de menos, la realidad de la historia es lo que importa.

   Jurásico total  (perdidos sin wifi) es la nueva saga de historias escritas a cuatro manos por Sara Cano y el paleontólogo Francesc Gascó, y frescamente ilustradas por Nacho Subirats, valientemente publicada por Alfaguara. Y aunque el perfil de venta de esta saga nos dice que está diseñado para un público de 8 a 12 años, la verdad, como los buenos libros de aventuras y de corazón vivo, su lectura es básica para cualquier edad. Está diseñado para envolver con acción trepidante, momentos delicados, pérdidas y búsquedas que tocan todos los corazones, todas las edades.

Para alguien que creció en su momento disfrutando de las entregas de Los Hollister o Los cinco, por ejemplo; que creció al amparo de Julio Verne y JRR Tolkien, Jurásico total es un hito en nuestro idioma, no porque no existan sagas juveniles españolas (el mercado, muy vivo, late con sangre fresca) si no porque, por primera vez, Ciencia real se une a imaginación y a aventura; es decir, vuelve a sus orígenes, porque la Ciencia, pese a quien le pese, es corazón, pasión, aventura y riesgo.

Hay toques mágicos en Jurásico total. Hay tecnología y semiología paleontológica. Pero, algo muy característico de Francesc Gascó como escritor (y bien acompañado por Sara Cano), consigue hacer sencillo el intrincado árbol de la ciencia paleontológica, la descripción de mundos que ya no existen, las dudas que equivalen a nuevos retos de investigación y que los cinco protagonistas aprenden a marchas forzadas debido a un destino juguetón.

La magia de Harry Potter está en sus detalles: la historia central, para nada infantil, descrita con el corazón de alguien que sabe que los niños entienden mejor que los adultos la realidad que los rodea si se toma la molestia de explicársela. Jurásico total sigue esa senda, y en medio de un mundo extraño para la mayoría, nuestros cinco héroes aprenderán a aceptarse como grupo, a aceptarse como personas, y quizá a admirarse, gracias a las peripecias que viven.

Cada personaje es un mundo a medio hacer: promesas que despuntan, cuerpos que cambian, conflictos que resolver. Desde la soledad del incomprendido hasta la sobreprotección exagerada, desde la claridad de ideas hasta la ceguera de la ira, desde el deseo de ser aceptado como un igual hasta la necesidad de saberse (y quererse) diferente. Jurásico total (perdidos sin wifi) no es sólo un libro (y una saga) de aventuras trepidantes, es el retrato de la vida humana a través de estos adolescentes que se descubren a sí mismos enfrentándose a sus miedos y desarrollando sus habilidades.

 Jurásico total (perdidos sin wifi) atrapa, informa, entretiene y, por encima de todo, nos muestra lo variada que es la vida humana, lo frágil que es, lo resistente, lo leal, lo débil, lo hermosa. Es un retrato de nuestros yoes más puros, una puerta a la seguridad de que, con sus lectores, estamos construyendo de verdad un mundo mejor.

¡Y aprendiendo Ciencia y disfrutando Ciencia y paladeando Arte!

No encuentro fórmula mejor.

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