Equinoccios/ Equinox.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Literatura/Literature

Caído el puente,

queda el frío

tras el sauce.

  Shiki.

***

A través de la ciudad

corre un riachuelo

¡y los sauces!

 Shiki.

***

Crece inclinándose

al cielo inmenso

árbol de invierno.

Kyoshi

***

Viento otoñal:

¡cuántos montes, cuántos ríos,

en lo más íntimo de mí!

Kyoshi

***

En la niebla,

fundidos en la tristeza y el corazón

caminan los dos juntos.

Issoo

***

La voz del remo batiendo la ola,

y la noche que hiela las entrañas;

lágrimas.

Bashoo

***

De la red recién izada,

¡gotas de luna…!

 Mokkoku

El primer naufragio: la efímera idea de la libertad/ The First Shipwreck: Ephemeral Idea of Liberty.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature, Los días idos/ The days gone

    El primer naufragio, de Pedro J. Ramírez, es un libro de los que me gustan: se aleja de todas las etiquetas posibles. No es un libro de historia, mas se sustenta en ella; no es una novela, mas está estructurada muy sabiamente como tal; ni es un ensayo periodístico, aunque su base y su desarrollo así lo demuestre. Es una mezcla interesante de estos tres estilos que aquí interactúan de una forma brillante.

   El periodista deja su impronta, el amante de la Historia juega con las referencias que el primero ha conseguido, y el escritor oculto brilla en el juego que personalidades vastísimas y complejas le sugieren, y se deja llevar con ellas hacia esos días convulsos, en los que París se tiñó de rojo más que de luz, y que cambió quizá para siempre la percepción del mundo como se conocía hasta entonces (aunque quizá sólo parcialmente).

   Pedro J. Ramírez traza en El primer naufragio una historia sobre la Historia, un acercamiento casi artístico, lleno de detalles y de profundidad psicológica, que sorprende por rico, pero a la vez por veraz. Todo escritor se confiesa, toda argumentación no es más que una arenga en defensa de las propias ideas. Partiendo de esta premisa, el autor nos lleva de la mano por cada uno de los protagonistas de los hechos descritos, por sus posiciones reales, sus miedos y hasta por sus pensamientos, alambicados sólo por el paso del tiempo y del registro de la propia Historia, y consigue desentrañar ese ovillo de estambre con el que se nos ha presentado siempre el ideal de la Revolución Francesa.

   Todo ideal es falso. El autor lo sabe y calladamente intenta demostrarlo en su relato. Casi nada de lo que yo conocía sobre la Revolución está en estas páginas. Y sin embargo no falta nada. Ni los juegos de ambición y poder; ni los arrebatos místicos; ni las furibundas reacciones populistas. Tampoco faltan los deseos reprimidos, las pasiones calladas, el retrato de los simples seres humanos que bordan un tejido de violencia y de muerte aún en contra de ellos mismos. El primer naufragio es el relato de una fuerza de la Naturaleza, un ejemplo de lo que consigue la Humanidad cuando quiere jugar a ser Dios. Es un reflejo de las leyes mecanicistas que comenzaban a imperar en el mundo; el universo cartesiano que despierta al hombre a su verdadero poder; el amanecer social del ser humano más que como hombre, o como suma a su realidad de homínido sapiens y severo. La Revolución Francesa se nos muestra aquí como el punto de ebullición de esos sentires y pensares desproporcionados, como una lucha entre Olímpicos y Titanes: el poder del cerebro frente al de la fuerza, la rebelión del Todo frente al Uno. Y es un poder que refulge y ciega y que embriaga y seduce. Y que requiere de mucha responsabilidad y de una mentalidad clara para poder manejarla con conciencia y llevarla a buen puerto con honor.

   Viniendo de una formación académica diferente (América), la Revolución Francesa, aunque sangrienta (purga tan característica de la Humanidad que aún hoy en día vivimos), era el sumun del pensamiento social y de las libertades, el humus sobre el que se basó la historia política de nuestros días. Sin embargo, tras la lectura de El primer naufragio nos damos cuenta que en realidad fue un crisol desaforado en el que se dieron cita todas las Furias del ser humano y casi nada de la calma y la soberanía y el buen hacer y la claridad que hoy intentamos encontrar en nuestras formas de gobierno (desde el gobierno del Estado hasta una empresa cualquiera; desde un colegio al hogar); parece más bien un mal experimento, o una buena idea en malas manos; el ideal oportuno en el momento humano más inoportuno.

