Noche Mágica/ Magic Night.

El día a día/ The days we're living

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Memoria/ Memory.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside


Hace un par de horas un señor muy mayor, un abuelo de 92 años, tropezó con nosotros en la puerta de casa. Es uno de los habitantes más antiguos de la aldea en la que vivo, en medio de la nada del Tiempo detenido. Con mirada consternada y voz entrecortada y con pizca de miedo nos dijo su nombre y preguntó inmediatamente si sabíamos dónde vivía, porque no se acordaba.

Su aspecto demacrado, delgado pajarillo perdido, sin luz en las pupilas y la voz caída que dan los años. Mi padre, veinte años menor que él, le cogió del brazo e intentó calmarlo, le recordó quién era y le dijo que gratamente lo llevaría hasta su casa… Nos miró con recelo antes de volver a repetir su nombre y su súplica. Mi padre, con la paciencia eterna de quién ha tenido hijos, le dejó hablar una y otra vez mientras lo acompañaba hasta la puerta de su casa, una veintena de pasos más allá.

Esa imagen ha quedado grabada en mi mente y en mi corazón. No es la primera vez que veo, escucho o ayudo a una persona con demencia (mi propia abuela la tuvo), pero hoy, precisamente hoy, cuando los espíritus se hallaban (se hallan) revueltos en mi interior y me impiden mirar hacia adelante, este episodio ha sido como una llamada de atención, un grito de sorpresa.

Primero, como siempre, la Enfermedad. Damos por garantizado la Salud como la Belleza o la Bondad, y sin embargo no lo es. Sometemos a nuestro cuerpo a un sinnúmero de dificultades que pacientemente supera sin rechistar, hasta que se cansa. Y cuando lo hace, cae en un abismo que parece no tener fin. La falta de Salud (y éste es el verdadero concepto de Enfermedad) nos transforma en pacientes, es decir, en seres que deben esperar, suspendidos en el dolor, la incomodidad o la duda durante un tiempo indefinido que puede durar un mundo. Mi padre es un paciente, pues lleva cuarenta años enfermo. Sufre un proceso autoinmune llamado Lupus Eritematoso Sistémico (LES), que limita su existencia sin dejar de ahogarlo, pero que le ha hecho infinitamente más sabio, razonablemente más sereno y, sobre todo o más que todo, paciente.

Él tuvo paciencia con ese pobre abuelo perdido en la inconstancia de su memoria. Le dejó repetir su letanía cien veces en esos pocos metros sin inmutarse y, las mismas veces, le respondó sereno, como si fuese la primera. Lo cogió por los hombros, a ese pobre pajarillo delgado, y lo condujo hasta su hogar sólo perdido en la laguna sin nombre de su inclemente demencia.

Puede que yo no hubiese tenido tanta comprensión; puede que hubiese respondido a esa pregunta plañidera con una chirimía continua sin poso ni peso específico. Lo hubiese ayudado, sí, pero desde la perspectiva de mi propia vida, rebosante de Salud, aún activa, que ayuda porque puede y porque está acostumbrada a ello, y quizá con una discreta empatía que no se parecería en nada (ni por asomo) al profundo sentimiento que desplegó mi padre, siempre padre por encima de todas las cosas. Aún oigo por detrás la llamada de mi madre, que corrió hasta la casa para acomodar al abuelo si sus familiares aún no estuviesen en la suya. Eso fue la empatía del corazón, la sabiduría de la paternidad, el ansia de ser útil y la generosidad de quien sabe por lo que se ha pasado y lo que vendrá.

Uno de los temores más profundos de mi vida es perder mi memoria. Ser una carga para aquellos que me rodean; perder la capacidad de comunicarme, de ser productivo; de apreciar conscientemente la belleza de la noche y el despertar del nuevo día. Una de mis luchas más poderosas es aprender a liberarme, a darme el permiso que necesito para desplegar mis alas de una vez y emprender un vuelo raso y continuo, al amanecer…

Quizá no merezca sentirme apagado y sin vida cuando la realidad que me rodea es tan gráfica, está tan presente y es tan real. No lo sé. Sólo sé que, al caer la tarde, mis padres siguieron siendo lo que han sido toda la vida: padres, y sin esperar nada a cambio, ayudaron a un desvalido perdido de sí mismo y lo guiaron a casa con el brillo de las estrellas. Esa generosidad y ese ser ellos mismos…

No lo sé, la verdad. Quizá cuando el alba llegue, un nuevo día empezará, y aquello que he presenciado hoy, consiga despertar partes de mi alma aún dormidas que me impiden llegar, todavía, a la eternidad. Eternidad de las que ese abuelo perdido, y mis padres, ya están de vuelta.

