El día a día/ The days we’re living
Haz creer/ Make Believe.
El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea insideEstando ahora juntos, mientras cae el sol detrás nuestra, oigo tu voz oscura rodando por mi piel. Llevamos jugando largo rato para apenas conocernos, pero eso parece no importarte. A mí dejó de interesarme nada más verte: ese hoyuelo en la barbilla, esa sonrisa falsamente tímida, ese aire provocador. Nos tomamos nuestro tiempo acercándonos, no fuera que saliésemos corriendo de falsa expectación. Y sin embargo llegamos a tocarnos con un discreto roce de mejilla, y los labios al aire plegados en un discreto beso. Sonreímos, mirando como a otro lado sin sacarnos ojo, y cabeceamos a la vez. Menuda coincidencia.
Y el baile comenzó. Lento, con las prisas de la tarde que marchaba en pos de la noche cerrada. Hablamos del tiempo, de moda, de religión. Y de política. Y lo dejamos pronto, porque no hay nada peor que discutir por tonterías que no vienen a cuento, al menos no hoy. Me gustó tu sonrisa y me embrujaron tus manos, que bailan con ademanes elegantes y serenos. Apenas las mueves, y cuando lo haces, ese milagro es fascinante. Y el hoyuelo de la barbilla, que desaparece a veces en esa sombra de barba que apenas me molesta. Me gustó que sonrieras con mis tonterías y que me hicieras reír con las tuyas.
Fumas, o eso me dijiste, mas no has encendido un cigarrillo desde que nos encontramos. Y sostienes que te gusta mi sonrisa; y yo hice como si no me diese cuenta la primera vez, para que lo repitieses hasta quedar grabado en el aire. El aire que nos separaba y que ahora nos une con un susurro, apenas audible en la tarde que cae. Cae como mis barreras, que no soportan ya ninguna lucha. Lucha que me ha arrastrado hoy hasta aquí y que me ha dejado, derrotado, en tus fronteras.
Sé que tienes tus heridas. Lo veo en tus ojos, lo esconde tu risa. Y tú sabes que yo arrastro las mías como cadenas oxidadas, pesadas y enteras. Lo viste en mis andares y en mi reticencia. Puede ser… Pero ahora parece todo olvidado, o al menos dejado de lado como un fardo pesado. La puerta del pasado se cierra y sólo estamos tú y yo, con el sol caído tras de nosotros, y la niebla cayendo como un velo a nuestros pies…
Haz creer que ésta es nuestra primera vez. Hazme creer que todo puede ser posible y que el mundo se detiene en el arrullo de un beso. Ya no somos unos niños, y sin embargo, tiemblo al tocarte en los labios y rozar con mi dedo la ancha brecha que tu pecho dibuja en esa camisa blanca. Haz creer que, a pesar del tiempo que nos separa, esta noche es un milagro para los dos, y que las expectativas se desharán como la niebla en el frío, y quedará la libertad de dos cuerpos despreocupados y desnudos. Hazme creer que ésta es nuestra primera vez, y yo haré lo mismo, arrastrado por el peso de la fantasía, por las alas de tu fuerza y el orgullo de mi corazón.
Porque esta noche es nuestra noche, y siento que puedo enamorarme de ti sólo con desearlo. Esos ojos, esa sonrisa, ese hoyuelo… Haz creer que el mundo es un lugar sereno que sólo acoge la pasión de unos amantes, y yo creeré en el credo de tu cuerpo, que arrulla el latir de mi corazón. Haz creer que todo es posible porque hoy estamos juntos y yo creeré en el poder de tu compasión. No más dudas, no más miedos…
Juguemos, en este compás de acercamiento y certeza; bailemos, en la sala de la fantasía, pretendiendo que nuestras historias desaparecen para siempre, aunque estén esperando por nosotros mañana por la mañana; supongamos que la tarde es eterna y que la noche escapa del suspiro; y que las pieles, los cabellos y los gestos hablen por nosotros, callados y enzarzados en una lluvia de besos. Y si nos enamoramos…, pues no estará mal.
