Una mirada violeta/ A violet look.

Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone

– La señorita Elizabeth Taylor.

– Gracias. ¡Ah! Estoy emocionada y agradecida de estar aquí esta noche. Desde que supe que me daban este premio he estado sorprendida. Hace tanto tiempo que no pensaba en mí misma como actriz… Yo misma, junto con los críticos, nunca me he tomado muy en serio… No mi posición en el negocio, pero como actriz en sí misma, no… Pero no era tan terrible actuando, ¿verdad?… Habéis hecho que me dé cuenta de lo mucho que extraño serlo, pero mi vida es buena y plena. He necesitado muchas vueltas y cambios de sentido en mi vida para alcanzar esta plenitud de la que gozo completamente. Viendo tantos rostros conocidos y tan queridos por mí… Me llena de orgullo, me siento orgullosa de formar parte de esta comunidad y orgullosa de todos vosotros como comunidad, pues ayudáis a tanta gente, especialmente en el mundo del SIDA… Hemos recorrido mucho camino en esta última década, y sé que estáis dispuestos a llegar hasta el final haciendo todo lo que se deba hacer, y eso es algo que os agradezco con todo el corazón…

Y agradezco también a todo el mundo de la industria que me ha ayudado a alcanzar un lugar tan honorable esta noche… Mis recuerdos viajan especialmente hasta cuatro hombres magníficos que vivieron y merecieron un premio semejante: Monty, Rock, Jimmy y, por supuesto, Richard.

¡Oh! He sido tan afortunada por llegar a conocerlos, por haber aprendido tanto de ellos y haberlos amado… Muchas gracias a todos por hacerme sentir tan especial esta noche… Por hacerme sentir actriz… Y gracias a George Stevens, y a todo el equipo de la AFI por haber hecho posible esta noche, que llevaré como un recuerdo unido a mi corazón de por vida. Que Dios os bendiga.

Donde nace la Nostalgia/ Where Nostalgy is born.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

El punto de encuentro entre lo que quisimos que fuese y lo que en realidad es.

La bruma del pasado añorado y perdido.

Aquello que nunca será.

Lo olvidado que rompe su orilla a nuestros pies.

El deseo que no puede ser o que fue y ya no es.

Un amor recuperado en la memoria, rodeado de razones estériles ya.

Batallas todas perdidas: no hay éxitos, todo es fracaso.

Habilidades añoradas. Sueños recuperados. Sentimientos ajados.

Destierros, viajes, pérdidas. Empeños, intentos, dejadez, cabezonería.

Soledad. Silencio. Desamor. Olvido.

Porque todo lo que escribo proviene de ella, donde nace la Nostalgia, allí habito.

Retrato en sepia/ Portrait in Sepia.

Arte/ Art, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

Hay algo mágico en la pluma de Isabel Allende. Quizá sea esa fogosa imaginación que tiene, esa mediúmnica capacidad de metamorfosear aquello que ha vivido y que le rodea, extrayendo de esa alquimia algo más preciado que unos recuerdos; quizá sea su destreza para diseñar personajes fascinantes, cuya vida de novela navega entre lo imposible y lo real, y cuyas pasiones (siempre entregadas) los desgarran y los justifican.

Fruto de su época, Isabel Allende es quizá una de las últimas grandes voces del movimiento latinoamericano. Lo es en su libertad, pues su propio periplo vital no ha podido ser más extraño a la labor literaria, y sin embargo se ha entregado a ella con un fervor que sólo una mujer latinoamericana conoce y puede dar. Lo es en su temática, mucho más política de lo que parece, pues es un grito por la libertad de vivir, de dejar existir, con sus aciertos y errores, con sus miedos y sus sinsabores y la belleza del momento; y lo es en su concepción, demasiada alejada de Latinoamérica para que en sus creaciones no planee siempre un velo de melancolía que aquellas obras nacidas en su seno no tienen ni de lejos.

Ignoro si Retrato en sepia nació de una idea global que arranca con La casa de los espíritus. Conociendo la carrera vital de la escritora (que nos regala en esa bello retrato de una persona, de un tiempo superpuesto y de un lugar único que es Paula, y en la recreación de Mi país inventado) me hace pensar que no. Sin embargo, en el arco vital que parte desde su transformación como escritora profesional (La casa de los espíritus) hasta Retrato en sepia, su talento y su experiencia hacen que transforme una novela-río en una novela-océano llena de originales giros, de personajes fascinantes y de mujeres, siempre mujeres, únicas. La trilogía en la que se ha transformado la historia que narra La casa de los espíritus haciéndola pasar por el alambique de Hija de la fortuna y que culmina en Retrato en sepia, permite ser leída de forma independiente pues su magia estriba en que sólo al final del último libro, que es Retrato en sepia (y que, paradójicamente, está ubicado por cronología en el centro de los otros dos), veamos que esas historias tiene todas un lazo común: el lazo de la sangre, de la historia contada y de su autora, que se arroja a una aventura de retratar mundos y personajes con la alegría de una adolescente enamorada.

