MÁS (Historias de Chueca 2)/ MORE (Chueca’s Chronicles 2).

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

Mientras leía no estaba en este mundo. ¿Para qué? El avión se agitaba arriba y abajo por el viento y la lluvia; arreciaban las gotas en las ventanillas y, según me comentaron después, los demás pasajeros miraban angustiados por entre las nubes plomizas y densas. Yo no me di cuenta de nada. No podía. Estaba enclavado en el planeta Chueca, acompañado por esos amigos, viejos amigos ya; viviendo sus aventuras, sintiendo sus emociones y riéndome con sus locuras. Y eso me hacía un idiota frente al resto de pasajeros encerrados en ese pajarraco de acero, que atravesaba una tormenta interminable en la inestabilidad del aire que flota. ¿Qué más podía hacer? Notaba ciertos vaivenes, algún que otro golpe de viento; como me era imposible separar los ojos de esas líneas llenas de magia y era incapaz de escapar de la dimensión de Alejandro y Miguel y Matilde y Celeste y Felipe y Stephan y Juanjo y, cómo no, de Abel Arana, aquel viaje lo recuerdo como un paréntesis lleno de alegría y de ternura en medio de un huracán que no terminaba nunca, deseando en mi interior que ese avión no tocara tierra jamás hasta terminar de leer la última frase del libro. Desde luego, no debí ser el pasajero más popular del vuelo, pero eso a mí me tenía sin cuidado.

Un hombre puede ser muchas cosas, y puede serlas en la imaginación que bulle. Abel Arana es uno de los pocos cuya capacidad para plasmar esa imaginación excede la de los propios sueños; y con tesón y un talento que desarma, va consiguiendo, párrafo a párrafo, construir un abanico de personajes, una serie de escenas alocadas y tiernas, oscuras y sensibles, que embrujan, atrapan, absorben y nos dejan sedientos de más, más y más.

En MÁS expone, quizá por primera vez, ese regalo que se le ha dado, esa divina capacidad de crear mundos cotidianos pero surrealistas, amenos pero engañosamente superficiales, y de enseñarnos lecciones profundas y sutiles escondidas en la carcajada desatada y, a veces, en la lágrima más pura. Explota, con una energía mucho más contenida (pero no menos potente) de la que nos tiene acostumbrados, los sentimientos humanos más íntimos pintándolos con colores brillantes, y nos muestra diálogos sencillos pero certeros, hilarantes y sinceros, y situaciones cotidianas llevadas al extremo y desarrolladas con una mano firme y discreta a la vez. En MÁS encontramos a un Abel Arana que busca una profundidad, que siente necesidad de ser algo más que un mero contador de historias, sin sacrificar por ello la alegría, la aventura más alocada y los más extremos colores.

MÁS es energía en estado puro, una energía que nace del corazón y al corazón retorna, en ese viaje cíclico que es la vida. Los cabos se tocan: la alegría con la tristeza; la locura con la cordura; la tranquilidad con la angustia; la desazón con la serenidad. Todo esto se encuentra en su nuevo libro, que es más que una crónica, que es más de lo que aparenta ser. Está escrito con una sutileza asombrosa; delicadeza que puede escapar fácilmente al ojo más distraído, pero que atrapa al corazón del lector que se sumerge en el viaje de Alejandro, en su encuentro con el amor, la soledad, el miedo y la inocencia, la verdadera inocencia que nunca nos abandona, que nunca muere, pase lo que nos pase.

Todos sus personajes son símbolos. Todos. Y todos son divertidos. Todos. Pero MÁS contiene un secreto; en su núcleo se esconde la semilla que hace de su autor un hombre con talento, un ser capaz de trascenderse a sí mismo a través de lo que escribe, bullendo en una imaginación que crea mundos y realidades. Es una novela incasificable, porque navega constantemente en todos los extremos; en los meandros, en las orillas, en los remolinos más intrincados, en las aguas más quietas. MÁS sería una montaña rusa si la mano de Abel Arana no tejiera con firmeza cada uno de sus capítulos; MÁS sería difícil de leer si su autor fuese otro que Abel Arana. ¿Por qué? Porque nos muestra el latir de un corazón en estado puro envuelto en las carcajadas, a veces hirientes, de la vida, de la verdadera vida. Y porque nos muestra que, aún en los momentos más duros, en las equivocaciones más absurdas, gracias al verdadero amor, el corazón es capaz de sobrepasar todos esos obstáculos, esas incansables barreras, para continuar latiendo más fuerte, más sano y más sabio.