Haz creer que todo es perfecto, que la noche se aquieta y se abren nuestros cuerpos. Hazme creer que la pasión dura más que un intervalo pequeño, y que la pequeñez de dos seres puede extenderse hasta el infinito. Haz creer que el mundo no teme a dos amantes que se unen, y que los astros tiritan, fuera de nuestro círculo, allá a lo lejos. Y yo te haré creer que el silencio no es más que la antesala de la laxitud, y que los goces y las sombras se unen al compás de nuestra pasión. Haz creer que ésta es nuestra primera noche y yo, al contemplarte, también haré lo mismo.
Mientras tanto, la música suena, la tarde se rompe en eternos colores y tú y yo bailamos, juntos muy juntos, sin aire entre nuestros cuerpos, perdiendo miedos como perdiendo velos, encontrándonos desnudos al arrullo de las estrellas.
Cuando te encuentre/ When I’ll Find You.
El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea insidea IA.
When I Fall in Love, Renee Olstead with Chris Botti.
¡Qué pereza abrir los ojos! Me estiro largamente en la cama, sintiendo cada movimiento algo pesado, como cuando arrastramos nuestro cuerpo sobre arena húmeda. Y qué bien se está con los ojos cerrados, qué dulce flojera a pesar de la mañana que apremia por la ventana, tibia y brillante.
Siento tu espalda apoyada sobre la mía, hierática y firme como el más intrincado de los sueños. Sueño como el que acabo de tener y no quería abandonar, en la que tus besos sabían a sal y el agua todo lo cubría, hasta nuestras cabezas y nuestros brazos, que se multiplicaban no sabía cómo, y nuestras piernas, que se deshacían una y otra vez de esos lazos que duraban universos…
¡Qué pereza! Abandonar ese mundo de locura pasajera y lejana, en la que ambos nos encontrábamos siempre como la primera vez, pero más sabidos y menos torpes, con las caricias justas, las ansias repartidas y las risas y los enojos escondidos y la luz y la oscuridad de una cama de agua, de una orilla de plumas y sal.
Y te quería en ese sueño que no quería dejar atrás. Y tú me amabas caliente, sabroso y desnudo, sin más artificios que las ganas; la pericia de los días idos y la luz tibia del sol enredado entre la espuma y el amor, el amor líquido que fluía del silencio, de la loca entrega, del olvido. Y yo te quería entero, suicida, olvidado… Porque en el sueño, donde la vida es, enamorarme de ti era destino y decisión. Sabía de ti, sabía de mí y no me importaba, no nos importaba nada… 
Fluía por ti, dentro de ti, fuera de ti, y todo estaba en su sitio: tu fuerza; la mía; dos olas que chocaban para entenderse, dos orillas que lamían una libertad inmaterial y tan quebradiza… Y todo volvía a empezar, como una marea que nos desbordaba, como la luna que anoche caía en un mundo estrellado repleto de fría luz, y esa luz reflejaba la escarcha de tu sudor y la intención de mis ojos, que no leíste, que no te interesaba a pesar de lo que nos dijimos, a pesar de lo que te entregaba…
Me dije a mí mismo que nunca, nunca me enamoraría de ti. Que nunca caería en esas redes líquidas ondulantes al viento, y ya ves… En un mundo como el nuestro, en el que nada dura; el amor, lo más frágil de todo, parece nacer de repente en el mayor de los desiertos, y crece enloquecido y se marchita en un segundo, apagándose como la noche al llegar el día, como los sueños al despertar.
¡Y qué pereza abrir los ojos! Abrir los ojos y romper el hechizo que aún mantiene tu espalda interrogante sobre la mía, y que sostiene el calor de nuestras pieles y el arrullo de nuestros movimientos… Arena movediza, agujetas escondidas, deseos ocupados ya en otros deseos, y un dolor sordo que crece en la ventana iluminada por el sol… Porque tu amor fugaz morirá con la llegada de la mañana, cuando te levantes y te duches y limpies de tu piel el último rastro de mi olor, y me sonrías desde la lejanía de lo olvidado y cabecees y te vistas, dejándote algo perdido en alguna parte, y cierres la puerta sin estrépito y sin despedirte. Mientras yo estaré estirado en la cama, arrugada y aún tibia, recordando tu olor cálido, tu sabor amargo y tus ojos ávidos, y las manos apremiantes y el deseo abandonado ya, como mi corazón…
Pero eso será cuando abra los ojos, cuando la luz llegue a través de las cortinas abiertas, y los músculos se llenen de una energía callada, y el mundo comience a girar lejos de mí. Mientras tanto, y a pesar de todo lo que nos separa, intentaré que ese momento no llegue nunca, y disfrutaré de mi laxitud sobre tu espalda, de mi amor sobre tu cuerpo y me dejaré llevar, hiriendo a mi corazón, porque tú aún estarás aquí.
