El Camino de las Estrellas/ The Road of the Stars.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Stjacquescompostelle1Este año que comenzará pronto, 2010, es Año Santo Compostelano. Cuando el día de Santiago Apóstol cae en domingo, Santiago de Compostela tiene la capacidad, según la Iglesia Católica, de perdonar los pecados de todos aquellos fieles que atraviesen la Puerta Santa, que sólo se mantiene abierta los 365 días de dicho año. Algo que sólo ocurre cuando se visita la Catedral de San Pedro del Vaticano, en la Ciudad Eterna, o se visita Jerusalén, la Ciudad Santa.

Cuando se descubre la tumba del Apóstol Santiago en Campus Estelae (de las muchas etimologías de Compostela, actualmente desconocida, ésta es la que más me gusta porque es la más cercana a la realidad) se inicia una campaña que obedece, como todo propósito humano, a un sinnúmero de propuestas. El establecimiento de un camino de peregrinación en el Oeste de Europa vertebra al continente, uniéndolo en los negocios y en la fe. Lo curioso de la raza humana es que, por más justificaciones que podamos encontrar, todo movimiento de masas, toda explosión de cultura (y lo que trae consigo) es más un reflejo del inconsciente, el fruto de un empuje metafísico, que un conjunto de razones hábilmente explicadas no por los hechos en sí, sino por la Historia.

Que los supuestos restos del Apóstol estuvieran en Compostela o no; que fuese la necesidad de crear un lazo de unión en tiempos de crisis; que las leyes que rigen la peregrinación a Compostela sirvieran para manipular al vulgo; que el Santo se apareciese o no a los ejércitos para infundirles valor; nada de eso importa ya. En el Siglo XXI, en el cual nos jactamos de ser libres (pero sufrimos de una alienación cada vez más oscura, porque ésa es la forma en la que actúa la vida), el Camino de Santiago, el Camino de las Estrellas, es más que nunca un símbolo, ya que verdaderamente es libre. No pregunta por creencia, raza, género ni edad. Está abierto al mundo, deseoso de ser conocido y recorrido, dadivoso y severo al mismo tiempo. Vivimos en una época en la que la libertad cultural nos garantiza el goce, el verdadero goce de lo que, como Humanidad, hemos conseguido, alterado, destruido, reconstruido, añorado y soñado. Ahora sabemos que Compostela era ya un lugar mágico para los habitantes pretéritos al Cristianismo; que Galicia es una tierra repleta de puntos neurálgicos abiertos a la Madre Tierra; que la tierra y las aguas y la lluvia y las nieblas de este rincón verde y azul de España se halla conectada con el resto del mundo gracias al cielo que la cubre y que dibuja, en el centro de Campus Estelae, es decir, de Santiago de Compostela, la imagen de la Vía Láctea. Contemplar las estrellas desde esta ciudad es un regalo divino. Contemplar la belleza que los hombres podemos construir; sentir la energía que miles de almas han dejado impresas en sus calles; escuchar el constante palpitar de la Naturaleza en su eterno flujo de vida, es el mayor de los regalos, el lazo de unión, el secreto que nos revela nuestra igualdad apartando para siempre unas diferencias que sólo enriquecen nuestra existencia.Via_Lactea_2_20090301

El Camino de Santiago, el Camino de las Estrellas, no es propiedad de nadie: iglesia, credo o religión. Es Patrimonio de la Humanidad, es Humanidad: no hay más leyes que aquellas que gobiernan nuestro interior; no hay dioses en los altares, sino un Dios en nuestro corazón; y no hay más que dureza, belleza, llaneza, cansancio y alegría. Cada Año Santo nos sirve ahora de recordatorio, de brillante mensaje. Pero el camino que se camina día a día, así como el peregrino hacia Compostela simplemente lo sabe, lleno de baches, de errores, de molestias y de pequeñas alegrías, de innumerables sorpresas y hondas decepciones, es el que nos lleva, en volandas, hacia las estrellas.

This new year, 2010, is Santiago de Compostela’s Holy Year. When the day of Saint James (July 25th) is on Sunday, Santiago de Compostela is allowed, as one of the three Cities of Catholic Christianity (Rome and Jerusalem are the other two), to give peace and comfort in this big embrace of love and holy happiness. Crossing the Holy Door all the sins have passed and the pilgrim, now fresh and new in faith, stronger and more alive than ever, is forever free and safe. But is not just a festivity of Roman Church. At all.

