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El día a día/ The days we're living, Literatura/Literature

En Diciembre…

El fin del mundo/ The End of the World.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside


Desde que te fuiste mis ojos apenas se abren; pero lo hacen, día tras día. El sol aparece por la rejilla de las persianas cerradas, desafiando mi voluntad. Mi cuerpo me pide descanso, comida, aseo. No le hago caso. ¿Para qué?

Desde que te fuiste las estrellas siguen saliendo en la noche, pero yo sólo veo oscuridad sin sentido.

Desde que te fuiste no paro de pensar en ti. Cuando estabas aquí no paraba de pensar en ti, en las mil tonterías que me irritaban, en tu forma de andar, como un pato mareado; en tu forma de hablarme, con esa voz aguda y única; en tu forma de mirarme, como quien mira a un santo.

Cuando estabas aquí, y de esto hace un tiempo que ya no recuerdo, el mundo parecía otro. El gato ronroneaba; las tardes se unían a las mañanas en caricias y en abrazos, y la risa parecía inundar el hogar que fundamos juntos. Juntos.

Cuando estabas aquí todo eran problemas: las goteras, la colada, la cocina. El dolor de espalda, el dolor de muelas, el aire acondicionado, la calefacción. Desde que te fuiste todo se ha arreglado: hace frío, hace calor; no hay qué comer, ni sueño, ni peleas. El mundo se ha detenido, y yo con él.

¿Por qué las cosas han tenido que ser así? ¿Por qué nos empeñamos en destruir nuestra felicidad? Que era nuestra, única, propia, indivisible, imperecedera… ¿Por qué hemos tenido que separarnos si lo único que hemos querido siempre es estar juntos?

No lo sé…

Y sólo sé que el sol sigue brillando; que el mar rompe en la orilla, que las estrellas fulguran de noche y que el mundo sigue girando. Mientras yo estoy aquí quieto, solo y bajito, encerrado en mi interior como emparedado al destino, y el gato se queja por tu ausencia; y el vacío de la cama, que antes me era muy deseado, ahora me ahoga en su inmensidad…

¿Por qué el de la ONCE no oye que te extraño cuando paso a su lado? ¿Por qué tú eres incapaz de sentir mi dolor, si eres su causa, su fuente? ¿Por qué te fuiste así, diciéndome sólo adiós?

No lo sé…

Y sólo sé que el mundo continúa girando y no le importa nada: ni mi dolor, ni tu ausencia. El mundo se ha destruido a mis pies y yo estoy tan cansado que ni sus trozos recojo, porque, en el fondo, me recuerdan a ti. Nadie sabe lo que te amé; lo que te sigo amando. Ni tú, perdido en la distancia. Nadie sabe por lo que estoy pasando, lo que estoy sufriendo, lo que intento engañarme, lo que intento mentirme.

¿Por qué mi corazón sigue latiendo? ¿Por qué mis ojos cansados continúan llorando por ti? ¿Acaso no saben que es el fin del mundo y que ya no hay más quien sienta, quien comparta, quien sonría y quien acaricie?

No lo sé…

Sólo sé que mi corazón se ha detenido, que mi mundo ha dejado de existir, y que ya nada puede ser. Nunca más. Desde que me dijiste adiós.

Con los ojos de Mantrana/ With Mantrana’s Eyes.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Melody Gardot. Some Lessons.

Fotos de/ Pictures from: Javier Mantrana del Valle

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Igual que tú/ Exactly Like You.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

En este mundo en perpetua expansión que llamamos Internet (es decir, el universo entero) la vida está llena de sorpresas. Unas mejores que otras, desde luego; y las hay también cegadoras y fascinantes. Conocer a dos personas deslumbrantes en todo el sentido del término ha sido uno de los mejores regalos que ha tenido mi vida. Seres vitales, apasionados y fríos al mismo tiempo, con tanto en común y tan distintos; tan separados y tan unidos, que aún no salgo de mi asombro y de mi agradecimiento por esa red de casualidades que han acabado enlazando mi vida con la de estos dos seres maravillosos.

El mundo gira, y nosotros con él. Las casualidades, a veces buscadas; las oportunidades del presente, qué sé yo. Todo juega un papel en el azar humano, casi el destino, que nos lleva a pensar que, pese a todas las circunstancias vitales que nos rodean, el momento en el que cruzamos miradas, nos saludamos con un apretón de manos y tomamos un café, estaban determinados y eran los únicos, los mejores, los adecuados. Eso me ha pasado con Abel y con Philippe.

