Paz/ Stillness.

El día a día/ The days we're living

– ¿Oyes?

Silencio arriba y abajo, oscuridad, pálida luz lunar, unas estrellas escondidas tras las nubes. Algunas gotas aún caen por las ventanas. Ha dejado de llover.

– ¿Oyes?

Me vuelve a preguntar. Y yo le miro. Y sus ojos sonríen claritos y desnudos, como su piel sobre la mía. No hay ruido, todo parece respirar una calma similar a la del amor. Y lo entiendo.

Es el amor.

– Sí.

Respondo. Es el sonido del amor. Es el regalo del silencio. Es la quietud que se halla entre los dos y el mundo que nos rodea.

Y me asomo al balcón de sus labios y le doy un beso.

Cerramos los ojos. Y su respiración se hace lenta, pesada, casi un susurro. Y la mía.

Paz.

El mundo del papel/ Paper World.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Lo que he visto/ What I've seen, Medicina/ Medicine, Naturaleza/ Nature

   Hay dos mundos, imbricados y dependientes, simbióticos, que intentan parecerse pero son muy diferentes: el mundo del papel y el mundo real.

   ¿Qué es teoría? La necesidad que tiene la realidad de ser posible. ¿Qué es la realidad? La piedra de toque, el molino en el cual la teoría se torna posible. Sin el esqueleto que sustenta los acontecimientos, el mundo no puede ser y, sin embargo, los acontecimientos que nacen de ese mundo liman las aristas del esqueleto, moldean la estructura base y le permite adaptarse a los cambios que generan con el mínimo de problemas. O eso creemos.

   La burocracia, las ideas, los engranajes de la vida: eso es a lo que yo llamo el mundo del papel. Es ese universo teórico, en el que la realidad se cristaliza hasta hacerse tan pura, tan irreal, que es imposible si quiera reconocerla en el día a día. Es lo que anhelamos de perfección, es lo que deseamos que sea posible. Es un mundo precioso porque en él todo es posible. Tanto lo es, que podemos perdernos en sus entresijos, arriesgando nuestra estabilidad en el mundo real, aquel hecho de pruebas, de ensayos y errores, con sus leyes implacables, con sus frutos obsesionantes y profundos y, por lo mismo, absorbentes y desestabilizantes.

   Asistimos a un hiato imposible entre ambos mundos. Las personas que habitan el mundo del papel piensan que todo es como lo imaginan, mientras que los seres que conviven en el mundo real se asombran de este proceder y se olvidan de soñar, tan acostumbrados están a los vaivenes y frustraciones que trufan la vida diaria. Y no debería ser así.

   Desde hace unos meses habito en una extraña frontera entre los dos mundos. Unos se asombran y otros se alegran, pues piensan que puedo traer un poco de sentido común a las ensoñaciones burocráticas. El mundo del papel es duro, hay demasiada gente demasiado acomodada y demasiado embebida en su labor, demasiado desconectada de la realidad, y su peso es enorme y su gravidez, aplastante. Y sin embargo tiene una pasión contagiosa, un modo de ver quizá absolutista y severo por perfecto, y por lo tanto, inviable. Asisto, en esta orilla de dos mares, a veces sin palabras, a veces lleno de frustración, a una  batalla que no debería tener lugar, a un encuentro entre el desencanto y la obligación, entre lo que debe ser y lo que es, todo tan distinto, que puede llegar a ser muy confuso.

   El mundo del papel es atroz por enrevesado, repleto de leyes no escritas, con sus ambiciones y avaricias; como un reflejo, el mundo real no es mejor. Es más tangible, menos ilusionante, igual de severo e incongruente. Pero es real.

   Poco de la vida teórica se puede llevar a la práctica, porque la práctica es el resultado del choque de fuerzas telúricas de lo real contra las de lo posible, y nada en un encuentro semejante puede quedar incólume. La teoría, la base del mundo del papel, es siempre perfecta, impoluta, intachable. En el mundo real todo está lleno de manchas y de errores.

   La situación que vivimos es un gran ejemplo de todo esto. Existe un grado de frustración y de desilusión incontestable; en vez de preguntarse las razones de ello, nos pasamos el tiempo intentando tapar errores con más errores, perpetuando estas sensaciones y esta desazón creciente y eterna. Para curar una enfermedad debemos diagnosticarla, conocer sus síntomas: una teoría que nos sostenga, una experiencia que nos enseñe qué es lo mejor y qué es lo prescindible. Eso no lo estamos haciendo y así nos va.

   El mundo del papel es remilgoso, no quiere ensuciarse las manos; el mundo real responsabiliza a su esqueleto teórico de que no se sorprenda de su imperfección. Uno y otro se acusan sin darse cuenta que en ambos hay patrones que modificar, conductas que cambiar, y que en ambos, en la actitud responsable de ambos, están las soluciones que anhelamos con tanto fervor.

   La política, enfangada pero jamás resuelta no ya a pedir disculpas, si no a purgarse a sí misma, es nuestro espejo más elocuente. Porque todo es política, incluso el mundo de la Salud. El pasillo de la Salud perdida no existe para el mundo del papel, pero es real; esa inconsciencia hace que la realidad sea demasiado dura y termine estallándonos en la cara.

   Hemos tenido un gobierno pusilánime, lleno (al parecer) de buenas intenciones. Eso es papel mojado. El mundo del papel de aquel que va a cazar nubes quizá sea maravilloso, pero es irreal. Lo mismo pasa, lo mismo, con la dirección de la Salud, de la Educación, de la Economía. Debemos hacer una labor de reflexión profunda, real; debemos buscar ese punto de encuentro entre ambos mundos para poder sobrevivir, para vivir con dignidad.