The Way of Saint James, that ends in Santiago de Compostela (Campus Estelae, or Campus of the Stars, in its latin name etymology, at least the most accepted of the theories), though was born because of a Catholic necessity, revealed like a powerful way of a cultural, artistic, and economic expression plus, the first attempt of Europe to be united. It was made, through 1.000 years, of efforts, pain, desires and dreams. And this road, like road, gives to us the opportunity to fight with ourselves, to struggle, to look for and, finally, to find out ourselves during its realization.

It’s a symbolic journey as well as a real, hard road. And that, in our XXI Century, is extensive to any religion, any race, any gender, anyone. No one is excluded of it, because it’s an image of our own Life. It doesn’t matter the material representation, the Cross, the Lamb, the churches or the Cruceiros; even though the beauty of its artistic expressions only gives us peace, comfort and allow us to think, to meditate and to be free. It’s not the material representation; in the Camino it never was the material expression; though the spiritual, the real sensation of happiness, of struggle and peace. It’s a long road, but as well it is Life. And The Camino is just  a representation, a hard symbolic representation, of Life. Life that ends, but as well reborn, once we reached Santiago de Compostela, and watch its inner stone-made beauty, and feel the joy of the end and the thrill of a new beginning. And, look upon the sky  and see the Milky Way right above us, as a watcher and a witness of our own reincarnation and freedom.

It doesn’t matter rituals, beliefs, religions, ages, genders or races. The Way of Saint James is a metaphor of Life, Life that leads us to reach the stars.

Las Horas/ The Hours.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

12_las_horasLeí Las Horas por el revuelo crítico que causó la película del mismo título, aunque yo no la había visto todavía; lo que es un riesgo a veces y, otras, una bendición. No sabía nada de su autor,  Michael Cunningham, más sí del director de la versión cinematográfica (Stephen Daldry), y del maravilloso plantel de actores de la misma. Es uno de los pocos casos en los que me vi abocado a leer una novela debido a una película. Y ambas me sorprendieron.

Las Horas no es una historia fácil. Ni pretende serlo. Porque no se deja leer con facilidad. Está llena de estuarios que son miradas y gestos; de silencios que bullen con los sonidos de recuerdos sofocados; brota del dolor y al dolor retorna; se asienta en la desesperación llegando, sin embargo, a la calma. Y, a pesar de todo, o debido a todo, la historia fluye, fluye a través de sus páginas con una sutileza admirable sin detenerse nunca, sin dar respiro al lector. La historia imbricada de tres mujeres que en nada se parecen pero que son tan similares; el ambiente de cada una, opresivo, abigarrado, lleno de las naderías de la existencia normal; los sentimientos que las hermanan; la desidia que las corroe; la lucha que las iguala; y, finalmente, el dolor que las reproduce. Porque son mujeres que dan fruto: se quedan en nuestro corazón y se mantienen, flotando como espíritus benevolentes, por muchos días. Y ése es el mérito de Michael Cunningham: trasciende una historia triple, opresiva, dura y desesperada, en la que triunfa el individuo, el ser, y ese triunfo lo mide en intangibilidad, en evocación, en nada. Fascinante.6a00d8341cc27e53ef010535d6d3cb970b-450wi

Las Horas es un libro magnético, escrito con esa sencillez casi minimalista que caracteriza a cierta prosa norteamericana llena de trazos de Hopper, con su desolación y desesperanza, en la que la vida de tres mujeres tan diferentes en tiempo y espacio, se imbrican a través de la fascinación que sienten una por la otra, por la fantasía de una historia que se gesta y que es contada y por las consecuencias que nuestros actos siempre tienen, en los demás (algo tan freudiano que quizá debiera pasar de una vez de moda) y sobre todo, y más que todo añadiría yo, en nosotros mismos. Son tres mujeres llenas de flaquezas; interiormente rudas y plenas; que luchan por salir a la superficie y por respirar el aroma de la verdadera libertad: la ausencia de unas ataduras inútiles, el batir de las alas al remontar el vuelo, y el bramar de la tierra al quedarse atrás… Las Horas contiene en las horas que pasan cada uno de los sueños, cada una de las ideas y de los sentimientos atormentados y atrapados de estas mujeres que luchan, luchan siempre y siempre contra sí mismas, sin importarles nada. Son verdaderas artistas, capaces de desangrarse a sí mismas, y a los que les rodean, para conseguir sentirse plenamente ellas mismas, seres únicos, indiscutibles, serenos y, a la postre, libres.

