Celia Cruz o la Vida/ Celia Cruz or Life.

Arte/ Art, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

Hay artistas que marcan una época. Por su brillo, su distancia, su brevedad o su longevidad. Hay artistas que sentimos lejanos, y por lo tanto, llegan a admirarse en la distancia. Otros, son tan familiares, que no nos asombraría tenerlos en el salón de nuestra casa disfrutando de su arte como de su vida. Celia Cruz es todo esto y más, pues su larga y exitosa carrera, su inmenso talento, su voz de siglo y medio, su sonrisa y su brillo, la hacen única en casi todo.

Esta cubana eterna, que cantó hasta su muerte, era pura energía. Nadie se resistía a su ritmo imparable, a su grito de ánimo, dulce como la caña, tostado como el ron, fuerte y embriagador: ¡Azúcar! Nadie que yo conozca, ha sido capaz de resistir su son, su ánimo imbatible y ese deseo irrefrenable de disfrutar de su voz y de su música bailando sin parar, porque ella era puro movimiento tropical, salsa, son, rumba, cumbia, bolero o guaguancó.

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América es pródiga en riquezas de todo tipo. El Caribe, flor de belleza, es un paraíso de ritmos. La mezcla de culturas, de razas, de pasiones y sentimientos, ha dado para mucho, bueno y malo, pero para la Música ha sido una explosión de maravillas, dando a luz ritmos únicos, pegadizos, agridulces y energéticos, por siempre bailables e incansables. Celia Cruz los cantó todos, los aupó a todos y los hizo suyos. Y nos lo regaló a todos, y todos aprendimos a disfrutarlos y bailarlos y quererlos a través de su voz y de los maravillosos artistas que la acompañaron alguna vez.

Celia Cruz supo navegar con el paso de los años siendo cada vez más ella misma. Eso es mérito puro. Su voz, talento prodigioso, se amoldaba al inmenso abanico musical que se le ofrecía, y era tan generosa al respecto, que nunca se negó a ninguna propuesta. Era única porque era una estrella y era una estrella porque era generosa, amigable, cercana y…, única.

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La Sonora Matancera, Tito Puente, Daniel Santos, Bobby Capó, Willie Colón, Oscar D’León… Tantos nombres que se me escapan y que forman parte de un mundo que ya no es el mío (que nunca lo fue por completo) han formado parte del universo de Celia Cruz. A través de su voz aprendí a admirar el trabajo de los demás y a apreciar ese ritmo oscuro, picante, arrebatador y único que se llamó Salsa; ritmo, y no fue el único, de la que fue indiscutible Reina.

Celia Cruz, con su sonrisa fulgurante en ese rostro maravilloso, con sus formas abundantes de estupenda negra cubana, sus zapatos imposibles (y que ahora están tan de moda), sus atavíos de colores brillantes, sus pelucas, ese son que salió de Cuba para nunca más volver, ese ritmo endiablado y tan dulce, esa energía desbordante… Bemba Colorá, Yerberito, La Candela, Guantanamera… Cierro los ojos y la veo disfrutar, bailando y cantando, en la Plaza del Obradorio (la plaza más bella en la que había actuado, llegó a decir) acompañada de Tito Puente y, por supuesto, de su inseparable marido, Pedro Knight o «Cabecita de Algodón» como lo llamaba tiernamente; alterando las letras de las canciones, improvisando con ese estilo único que tenía, y la energía desbordada de una estrella apoyada en el infinito…

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Pocas veces estamos ante la presencia de la vida en plena ebullición y pocas veces la muerte no hace más que añadir inmensidad a una vida única, regalada y bendecida por un don maravilloso que nunca dudó en compartir con el mundo que quiso oírla, bailarla y admirarla. Celia Cruz es la vida de fuego, ánimo y alegría y, por supuesto, de «¡Azúcar!»

¿Quién desea vivir por siempre?/ Who Wants To Live Forever?

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Cuando era apenas un chavalín de dieciseis años, la película Highlander (cuyo título se tradujo al español por el más atractivo: «Los Inmortales») y esta canción sembraron en mí una idea que se ha ido gestando poco a poco en mi cabeza y en mi corazón sobre una historia de amor (¿existen otras historias más apasionantes?) que se preguntaba a sí misma si valía la pena vivir por siempre… Y esa historia se llama El Puente de las Urracas.

