Todd Clary es un hombre claro, sagaz, cínico, divertido, centrado, inteligente, amoroso y dueño de una creatividad que traspasa cualquier barrera humana. Desde su estudio, en su hogar, en medio del estado de Colorado, en Estados Unidos, y desde su blog: Waltzing In Perdition, nos muestra su enorme talento, su sentido del humor y su trabajo creativo (que se extiende desde su propio cuerpo hasta sus obra literaria, siempre en proceso de expansión) con desparpajo, cierta dosis de egocentrismo burlón y mucho, mucho afecto.
Es un hombre cariñoso, un padre preocupado, un marido comprensivo y amable (a su manera) y un amigo competitivo y burlón. En suma, un hombre de talento increíble, desbordante y único, que despliega su atractivo físico, mental y emocional en todo lo que hace: su cuerpo, su trabajo como marido y padre; como diseñador de páginas web, dibujante de cómics, fotógrafo y escritor… Un hombre que se sabe tocado por Dios y, por eso mismo, agradecido por cada día que pasa.
Todd Claryis a wonderful man: funny, smart, cynical; centered, loving, and with such an incredible creativity that flows all over the human oceans. From his study, at his home in Colorado, USA, and from his blog: Waltzing In Perdition, he shows us his immense talent, his unique sense of humor and his creative work that go from his own body to his literary affairs, now in a process of expansion with his second book coming along.
He’s a loving man, a dedicated father and husban (well, in his own Toddness way) and a competitive and joker friend. Summarizing: an incredible talented man that shows his multitasked talent in an attractive physical, mental and emotional way: his own body, his wife and kids, his friends, his work as a cartoonists, photographer, web designer and writer… Todd Clary is a showman, a clown, a man that knows being touched by God, and, because of it, grateful and full of life. And it’s time to show it. Enjoy it, like I do every time I get near him.
En el Día de la Tierra (22/IV/2010) la magnificencia de nuestro bello Planeta Azul/ On Earth Day (April, 22th), the magnificence of our beautiful Blue Planet.
Llevo un tiempo planteándome algunos cambios a los que la vida que vivimos parece abocada a realizar en mí. Todo cambio de una situación da miedo o como poco aprehensión, puesto que aquello que está por venir no siempre es mejor. De sobra sabemos que lo que dejamos atrás nunca vuelve, y que todo cambio depara en nosotros una transformación tan profunda, que aquel que dejamos de ser se pierde para siempre en el recuerdo: aquello que no forma nuestro presente simplemente se diluye en el día a día y se pierde.
La pérdida, el dolor que genera, la ansiedad, son elementos que conforman el parto de esa nueva persona que somos siempre que nos vemos sometidos a las fuerzas telúricas de la vida. Por eso somos incapaces de aprehender lo que dejamos atrás, porque el cambio se opera en nosotros, y ya no encajamos tan bien, aunque queramos, en el tiempo ido.
Pues en esta situación estoy y, como no es tampoco novedad, no sé exactamente qué hacer, qué camino es el correcto ni qué deparará el destino de aquí a mañana. Esa fragilidad natural agrega mayor inestabilidad a mi mundo, de por sí bastante delicado ya, y me somete a las mareas insomnes y a los devaneos de lo que puede ser y no será.
Fuerzas que nos arrastran hacia un lado; responsabilidades que cuelgan de nosotros como fardos pesados, aceptados y queridos, pero estorbos a fin y al cabo; sueños que pugnan por nacer por fin, tras años de obstrucción y de olvido; oportunidades que se diluyen dejando en su lugar un vacío incierto… Y el mundo que gira lejos, por fuera de nuestro mundo de cristal, cuyas paredes nos rodean hasta limitarnos, ahogarnos o darnos la última libertad.
Me pregunto qué es lo correcto, dónde está el error (si lo hay) y cómo hacer para corregir lo que no tiene remedio: por todas partes afloran oportunidades encantadoras que esconden en su interior un alto precio; cambios radicales que generan revolución de estrellas; y renuncias, muchas renuncias a la nada; para acabar desnudo en la noche que pasa, y solo en los días que pasan uno tras otro, como una masa informe sin peso ni gravidez.