La versión cinematográfica es igual de fascinante. Engatusa al espectador con la fluidez de las imágenes, con el baile de miradas, de sensaciones (todo se toca, se huele, se saborea en la distancia; todo se observa desde dentro y desde fuera: los besos, las caricias, las soledades) y de angustias, que culminan en el parto de una idea que evoca, en otro tiempo y lugar, la libertad de una mujer hastiada y la angustia de una mujer encerrada entre un amor imposible y un amor que le puede dar lo que más ansía: la libertad. Porque, a pesar de ser una obra de desesperación y de angustia por conseguir ser individuos al completo, Las Horas es el canto a la libertad real, a la libertad de espíritu y de facto, aquella que sólo somos capaces de darnos a nosotros mismos y que, quizá, nos costaría menos, o la saborearíamos mejor, si comprendiésemos que los que nos rodean nos aman lo suficiente como para dejar que seamos lo que deberíamos ser.

Y la belleza de las imágenes, la transparencia de cada una de las extraordinarias creaciones del elenco de actores; la ambientación detallada; las luces, las sombras, las reacciones, los detalles, las flores y los aromas, no valdrían de nada sin la maravillosa banda sonora creada por Philip Glass, llena de incisión, de voluntad; tan amable con el espectador como la misma historia, tan brillante sin embargo en su casi desaparecer, y tan fluida, que hilvana las horas que pasan con el ritmo incesante de lo que no tiene fin. Y que queda grabada en la mente y el corazón, con la resonancia de lo verdadero, una vez se cierra el último plano y cesa el arrullo de su ritmo.

El sonido de un alma de cristal/ The Sound of a Crystal Soul.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Nigel Kennedy (1956)

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A través del Universo/ Across the Universe.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

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A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

To the boys.

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Ignacio Izquierdo. Crónicas de una Cámara.

Lo siento, he cambiado.

El mar interior/ The sea inside

Para Piernas de Alambre, que de tan cobarde se fue sin despedirse.

broken-heart-resized-and-jpeg-format1Quisiera decirte algo. Siéntate, por favor, quizá sea mejor así. No, no quiero que insistas por ahora, déjame hablar a mí… No, no será por mucho tiempo, es que tengo que irme… Sí, sé que es un poco raro que te haga sentar, te pida silencio y poco tiempo, pero es que me tengo que ir inmediatamente…Reconozco la incongruencia, y no, no me pasa nada. Bueno, no me pasa nada malo…Digo, es importante lo que tengo que decirte, pero sin mal rollo, ¿sabes? Que no es para tanto… O, bueno, no debería serlo…Aunque, contigo, nadie sabe… Puedes quedarte callado sin decir ni mu o te puedes poner a pegar gritos como un poseso. Oh sí, te conozco. Según el día o el momento, si te pilla de bajón o estás distraído, si no te importa o… Vale, tienes razón, que me voy por las ramas. Pero es que parecía más fácil antes, cuando no estabas aquí. El ensayo es que me había salido fenomenal, que hasta calladito estabas y todo y a mí me salían las palabras de corrido, como si recitara una lección muy sabida. Y es que debería ser así. Quiero decir lo de la lección sabida. Porque entre nosotros ya hay poco que aprender.

No pretendo que me entiendas. Miento: deseo que lo hagas. Como deseo muchas cosas que no siempre se pueden tener. Tu comprensión es una de tus facetas que más admiro, porque cuando quieres eres mejor que la Madre Teresa. ¡Oh!, no exagero…Qué vas a ser más feo que ella, no digas tonterías. Cuando te pones tonto no hay quien te aguante. Eso siempre me ha molestado. Porque eres repugnante. Picajoso e insistente como un niño pequeño y mimado, por añadidura. Te cierras a entendederas y de ahí no hay quien te saque, con lo cabezota que eres… Pero he de admitir que ha cabeza dura no hay quien te gane y que, gracias a eso, has conseguido muchas cosas, todas increíbles, incluso que yo te amase…Porque te he amado casi sin darme cuenta. Te colaste en mi vida despacito, como la lluvia tonta; y fuiste mi mejor amigo y mi mejor compañía; muchas veces la única que toleraba en esos días horribles. Horribles porque estaba solo, y no me gusta despertarme en medio de la nada sin nadie a quién acariciar. Y sin embargo allí estuviste tú: soportaste mis borracheras, que, total, de nada me servían, salvo para hacerme sentir más miserable. Y allí estuviste tú: por las noches al acostarme; al mediodía para el desayuno tardío; una buena sesión de gimnasio y un par de cañas de despedida. Allí estuviste tú siempre. Y eso es de agradecer, pero también es cansino.