   ¿Qué buscaba la Revolución Francesa? No lo sabemos con certeza. ¿Qué fue la Revolución Francesa? No lo sabemos realmente. Lo que sí sabemos, y gracias a El primer naufragio con lujo de detalles y profusión de bibliografía comparativa, es que fue un teatro de vanidades en el que perdieron todos sus actores, pero sobre todo el Pueblo, en el que se basaban supuestamente sus ideales. La Historia no es más que una esfera cuyo movimiento cíclico llega a asustarnos. La Revolución Francesa, a pesar de sus buenos fundamentos (la Igualdad, la Fraternidad, La libertad) ni fue fraterna, ni fomentó la igualdad ni propició la libertad soñada, porque sus dirigentes, o sus auspiciadores (llamémosles como queramos), no tenían tan alta talla moral y se consumían en sus propios fuegos de orgullo y ambición: bien sea el misticismo radical tras el que se esconden rasgos fuertemente psicóticos; bien sea la mera ambición de poder; o el ansia de notoriedad o simplemente la sed de sangre, ninguno de los actores principales de uno de los períodos históricos más bellamente mitificados, pudo manejar correctamente ese tsumani desatado que es el Pueblo cuando se le espolea y se le subleva haciéndole olvidar que, siendo individuos, forman parte de un todo y que ese todo siempre, siempre, es más importante que sus partes conformantes.

   Es cierto que a lo largo de la Historia, la Humanidad ha necesitado de ciertos períodos de convulsión en los que la tragedia, la muerte y la destrucción cauterizan los errores que se van acumulando, ese derroche de cultura perdida que llamamos vida que se vive, y que parece necesario sufrir de cuando en vez para poder avanzar en el camino hacia la Libertad. El pensamiento social que dio pie a la Revolución Francesa, nacido de un renacimiento científico mucho más tardío que el artístico (el hombre tarda más en pensar que en sentir), redescubrió sus raíces grecorromanas en un período histórico problemático, convulsionado, perfecto para el estallido del escándalo, para la manipulación atroz. Si en pleno siglo XXI, con todos nuestros adelantos tecnológicos, aún somos capaces de ser víctimas de nuestros mandatarios, si todavía pensamos que un movimiento social sin cauces claros es capaz de cambiar el mundo, no es de extrañar que, en la sociedad francesa del S. XVIII, aquel descubrimiento haya caído como un mazazo y se extendiese con la velocidad de un rayo. En El primer naufragio esto queda muy claro: sin dirigentes con ideas, sin fundamento político claro y cabal, la agitación popular sólo genera destrucción, sólo conlleva a una forma asaz dolorosa de perversión y de cautiverio, que llamaron en su momento Igualdad, Fraternidad y Libertad.

   La información es necesaria. La información veraz es útil. Mas toda la información llega a ser inexacta, porque en determinadas capas se transforma en revelación, y la revelación mal aprehendida da pie a fanatismos y a errores. No podemos manipular, como dirigentes, a aquellos a los que representamos, y sin embargo no podemos verter toda la información, porque no seremos entendidos completamente. Ser conscientes de eso es fundamental para nuestro progreso hacia la verdadera Libertad. Es algo que ocurre en todos los estratos de la Sociedad. No podemos explicarle a un niño de cinco años cómo un avión vuela, pero sí podemos explicarle que viajará en él surcando el cielo. Los políticos del S. XVIII hicieron creer al pueblo que era soberano y que regía sus propios designios: la revuelta estuvo servida en bandeja. Como un tumor que se rebela contra el resto del cuerpo, el cáncer del hambre, la incomprensión y la ignorancia hicieron mella y sirvieron de tea inflamada de la que soplaron esos personajes que deambulan por El primer naufragio dejando su impronta de pequeños grandes individuos en el ancho mar de la Historia.