6.309
Arte/ Art, El día a día/ The days we're livingEn este mes de abril hace ahora un año decidí, no sé por cuál razón exacta, comenzar este blog. Algo pequeño, con pocas expectativas, que ha alcanzado la modesta pero, para mí, más que estimable cifra mensual de 6.309 visitas. Desde aquí mis más encarecidas Gracias a todos y cada una de las personas que, alguna vez, han decidido adentrarse en este pequeño mundo que intenta, dentro de lo que puede, crear un espacio para descansar, disfrutar y curar las heridas del día a día.
Y nada mejor para celebrarlo que el arte del maravilloso fotógrafo Izak Amancio, cuya mirada escapa toda perspectiva y retrata, mejor que nadie, lo que significa vivir en el Tiempo de Curar.
I never expected this. 6309 monthly visits to this little proyect that pretended only to create a space to bring some peace, some warm and some heal into this crazy, timeless, and hurted world. It’s almost a year and it’s still petit and unpretencious. I never pretended to do something else.
From here I just want to say to everyone that once entered to this virtual world, Thank You for your kindness, your curiosity and your support. I’m humbled and honoured and spechless. And THAT’S a miracle in me.
So, maybe the best way to celebrate this is to share with you the magic wisdom and the crystal eye of Izak Amancio, a brilliant photographer that understands, better than many other people, what means to enter into the Healing Time.
(Triste y sola se queda) Fonseca/ (Saddly Alone is) Fonseca.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lugares que he visto/ Places I haven beenPazo de Fonseca/ Palacio de Fonseca/ Fonseca Palace, Santiago de Compostela (España/Spain).
Fotografía por/ Picture of: Daniel Almeida.
Busco aquí y allá (alguien como tú)/ I’ll Look Around (Someone Like You).
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music
Izak Amancio
I’ll Look Around, Madeleine Peyroux.
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Susurros en un sueño/ Whispers in a Dream.
El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Los días idos/ The days goneA Lawrence Schimel, por su delicadeza. A Izak Amancio, por su bella generosidad. A Alberto Urbaneja, por su ternura. A Abel Arana, por su inmensidad.
A Dream Is A Wish Your Heart Makes, Cinderella.
Hay días cuya perfección puede pasarnos inadvertida, inmersos como estamos en el viaje a la Esperanza o al Futuro. Pero los vivimos a todo pulmón, con todo corazón, y la alegría o la serenidad o la duda o la tristeza que nos envuelve, una vez que miramos atrás, nos deja un regusto a susurros en un sueño, a dulce irrealidad, que hace a la vida merecedora de ser vivida.
Tuve la suerte de encontrarme con Lawrence Schimel en uno de esos días en el que todo encaja, engranaje divino que sólo respeta los renglones de Dios. No lo conocía personalmente, mas hacía ya tiempo que intercambiábamos correspondencia. Sentía hacia él una admiración sincera, nacida del aprecio por su trabajo y por su vida, un neoyorquino (porque un neoyorquino es algo más que un norteamericano) afincado desde hacía más de una década en España; y por su talento multilingüe, que no conoce barreras gramaticales ni idiomáticas: un autor de prosa y verso, de ensayo y crítica; un editor alternativo; un creador de vida y fantasía; de cuentos infantiles y relatos dimensionales, premiados y admirados desde hace ya algún tiempo.