De habitual, intento ser cuanto más personal más elíptico; cuanto más cercano, más intrincado. Todo tiene un límite, y el pudor y la decencia aún más. Y, sin embargo, esta vez intentaré hacer una pequeña excepción. El lazo (si es un lazo) que nos une tiene mucho de inhabitual, de poco corriente, de extraño. Y sin embargo se ha gestado con las fuerzas telúricas del corazón, templado a fuego por las circunstancias, y sembrado con ciertas dosis de locura pasajera que, vista de lejos, sólo me arranca sonrisas.

De habitual, intentaría disfrazar mis pensamientos con imágenes más o menos recargadas, llenas de una hermética poesía que puede que sólo yo entienda; no quiero decir con esto que intente jugar con el lector o no quiera decir lo que pienso: todo lo contrario, porque no hay una entrada en este blog que no haya sido escrita con cariño y porque no hay nada que no haya querido decir en esas líneas. Si hablar de nosotros nos ruboriza y, a veces, hasta nos da pereza; hablar de los demás, y aún más, de los amigos, puede incluso inhibirnos hasta límites insospechados. O al menos a mí. Por eso intentaré, en esta entrada, ser un poquito más lanzado y dedicarles, con fervor casi religioso, unas líneas a dos personas a las que admiro y tengo en alta estima; que me enseñan pasión, locura y desprendimiento cada vez que me acerco a ellas, y que se abren a la vida sin miedos y sin cortapisas, abrazando lo bueno y lo malo con la misma pasión y la misma locura.

Ambos han nacido en noviembre: uno a principios, otro a finales. Uno es rubio y el otro moreno. Uno más alto que el otro. Y los dos son personas atractivas de verdad, sin caricaturas ni dobleces; están llenos de miedos y de cariño, y reparten frío y calor a partes iguales. Cada uno entró a mi vida (y yo a las suyas) por distinta puerta, pero a través del mismo pasillo. Y conocerlos personalmente sólo ha refrendado ese sentimiento de coincidencia y de amistad que la red nos ofrecía desde su virtualidad presente.

Philippe, un hombre de elevada densidad, lleno de sutilezas centroeuropeas; es dueño de una de esas sonrisas desarmantes y de unas manos delgadas con dedos ligeros y dóciles, que simulan a veces porcelana y a veces garras afiladas. De voz suave e interesante; lleno de una vida de cristal, de una límpida belleza y de una resistencia férrea y de estructura marmórea. Un ave de paso, un alma que lucha por ser mejor de lo que ha sido, por encontrarse en medio del ruido del día a día, y por superarse a trompicones respondiendo, como sólo los seres humanos podemos hacer, a las sorpresas de la vida. Philippe es poseedor de una inteligencia vibrante y de una cultura profunda que prefiere, sin embargo, quedar agazapada, pasar inadvertida. Busca, se agita y encuentra, sorprendiéndose en el proceso y deleitándose con sus hallazgos; a veces maravillado, a veces ácido, a veces mordaz; su conversación es amena, profunda y locuaz una vez que supera una timidez inicial más escudo que arma de defensa. Nos conocimos y nos reconocimos uno en el otro con una sonrisa, y ese momento de extrañeza, que puede durar siglos, se evaporó a los pocos minutos de entablar conversación: no era un extraño con el que nos tropezamos en la calle sino el amigo cuyos pensamientos, puede que inconexos, hemos llegado a compartir antes de tiempo. La extraña magia de Internet. Y aún recuerdo sus andares, de rara seguridad; el pelo rubio muy corto, la barba recortada, los ojos azules brillantes y serenos, y la sonrisa más invitadora que haya visto en mucho tiempo. Fue como llegar a un lugar muy conocido, donde todo es nuevo pero que sabemos donde está; fue como aterrizar en lugar seguro y, aún así, vivir sin brújula y sin mapas, atento a las novedades y enamorado de ellas. Philippe es un hombre maravilloso en muchos sentidos, y que enriquece la vida de todo aquél al que se acerca; y es dueño de una personalidad desarmante, tierna y juguetona en su aparente seriedad, que se despliega en la sonrisa más atractiva imaginable. Cuando ríe se oyen las alas de los ángeles, y sus ojos desaparecen en medio del deleite… Philippe, Philippin, un hombre encantador, un ser humano brillante, excepcional. Una de las maravillas de mi vida.

