Ignacio Izquierdo. Crónicas de una cámara.
El día a día/ The days we’re living
Las muchas caras de Todd Clary/ The Many Faces of Todd Clary.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ MusicI Write the Songs, Barry Manilow.
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Me gusta Todd Clary. Por muchos motivos. Su inteligencia, su talento, su sentido del humor, a veces tortuoso e intrincado (o me lo parece a mí, que me pierdo muchas veces con su inglés), su capacidad para hacer de lo cotidiano algo divertido y de lo cual aprender.
Todd Clary es artista. Y aplica esa visión al mundo que lo rodea. Todo es susceptible de ser aprehendido y comprendido y aceptado, y pone todo su empeño en ello. Desde el ejercicio físico hasta su blog, desde sus dibujos hasta sus fotografías, desde la amistad que vive con pasión, hasta su labor de marido y padre. Todd tiene muchas caras, y es brillante en todas ellas. Puntilloso, excesivo, incisivo, único, Todd Clary es una de esas personas que luchan por ser enteras y claras, y en cuya lucha nos vemos reflejados todos y nos vemos inspirados todos y podemos encontrar, todos, que la verdadera pasión de vivir está en el día a día, en las pequeñas cosas que se hacen grandes y en el empeño, siempre eterno, que ponemos en ellas.
Y Todd Clary está hoy de cumpleaños, y desde aquí le quiero enviar, hasta el lejano Colorado donde vive, mi más efusiva felicitación y mis más sinceras gracias por dejarme atisbar, si quiera un poco, parte de ese talento para la vida y esa claridad única.
I like Todd Clary. For many reason and for no one in particular. His intelligence, his talent, his unique sense of humor (I get lost so many times with his English…), and this great capacity to transform the day by day into something quite extraordinary and into life’s lessons to learn.
He’s an artist. And he looks around the world with those artistic eyes. With him anything goes, everything is susceptible to be learnt, comprehended and accepted. And his efforts are so profound and great that make everything almost reachable. From his physic training to his blog; from his drawings to his photographs; his books; his friends and his wife and kids, the many faces of Todd Clary make himself a clever one and an unique figure indeed. He makes small things quite enjoyable and he finds out in all of them the real joy of living, and he’s not afraid to show it and to share it with us, his public. And us, as his public, are allowed to find ourselves in his efforts and in his cleverness and in his goals, that he achieves with so quite manners and such polite modesty. Yeah.
And today is Todd Clary’s Birthday. So, from here to Colorado, I just want to send to him not only my wishes of a great life (he’s owning his own wonderful life) but as well my undeniable thankfulness to be treated and allowed to share with him his many talents, his craziness and his claryty about big and small life issues and about faith, parenthood, friendship, love…, and, of course, Barry Manilow.
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Aires de verano/ Summerwind.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ MusicLa Música de la Belleza/The Music of Beauty.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music
Joshua Bell (1967) es un violinista prodigioso. Y no porque lo haya sido desde niño, sino porque su pureza, su delicadeza, la forma mediúmnica de transmitir la Belleza a través de la Música hacen de él un artista completo, único e impactante.
Más allá de la magnificencia de su instrumento (un maravilloso Stradivarius cuya historia debe estar harto de contar), más allá de sus comienzos, Joshua Bell es un hombre que entiende que el Arte, como la Vida, es algo que se adhiere, que se interioriza, se transforma y se transmite sin verbalizar, sin racionalizar, sólo dejando libre al sentimiento, a la magia y a la voluntad divina, que rige los dedos, que templa los acordes y libera la Belleza de los sonidos como rayos de luz, como ondas luminosas que, iridiscentes, se entrometen en el alma del oyente con la misma delicadeza y el mismo compás que emergen de su cuerpo único, acoplado a un instrumento y a una intención, que es la de Dios.
Ladies in Lavander.
No hay razas en la Música, no hay géneros en la Música, no hay ideologías en la Música. La Música es Arte y, por encima de todo, es Belleza: la música de Joshua Bell es tan diáfana como el cristal, es tan etérea como el alma que la crea y tan universal como el sentido mismo de la existencia.