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Callejeando ente piedras/ Walking on Stones.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen

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Fuegos de Artificio/ Fireworks.

El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Lugares que he visto/ Places I haven been

La noche del 24 de julio, víspera del día de Santiago, la noche de Compostela se llena de luz, música y magia para dar la bienvenida al día más importante del año. Y pasado mañana, por última vez en veinte años, será en Año Jubilar. No importa qué raza, género, fe o razón se siga, los Fuegos de Artificio, los Fuegos del Apóstol, celebran la belleza, la unión, el espíritu, el arte y la paz de todos los seres humanos.

24th July night is the fiesta of light, music and wonder, the night of Saint James’ Day. Here, in this little town in the middle of nowhere in Spain, night welcome morning with this baptism of amazed faces and holy sprits. This year, the last Holy Year in 20 years to come, even more so. No matter gender, race, religion or mentality, this night, the Fireworks, the Apostle’s Fireworks, celebrates beauty, peace and freedom from Santiago de Compostela to the world. So welcome and enjoy!

Prelude C Minor, Johann Sebastian Bach.

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Una vuelta por el Camino/ A Glance of The Camino.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

ArteHistoria.com

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Lejos de ti/ Far away from you.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Al irte dejaste algo más que un vacío en mi cama. Dejaste atrás un amor que se deshace en mis manos, que se pulveriza al salir de mi boca y no recibir la saliva de tu lengua, y se desmaya sin fuerzas porque no llega a ti.

Al irte dejaste un vacío en mi alma, que no puedo llenar con los días que pasan. Y aunque sé que no me amas, que quizá nunca me hayas querido, yo, amor, con amor para los dos, me empeño en recordar lo contrario, y aunque solo, sólo suspiro soñando con tu vuelta.

El vacío oscuro que dejaste al irte lo llena todo. Cada caricia que dibujo en el aire, cada recuerdo que me llega de repente tras el vuelo de una cortina, tras el ruido de la fuente o tras el sonido del silencio, resuena pesada a mi alrededor como una tumba abierta.

Has enterrado el amor que sentías por mí y te has ido sin volverte atrás. Pero me has dejado con el recuerdo de tu savia, con el arrullo de tu nombre, y ese recuerdo me tiñe el sueño y me saca el sueño, y llega hasta mi mente comiéndose a pedazos mi corazón.

Mi corazón que late sin fuerzas por un fantasma que ya no está, por un cuerpo cuyo calor desaparece en la distancia, y cuyo encuentro es un desencuentro y cuyo principio no es más que un final venido a menos, sin fervor, favor ni conveniencia, sin más rescoldos que una llama perdida en el fondo de mi corazón solitario.

Lejos de ti no hay nada, oscuridad que deshilacha la fibra de mi alma y me relega al abandono y al olvido, como si nunca haberte amado hubiese sido posible.

Y, aunque intento hacerme a la idea, no puedo parar de pensar en ti. Y sé que, si consiguiese atravesar el océano de tu razón, si pudiese conquistar la altura de tu orgullo, llegaría al balcón de tu boca, besaría esos labios con una ternura y una pasión desconocida, y tu corazón se abriría por fin a una nueva idea, a un nuevo sentido y a una nueva vida, vida que no se agotaría al nacer en mí.

Pero ya no es posible… Lo posible es la soledad que rodea mi camino, y la lluvia en mi corazón cerrado, y la imposibilidad de mi mente para comprender tu abandono, tu huida y tu desamor.

Porque yo te amo, te sigo amando, aún cuando no puedas entender el motivo. Y lo creo, créeme que lo creo, porque ni yo mismo puedo hacerlo.

Te amé cuando estabas cerca, y la risa y la piel y la desnudez formaban un conjunto con mi cuerpo. Te sigo amando, aún en la distancia, cuando no hay entre nosotros ni pensamientos, ni palabras, ni caricias. Lejos de ti no soy nada; lejos de ti dejo de serlo todo…

Y así ha de ser hasta que consiga olvidarte, si algo así puede ser posible.  Mientras tanto, contigo en la distancia, qué solo me encuentro y qué solo me has dejado, pensando siempre en ti.

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Un beso/ A Kiss.

Arte/ Art

Gustav Klimt (1862-1918)