Me sorprendió gratamente verlo llegar (soy de una puntualidad extremada), con una sonrisa franca en su rostro juvenil, cargado con una mochila enorme llena de muestras de sus libros, con esa mirada franca y un andar decidido y delicado a un mismo tiempo. Culto, educado, un poco a la defensiva y un mucho apasionado, nuestra conversación fluyó de una manera líquida, sorprendente para mí pues soy muy tímido, y vivaz. Hablamos de todo un poco: medicina, emigración, cultura, alergias, bebidas, ciudades, países, experiencias migratorias, idiomas, sexualidad y, por supuesto, literatura. No sé cuánto tiempo estuvimos juntos; para mí ese encuentro ha sido un bloque rápido, veloz, lleno de alegría y de mucha información, en el cual aprendí a admirar de facto a la persona detrás del escritor, al hombre detrás de la obra. Y ésa es una experiencia fascinante. Su mundo, un mundo de lucha, siendo inmensamente distinto y distante del mío, se reconocía y se retrataba en mi interior y me hacía pensar una y otra vez en lo que tienen los hombres de grandes, de arriesgados, de fluctuantes y de firmes; y su historia, tan interesante y única como él, caló hondo en mí, llenándome de una simpatía más fuerte que la mera atracción, y de un afecto mayor que la basal admiración que ya me inspiraba previamente. Lawrence Schimel es un hombre fascinante, culto y despierto, honesto y nada temeroso; que trasciende esa mirada amable, esa voz de cadencia preciosa en la que casi no se reconoce su ascendencia, y esa sonrisa de niño pequeño, que conecta con ímpetu en la cabeza y el corazón de sus lectores.
* He de confesar que estaba algo nervioso antes de conocer a Izak Amancio. Admiraba su trabajo en la distancia, su elegancia íntima, su ojo juguetón y sincero, y cierto pudor descarado. Cuando nos vimos, con ese andar de gacela y ese aplomo desarmante, esa mirada oblicua y esa sonrisa de ángel, entendí perfectamente porqué sus fotografías son como son, porqué la sensualidad se reviste de pétalos de flores y se desnuda con colores armoniosos y velos caídos. Izak Amancio es un hombre apasionado, desbordante en su contención, que se sabe genio, y que ama lo que hace. Es un luchador eterno: contra las circunstancias que lo rodean, contra el pasado que siempre vuelve, y contra sí mismo. Su historia es paralela a la de Lawrence en muchos sentidos: emigrante brasileño, tras casi una década en España, su trabajo comienza a ser valorado en su precioso peso y florece con la libertad que su propio genio le confiere. Es dueño de una historia dura, que me hizo reflexionar más de lo acostumbrado; sus ojos vivos, su sonrisa abierta y algo velada al mismo tiempo, su evidente atractivo físico y su enorme talento sólo reflejan lo complejo de una personalidad única, que pugna por ser perfecta, y cuyas aristas a veces entorpecen ese paso decisivo hacia adelante.
Izak Amancio es un hombre que seduce. Seduce con picardía y con detalles generosos; que sabe lo que quiere y sabe lo que es perderse por el camino; que sueña con un tesoro que bulle entre sus manos y que se está haciendo realidad. Recuerdo que, durante un paseo por El Retiro, me dijo: ¡Mírame! Aquella petición era más que una orden de fotógrafo profesional. Le hice caso y lo que se reflejó de aquello está lleno de tanta belleza y melancolía, que me sorprendo a mí mismo cada vez que lo veo. Y mirándolo a él se encuentran maravillas: una vida vivida, una carrera incansable hacia ninguna parte; una lucha inhumana entre la destrucción y la permanencia; una búsqueda del amor a sí mismo y al Otro que no tiene fin; y la elegancia de un alma atormentada que sólo encuentra sosiego en la belleza que su propia lucha genera, como el martillo en el cincel, y de la que sobresalen imágenes transparentes, únicas, serenas y despiertas, bulliciosas y límpidas, y llenas de una luz traslúcida que sólo puede provenir del alma. Suele decir que todos somos una estrella; es bastante cierto, sobre todo cuando lanza su conjuro a través de la cámara y nos pide, con esa voz de dulce acento portugués: ¡Mírame!
Alberto Urbaneja es un hombre hermoso. Alto, con unas espaldas de mapamundi en donde encerrar millones de besos; es dueño de una sonrisa llena de luz y de unos ojos transparentes y firmes. No lo he visto dudar nunca, y su comodidad ante lo que ocurre en su vida es admirable e inspiradora. Su historia de hombre está llena de silencios, y esos silencios pueden ser muy reveladores; y su voz esconde a veces una profundidad y una melancolía que luchan en contra de la alegría de su risa y el brillo de su mirar.