Me pregunto, mientras oteo a través de las paredes de cristal de mi mundo, por qué hay tanto dolor, por qué las personas envidian los bienes de los demás, desean aprehender la belleza, el aprecio, la locura ajena; se lamentan por lo que no tienen, sufren por lo que pueden tener y se hacen daño unas a otras, por efímeras consecuencias, por vacuos honores, por una sonrisa cómplice, una mirada perdida y un abandono… Soy parte del mundo, soy uno más; pero a veces me encuentro prisionero dentro de estas paredes de cristal y me pregunto, cuando me doy cuenta de eso, por qué me siento distinto, por qué no entro en ese juego, por qué me alejo de ese juego que llamamos vida, y por qué el mundo no puede ser aquello que queremos que sea: un lugar plácido en donde desarrollar nuestros potencialidades sin sumar más daño, más locura y más dolor del que el propio proceso de vivir nos da.
No lo sé…
Y acepto con cierta tristeza que mucha gente sea dueña de una mirada cansada o triste; que mucha gente espere de los demás una mala palabra, una mala acción, una absurda consecuencia; acepto que el mundo humano esté lleno de decepciones y de intrigas, y de falsos testimonios y de dureza…Sé que, en el fondo, está repleto de seres tan asustados como yo, y con tanto poder como yo para la serenidad, la belleza y la quietud.
Mientras tanto me pregunto, entre estas paredes de cristal, qué debo hacer, hacia dónde girar mis velas, y si aquellos que encontraré en el camino se darán cuenta que no tengo más ambición que hacer bien mi trabajo, que es vivir con bien, a través del umbral cada vez más grande de mis paredes de cristal; y ser feliz, y hacer felices a los demás, con eso.
No lo sé…
Llevo un tiempo planteándome cambios, muchos cambios, y nada parece ser lo correcto…
Hace poco más de un año que te vi por última vez. No sé porqué llevo la cuenta, como si fuese un duelo absurdo. Quizá, si lo hubiese sabido, hubiese bebido tu imagen hasta quedarme saciado. Si lo hubiera sabido, las horas que pasamos juntos las hubiese extendido por todo el planeta como un chicle gigante, y lo hubiera saboreado hasta arrancarle todo el arco iris de sabores. Quizá, si me lo hubieras dicho, hubiese tenido el valor de preguntarte por qué me dejabas.
Pero tu cobardía y tu comodidad pudieron más que el cariño que me tenías, o que me hubieras tenido si yo no hubiese sido el que era. Que cometí muchos errores debo confesarlo aunque me amargue reconocerlo; no por orgullo, o no sólo por orgullo; lamento aún todo el daño que pude hacerte. Intento reflejarme en el espejo que tenía hace más de un año y no consigo verme, ya que todo mi espacio eras tú, y quizá ahí resida mi mayor error: en creerte el centro de mi universo, el origen de mi sol, la única razón real que me impulsaba a seguir. Y cuando te lo dije algo se activó en ti, no sé qué alarma, no sé qué miedos, y te fuiste corriendo sin despedirte, sin mirar atrás, dejándome tan solo y abandonado, que aún hoy, cuando lo recuerdo, en mi corazón algo se rompe, aquello que no se ha roto todavía por tu desamor.
Y tenía miedo de encontrarte algún día por la calle y que hicieras que no me vieses, o aún peor, que yo hiciese que no te viese. Porque en el juego tonto del orgullo todo puede pasar… Pero yo no tengo orgullo, o no el que una vez tuve: tú todo lo drenaste de mí, con tu cariño y tu rudeza, con tu aspereza y tu abandono. Tu abandono…
Pero hete aquí que te encontré. Cuando había dejado de pensar en ti (de hacerlo constantemente), y no supe cómo reaccionar. Tropezamos uno frente al otro sin pretenderlo (eso desde luego) y nos sonreímos como tontos, porque tonta la situación era un poco: tú sobre mí y yo apoyándote, como una caricatura de otros tiempos ya aniquilados.
Recobraste la compostura mucho antes que yo, que no salía de mi mudez al verte, tan bello como siempre y tan irreal. No sé qué esperaba del tiempo transcurrido: que echaras barriga, que tuvieras más canas, que esas arruguillas de los ojos se hiciesen más pronunciadas y oscuras, qué se yo. Y sin embargo allí estabas, más bello que nunca, porque incluso la rudeza, la aspereza y el dolor pueden ser tan bellos que duelan. Y tú dueles. Aún.