Ha sido protagonista de un curioso fenómeno. Con su instrumento y su talento, estuvo tocando en la entrada de una estación del Metro de Washington en hora punta, y nadie se detuvo lo bastante para apreciar la delicadeza, la aparente simpleza y la serenidad de su música. Él mismo ha confesado que llegó a sentirse ignorado. Cientos de hipótesis emergieron de este episodio, como ocurre con muchos otros; todas vacías. Preconizaban que la Belleza se aprende, no se aprecia; que la Música se educa, no se aprehende; que la vida humana, tan ocupada en banalidades, pasa de largo sin percibir el olor de las rosas, la belleza de la vida. Puede ser… Pero la Belleza vive por sí misma, como la Bondad, como la Serenidad, como la Paz. El hombre sólo es conductor, puente, vía de paso, nunca fuente ni transformador, nunca creador ni creado… Yo creo que todo es cuestión de actitud ante nuestro día a día: el lento amanecer con sus colores de rosa y oro, la bella luminescencia del sol al mediodía, que transforma en verdes reflejos el brillo de las hojas; la serena tranquilidad de un atardecer ambarino y magenta; la noche bordada de zafiros y de estrellas; la luna de plata reflejada en el sereno fluir de un riachuelo a medianoche… O mio babbino caro.
El viento entre las ramas de los árboles; la fragancia de las flores silvestres al reventar la primavera; el suave planeo de las hojas ocres al llegar a la tierra; el lento lamento del río sobre los pedernales y la llegada del mar manso a la orilla de la playa… La Belleza no se enseña, como no se enseña la Dulzura ni la Paz. Forman parte de nosotros, de nuestro exterior, de nuestro interior, y de lo que nos rodea, por más cotidiano que nos parezca, por más insignificante que nos resulte. El mundo habita en un grano de arena y cabe en la palma de una mano abierta a la noche. Una furtiva lagrima.
Joshua Bell, con su violín, da a luz la Música de la Belleza, porque sólo con oírlo, y sin necesidad de ser un entendido, toca las fibras más escondidas de nuestra alma y despierta sentimientos, derrumba diques impuestos y diluye sombras,
regalando la entera libertad, la verdadera libertad que necesita el ser humano; dándole alas, alzándolo en fluido vuelo, velando sus ojos de lágrimas transparentes, para llevarlo lejos, muy lejos, al espacio de sonoro cristal en donde habita la Serenidad, la Pasión, la Dulzura y, sobre todo, la Belleza, la eterna y única Belleza. The Swan.
Su mundo se despliega desde la música de cámara propiamente dicha hasta las grandes piezas clásicas, desde el cine hasta el teatro… Su talento se eleva, una y otra vez, junto con el lamento maravilloso de un instrumento único, que me hace recordar, cada vez que lo escucho, mi dulzura dormida, mi debilidad escondida, y que logra arrancar, desde mis ojos cansados, un mar de lágrimas. Lágrimas de plenitud ante la maravilla de oír, por una vez, la Música de la Belleza.
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Noche Mágica/ Magic Night.
El día a día/ The days we're livingLos vídeos de Vodpod ya no están disponibles.
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Noche Mágica I., posted with vodpod
Memoria/ Memory.
El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside
Hace un par de horas un señor muy mayor, un abuelo de 92 años, tropezó con nosotros en la puerta de casa. Es uno de los habitantes más antiguos de la aldea en la que vivo, en medio de la nada del Tiempo detenido. Con mirada consternada y voz entrecortada y con pizca de miedo nos dijo su nombre y preguntó inmediatamente si sabíamos dónde vivía, porque no se acordaba.
Su aspecto demacrado, delgado pajarillo perdido, sin luz en las pupilas y la voz caída que dan los años. Mi padre, veinte años menor que él, le cogió del brazo e intentó calmarlo, le recordó quién era y le dijo que gratamente lo llevaría hasta su casa… Nos miró con recelo antes de volver a repetir su nombre y su súplica. Mi padre, con la paciencia eterna de quién ha tenido hijos, le dejó hablar una y otra vez mientras lo acompañaba hasta la puerta de su casa, una veintena de pasos más allá.