Me gusta su voz castiza, su alma cándida y abierta, y ese corazón que no le cabe en el inmenso pecho abierto a la noche. Alberto Urbaneja es un hombre que lucha por ser feliz día a día; que se debate entre el sueño y la realidad, como todos hacemos, y cuyo eje y centro parece el propio Universo. Es cálido, sincero, bondadoso y tierno. De una ternura tersa, de una integridad sin mácula. Su conversación es fluida y alegre, y se entrega al Amor con una confianza que desmorona al mayor de los cinismos, y con un encanto, que corroe cualquier defensa. Estar a su lado y no querer abrazarlo, protegerlo y mimarlo es casi una labor imposible. Es elegante, sexy y encantador, una combinación infalible. Y tan tierno como un oso de peluche; y tan confiable como una bala de algodón. La vida le debe muchas sonrisas y una libertad tan alta como su corpulencia, que luce con una estudiada pose disfrazada de casualidad; ha descubierto el Amor y el Amor lo ha descubierto, y le ha regalado una libertad que soñaba desde hace años. Alberto Urbaneja es un ejemplo de hombre, lleno de cariño desbordado y deseoso de ser, por encima de todo, él mismo. Y eso es admirable.
* Abel Arana es una de las mejores personas que conozco. Es bueno, bueno de verdad; amable de verdad, educado de verdad. Y tiene un corazón de oro; unos brazos de grúa, un pecho de estatua y una sonrisa encantadora. Y es gracioso, realmente gracioso, y se encuentra lleno de sentido común. De un sentido común plástico, que no le impide soñar ni perseguir sus sueños, ni visualizar su meta, ni obscurecer sus facultades. Y es un hombre de fe. Y es sensual y alocado, y sincero y encantador. Su espíritu presto lo convierten en un eterno luchador, y su historia de vida está llena de experiencias y virtudes que sólo me hacen reflexionar. Es un hombre del que nunca me apartaría; excesivo y único, y tan encantador, que cada encuentro que tenemos lo recuerdo lleno de sonrisas, porque sólo sonreír puedo a su lado.
Él ha hecho que me plantee muchas cosas de mi vida. Ha hecho que evolucione a una velocidad sorprendente, y como en el fondo tenemos el mismo poso, sabe remover mis temores y mis virtudes sin nombrarlos siquiera. Nadie ha sido más amable conmigo sin esperar nada a cambio, ni nadie ha entrado en mi vida con tanto ímpetu y carácter. Abel Arana es un hombre completo, en el que me reflejo porque es todo lo que he deseado ser siempre, y en el que me reconozco cada día que pasa. Le he dicho más de una vez que de mayor quiero ser como él: ya peino canas y él sigue riéndose. Eso me maravilla.
Es un luchador profundo e incansable. Y persigue sus sueños como un niño a una cometa, como el mar a la orilla, y esos sueños no tienen fin. La vida le ha regalado un amor incondicional, que lo cuida y lo venera; por primera vez, quizá, ha encontrado a un igual que lo merece en todo. Y eso le ha dado más vida, más alas, más libertad. Y una ilusión que hace nacer proyectos y una fuerza renovada. Una fuerza que aplaudo y que me seduce cada vez que nos vemos, y que me reitera cada vez que nos abrazamos: esa espalda de Titán, esa voz estentórea, esa eterna novedad en sus ojos chispeantes…
Hay días cuya perfección puede pasarnos inadvertida, inmersos como estamos en el viaje a la Esperanza o al Futuro. Pero los vivimos a todo pulmón, con todo corazón, y la alegría o la serenidad o la duda o la tristeza que nos envuelve, una vez que miramos atrás, nos deja un regusto a susurros en un sueño, a dulce irrealidad, que llega a transformar nuestro presente. Yo he vivido uno de esos días, y ese día ha quedado grabado a fuego en mi corazón, hilvanando mi vida con la de cuatro hombres muy distintos entre sí pero cuyas historias, cuyas luchas y cuyos sueños se superponen, haciendo que mi existencia se haya enriquecido para siempre en este vaivén sin fin que llamamos vida que se vive. Y a cuyo coraje y valor, y a cuyo amor intento brindar, desde el fondo de mi corazón,un sincero homenaje en estas líneas que se leen una y otra vez.
* Fotos de Izak Amancio.




