Una voz/ One Voice.

Arte/ Art, Música/ Music

Barbra

Hasta pronto, Caballo Viejo.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Lugares que he visto/ Places I haven been, Música/ Music

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Hoy se ha ido de nuestro lado el gran compositor venezolano Simón Diaz, creador de una pequeña obra maestra: Caballo viejo.

Cuando la obra de un autor alcanza dimensiones que ni siquiera éste ha soñado, lo transmuta y lo hace imperecedero: las canciones de Simón Díaz, llenas del folclore venezolano, han deshilachado las fronteras propias de Venezuela para hacerse parte del acervo cultural del habla hispana y del mundo.

Era el Tío Simón. Tan sereno y tan sencillo como su eterno liquiliqui y su gran canción, que habla de la verdad del tiempo ido, del amor ingrato y del abandono.

Hasta pronto, Caballo viejo: que el mundo siga cantando tus versos y siga retratándose, llegado el tiempo justo, que todos, todos somos un poco como tu caballo viejo: impetuoso, achacoso y siempre esperanzado.

Shall We Dance?

Arte/ Art, Música/ Music

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Esa frágil delicadeza/ Delicate.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music, Medicina/ Medicine

   b77e1390892611e3a6700a6ec22b36e0_8Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Cama 15. Domingo, seis de la mañana.

   Ingreso. Insuficiencia respiratoria aguda.

   Probable neumonía.

   Al paciente le falta el aire. Intenta buscarlo como puede moviendo el tórax, moviendo el abdomen, agitando los brazos, tensando los músculos del cuello.

   Fiebre.

   La barahúnda de un ingreso. El equipo siempre presto. casi perfecto.

   Lunes por la mañana. Sigue respirando con dificultad. Sigue usando los músculos del cuello, los músculos del pecho, el abdomen ya cansado. Suda; perlas de agua caen sobre su frente y llegan hasta los ojos, que también lloran, no lo va a negar.

   Anegan su garganta, llena de sequedad sin que le entre una gota de aire.

   Pasa su mujer. Celebrarán 49 años de casados en menos de dos meses. Amor sin decir palabras. Sólo en la mirada. Se entienden aunque no entienden lo que ocurre. Esa frágil delicadeza de la Salud, de la que nunca han podido gozar mucho. Y que se rompe con tal facilidad. Cosa que sí saben bien.

   Amor. Que llora y no habla, que se toma de la mano y se acaricia. Muchos años de historia juntos, muchos años sin dejar de verse, dejar de hablarse, dejar de sentirse. Y ahora esto.

   Se despiden como pueden llenos de cansancio: uno por la salud perdida, la otra por la ignorancia, la duda, el miedo. Y ambos por el abandono.

   Y tubos. Por la garganta, por la nariz, por el cuello, por las muñecas. Y máquinas: que dan oxígeno, que mejoran la tensión arterial, que dan alimento, que mantienen vidas. Vidas que se van desgastando y dejan de ser lo que eran para transformarse en algo más, que no saben aún qué es.

   En la cama 15 todo es una preocupación. Y una dedicación única. Una entrega completa.

   Y ella fuera. Y él dentro, sedado, conectado a máquinas que respiran por él, que sueñan por él, que sostienen un aliento que ya le falta.

   Y ella afuera. Sin saber nada. Llena de la delicada fragilidad del amor, que parece durar por siempre y que tan fácil se rompe. Como la Salud. Y también a veces la vida.

   Siempre hay vida. Porque hay amor. Sé que se lo dice. Sé que lo piensa. Sé que no duerme pensando en eso. Sé que cree en un mañana diferente, cuando todo pase y el trabajo de mil hombres haya cesado ya y estén de nuevo juntos, para llegar a medio siglo de vida en común,  y continuar hablando ente ellos, entendiéndose con la mirada y tocándose las palmas de las manos, los latidos del corazón.

   Pero el tiempo fluye con un ritmo suyo, que le es tan propio: tan rápido para unos, tan tormentosamente lento para otros.

   En el Pasillo de la Salud Perdida, ella piensa en la vida que se escapa y en lo que ha sido hasta ahora. Y llora. En silencio. Y se sorbe las lágrimas. Y calla. Y respira lo que él no puede inspirar, y espera a que despierte de nuevo y vuelva a ella.

   Él, con esa frágil delicadeza que es la Salud perdida, duerme tranquilo. No sabe que le espera una recuperación lenta, muy lenta, en la que no tendrá ánimos y que le exigirá lo que queda de su exigua anatomía. No sabe que una neumonía puede matarlo, como pudo haber muerto en cualquier sitio a cualquier hora. Menos allí.

   En la cama 15 se oyen alarmas. Y el vaho del respirador. Y los números del monitor parecen descansar.

   Él es mi padre, que espera a mejorar. Ella, mi madre, que espera a que todo pase, para volver a empezar.

  Y yo, entre ellos y todo lo demás, pensando y sintiendo sufrir, en un puente que entiende pero que no puede hacer ver lo que ocurre; que sabe pero que no puede decir lo que piensa. Callando. Y esperando, como ellos, lleno de suspiros.

Cuando te miro/ When I Look at You.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

When I Look at You. Linda Eder.  

   33210512569f11e39f760a8f4e0ede20_8Sentados así casi no te reconozco.