Esa imagen ha quedado grabada en mi mente y en mi corazón. No es la primera vez que veo, escucho o ayudo a una persona con demencia (mi propia abuela la tuvo), pero hoy, precisamente hoy, cuando los espíritus se hallaban (se hallan) revueltos en mi interior y me impiden mirar hacia adelante, este episodio ha sido como una llamada de atención, un grito de sorpresa.
Primero, como siempre, la Enfermedad. Damos por garantizado la Salud como la Belleza o la Bondad, y sin embargo no lo es. Sometemos a nuestro cuerpo a un sinnúmero de dificultades que pacientemente supera sin rechistar, hasta que se cansa. Y cuando lo hace, cae en un abismo que parece no tener fin. La falta de Salud (y éste es el verdadero concepto de Enfermedad) nos transforma en pacientes, es decir, en seres que deben esperar, suspendidos en el dolor, la incomodidad o la duda durante un tiempo indefinido que puede durar un mundo. Mi padre es un paciente, pues lleva cuarenta años enfermo. Sufre un proceso autoinmune llamado Lupus Eritematoso Sistémico (LES), que limita su existencia sin dejar de ahogarlo, pero que le ha hecho infinitamente más sabio, razonablemente más sereno y, sobre todo o más que todo, paciente.
Él tuvo paciencia con ese pobre abuelo perdido en la inconstancia de su memoria. Le dejó repetir su letanía cien veces en esos pocos metros sin inmutarse y, las mismas veces, le respondó sereno, como si fuese la primera. Lo cogió por los hombros, a ese pobre pajarillo delgado, y lo condujo hasta su hogar sólo perdido en la laguna sin nombre de su inclemente demencia.
Puede que yo no hubiese tenido tanta comprensión; puede que hubiese respondido a esa pregunta plañidera con una chirimía continua sin poso ni peso específico. Lo hubiese ayudado, sí, pero desde la perspectiva de mi propia vida, rebosante de Salud, aún activa, que ayuda porque puede y porque está acostumbrada a ello, y quizá con una discreta empatía que no se parecería en nada (ni por asomo) al profundo sentimiento que desplegó mi padre, siempre padre por encima de todas las cosas. Aún oigo por detrás la llamada de mi madre, que corrió hasta la casa para acomodar al abuelo si sus familiares aún no estuviesen en la suya. Eso fue la empatía del corazón, la sabiduría de la paternidad, el ansia de ser útil y la generosidad de quien sabe por lo que se ha pasado y lo que vendrá.
Uno de los temores más profundos de mi vida es perder mi memoria. Ser una carga para aquellos que me rodean; perder la capacidad de comunicarme, de ser productivo; de apreciar conscientemente la belleza de la noche y el despertar del nuevo día. Una de mis luchas más poderosas es aprender a liberarme, a darme el permiso que necesito para desplegar mis alas de una vez y emprender un vuelo raso y continuo, al amanecer…
Quizá no merezca sentirme apagado y sin vida cuando la realidad que me rodea es tan gráfica, está tan presente y es tan real. No lo sé. Sólo sé que, al caer la tarde, mis padres siguieron siendo lo que han sido toda la vida: padres, y sin esperar nada a cambio, ayudaron a un desvalido perdido de sí mismo y lo guiaron a casa con el brillo de las estrellas. Esa generosidad y ese ser ellos mismos…
No lo sé, la verdad. Quizá cuando el alba llegue, un nuevo día empezará, y aquello que he presenciado hoy, consiga despertar partes de mi alma aún dormidas que me impiden llegar, todavía, a la eternidad. Eternidad de las que ese abuelo perdido, y mis padres, ya están de vuelta.
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Callejeando ente piedras/ Walking on Stones.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seenLos vídeos de Vodpod ya no están disponibles.
Catedral de Santiago., posted with vodpod