Abel es un terremoto: de sentimientos, de verborrea, de gestos y de extremos. Es un huracán, el mar embravecido que lo ha visto nacer, la lluvia que cae y los relámpagos enceguecedores. No hay nadie que no haya sido tocado por la magia de este hombre de maravillas. Atractivo a rabiar; de una voz de catacumba, sensual y estentórea; imprime tal pasión a lo que dice y a lo que hace, tanta energía, que es un generador, una bujía eterna. Todo en Abel es inflamable: los gestos, las miradas, los sentimientos. Todo en Abel está hecho para ser vivido de adentro hacia afuera. Y todo en Abel son extremos: signos y síntomas de una vida admirable. Dueño de una inteligencia extraordinaria a la que sólo le gana un tesón que mueve mundos y renueva universos, tiene una creatividad desbordante, un espíritu juguetón y un ánima de artista que lo hace peculiar, es decir único. Hay personas que nacen para ser vistas allá donde van, porque desprenden un aura especial: Abel, con su espíritu dispuesto, su candidez de siglo y medio, su disposición abierta y educada, su condescendencia, su simpatía sin igual y su enorme capacidad de dar, es un imán, una guía. Es uno de esos hombres adorables; enorme, de grandes manos y fuertes brazos de grúa; lleno de energía y de deseos por cumplir. Su voz ronca, profunda, en la que retumban ecos del Mar del Norte; su mirada quizá algo cansada, que esconde un alma delicada, amante, tierna y dulce; y su constante lucha, su completo abandono a todo aquello que no sea su orgullo, su determinación y su lucha. Abel, siendo el más fuerte, con sus rasgos recios y viriles, con su andar rápido de Mercurio, es sin embargo el que más inspira cuidados; nadie puede resistir que un hombre tan grande tenga tal corazón de oro sin que le invada una enorme necesidad de protegerlo, de adoptarlo. Y de admirarlo. Todo en Abel es un exceso, porque el exceso es Vida. Hace de la creación una cruzada y de su talento una cruz. Estar cinco minutos a su lado y no sentirse atrapado por esa corriente de energía, por esa palanca eterna, es muy difícil. Y no dejarse atrapar por esa ternura sin igual, por esa mirada enternecida, y por esa inteligencia brillante, es casi una labor imposible. Abel es un seductor nato; un luchador único, y un gran artista del disfraz. Pero no seré yo quien le reproche eso. Un corazón que late a tal velocidad sufre siempre un riesgo; él lo sabe y lo asume, y esa sumisión a las cosas que deben ser, y esa falta de miedo, lo engrandecen y lo hacen ser aún mejor persona de lo que ya es. Y eso es algo muy difícil de igualar.

Ambos han nacido en noviembre. Ambos han estado y estarán de cumpleaños. Vaya manera más extraña de desearles la paz que buscan, el éxito que atesoran, la locura calmada del corazón y la realización de sus sueños. Dos hombres con los pies en el suelo, llenos de una integridad diáfana y de un corazón de cristal. Dos hombres que me inspiran a ser lo mejor de mí mismo, exactamente igual que ellos. Y aquí queda.

¡Feliz Cumpleaños, Philippe!

¡Feliz Cumpleaños, Abel!

Madrid, Madrid, Madrid.

El día a día/ The days we're living, Lugares que he visto/ Places I haven been

Fotografías por/ Photos by: Ignacio Izquierdo. Crónicas de una cámara.

El Camino de las Estrellas/ The Road of the Stars.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Stjacquescompostelle1Este año que comenzará pronto, 2010, es Año Santo Compostelano. Cuando el día de Santiago Apóstol cae en domingo, Santiago de Compostela tiene la capacidad, según la Iglesia Católica, de perdonar los pecados de todos aquellos fieles que atraviesen la Puerta Santa, que sólo se mantiene abierta los 365 días de dicho año. Algo que sólo ocurre cuando se visita la Catedral de San Pedro del Vaticano, en la Ciudad Eterna, o se visita Jerusalén, la Ciudad Santa.

Cuando se descubre la tumba del Apóstol Santiago en Campus Estelae (de las muchas etimologías de Compostela, actualmente desconocida, ésta es la que más me gusta porque es la más cercana a la realidad) se inicia una campaña que obedece, como todo propósito humano, a un sinnúmero de propuestas. El establecimiento de un camino de peregrinación en el Oeste de Europa vertebra al continente, uniéndolo en los negocios y en la fe. Lo curioso de la raza humana es que, por más justificaciones que podamos encontrar, todo movimiento de masas, toda explosión de cultura (y lo que trae consigo) es más un reflejo del inconsciente, el fruto de un empuje metafísico, que un conjunto de razones hábilmente explicadas no por los hechos en sí, sino por la Historia.

