Casi amantes/ Almost Lover.

   Almost Lover. A Fine Frenzy.

   Creí que te quería.

   No: creí que nos queríamos.

   Sí: pude imaginar una vida contigo.

   Imaginé una mañana igual que la otra, una rutina que empezaba en el amanecer, rozándonos en la penumbra, para terminar al caer la noche con un manto de ósculos escondidos, que resumían el final de la jornada separados, abriendo el umbral de la compañía.

   Pensé que nos amábamos.

   Tus caricias y las mías, el río de besos insaciables, de caricias que se perdían en una espalda y se encontraban a la altura del pecho. Mis risas y las tuyas, como ecos retumbando en el dormitorio apagado e iluminado por tu piel de estrellas. Tus suspiros y los míos una vez las ansias del cuerpo cedían el puesto al arrullo de la tranquilidad, de la calma: todo me hacía pensar en ti y en mí como una ecuación irresoluble, constante inalterable, sinceridad única.

   Pero eras infeliz. Tras el amor te echabas de espaldas y fingías dormir, tu respiración acompasada tejía pensamientos lejos de mí. Yo te daba la espalda también, para llorar a veces; por cansancio otras; para sentir el tacto de tu piel sudada y fría y el roce de tu cuerpo cerca del mío hasta prender en el sueño que lo olvida todo.

   Yo creía que era feliz. Vano sentimiento. No deberíamos buscar la felicidad. O no la felicidad en los amantes. Aquellos que se aman con un furor de infierno, aquellos que parecen congelar en la punta de los dedos unas caricias que derriten las intenciones o los actos, deberían encontrarse en la oscuridad del silencio, en medio de un público que nada les interesa, e irse tras unirse como animales salvajes, como espíritus solitarios de noches perpetuas.

   Sin embargo tú y yo nos quisimos. De una manera nuestra, como se aman las plantas, polinizándose sin querer ahítos de néctar; de esa manera única que casi los amantes encuentran, con sus propias leyes, sus secretos impronunciables y coreografías improvisadas. Nos quisimos de una forma que me llevó a pensar que éramos algo más que amantes, algo más que compañeros de juegos, que descubridores de placeres ajenos.

   Tus labios me hablaban con la saliva del silencio, y tus dedos sobre mi piel con el verbo del deseo. Yo esperaba tu llegada y fantaseaba durante el día contigo. Te llamaba en sueños; dibujaba tu nombre en el espejo del baño, cubierto del vaho de tu aliento.

   Mi lengua dibujaba senderos inhóspitos en tu cuerpo; tu piel se abría al paso de mis manos, y el deseo se apareaba entonces entre jadeos inaudibles y susurros de nombres perdidos en la niebla que nos cubría. Tú me esperabas con los brazos en jarras y la boca llena de sonrisas; una ojeras cansadas, un mohín de no sé qué, y juntos intentábamos (sólo intentábamos) llegar al final con valentía y una cierta pena que presagiaba el día de hoy.

   Nos hemos dejado. Te has ido. Me he escondido detrás de la puerta para no verte. Pero te he oído y tú me sentiste, pues eres quien mejor conoce mi olor. Sabías que estaba allí apretujado contra la pared, lloriqueando como los chiquitines, como los adultos que saben del fin y no pueden hacer nada para evitarlo.

   Puedo imaginar tus ojos llorosos diciendo adiós a una vida que no fue mala pero tampoco la soñada; en la que hubo casi de todo, excepto quizá felicidad. Y esa carestía se instaló entre tú y yo, espalda contra espalda, sudor y cansancio y lágrimas y silencio. Y quizá en el amor.

   Te fuiste sin despedirte. Callado, te alejaste como llegaste: en silencio.

   Y yo te vi irte. Callado, alejándote de nuestra vida en común como si en el fondo ése hubiese sido el final apropiado, como si alguien lo hubiese escrito de antemano. Y quizá haya sido así.

   Creí que te quería.

   No: creí que nos queríamos.

   Pero a veces el amor no es suficiente. O no este tipo de amor nuestro: casi amantes que no supieron vivir la rutina de un día a día nada singular.

   No: nunca hubo una vida contigo.

Juan Ramón Villanueva

Un aspirante-a-todo-lo-que-sea, que vive en Santiago de Compostela; dedicado a vivir demasiado en su cabeza; con grandes amigos con los que compartir todo los aspectos de la vida, y que empieza a necesitar expandirse más allá de sus propio límites geográficos. Aspiring-to-everything-that-it-is, living in Santiago de Compostela; dedicated to live too much in his head; with great friends with which to share all aspects of life, and that begins to need to expand beyond his own geographic limits.

One comment

  • Mi día no estaría completo sin tus palabras….
    Mi vida estaría muy vacía sin TÍ….
    Gracias.

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