No, no te preocupes que no tardo nada. Es que tampoco tengo tiempo. ¿Qué hora es? ¡Ah, sí, es verdad! ¿Te apetece picar algo? Pero, ¡qué digo!, si seguro acabas de comer… Pero un café sí, ¿no?

Por años hemos sido muy amigos y, durante una época,incluso algo más… Aún somos algo más, así, sin haberlo planeado. Porque te me metiste con tu sonrisa de dientes separados, con esa boca enorme de labios carnosos que sí, sabían a menta y a madera, y esa mirada de niño pequeño… A veces, después de haber estado un rato echado a tu lado, me preguntaba porqué me atraía ese olor extraño, por qué tu presencia, que nunca, nunca me ha atraído porque eres todo lo que yo no soy (y sabes que eso es algo que definitivamente no me gusta), encendía en mi interior esta mezcla de sentimientos contrapuestos, de deseos de agradarte, de complacerte… No lo sé. O sí que lo sé. Es que eres bueno. Una buena persona. Poco atractiva, casi nada más bien, aunque tienes tu punto; vamos, como que todo el mundo lo tiene, tampoco es plan… Tranquilo, tranquilo. No, no hemos quedado para ofenderte. De hecho, es lo último que quiero. Nunca he querido herirte, aunque a veces creo que no lo he logrado. Tampoco tú has sido muy bueno; no, quizá sólo has sido un poco egoísta. Y no es que esté mal, pero es que llegabas a ahogarme y eso me pone nervioso. Y sabes cómo me pongo cuando estoy nervioso. No soy yo mismo, o lo soy pero más desordenado, y eso es una locura. No me gusta perder los papeles. Y contigo no sólo los perdía, es que ni los encontraba. Y eso me eriza. Y me pone malo. Y me pongo tonto y hago memeces como decirte lo que no deberías oír, pero es que me desbordo de tanto contenerme, y mi ira acaba por salir enloquecida salpicándote todo el rato. Pues todos mis intentos han sido un fracaso. Y tampoco es cuestión de seguir así.

No, no te levantes, por favor. ¿Te es muy urgente ir al baño? Es que me queda poco y sé que, si me detengo, no tendré otra oportunidad de decirte lo que tengo que decirte y no quiero que pienses mal de mí. Ya sé que me quieres mucho y que eso no cambiará las cosas. Pero eso es mentira. Las cosas siempre cambian después de lo que te voy a decir, y me odiarás…No: me despreciarás primero y posteriormente me odiarás, lo tengo asumido. No me asusta, para nada. Yo ya he pasado por eso. Y sólo quiero que lo sepas. Quiero que lo sepas por mí y por nadie más. Así sólo yo seré el responsable. Si algo he aprendido de haber estado contigo es que soy capaz de asumir mis decisiones y de decírtelas. Eso es algo que me enorgullece. Y es que algo, algo, has dejado en mí.

¿Qué hora es ? Las cuatro y cinco… Sí, tengo que irme. Y me voy. Quiero decir, me voy. De aquí. De ti. De nosotros… Bueno, nunca hemos sido un nosotros, ¿verdad? Al menos yo… Sí, hemos pasado nuestros momentos, también en la cama. De hecho, ha sido casi un descubrimiento para mí… Pero es que no soy yo, ¿sabes? No… ¿Adónde vas? Para nada, para nada, siéntate. Que el que se va soy yo. No me mires con esa cara; si te pones a llorar ahora mismo, yo no podré seguir con esto… ¿Crees que me es fácil?