Que los supuestos restos del Apóstol estuvieran en Compostela o no; que fuese la necesidad de crear un lazo de unión en tiempos de crisis; que las leyes que rigen la peregrinación a Compostela sirvieran para manipular al vulgo; que el Santo se apareciese o no a los ejércitos para infundirles valor; nada de eso importa ya. En el Siglo XXI, en el cual nos jactamos de ser libres (pero sufrimos de una alienación cada vez más oscura, porque ésa es la forma en la que actúa la vida), el Camino de Santiago, el Camino de las Estrellas, es más que nunca un símbolo, ya que verdaderamente es libre. No pregunta por creencia, raza, género ni edad. Está abierto al mundo, deseoso de ser conocido y recorrido, dadivoso y severo al mismo tiempo. Vivimos en una época en la que la libertad cultural nos garantiza el goce, el verdadero goce de lo que, como Humanidad, hemos conseguido, alterado, destruido, reconstruido, añorado y soñado. Ahora sabemos que Compostela era ya un lugar mágico para los habitantes pretéritos al Cristianismo; que Galicia es una tierra repleta de puntos neurálgicos abiertos a la Madre Tierra; que la tierra y las aguas y la lluvia y las nieblas de este rincón verde y azul de España se halla conectada con el resto del mundo gracias al cielo que la cubre y que dibuja, en el centro de Campus Estelae, es decir, de Santiago de Compostela, la imagen de la Vía Láctea. Contemplar las estrellas desde esta ciudad es un regalo divino. Contemplar la belleza que los hombres podemos construir; sentir la energía que miles de almas han dejado impresas en sus calles; escuchar el constante palpitar de la Naturaleza en su eterno flujo de vida, es el mayor de los regalos, el lazo de unión, el secreto que nos revela nuestra igualdad apartando para siempre unas diferencias que sólo enriquecen nuestra existencia.Via_Lactea_2_20090301

El Camino de Santiago, el Camino de las Estrellas, no es propiedad de nadie: iglesia, credo o religión. Es Patrimonio de la Humanidad, es Humanidad: no hay más leyes que aquellas que gobiernan nuestro interior; no hay dioses en los altares, sino un Dios en nuestro corazón; y no hay más que dureza, belleza, llaneza, cansancio y alegría. Cada Año Santo nos sirve ahora de recordatorio, de brillante mensaje. Pero el camino que se camina día a día, así como el peregrino hacia Compostela simplemente lo sabe, lleno de baches, de errores, de molestias y de pequeñas alegrías, de innumerables sorpresas y hondas decepciones, es el que nos lleva, en volandas, hacia las estrellas.

This new year, 2010, is Santiago de Compostela’s Holy Year. When the day of Saint James (July 25th) is on Sunday, Santiago de Compostela is allowed, as one of the three Cities of Catholic Christianity (Rome and Jerusalem are the other two), to give peace and comfort in this big embrace of love and holy happiness. Crossing the Holy Door all the sins have passed and the pilgrim, now fresh and new in faith, stronger and more alive than ever, is forever free and safe. But is not just a festivity of Roman Church. At all.

The Way of Saint James, that ends in Santiago de Compostela (Campus Estelae, or Campus of the Stars, in its latin name etymology, at least the most accepted of the theories), though was born because of a Catholic necessity, revealed like a powerful way of a cultural, artistic, and economic expression plus, the first attempt of Europe to be united. It was made, through 1.000 years, of efforts, pain, desires and dreams. And this road, like road, gives to us the opportunity to fight with ourselves, to struggle, to look for and, finally, to find out ourselves during its realization.

It’s a symbolic journey as well as a real, hard road. And that, in our XXI Century, is extensive to any religion, any race, any gender, anyone. No one is excluded of it, because it’s an image of our own Life. It doesn’t matter the material representation, the Cross, the Lamb, the churches or the Cruceiros; even though the beauty of its artistic expressions only gives us peace, comfort and allow us to think, to meditate and to be free. It’s not the material representation; in the Camino it never was the material expression; though the spiritual, the real sensation of happiness, of struggle and peace. It’s a long road, but as well it is Life. And The Camino is just  a representation, a hard symbolic representation, of Life. Life that ends, but as well reborn, once we reached Santiago de Compostela, and watch its inner stone-made beauty, and feel the joy of the end and the thrill of a new beginning. And, look upon the sky  and see the Milky Way right above us, as a watcher and a witness of our own reincarnation and freedom.

It doesn’t matter rituals, beliefs, religions, ages, genders or races. The Way of Saint James is a metaphor of Life, Life that leads us to reach the stars.

A través del Universo/ Across the Universe.

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