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Como no espero ser yo mismo inmortal, y como Tempus me come los bordes, va siendo horas de terminar de concretarla y traerla a este mundo, por lo demás cambiante, vibrante y material, sin que haya podido encontrar, a pesar de los años transcurridos, una respuesta apropiada que me satisfaga…

¿Quién desea vivir por siempre? Sin amor, no lo sé…

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En la tierra como en el cielo/ On Earth as It is in Heaven

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

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Adagio Cantabile.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Sonata Nº 8 C Menor (Patética), Ludwig van Beethoven.

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Martín Gallego.

Para ti/ To you.

El mar interior/ The sea inside

Ya sé que no quieres que hable de ti. Ya sé que prefieres el silencio, como yo. Pero es que verte y que una voz como ola crezca en mi interior es todo uno, y es de fuerza tal, que logra transformar todas mis resistencias y emerger libre a mi garganta y a mis labios, atravesando mis dientes y mis ojos, saliendo a un exterior inmenso que espera sediento, como yo, oír tu nombre, dibujar tu cuerpo, yacer en tu corazón.

Porque, aunque más me veas callar, más asombro siento al ver que la luz que hay en mi vida late y se comparte con el mundo, que respira y siente, siente un cariño desbordado como el que yo siento, y que me devuelve con las manos llenas y el pecho abierto un amor nuevo, único y pequeño, que crece con el sentido y se arrulla en sueños reales y únicos, verdaderos.

No sé si seré capaz de retratarte con fiabilidad. No sé si tengo palabras suficientes para dibujar la maravilla que has regalado a mi vida, la vida que me has dado con tu mirada, con tu voz de seda y caricia, con tus ojos de pozo oscuro y tu tacto de terciopelo azul. Y, aunque me quedaré siempre corto en tu realidad, sólo por haberme sonreído y tocado y arrullado aquella noche; sólo por haber bailado sobre las estrellas, con la luna escondida tras las nubes viajeras, y la sonrisa de cielo abierto con la que comiste mi corazón… Eres mi vida entera, eres mi sueño y mi destino, mi vuelo y mi isla, mi continente y mi orilla, mi mar y mi singladura… Mi vida tiene sentido contigo en el mundo, porque eres mi mundo, y mi mundo está lleno de palabras que heredan tu significado y de frases en cacofonía continua con tu nombre…

Para ti, estas pocas palabras que nada significan, porque el amor que has sembrado y que recoges en cada abrazo callado, en cada beso claro, todo lo contienen y lo reflejan; para ti, cuyo descubrimiento es una alegría explosiva y un sereno cantar; cuyo pecho es mi almohada y cuyos ojos mi guía… A ti te regalo mi vida, mi vida llena de palabras que llevan tu nombre, que riman con tu poesía y que laten con tu corazón pum,pum,pum, detrás de mí.

Sentirte acariciando mi espalda; sentir tu espalda abrazada por mis manos; y el encuentro de los labios en el centro del universo, y el sabor a agua salada y deseo, y el deseo emergiendo de todas partes, desde la esquina al techo, desde mis ojos a tus pies… Para ti es toda mi vida; no hay esfuerzo, no hay sueño, no hay realidad que no te contenga; no hay deseo que no sacies ni sueño que no bordes con la ilusión del porvenir. De nuestro porvenir…

Y aunque sé que prefieres el silencio de nuestros abrazos, el eco callado de nuestros besos, mientras te veo bañado por la luna azulada, tu piel rebosada y satisfecha, tus párpados cerrados y el pelo caído sobre tus hombros, no puedo dejar de gritar en mi interior y salgo al balcón de la noche, rodeado de estrellas, para decirle a las Horas que tú cubres mi nombre, que tú llenas mi cuerpo y que el amor, el amor por fin, se halla en mi cama, extendido sobre la oscuridad clara de mi vida con una facilidad divina, siendo tú tan divino…

Y aunque sé que nunca seré dueño de palabras que te describan, te escribo esto mientras te veo dormir, dormir envuelto en sábanas y almohadas, almohadas que apoyan nuestras cabezas y sábanas que cubren una belleza que me deja mudo, mudo de asombro y desnudo de alma, porque no hay versos que te resuman ni adjetivos que te describan ni poemas que escancien la belleza de tu mirada, la línea de tu boca fina, el ligero torneado de tus piernas ni el latido secreto, muy secreto y tan cercano, de tu corazón en mis manos.

Para ti, mis palabras, que tejen mi silencio. Para ti, mi corazón, mi todo.

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Silencio/ Silence.

El mar interior/ The sea inside

A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

El mar interior/ The sea inside

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