   Pedro J. Ramírez dice huir de la novela histórica. Yo la llamaría más bien de la novela historicista, valiéndome de un pensamiento de Marguerite Yourcenar, que decía que para ella la novela histórica es el acto de esculpir el mundo psicológico de un personaje empleando dentro de lo posible piedras auténticas. El mundo del periodismo nació como el arte de representar la realidad de la forma más directa y cabal posible; es difícil que no se tiña de ciertos puntos de vista o que no sirva como medio de expresión de intereses o ideales varios (¿y no viene a ser lo mismo?) Él mismo lo demuestra a lo largo de El primer naufragio, al mostrarnos cómo la palabra escrita, la opinión de la actualidad, puede modificar la visión de aquellos que la viven de cerca. En El primer naufragio hay mucho de historiador y mucho de periodista, sin duda, pero lo que engancha de este libro no es ni siquiera su rabiosa actualidad, si no ese corazón oculto, profundo, que late a ritmo de novelista. Desde ese inicio en el que se nos presenta a un granuja y a un lunático corriendo ansiosos por la noche parisina, hasta su última línea, asistimos al dibujo primero y al retrato después, de todos aquellos personajes que formaron arte y parte de ese maremágnum de ideales y de deseos frustrados que fue la Revolución Francesa. El primer naufragio es muchas cosas, sin duda, pero por sobre todo es una novela narrativa trepidante. ¿Por qué? Porque está construida con piedras reales. Piedras que, como las verdaderas obras de arte, nos hacen pensar una y otra vez sobre la realidad de las cosas que han pasado y las que están por pasar.

   A fin de cuentas, quizá la efímera idea de la Libertad sea más atractiva que la Libertad misma. Sobre todo cuando aún no sabemos ni lo que es ni para qué la queremos. Y, sobre todo, cuando quizá, como Madame Roland en prisión, nos damos cuenta que siempre, siempre, la hemos tenido en nuestro interior.

¿No es una lástima?/ Isn’t It a Pity?

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   ¿No te da pena?

   Ahora que todo ha terminado, viendo cómo dejamos nuestro hogar, el desorden y el dolor que nos infligimos, las caricias cambiadas por recriminaciones y los besos por gritos vacíos, ¿no es una lástima?

   Amor desbordado, amor tatuado, amor disfrutado y gastado, que se deja a un lado y se olvida… ¿Así seremos nosotros? ¿Seremos capaces de decirnos adiós sin un mínimo de cortesía, sin una lágrima brotada de un lugar que  no sea nuestro orgullo herido, sin una mirada velada pero resuelta? No lo sé…

   Después de destrozarnos mutuamente, de querernos hasta quedar saciados; después de beber del sudor y del licor y del deseo; más allá de lo que una vez soñamos ser, ¿no es una lástima que esto acabe así?

   Creo que sí. Y sin embargo…

   Tanto amor destrozado, que tropiezo con sus trozos desparramados por el pasillo como tus besos y los míos por nuestras pieles; tanto amor absorbido de tus labios y los míos; miedos dejados atrás y recuperados; celos y mentiras cubriendo carencias como encendiendo querencias… ¿No da demasiada pena?

   ¿Cómo explicar que fallamos cuando lo teníamos todo a nuestro favor? ¿Cómo decirle a nuestros amigos que esto se ha terminado como una botella de champán a medio beber? ¿Podrán entender que el amor acaba aún antes de haber empezado? ¿Que agotamos las fuerzas del amor apenas al comienzo de tanto que nos quisimos? ¿Que olvidamos lo que era el amor entre el complicado ir y venir de la vida, escondido en los celos infundados, en las decepciones que vienen siempre tras los sueños bordados? Aún me lo pregunto, inmerso en esta soledad que me duele por tu pérdida y que me gusta porque la deseo ahora más que nada.

   Incluso más que amarte a ti.

   ¿No es una lástima? Sin pensar nos unimos y sin pensar nos separamos. Parece que nada se detiene en el mundo y mi corazón se ha quedado inmóvil, ocupando un espacio de aire en mi pecho que me deja mudo. Mudo como se quedó nuestra casa al irte, tras el último portazo del adiós. Y ese sonido retumba en mi mente, onda sonora que reverbera una y otra vez en mis recuerdos. Y esa es la última imagen que tengo de ti: los tabiques temblando y el suelo llorando, en el suelo llorando, por tu despedida… ¿Y no es una pena que ésa sea la última imagen de mí que guarde de ti?

