Voces en el tiempo/ Voices in Time.

Todo libro escrito en primera persona es el retrato de una voz. Una voz que intenta definirse a sí misma, que defiende su forma de ver el mundo, y que retrata, dentro de su propia experiencia, la vida que posee.

No es fácil alcanzar ese tono límpido de una nota desnuda. Sin embargo, aquí y allá encontramos bocetos que nos acercan a ese bello milagro de la voz libre de artificios o sólo vestida con los ropajes de las circunstancias que la rodean.

El susurro de los árboles, de María Dolores García Pastor, ganadora del premio Novela YoEscribo.com en 2008, es un ejemplo de esa búsqueda inclemente a la que nos arroja la vida una vez que cesan los ruidos que nos rodean, una vez que se acallan los ecos de las demandas de los demás y quedamos solos con nuestros pensamientos. Es un libro de iniciación a la vida a través de la vida de otros. Su protagonista busca, a través de un pasado suspendido en el aire (y erróneamente creído perdido), entender su propias deficiencias, sus propios errores, hallando no sólo la paz que tanto anhela, sino un objetivo de vida, que quizá la salve para siempre.

Es un libro de inmersión. Un viaje a las consecuencias que el levantamiento del general Augusto Pinochet contra el elegido presidente Salvador Allende infundió en todos y cada uno de los chilenos que vivieron esos años de tumulto y desesperación. Todo país que ha vivido la tortura de una dictadura de cualquier signo (todas son extremas y, por lo tanto, todas se dan la mano, algo que quizá la autora olvida) tiene historias suspendidas que desean ser completadas, tiene susurros perdidos en el olvido, venganzas que nunca verán la luz (la venganza no es la solución al dolor infligido ni a la zozobra pasada), y huecos perdidos difíciles de entender y de llenar. En El susurro de los árboles asistimos al empeño de una mujer delicada y fuerte a la vez, impaciente y única, y muy idealista, en encontrar esos eslabones perdidos, esas historias capaces de tejer una arpillera eterna que le devuelva la paz, o al menos una justificación vital, a todos aquellos chilenos perdidos en el bosque de ausentes que la dictadura se llevó consigo.

Es un libro iniciático, porque su protagonista se adentra en un país del que desconoce toda costumbre y que va descubriendo poco a poco al mismo tiempo que se descubre a sí misma, perdiendo capa tras capa de su caparazón conforme las historias que conoce se suceden y le dejan huella. Es una historia de oleaje, en el que el pasado siempre es presente, y el presente una mera confirmación de un ayer inalterable y doloroso. No hay esperanza en lo irreparable, aunque el rencor navegue a flor de piel y los muertos se hallen perdidos en el limbo de lo desconocido.

La tragedia de Chile, horrenda, no es peor que cualquier otra, y aunque el relato de El susurro de los árboles incida quizá mucho en la excepcionalidad de ese hecho, aquellos años convulsos (¿son los actuales tan diferentes?), que vieron nacer muchas esperanzas que el tiempo sólo ha puesto en su justo lugar, han dejado en ese país un dolor y una comprensión sobre el mal ajeno que quizá sí sea digna de alabanza. La madurez de un pueblo se mide en lo que aprende de la historia, en lo que aprehende de su destino. Chile como nación, los chilenos como pueblo, nos han dado y nos siguen regalando una lección de serenidad y de entrega al presente que ya podíamos tomar en cuenta.

A pesar del dolor que las múltiples voces en el tiempo retrata El susurro de los árboles, en su interior brilla un corazón apasionado y un ansia de libertad únicos. Adela, su protagonista, lo busca sin saberlo; a través de su ciego empeño conseguirá no sólo fundir una historia perdida en el pasado, sino templar su propia historia, su propio destino de mujer. Y es aquí donde el libro brilla cálidamente: en el presente que todo lo justifica y que es capaz de borrar todo pasado, incluso el más doloroso e irreconciliable.

El amor es la fuerza, la única que da a luz la verdadera libertad. Las voces en el tiempo navegan en su busca, como todos lo hacemos: los que nacen, aquellos que lo persiguen o aquellos que huyen de él. Así es la vida. La vida que sigue pese a todo y en contra de todos. Porque sólo ella es Libertad.

Juan Ramón Villanueva

Un aspirante-a-todo-lo-que-sea, que vive en Santiago de Compostela; dedicado a vivir demasiado en su cabeza; con grandes amigos con los que compartir todo los aspectos de la vida, y que empieza a necesitar expandirse más allá de sus propio límites geográficos. Aspiring-to-everything-that-it-is, living in Santiago de Compostela; dedicated to live too much in his head; with great friends with which to share all aspects of life, and that begins to need to expand beyond his own geographic limits.

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