Cerré el libro justo cuando el avión tocó tierra. Ni siquiera el rebote que dio el aparato me liberó de la abstracción en la que me encontraba. Como despertando de un profundo sueño, la esencia de París de Saint Laurent inundó mis sentidos. Sin querer, ése es el aroma con el que, a partir de ese momento, identifico a MÁS. La señora sentada a mi lado se persignaba, con alivio y resignación. Debí mirarla con cara de alucinado, porque no me devolvió la sonrisa con la que la recibí. Ella sólo se dignó a ver la portada, roja como la sangre, y el enorme reflejo blanco de sus letras impresas.

– Debe de estar muy bien. El libro.

Tenía el pelo como un nido de pájaros. El avión se detuvo y comenzaron a sonar decenas de móviles. El perfume asomaba de su piel. Yo le volví a sonreír mientras apretaba el libro contra mi pecho. Sí, lo estaba… Y, a pesar de todo lo que había vivido hasta ese momento, o quizá por todo lo que había vivido hasta ese momento gracias a él, me di cuenta que yo sólo quería más. Y MÁS.

Me hiciste amarte Persiguiendo arcoiris que No eran para mí/ You Made Me Love You Chansing Rainbows But are Not for Me.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Al gigante Anteo, que nunca quiso pisar con sus plantas la tierra de mi vida.

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Cómo pasan los meses/ As months go by.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

3.507  GRACIAS.

Azul/ Blue.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Amos Lee.  Colors.

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Alex Fundone

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El fin del mundo/ The End of the World.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside


Desde que te fuiste mis ojos apenas se abren; pero lo hacen, día tras día. El sol aparece por la rejilla de las persianas cerradas, desafiando mi voluntad. Mi cuerpo me pide descanso, comida, aseo. No le hago caso. ¿Para qué?

Desde que te fuiste las estrellas siguen saliendo en la noche, pero yo sólo veo oscuridad sin sentido.

Desde que te fuiste no paro de pensar en ti. Cuando estabas aquí no paraba de pensar en ti, en las mil tonterías que me irritaban, en tu forma de andar, como un pato mareado; en tu forma de hablarme, con esa voz aguda y única; en tu forma de mirarme, como quien mira a un santo.

Cuando estabas aquí, y de esto hace un tiempo que ya no recuerdo, el mundo parecía otro. El gato ronroneaba; las tardes se unían a las mañanas en caricias y en abrazos, y la risa parecía inundar el hogar que fundamos juntos. Juntos.

Cuando estabas aquí todo eran problemas: las goteras, la colada, la cocina. El dolor de espalda, el dolor de muelas, el aire acondicionado, la calefacción. Desde que te fuiste todo se ha arreglado: hace frío, hace calor; no hay qué comer, ni sueño, ni peleas. El mundo se ha detenido, y yo con él.

¿Por qué las cosas han tenido que ser así? ¿Por qué nos empeñamos en destruir nuestra felicidad? Que era nuestra, única, propia, indivisible, imperecedera… ¿Por qué hemos tenido que separarnos si lo único que hemos querido siempre es estar juntos?

No lo sé…

Y sólo sé que el sol sigue brillando; que el mar rompe en la orilla, que las estrellas fulguran de noche y que el mundo sigue girando. Mientras yo estoy aquí quieto, solo y bajito, encerrado en mi interior como emparedado al destino, y el gato se queja por tu ausencia; y el vacío de la cama, que antes me era muy deseado, ahora me ahoga en su inmensidad…

¿Por qué el de la ONCE no oye que te extraño cuando paso a su lado? ¿Por qué tú eres incapaz de sentir mi dolor, si eres su causa, su fuente? ¿Por qué te fuiste así, diciéndome sólo adiós?

No lo sé…

Y sólo sé que el mundo continúa girando y no le importa nada: ni mi dolor, ni tu ausencia. El mundo se ha destruido a mis pies y yo estoy tan cansado que ni sus trozos recojo, porque, en el fondo, me recuerdan a ti. Nadie sabe lo que te amé; lo que te sigo amando. Ni tú, perdido en la distancia. Nadie sabe por lo que estoy pasando, lo que estoy sufriendo, lo que intento engañarme, lo que intento mentirme.

¿Por qué mi corazón sigue latiendo? ¿Por qué mis ojos cansados continúan llorando por ti? ¿Acaso no saben que es el fin del mundo y que ya no hay más quien sienta, quien comparta, quien sonría y quien acaricie?

No lo sé…

Sólo sé que mi corazón se ha detenido, que mi mundo ha dejado de existir, y que ya nada puede ser. Nunca más. Desde que me dijiste adiós.

Alguien que cuide de mí/ Someone To Watch Over Me.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

El mar interior/ The sea inside