Me saludaste como si no hubiese transcurrido un año y ningún cataclismo estallase en mi vida. Un estás igual sin exclamación alguna; un poco más fondón desde que no vas al gimnasio. Menuda gracia me hizo. Recordé de repente esa facilidad de ser cruel de natural en ti, como la risa o el llanto. Y yo mudo. Mudo de asombro; mudo de verte; mudo por tu belleza; callado por tu dejadez. Y esa camiseta ajustada, y esos brazos morenos y esa sonrisa pícara, y esas piernas de alambre que se clavan en la tierra con cabezonería…Pensé que me daba un vahído, pero me contuve; sentí que mi corazón se volcaba y casi me da náuseas sentirlo latir en mi pecho. Y sonreíste a la tarde y comentaste qué casualidad encontrarnos así, sin darnos cuenta, casi cayéndonos… Y yo callado, mudo como una estatua mutilada; porque me arrancaste las sensaciones de cuajo, dejando en mi corazón un hueco negro y vacío. Pero si tú no fuiste capaz de darte cuenta hace un año, ahora seguramente menos.
Y me invitaste a un café, y sostuvimos un monólogo de naderías, absurdeces y tonterías. Te oía hablar seguido, como si estuvieses recitando una lección muy repetida; como una escena que, de tanto esperada, sólo se pretende que salga bien para que acabe la expectativa. Y yo no decía nada. Y tú no te diste cuenta hasta un buen rato después, cuando el silencio se hizo tan pesado como una sombra, tan molesto como una piedra en un zapato. Cuando se acabaron los hechos, los pormenores vacuos, los cambios y las fruslerías; las aventuras y los riesgos; y la salud y la enfermedad, y tus padres o los míos, y tus hermanos y los míos; el silencio cayó entre nosotros como una sorpresa, aunque yo no hubiese abandonado nunca sus fronteras.
Carraspeaste, por primera vez algo molesto. No esperabas este encuentro; me habías evitado todo este tiempo. Ya lo había notado. Yo no. Todo lo contrario: sólo salía a la calle para buscarte desesperadamente; para encontrarte y rogarte y pedirte una explicación y una despedida. No te hubiese pedido que volvieses conmigo porque nunca hemos estado realmente juntos; ya soy muy mayor para correr detrás de nadie. Y, de todas maneras, tú no lo mereces, pero eso es otra cosa. Y, cuando desistí, cansado y decepcionado, llegaste y tropezamos y casi nos caemos tú encima de mí, ese cuerpo caliente, moreno, enorme, único, y una sonrisa de circunstancias y una conversación hueca, y volvíamos a estar juntos, juntos pero no juntos: una mesa, un silencio y un año nos separaban.
Y te escuchaba hablar y hablar de lo que nunca fue nuestro; te veía buscar explicaciones o justificaciones o nada, y sólo se dibujaba un vacío entre tú y yo en el que no quería entrar. Durante esa hora, porque sólo fue una hora, mi corazón latió tan deprisa que me lastimaba los oídos; mi mente viajó una y otra vez hacia la nada y volvió cargada de sueños rotos y de los pedazos de un corazón destrozado. Tu voz llegaba hasta mi y rebotaba en mi silencio, afónico que estaba del asombro y del dolor. Porque aún me dolió verte tan completo, tan tú de nuevo, tan bien sin mi compañía; comparado conmigo, gordo, apiltrafado, perdido y sin puerto donde atracar. Y sin amor, sin nada…
Y me di cuenta que todo era falso. Tus justificaciones, tus vanas intenciones de dibujar una disculpa. A pesar de todas esas palabras que salían sin freno de tu boca, dichas con una expresión dura y poco sincera; a pesar de la cercanía de tu compañía, llena de calor y estrecheces; tus ojos no revelaban emoción alguna, ni siquiera desinterés. Y supe de repente que, aunque me quedase un poco más junto a ti, como me pedías, tú nunca serías capaz de darte cuenta de todo el daño que me hiciste, de toda la indefensión a la que me arrojaste, de todo el lastre con el que me cargaste cuando te fuiste, cuando te fuiste corriendo cobardemente; cuando, cobardemente, me dejaste en aquella calle solitaria y lluviosa sin decir si quiera adiós.
