¿Bailamos?/ Shall We Dance?

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

 

¿Bailamos? El atardecer es lento y perezoso y la noche llega, cargada de estrellas encendidas para nosotros. Juntos, muy juntos, sintiendo la frescura del viento entre nuestros cuerpos que se unen y se separan, la tibieza de nuestras palmas, y la sonrisa velada por el jardín a oscuras y el aroma de las rosas en flor…

¿Bailamos? Para unirnos y deshacernos. ¿Bailamos? Un vals que dure la brevedad de la noche y la dulzura de este jardín escondido, muy escondido, bajo los puentes de París…

Tú y yo, juntos, muy juntos, fundidos en un beso eterno, al cobijo de los puentes de París.

 

La Música de la Belleza/The Music of Beauty.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Joshua Bell (1967) es un violinista prodigioso. Y no porque lo haya sido desde niño, sino porque su pureza, su delicadeza, la forma mediúmnica de transmitir la Belleza a través de la Música hacen de él un artista completo, único e impactante.

Más allá de la magnificencia de su instrumento (un maravilloso Stradivarius cuya historia debe estar harto de contar), más allá de sus comienzos, Joshua Bell es un hombre que entiende que el Arte, como la Vida, es algo que se adhiere, que se interioriza, se transforma y se transmite sin verbalizar, sin racionalizar, sólo dejando libre al sentimiento, a la magia y a la voluntad divina, que rige los dedos, que templa los acordes y libera la Belleza de los sonidos como rayos de luz, como ondas luminosas que, iridiscentes, se entrometen en el alma del oyente con la misma delicadeza y el mismo compás que emergen de su cuerpo único, acoplado a un instrumento y a una intención, que es la de Dios.

 Ladies in Lavander.

No hay razas en la Música, no hay géneros en la Música, no hay ideologías en la Música. La Música es Arte y, por encima de todo, es Belleza: la música de Joshua Bell es tan diáfana como el cristal, es tan etérea como el alma que la crea y tan universal como el sentido mismo de la existencia.

Ha sido protagonista de un curioso fenómeno. Con su instrumento y su talento, estuvo tocando en la entrada de una estación del Metro de Washington en hora punta, y nadie se detuvo lo bastante para apreciar la delicadeza, la aparente simpleza y la serenidad de su música. Él mismo ha confesado que llegó a sentirse ignorado. Cientos de hipótesis emergieron de este episodio, como ocurre con muchos otros; todas vacías. Preconizaban que la Belleza se aprende, no se aprecia; que la Música se educa, no se aprehende; que la vida humana, tan ocupada en banalidades, pasa de largo sin percibir el olor de las rosas, la belleza de la vida. Puede ser… Pero la Belleza vive por sí misma, como la Bondad, como la Serenidad, como la Paz. El hombre sólo es conductor, puente, vía de paso, nunca fuente ni transformador, nunca creador ni creado… Yo creo que todo es cuestión de actitud ante nuestro día a día: el lento amanecer con sus colores de rosa y oro, la bella luminescencia del sol al mediodía, que transforma en verdes reflejos el brillo de las hojas; la serena tranquilidad de un atardecer ambarino y magenta; la noche bordada de zafiros y de estrellas; la luna de plata reflejada en el sereno fluir de un riachuelo a medianoche… O mio babbino caro.

El viento entre las ramas de los árboles; la fragancia de las flores silvestres al reventar la primavera; el suave planeo de las hojas ocres al llegar a la tierra; el lento lamento del río sobre los pedernales y la llegada del mar manso a la orilla de la playa… La Belleza no se enseña, como no se enseña la Dulzura ni la Paz. Forman parte de nosotros, de nuestro exterior, de nuestro interior, y de lo que nos rodea, por más cotidiano que nos parezca, por más insignificante que nos resulte. El mundo habita en un grano de arena y cabe en la palma de una mano abierta a la noche. Una furtiva lagrima.

Joshua Bell, con su violín, da a luz la Música de la Belleza, porque sólo con oírlo, y sin necesidad de ser un entendido, toca las fibras más escondidas de nuestra alma y despierta sentimientos, derrumba diques impuestos y diluye sombras, regalando la entera libertad, la verdadera libertad que necesita el ser humano; dándole alas, alzándolo en fluido vuelo, velando sus ojos de lágrimas transparentes, para llevarlo lejos, muy lejos, al espacio de sonoro cristal en donde habita la Serenidad, la Pasión, la Dulzura y, sobre todo, la Belleza, la eterna y única Belleza. The Swan.

Su mundo se despliega desde la música de cámara propiamente dicha hasta las grandes piezas clásicas, desde el cine hasta el teatro… Su talento se eleva, una y otra vez, junto con el lamento maravilloso de un instrumento único, que me hace recordar, cada vez que lo escucho, mi dulzura dormida, mi debilidad escondida, y que logra arrancar, desde mis ojos cansados, un mar de lágrimas. Lágrimas de plenitud ante la maravilla de oír, por una vez, la Música de la Belleza.