   No has cambiado nada. Tu aspecto es más o menos el mismo: la cara aniñada, la nariz discretamente aguileña, cierta sombra en la sonrisa. Pero no, ya no eres tú.

   Cuando te miro no hallo  aquel del que me enamoré. Que hacía pájaros de papel, que hacía sonar una melodía con el arrullo de su sonrisa. Que me decía que me quería así más o menos de aquí a las estrellas.

   ¿Dónde se ha ido? No lo sé. Pero cuando te miro, aquel niño que fuiste parece perdido en el fondo de tus ojos y yace moribundo en el techo de tu corazón.

   Eso es lo que siento cuando te miro.

   Y de noche, a solas mientras duermes, me pregunto dónde te has ido. Qué ha sido del hombre que me despertaba cada mañana con un beso y me abría la puerta antes de pasar, con los modales más antiguos posibles y sin embargo, más encantadores. Con los brazos enormes abiertos en abrazos de eternidad y la tranquila seguridad de vivir por siempre.

   Cuando te miro mientras duermes, me pregunto quién eres, quién sonríe con esa risa de antes, quién habla con la voz oscura de los años que han pasado entre los dos; adónde se ha marchado ese chico que corría todas las tardes por la orilla del mar y llegaba hasta mí lleno de sonrisas para abrazarme y dejarme empapado de sudor y de amor. Porque ya no te encuentro.

   A veces cierro los ojos cuando hablas y el tiempo se empequeñece hasta hacerse una nada, y logro tocar los dedos de ése que eras y que se ha perdido, que me convenció de amor y me llevó hasta su lecho y hasta su vida, y del que me enamoré sin preguntas ni condiciones, como sólo los niños, y quizá los tontos, lo hacen.

   Pero no, no eres tú aquel de quien me enamoré. Ni el que me hizo amar. Tu mirada es fría, tu risa es falsa; esos dedos que pretenden acariciar mi cara pasean automáticos por mi rostro cansado. Ya no eres el que fuiste. Te has perdido delante de mí y no, no sé dónde estás.

   ¿Por qué el tiempo nos hace esto? ¿Por qué, pudiendo amar por siempre, perdemos el camino, olvidamos la luz que nos ilumina?

   ¡Oh! Si por un momento quisieras ser aquel que fuiste, si pudiera escuchar el sonido de esa voz de mediodía, cuánto amor me queda para darte, para regalártelo todo así, sin llevar cuentas, sin contar días, sin esconder abrazos…

   Pero no. Cuando te miro todo parece cambiado. Ni un eco de tu antiguo ser, ni un latido que lleve mi nombre… ¿Lo imaginé? ¿Te soñé con tanta fuerza que me creí mi propia fantasía…?

   No…

   Pero, cuando te miro, no eres tú siendo tú. No eres tú siendo yo. Cuando te miro ya no hay amor, si no indiferencia o algo más que no deseo descubrir.

   Cuando te miro aún te quiero… Aunque en ti sólo haya olvido.

¿Habrá amor después de ti?/ Is There Love After You?

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Is There Love After You? . Michael Feinstein. 

   1545077_10202308584212751_183467500_nTu sonrisa. El sonido de tu voz. El brillo de tus ojos de miel.

   Tu manos grandes y fuertes, llenas de callos, y sin embargo hábiles y suaves, discretas y tan experimentadas.

   Tus caricias que eran notas de música en mi piel, y tus labios, agua para mi sed.

    ¿Habrá amor después de ti?

   Tu boca dulce, llena de carne y sensualidad. Y tu risa cálida y el arrullo de tu compañía dormida a mi lado. El peso de tu cuerpo sobre el mío, a mi lado, debajo de mí. Y el extraño magnetismo que nos unió.

   Ojalá pudiera romper mi corazón en pedacitos pequeños para comérmelos uno a uno y borrarte de mí. Ojalá pudiera limpiar cada uno de los poros de mi piel que huelen a ti y que te saben de memoria. Ojalá pudiera decir a alguien aquello que te he dicho sólo a ti, con un susurro de noche oscura: Te amo.

   ¿Habrá amor después de ti?

   No lo sé.

   Porque me he quedado seco. Ni siquiera tengo el sentido morboso de espiar, por el rabillo del ojo, aquello que pudiera haberme atraído alguna vez. Mi mente lo compara contigo, mi corazón que rebosa lo rebasa contigo, y dejo escapar esa pulsión  quedándome frío.

   Porque no hay amor como el tuyo. No hay amor como el que tuvimos. Pasión, deseo, sensatez, abandono, entrega, fusión, locura y abandono.

   Porque no hay nadie como tú, o parecido a ti, o similar al menos a ti: tus ojos oblicuos, el rosa granate de tus labios, ese mentón irreverente y cabezota… Ni esa forma única de querer, entre el egoísmo y la generosidad, entre la posesión y la desfachatez.

   ¿Habrá alguna vez un cielo distinto al nuestro? ¿Existirá algún día alguien que no me recuerde a ti, que no reverbere todo lo que siento por ti? ¿Habrá vida después de la muerte de nuestra historia infinita?

   ¿Habrá amor después de ti?

   No lo sé…

   Qué tristeza, la verdad.

Dejarlo atrás/ Let It Go.

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FROZEN