Si bien Hija de la fortuna nos resulta un tanto excéntrica, pues está ubicada en un tiempo y lugar extraños para la carrera literaria de la autora, una vez conocida la ciudad en la que toma cuerpo esta novela (San Francisco a finales del S. XIX) nos damos cuenta de lo certero de su relato, de lo idóneo de su concepción. Retrato en sepia recupera ese terreno conocido y ese gusto por la exhuberancia y la rima perpetuamente inacabada de América Latina, esa esencia que enamora a todo aquél que pisa alguna vez sus tierras, y del que ella es una embajadora excepcional. Retrato en sepia es un viaje de retorno para seguir hacia adelante. Es una vuelta a las raíces de Chile con los ojos extrañados del viajero lejano, que ha vuelto pese al paso del tiempo, o quizá por el paso del tiempo, con otra mirada y otra concepción del mundo.

Todo fluye en Retrato en sepia: la acción, los personajes. Y todo encaja: es un libro que se lee con brío y con alegría, y que regala, con la mayor generosidad posible, el enlace final que une esas tres historias tan diferentes y únicas con una cadena que refulge como el oro en paño y que termina explicando un mundo singular y unos personajes maravillosos, salidos de la vida y del aliento de esta autora de calidad excepcional y que consigue, en momentos como éste, una cima difícil de igualar.

 

Ésta es nuestra vida/ This is our life.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

A veces me lo pregunto.

Si hemos hecho bien, si hemos hecho lo correcto.

Abandonamos un amor al conocernos; deshicimos lazos que parecían eternos para atarnos nuevamente con las mismas promesas.

Aún me lo cuestiono.

Ésta es nuestra vida: todo nuevo, fresco, demasiado brillante aún, pero lleno de posibilidades, con un futuro tambaleante pero valeroso.

Ésta es nuestra vida: caminamos de la mano tejiendo día a día nuestras costumbres, consolidando un sueño que parecía inviable.

Porque éramos otros cuando nos conocimos. Teníamos otra vida, otras leyes, otras necesidades. Sin esperanza. Hasta que nos encontramos. Y todo cambió.

Íbamos por el mundo sin sentirlo nuestro, sin participar ni embadurnarnos con sus lodos, sin saborear sus jugos. Nos sentíamos inertes, piezas de un juego jugado por otros; fotos desenfocadas y sin nitidez.

Hasta que nos encontramos. Y todo cambió.

La mañana cobró sentido. Cada suspiro, cada aliento parecía vibrar; cada sonido de tu boca eran notas, cada caricia de mis manos parecían regalarte el universo.

Qué maravilla. En mucho tiempo sentí, sentimos, vida de nuevo, alegría de nuevo; vimos al sol aparecer, a la luna dormir y al mar, sereno, llegar a nuestros pies.

La lluvia caía para alimentar una ilusión quebradiza pero firme; y la noche que nos mantenía alejados fortalecía ese sueño que nos encontramos, esa esperanza que nació aquella tarde en un parque.

Niños nacidos de nuestros cuerpos a través de otros cuerpos: promesas en movimiento; lazos atados tiempo atrás con otros seres que no éramos nosotros; problemas llenos de una cotidianidad que no nos incumbían cuando estábamos juntos. Casas construidas para durar más de una vida humana. Jardines que requerían cuidados.Amores que, muertos, nos rodeaban de cenizas.

Qué difícil es dejar todo atrás. Cuánta valentía hace falta para decir adiós: sueños rotos, rostros entristecidos, orgullos heridos, recriminaciones veladas y la mirada que, sin querer, viaja hacia un pasado donde todo parecía distinto y peculiar.

Y ahora, ésta es nuestra vida. Que empieza callada, embravecida, enérgica y alegre. Nada parece imposible estando juntos, nada puede dañar esta burbuja en la que nos movemos, respiramos y nos acariciamos. Las mañanas son más puras, las tardes más lentas, las noches tiñen sus orillas con sueños nuevos que encierran, ahora sí, una certidumbre imperecedera.