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Donde la hierba es verde/ Where the grass is green.

Arte/ Art, Música/ Music

Sé que hemos recorrido mucho juntos. De hecho, sé que has estado pensando lo mismo que yo ya durante un tiempo.

Sé que han pasado muchas cosas, todas inevitables quizá. Hemos estado unidos y separados, y otra vez juntos, y todo ha sido una locura, una explosión que parecía no terminar nunca.

Nos hemos comido la vida  a cachos, con un hambre insaciable. Y ahora me pregunto (y sí, tú también) si ése ha sido nuestro error. Puede ser. Puede, porque siento que el tiempo ha llegado y que son horas de distanciarse de la vida, al menos de lo que hemos conocido como tal, y respirar. Profundo y tranquilo por una vez.

Por una vez quiero disfrutar de la tranquilidad del mar, de la orilla de arena blanca repleta de conchas vacías; del rumor de la salitre en la hierba y del verde ondular de su marea. Hemos quemado la vida sin pensar, sin siquiera valorar lo que nos unía ni porqué lo hacía, ni si era lo correcto o si nos conocíamos lo bastante. Porque nunca nos hemos amado sin contacto, nunca nos hemos besado en la distancia, y no sé qué es vivir sin ti ni lejos de ti, ni amarte en la distancia, ni recordarte, porque has estado junto a mí, pegado a mí, desde esa primera noche, en el bar aquel que ya ha cerrado de aburrimiento, entre olores humanos que no eran nuestros y que llegaron a ser nuestros una vez que nuestras bocas se unieron, que nuestras salivas se mezclaron y todo se apagó a nuestro alrededor.

Y después vino el éxito, la fama rápida, el ajetreo y la pose, las fotos de cuerpo entero, una desnudez que no era nuestra, sino una mala copia de nosotros. Y los viajes y las luces y la música eterna y el aplauso y el éxtasis. Nada más lejos ni más sabroso que el amor que nos tenían, mayor del que juntos jamás hemos creado. Y la evanescente locura, la noche cuajada de estrellas como soles y los días vestidos de naranja y oro…

Sé que hemos vivido mucho juntos. Pero nunca hemos estado juntos. No como cuando nos encontramos en aquel bar, ya cerrado de aburrimiento. Yo mismo me he cansado de verme en el espejo junto a ti como si fueses un extraño; un cuerpo sin nombre anclado a mi vida como un fardo pesado. Lo he estado pensando, y sé que tú también, porque lo veo en tus ojos y en las caricias que ya no nos damos, y en los besos que quedan congelados en el espacio que nos separa y en las palabras que ya no nos decimos.

Esto tiene que terminar. Tiene que parar. No me importa lo que cueste ni a quién deje detrás. No quiero saber de más carencias que de las mías, que son las tuyas si quieres que sigan siéndolo. Quiero detener esta loca carrera que nos lleva a ninguna parte, para ver la belleza del mundo que corre, la inmensidad del océano azul, la eterna marea de la hierba verde ondulante al viento. Quiero ver cómo florecen los frutales en primavera, cómo los árboles se tiñen de oro y naranja en otoño, y cómo, donde la hierba es verde, crece lenta y fresca bajo los pies, y sentir el lento planeo de mis labios sobre los tuyos, para encontrarse donde se perdieron, para hallarse en el laberinto en el que se han secado hasta dejar de ser ellos mismos.

No quiero decir que este tiempo junto a ti no haya sido divertido; todo lo contrario: ha sido demasiado. Ahora quiero ir más lento, porque siento que se me escapa de las manos sin que haya probado realmente su lento paso, su eterno peregrinar. Y veo cómo cambian las cosas a mi alrededor, cómo crecen y maduran, y cómo me llaman incesante y cómo crecen en mi interior las ganas de querer seguir su ritmo sin fin.

Sé que hemos recorrido mucho juntos. Sé que han pasado muchas cosas entre los dos. Pero quiero que sigan pasando, junto a ti, lejos de aquí y cerca del mundo, un mundo que sé que nos pertenece y del que formamos parte. Quiero besarte lento sin contar los minutos; acariciar tu cuerpo sólido sin deshacerme en segundos perdidos; sentir tu belleza suspendida; oler el campo lleno de manzanilla y oír crecer la hierba bajo el peso de nuestros cuerpos unidos, enraizados en la tierra que nos brinda una nueva oportunidad de crecer, juntos, hasta el cielo, hasta la eternidad.

Donde la hierba es verde, una esperanza que se abra para nosotros, juntos por fin, de verdad.

 

Callejeando ente piedras/ Walking on Stones.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen

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Una vuelta por el Camino/ A Glance of The Camino.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

ArteHistoria.com

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Un beso/ A Kiss.

Arte/ Art

Gustav Klimt (1862-1918)

Velázquez o la Eternidad/ Velázquez or Eternity.

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen

Diego de Velázquez (1599-1660) o la luz, el trazo, la sapiencia, el color y la Eternidad/ Diego de Velázquez (1599-1660) or light, brush, sapience, color and Eternity.