Antes de irme me reprochaste mi silencio, que caía como una losa sobre nuestro reencuentro. Y yo seguí callado. Te veía y era rodearme de innumerables recuerdos, vivencias pasadas que ya no tenían brillo, o no el que tuvieron una vez. Y, en medio de esos reproches vacuos, supe que no necesitaba hablarte, que no quería decirte lo mucho que había sufrido tu ausencia; el dolor inmenso al que me había arrojado tu abandono; al abandono de mí mismo al que me había arrojado cuando me di cuenta que nuca sería digno de ti. Y me di cuenta que no quería hablarte de lo que duele el corazón abandonado, vestido de azul y negro; no quería que supieses la locura en la que me había inmolado por tu ausencia y la querencia de paz que me acompaña desde aquel día.
Porque tú sigues tan encerrado en ti mismo que decirte lo mucho que me había costado acostumbrarme a tu ausencia hubiese resultado un halago y para mí una nueva pérdida. Porque sé que no estás solo, que nunca lo has estado, y que te espera alguien con la sonrisa abierta al final del día, entre sábanas tibias y aromas de comida recién hecha… Y haberte dicho que aún te amaba sólo hubiese conllevado más dolor a mi corazón cansado y más combustible a tu orgullo, del que había olvidado lo mucho que ocupa.
Y callaste por fin, contagiado por mi mudez. Tus ojos de miel y desierto, tu boca de seda roja, esas espaldas de mapamundi encerradas mal que bien en esa camiseta demasiado ajustada; esas piernas poderosas, retorcidas como malos pensamientos, que una vez atajaron mi cuerpo y destrozaron mi corazón…
Tengo que irme… Pero quédate un poco más… Si me quedo un poco más…¿Sí?….
Me puse la chaqueta, que oculta como puede mi sobrepeso y mi abandono, y me fui de allí, de aquel café y de ti, sin despedirme siquiera. Sabiendo que no quería volver a verte, saber más de ti, tenerte cerca.
Ojalá la vida te trate bien; te dé salud, sexo, amor, calor y compañía; y que conserve esa belleza de cuento que siempre te ha brindado… Si sólo me hubieras amado un poco, si tan sólo hubieras escuchado a mi corazón… Pero ahora es tarde, ya es muy tarde. Y me he quedado sin palabras con las que hablarte, como me quedé sin corazón cuando me abandonaste. Y puede que sea lo mejor. Ahora ya lo acepto: no quise hablarte de lo mucho que había sufrido, de lo que aún sufro por ti, porque hubiera sido inútil: hubieras seguido sin escucharme, y ahora comprensión es lo único que busco… Y eso es algo que nunca encontraré en ti.
Por eso me fui, sin volver a verte, sin querer saber más de ti. Ya es hora de dejar todo el dolor atrás.
Una nueva forma de ver el mundo articulada por colores puros, trazos gruesos y cuidadamente descuidados, el reflejo de la complejidad interior manifestado en impresiones sobre un lienzo, antes de que naciese para el público el arte de la fotografía y la cinematografía; la desesperación, la paz, los defectos visuales, la desesperanza y la belleza, la quietud y la calma, todo aunado en el Impresionismo, del cualClaude Monet (1840-1926) es uno de sus representantes más auténticos, en una charla animada sobre su influencia sobre la pintores del futuro, que miraron hacia atrás (como Monet seguramente también hizo) para justificar sus rupturas y sus lazos de unión. Puesto que nada en la vida está aislado.
A new way to see the world, the first real bond between the inner planet of the artist and the outside world of things happened, the art of colors, rough draft and playful figures: Impressionism meant rupture with the outside in a playful, joyful and darker way, an its legacy, flying like all that really matters beyond time, still affect to us all in several ways, all of them just extraordinary.
Claude Monet (1840-1926) is one of those artists powered and touched by God, one of those people with angelic talent and capable to transform the world as we see it into a marvelous splash of colors, informed forms and magic perspective. So, so, that he still touches our hearts and minds, elevating our souls to a journey of sensations, always fresh and new.
La exposición Monet y la Abstracción, que se puede visitar hasta el 30 de mayo de 2010 en el Museo Thyssen-Bornemizsa y en La Fundación Caja Madrid, nos lo demuestra.
Monet y la Abstracción, shows to us the incredible bound that emerges between two different expressions of Painting, and integrates into us the knowledge that Art is always the same fountain, no matter the different ways humankind likes to express it. This exposition, until May 30th, 2010, in the Thyssen-Bornemisza Museum and La Fundación Caja Madrid (Madrid, Spain) is a joyful moment to discover and to enjoy this magical bound.