   Toma mi amor, tómalo y olvídame. Como voy a hacer yo. Ese espacio vacío que hay en la cama, ese que ocupaste con tu ser y tus deseos, tus miedos y tus frustraciones, parece que me habla con voz pastosa. Y el amor sabe a hiel entre las sábanas y los recuerdos, grabados a fuego en mi memoria, no me bastan para reconstruir una felicidad rota y perdida en algún rincón de mi corazón.

   Te amé. Tú también me has querido. En un tiempo ido como el amor gastado; en un momento congelado que no vale ni su peso ni su paso por la vida, puede que podamos sentir algo más que decepción y fracaso. En un tiempo que está por llegar quizá encuentre en este desastre algo más que sentidos abandonados, insultos huecos, desasosiego y dolor…

   ¿Y no es una lástima? ¿Haber roto nuestros corazones buscando un amor maravilloso que fuimos incapaz de darnos?

   Pero así es la vida. O eso creo yo.

   Y aunque sea una lástima, y aunque nos dé pena, debemos recoger lo que queda de nosotros y seguir, siempre hacia adelante, llenos de heridas y de temores, buscando un amor, o una justificación o un vacío.

   Es una lástima, lo sé, pero más lo ha sido todo el daño que nos hemos hecho. Y aún seguimos aquí.

Enrique Toribio: Arte vivo./ Enrique Toribio: Life and Art.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Naturaleza/ Nature

   

   El maravilloso Enrique Toribio juega con la luz, la fotografía y el dibujo para crear Arte en perpetua búsqueda de la Belleza.

   Cada artista tiene su misión en el mundo: los hay comprometidos con la realidad que viven y los hay que intentan atrapar y transmitir a los demás lo que hay de bello en el mundo, tamizado por su talento, su visión y por el corazón que poseen.

   Enrique Toribio nos trae de vuelta el juego de claroscuros del Barroco, de suerte que se transmuta en Caravaggio o en Murillo para desvelarnos secretos y verdades encerradas en una expresión, en un ademán, en el simple gesto de recoger un fruto o en el más sencillo aún del abandono, la apatía a veces, la querencia y el deseo. En Enrique Toribio todo es Sensualidad y Belleza: Arte vivo, sin duda.

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Noviembre/ November.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

Esta noche/ Tonight.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Nada es más bello. Nada hay más que tú para mí.

   Cada cosa que miro, cada respiro, cada pestañeo te dibuja cerca de mi corazón, en ese hueco caliente que dejas cada vez que nos separamos, que enciendes cada vez que nos vemos.

   Y ahora estamos tú y yo juntos, encendiendo la noche cuajada de nubes, tocándonos y queriéndonos sin palabras, divina mudez.

   Esta noche la luna se esconde tímida de nuestro amor, y las estrellas brillan tras el velo de las nubes con un fulgor semejante al fin del mundo. Estando juntos el mundo no tiene fin y me apetece quedarme echado a tus pies, besando uno a uno tus dedos hasta los tobillos  y ascender, como la noche que llega, hasta tus labios.

   Estando separados el día se alarga eterno hasta que nos vemos, y todo lo que soy se resume en tu sonrisa y se apiada entre tus brazos hasta hacerme sentir el más puro e irreal de los hombres. Porque tú eres todo lo que yo he deseado nunca, todo lo que he encontrado, y me dignificas y me defines, desde mi pelo a mis dedos, desde mi boca hasta mi corazón.

   Sé que eres lo correcto, lo mejor de mi vida, porque el mundo se detiene  y el cielo brilla y los árboles tejen melodías con sus ramas de estambre; sé que eres mi vida, porque no la concibo contigo en la distancia, separado de mí.

   Esta noche, mientras dormimos entrelazados, sueño contigo y con el amor, el amor extraño que visita nuestros cuerpos y que nos hace amantes y marea líquida y deseos floridos. Esta noche, entre tus brazos, rozo las estrellas y las guardo entre las telas de tu corazón, en el que descubro mi propio latido como un tesoro sin igual.

   En esta noche te amo, en estos días un milagro parece sucederse de continuo, y aquello que nació como una tontería se ha hecho mundo, planeta y universo. Un universo con el sabor de tu nombre.

Donde nace el Arte/ Where Art is born.

El día a día/ The days we're living