   Ahora que habito en el mundo del papel se me reprocha constantemente que viva en el mundo real, pero creo que es necesario que lo haga. Porque el sentido común es vital, debe insuflar energía a la aparente perfección de lo teórico para poder transformase, sin grandes cambios ni agobios, en lo real. Estar en la Dirección implica responsabilidad y, sobre todo, tener los pies sobre la tierra. Quizá el principal problema del mundo del papel es que se encuentra lleno de cazadores de nubes: buenas intenciones, pero demasiado alejadas del mundo real para que lleguen a cristalizarse. Y esto se refleja en el mundo real con retrasos, impuntualidades, colapsos y errores.

   ¡Qué difícil es vivir así y qué maravilloso sería si así lo quisiésemos!

   Si sólo nos diésemos una oportunidad…

Mundos de color/ A Colorful Worlds*

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen

*por Otto Más.

Ogai Mori: La bailarina/ Ogai Mori: The Dancing Girl.

Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

   La bailarina, de Ogai Mori es un precioso relato corto. Si nuestra fascinación por el Oriente es evidente, la fascinación japonesa por Occidente no le va a la zaga. Y en La bailarina se nos demuestra.

   Este pequeño cuento es la historia de un sueño o de una vida de cristal hecha añicos. Nada nos desmorona más que el choque cultural de dos mundos, de dos formas de ser y de ver la vida. Toda emoción extrema nos une, nos iguala. El odio a lo distinto nos transforma en animales sin sentido, capaces de las mayores fechorías; una vez pasado ese estado, es cuando abrimos los ojos a la realidad, es cuando nos damos cuenta de lo que hemos hecho, reflexionamos y nos lamentamos por lo ocurrido; raramente, pero ocurre, nos mueve la vergüenza o el remordimiento e intentamos reparar el mundo despedazado por nuestros afanes. Al amor le ocurre lo mismo.

   La bailarina es la historia de una ilusión rota.  Asistimos a la fascinación por lo occidental de Toyotaro Ota, a su acercamiento curioso, a la seducción por lo que descubre y finalmente al amor de una corista que todo lo parece para él y por la cual, presa de un romanticismo tan puro de la época, piensa dejarlo todo y entregarse al sentimiento furioso y único. Hasta que despierta y hace pedazos ese sueño de cristal, y todo vuelve a ser lo que debería ser en el mundo.

   En este cuento precioso, recomendado por Màxim Huerta, podemos encontrar múltiples referencias, fruto de la época en la que fue escrito, y sin embargo prefiero dejarlas de lado. En él encuentro todo lo que a mí me enamora de la literatura japonesa: la dulce belleza no exenta de salvaje crueldad, la delicadeza de un mundo que viaja siempre al filo de la navaja, y esa preocupación casi milimétrica sobre el presente, lo que se deja atrás y todo lo que puede conmover al corazón sobre la mente, perdiendo siempre, sacrificándose a veces, pura y sencilla frente a una seducción mayor que subyuga la naturaleza festivalera y despreocupada del hombre por un ideal más sereno, impasible y certero como la hoja afilada de un sable ceremonial: la mente, las convenciones sociales y el puro egoísmo natural que nos hace ser quienes somos.

   En pocas páginas, la maestría de Ogai Mori nos conmueve, con sus ecos a La dama de las camelias y, por ende, a La Traviata o a La Bohème, y también en mucho a Madame Butterfly, nos transporta y nos recuerda que nada en la vida es sueño pues la realidad subyuga todo estado, toda emoción y todo anhelo. Ya que nada tiene sentido, o todo adquiere su máximo sentido, al ser alambicado por las circunstancias y la mente que piensa en ellas: poderoso instrumento que disfraza sentimientos y que nos autoconvence o nos anula o nos hace ser, en realidad, lo que somos.

   La bailarina es un cuento de cristales rotos, lleno de belleza y resonancias musicales, y es el reflejo de lo que nuestra fascinación por la cultura japonesa es: un espejo de dos caras.

En mi pensamiento/ On my thoughts.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Aún te tengo en el pensamiento.

   Ayer te vi de lejos. Ibas caminando como si nada, de la mano, y como guiado. Cara de sorpresa, sonrisa de niño pequeño, paso de ángel, el cabello al viento, suave y ondulado.

   Caían algunas gotas. Y resbalaban por mis pestañas anegándome los ojos.

   No me dejaban verte bien; se entremetían en la mirada, entre la distancia y tú. Y luché por contenerlas, para que no llegasen a mis labios. Pero no pude…

   Y la voz que quiso llamarte quedó muda, y como un cisne pasó cerca de ti sin emitir ningún sonido.

   Ese aire decidido y juguetón, ese pelo al viento, la lluvia y tus rizos, y la mirada hacia adelante, hacia adelante y nunca al pasado, donde estoy yo.

   Y las gotas de lluvia ahogándome los ojos y esa felicidad efímera quemándome el corazón…

   Aún te tengo en el pensamiento, y la música que creamos sigue latiendo en mi corazón. En un pasado que ha pasado, en un momento que nunca volverá.

   Salvo en mi memoria.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside

Contando estrellas/ Counting Stars.

El día a día/ The days we're living

En la inmensa soledad de la noche, lleno de sueño y cansancio, pero incapaz de dormir, me asomo al cielo enorme y veo un mar cuajado de estrellas.

Quisiera dibujarte con ellas; quisiera hacer de ellas tu nombre.

Un cuerpo, una sombra; una compañía, calor, mudez y cariño.

Pero sólo recibo un frío fulgor, reflejado en la ventana, caído en mi corazón.

Y no duerno. Y sueño contigo.

Buscándote, anhelándote. Sabiéndome solo.

Contando estrellas, hasta el infinito.