Que sea la última vez…: la vida en celofán.

   Que sea la última vez… , es la reedición de la primera novela de Màxim Huerta. En la primera, su título era más largo y adecuado, la portada muy almodovariana y a tono con el espíritu del libro. Lo tuve entre mis manos y lo dejé casi inmediatamente. Lo confieso: me ganaron los prejuicios. Aquel libro prometía un buen rato, entre alocadas aventuras de esa rara especie de personas que trabajan en el ambiente televisivo, y sin embargo lo dejé en la estantería con todos los demás.  La ligera modificación del título y sin duda una portada diferente han obrado un pequeño milagro: el libro es una sorpresa maravillosa, pero ahora está mejor, mucho mejor. Porque es mucho más fiel si cabe a la historia que cuenta entre sus páginas que la edición anterior. Antes estaba bien y era atractiva, pero ahora, desde mi punto de vista, la edición es perfecta.

   Màxim Huerta narra en este libro una historia envuelta en celofán, el mismo en el que vive su protagonista, Margarita Gayo. Una mujer que lo tiene todo: presentadora de televisión (veterana) de éxito, aún en la cresta de la ola; pudiente; casada y madre de una hija con espíritu de independencia. Amigas confidentes y confidentes menos amistosas; una vida, en suma, que para nosotros, de clase media, sería perfecta, salvo por un pequeño detalle: ninguna vida, ni la más adecuada, es perfecta. Y ella lo sabe. Y aquí comienza esta historia hilarante, llena de jocosas salidas de tono y de idas y venidas entre ropas de marca, masajes, bótox, viajes, limusinas, envidias, temores, cámaras y focos, maquillajes, estrellas mediáticas, vuittones y chaneles, belleza artificial y quebradiza, reportajes, ansiedades, lexatines y orfidales y soledad, mucha soledad.

   En Que sea la última vez… hay algo que nos atrapa, y no es ese ambiente delirante en el que todos hemos soñado estar alguna vez; ni siquiera la belleza de Madrid ni el embrujo de París. Es algo más íntimo, más propio, más normal: los sentimientos, los sueños que se cumplen quizá a medias, las expectativas y el día a día de la realidad. Margarita Gayo es una diosa de la televisión, y por lo tanto, una rea de sus necesidades de estrella. Su personalidad necesita baño de masas, saludos y arrumacos; pero ella es algo más. Detrás de las capas de maquillaje y las cremas hidratantes; la ropa de marca y la casa en La Moraleja, su vida se derrumba por un aparente ataque de ego, y ése es el verdadero punto de partida del libro: presenciamos la historia de un cambio devastador, y por lo tanto doloroso, que amenaza con alterar su vida para siempre. Y Margarita, como todos nosotros, siente pánico al cambio, y se adapta mal a aquello que le vine impuesto desde afuera, o que al menos cree que es exterior.

   Màxim Huerta nos adentra con humor, pero sobre todo con una extrema delicadeza, en ese miedo, en esos aires de cambio con los que nos identificamos todos. Dentro del celofán de su vida, Margarita Gayo encontrará que no todo es color de rosa, que no todo brilla, y que más que triunfar teniéndolo todo o quizá por estar empeñada en ese éxito que parecía serlo todo, en realidad ha dejado de lado su propia vida, su propio ser.

    Que sea la última vez… es un libro de descubrimiento y de lucha, y de aceptación. Inconsciente al principio, lleno de tropiezos, pues a todos nos cuesta darnos cuenta de lo que la vida quiere de nosotros y aún más de aceptarlo, pero finalmente desbordado como un río indetenible y puro. Que sea la última vez…, envuelve en su celofán una historia agridulce porque así es la vida, y una historia esperanzada, porque así es la vida. Retrata la soledad del triunfador, retrata la incapacidad para darnos cuenta de lo que vamos dejando atrás cuando nos anima un ímpetu más parecido a un sueño que a la realidad, y dibuja ese momento, variable para cualquiera, en el que la vida nos dice basta y nos obliga a admirar los restos que hemos dejado atrás.

   A Màxim Huerta le gusta bucear en las entrañas de los seres humanos; comprende el precio a pagar y acepta las normas del juego. Y sin embargo sabe que siempre hay una esperanza, aunque ésta sea diametralmente opuesta a la que esperamos, y que generalmente esta salida es aquella que en verdad merecemos. Su prosa está llena de una ternura inmensa, de un verdadero amor por sus personajes; el hedonismo que transmite en El susurro de la caracola aquí nos invade desde el principio, y todo es un mar de delicias, y todo es un canto a la esperanza.

   Margarita Gayo vive unos meses cruciales en su vida. Ni su medianía de edad, ni su lucha contra el tiempo que pasa, ni sus preocupaciones terminan avasallándola. Todos los personajes que salen de la pluma de Màxim Huerta luchan denodadamente por ser felices, es decir por ser verdaderamente libres, y consiguen redimirse, tras muchas vueltas y avatares, como nosotros mismos, apenas sin darse cuenta.

   Que sea la última vez… es un libro jocoso, hilarante, lleno de referencias al mundo de celofán que es la televisión y la celebridad; pero como los buenos bombones, encierra en su corazón un fin más profundo, una historia tierna, romántica, llena de olores y de tactos, una búsqueda inconsciente y la lucha que la acompaña, y finalmente la felicidad última, que es la verdadera libertad: poder ser nosotros mismos. En El susurro de la caracola ésta se hallaba entre los barrotes de una cárcel; en Que sea la última vez…, en los entresijos más escondidos de un corazón enamorado, enamorado de los demás, pero sobre todo de nosotros mismos.

   La prosa de Màxim Huerta es poso y promete mucho más. Y allí seguiremos para disfrutarlo, siempre que él quiera.

Juan Ramón Villanueva

Un aspirante-a-todo-lo-que-sea, que vive en Santiago de Compostela; dedicado a vivir demasiado en su cabeza; con grandes amigos con los que compartir todo los aspectos de la vida, y que empieza a necesitar expandirse más allá de sus propio límites geográficos. Aspiring-to-everything-that-it-is, living in Santiago de Compostela; dedicated to live too much in his head; with great friends with which to share all aspects of life, and that begins to need to expand beyond his own geographic limits.

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