Llevo tiempo dándole vueltas… Sé que he estado más taciturno de lo habitual, lo que es casi imposible, lo sé. Pero tú también sabes a lo que me refiero… No conectamos, no servimos, no soy suficiente para ti… Tú te mereces alguien que te quiera de verdad, que te desee de verdad y que no sienta… ¿Por qué quieres que te lo diga? ¿Acaso te hará algo de bien que sea tan sincero? Está bien… ¡Huy! Qué difícil es esto… Alguien que no sienta pena por ti…

Pero te quiero, de verdad que te quiero. Si así no fuera, no estaría aquí diciéndote esto a la cara, ¿no crees? En eso he crecido, y gracias a ti, lo admito. Ahora soy capaz de irme con más tranquilidad, porque sé que me entiendes… Cada caricia me suponía un problema desde hace un tiempo. Cada encuentro no era más que una pasión fingida…. Ahora, ahora… Espera, espera, que me voy yo… No, no, quédate quieto… ¿No estarás llorando? Lo sabía… Te encanta una escena…

Sí, te estoy dejando.

¿Estás bien? Tienes mala cara… ¿Seguro que no quieres un poco de agua? ¿De verdad? El café no ha sido una buena idea, ¿verdad?…Pero quería verte en un lugar neutral, ya sabes, lejos de tus cosas y de las mías. No es que crea que vayas a lanzarlas por la ventana, pero quién sabe… Sí, estoy siendo un poco melodramático, pero es que te conozco. Hemos cometido muchos errores, y quizá ése ha sido de los peores. Compartir piso es como compartir el futuro, y yo siempre he sabido que eso ni tú ni yo lo tendríamos jamás… ¡No! No me interrumpas, por favor… ¿Dónde iba? ¡Ah, sí! El futuro… ¿Crees que eso es posible? Vaya tontería… Bueno, no me mires así, que tampoco es para tanto… Quiero decir… Bueno… Ya sabes que tú y yo…

No hay química, no hay nada. Hemos estado juntos porque…, bueno…, porque… No lo sé. Estaba de bajón, me sentía miserable: el trabajo, el amor, nada me servía. Y allí estabas tú, regalándote siempre y mirándome siempre con ojos de deseo… Y, bueno, que me esponjaba el ego saber que al menos a alguien tenía bajo mi embrujo, que sería capaz de hacer todo por mí… Hasta dejarse seducir una y otra vez, una y otra vez, hasta el final.

Me levanto, que tengo que irme… Para ya de llorar, por favor. Me gustaría habértelo dicho con más tacto. Pero me conoces y sabrías que te estaría mintiendo, como lo he hecho estos últimos meses, y eso sí que quería zanjarlo de una vez. Tú no te mereces que te engañe y yo me merezco algo mejor que esto… No es fácil decirle a alguien a quien quieres que hemos cambiado, pero es así. ¿Si hay alguien más? Puede. Pero puede que haya habido mucha gente entre esta decisión y tú y eso no tiene importancia. Porque el cambio ha sido mío, desde mi propio interior, desde las noches en vela y tu presencia a mi lado. Me has ayudado a recuperar al hombre fui y eso es algo que te he de agradecer mientras viva. Y por eso tenía que ser sincero contigo e irme.

Espero que sigamos siendo amigos… Pero procura no llamarme. Sabes que apenas contesto y no es plan de que suene y suene y no lo haga, ¿no te parece? Y sí, ya te diré adónde me mudo, porque, con esto del cambio de categoría y el entrenamiento pues aún no sé qué horarios manejaré de ahora en adelante. Ya te llamaré yo, si acaso, contándote los detalles…¿Qué hora me dijiste que era? Las cuatro y diez… Sí, tengo que irme… ¿Podrías invitarme al café? Ya sabes, por los viejos tiempos… Eso está bien…

Seguimos bien, ¿verdad? Seguro que sí… Lo veo en tu cara… Pero deja de llorar, ¿vale? Que yo no valgo la pena, no lo he valido nunca. Ni cuando estábamos juntos, ni antes de estarlo. Pero, gracias a ti, ahora soy capaz de ser más abierto y de enfrentarme a mis sentimientos casi sin miedos… Después de estar contigo he cambiado tan profundamente, que he sentido la necesidad de decirte que lo siento. Que lo siento, de verdad, porque he cambiado y soy otro. Otro. Que no quiere seguir a tu lado.

Así que…Adiós.

No dejes que el sol se ponga tras de mí/ Don’t Let The Sun Goes Down On Me.

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Foto by Javier Mantrana del Valle.

To AA and PS, my boys. I love them deeply, though they’re struggling and dreamless. Not for too long, not forever.

But, forever yours.

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