Te amo. Me amas. Nos amamos. Y esos niños de otros cuerpos son nuestros niños en común. Y los sueños que soñamos juntos enmarcan el futuro que vemos a nuestros pies: días inolvidables, quizá muy parecidos entre sí, con esa cotidianidad que acaba definiéndonos y defendiéndonos; viejos amigos se mezclan con los recién llegados, y tus brazos aún sin estrenar reciben a los míos todavía recién pulidos; y nos amamos con la lentitud y la ansiedad de lo desconocido y de lo que sabemos que será para siempre…

Porque, aunque naciese de una pérdida, este amor que nos ha unido, que ha creado esta vida, es más poderoso que el destino y más dúctil que el acero. Sé que podremos construir una dicha llena de cimas y altiplanicies, repleta de esperanzas y de porvenir; con niños nuevos venidos de nuestras entrañas e hijos de otros cuerpos que aún eran nuestros y que encontrarán en esta vida nueva la savia que les hace falta para volar y cambiar.

Ésta es nuestra vida, la que hemos construido con el valor de la renuncia y el abrazo de lo nuevo, de lo inesperado, de la entera libertad y del verdadero amor.

Y, aunque a veces me lo pregunto y parezco dudar, ésta es nuestra vida, la vida del corazón.

Y sí, me doy cuenta y sonrío: hemos hecho lo correcto.

Entonces corro a esconderme entre tus brazos, como ahora, y hundo mi rostro en tu pecho y todo, ésta nuestra vida, es felicidad.

¿Confías en mí?/ Do you trust me?

El mar interior/ The sea inside, Lo que he visto/ What I've seen, Música/ Music

Piel/ Skin.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Sun and Moon. Lea Salonga & Simon Bowman.

Aquí estamos ambos. Espalda contra espalda, algo de sudor entre los dos, el tacto cansado y tranquilo que pronto se despereza.

La luz comienza a entrar por las ventanas abiertas. Y la luna se deshace en el amanecer que aún la sostiene; las estrellas todavía brillan aun veladas por un manto de iris. Y la niebla besa la tierra que corre bajo nuestros pies. Y la lluvia apenas refresca al día que nace.

Nos movemos con tranquilidad. Nuestra piel, una sola, se roza y se acaricia en ese movimiento que es facilidad. Noto tus brazos que me buscan, ese cosquilleo, ese tenue olor. Y el deseo de encontrarnos entre las sábanas caídas, cuidando un milagro que se repite día a día, me llena de alegría.

Saberte cerca en la noche que llega, saberte junto a mí en al arribo de la mañana, sol y luna que se encuentran y se funden en intenciones y en piel, hace que tiemble de expectación y deseo, deseo llenado por ti, vaciado por ti y renovado una y otra vez cuando nos vemos.

Tu piel que huele a hierba, a noche, a luna llena. Suave, transparente, cubierta de un vello suave como la aurora, cálida como el alba que llega, me envuelve y me hace soñar… Soñar con tu boca de caricia, con tu mejilla arrebolada, con tus dedos incansables y esa fuerza que gravita desde tu corazón desbocado y buscador…

Mi piel hambrienta, llena de sol, que busca refugio en tu pecho de planicie, entre tus brazos de bosque y tus besos de riachuelo, que inundan el centro de mi ser hasta hacerme volar.

Mi piel, hermana de la luna, que platea por tu tacto, que se reblandece al llegar junto a ti y sentir un calor que parece un poema, un roce que libera mil sonrisas escondidas con una energía solar…

Cuando estamos juntos, cubrimos con nuestros cuerpos un universo único, en el que se funden los astros y los planetas, el día y la noche, nuestros labios y nuestras manos, hasta encontrar el placer perdido en lo cotidiano, escondido entre las mil cositas que nos distraen y que nos mantienen unidos en el recuerdo, en el ansia de una nueva noche, de un nuevo amanecer juntos.

Me abrazas. Te abrazo. Y nuestras pieles se unen, reconociéndose en el camino de la noche, en el clarear de la mañana, encajando tan bien y llevándonos lejos de aquí…

Tu piel. La mía. El abrazo que nos une, el deseo que nos purifica. El encuentro que es libertad. Y el amor que aúna sol y luna, beso y lágrima, roce y calma, dolor y amor.

Buenos días.

Tiziano o la sensualidad del pincel/ Tiziano or Sensuality in Canvas.

Arte/ Art