Buscar la propia voz/ Searching an own Voice.

a J.G. por lo que me ha inspirado y a C.H.A. por servirme de espejo.

   Hace un par de días, mientras veía un documental sobre Annie Leibovitz en el que ella analizaba su trayectoria, su vida en realidad, me di cuenta sin querer lo que en realidad significa no ser ya un artista, si no un ser humano. En ese documental se mostraba el camino, la visión de las cosas, la búsqueda de esta artista por encontrar su propia voz en el mundo de imágenes que creaba. Se veía la evolución de su arte, de su forma de ver el mundo, y cómo casi sin pretenderlo al principio, pero una vez consciente de ello con todas sus fuerzas, se aferró a las circunstancias de su vida, a los hechos que se iban amoldando y que le recordaban y afirmaban sus instintos más primarios sobre su talento o su capacidad creativa, y cómo influía todo ello en esa carretera bidireccional que es la existencia: en su propia vida y en la de los que la rodeaban.

Me aterra ver hacia atrás y encontrar que mi vida no es lineal; no parece fácilmente explicable ni mensurable en términos tan matemáticos. Quizá es cuestión de narrativa, pero con frecuencia encontramos que las personas triunfadoras (y no me refiero aquí a ese repugnante término de celebridad) gustan de tener una trayectoria vital llena de obviedades, en las que un paso lleva a otro paso y estos a los siguientes, en una constante búsqueda y hallazgo que inflama sus sentidos, los despierta y agudiza, hasta que encuentran su lugar en el mundo y consiguen hablarnos y seducirnos con su propia voz. La Historia misma parece llena de este tipo de conclusiones detalladas, de pasos explicables que llevan a situaciones vitales que encajan con el sentido de lo que ha ocurrido; de suerte que nos hacen pensar que quizá una mente precalra o un personaje algo más audaz pordría haber evitado alguna de sus desgracias o bien diseñado con extrema facilidad un triunfo, un hito, un éxito sin precedente previo, mereciendo su lugar en la memoria colectiva.

No lo sé. Es cierto que existen personas afortunadas (es un decir) que parecen caer en el medio adecuado, en el momento oportuno que necesitan para florecer y brillar; existen personas cuya firme creencia en su potencial y una determinación aún más terca, consiguen tras muchas batallas alcanzar ese mismo estado de gracia. Todas ellas parecen ser guiadas, alentadas por algo que las inflama y las posee. Eso es maravilloso. O debe serlo. No importa el campo en el que trabajen: desde un peón a un presidente de gobierno, todas parecen tener un destino marcado, una idea preconcebida de su deber en el mundo, consiguiendo esos sueños o esos objetivos con extrema dedicación y mucho, mucho esfuerzo.

Eso es algo que admiro de verdad. Porque nada más digno de celebrar que la grandeza de la vida, que la belleza y el sacrificio. He tenido la suerte de haber encontrado a lo largo de mi vida varios ejemplos (algunos tan recientes que sigo maravillado) y se han convertido para mí no en modelos a seguir, sino en respuestas que encontrar, en talentos que aprehender y asimilar.

Mi vida está llena de baches, de errores cimentados sobre sueños inabarcables; de gritos sordos que rebotan en las paredes de lo imposible y de una inquietante línea curva que parece no tener finalidad. Miro hacia atrás y me aterra encontrar oportunidades perdidas por mi falta de lucidez; un irrefrenable sentido del deber que se diluye en intenciones que perdieron su peso o que tal vez no lo tuvieron nunca; una ambición diluida en las cosas que pasan y una miopía grave y siniestra. A lo largo de los años que han pasado me doy cuenta que no tengo voz, o de la insuficiencia de esa voz, y por lo tanto, de la poca importancia que mi existencia tiene ante mis ojos. Nada de lo que hago parece tener interés, porque es algo que otros hacen también, y muchos de mejor manera; lo que pienso claramente carece de gravedad puesto que mi propio mundo naufraga sin que parezca que pueda hacer algo por ello; las circunstancias moldean las respuestas y no al revés; y la falta de luz hace tanta mella como la propia oscuridad. Me he esforzado tanto en desear ser lo que se quiere de mí, que el abismo que he creado entre yo mismo y mis sueños es tal, que sólo un cataclismo podría acabar con ello, y esa certidumbre y esa sensación hacen que contemple lo que hay y lo que puede haber con una cierta mirada y una actitud ambivalente: nada garantiza que consiga encontrar mi propia voz en medio de tamaño desastre, y sin embargo…

Me asombra que otros me digan que oyen melodía en mis intenciones, que parezcan ver una imagen de mí de la que yo no soy consciente, o no del todo. Deseando no ser más importante que nadie, pero sí único a los ojos de quienes nos importan, puede que mi voz se halle escondida entre mis propios gritos, y que sólo el silencio, al que me he visto abocado por lo que ocurre actualmente en mi vida, consiga al final tamizar todos esos estratos de vivencias, todos esos tropiezos y circunstancias ya perdidos en mi historia. Puede que haya conseguido todo lo que yo creía que no deseaba y que eso me haya llevado al punto en el que hoy me encuentro. Puede que estas sensaciones, ambivalencias, preguntas calladas y deseos frustrados fuesen necesarios para llegar al momento en el que el silencio ayude a revelar mi propia voz. Puede que juzgar tan duramente lo que he sido no sirva de nada y que la paz sellada entre aquello que fui y lo que soy sea la clave para ponerme de pie, afinar mi garganta y emitir por fin mis pensamientos, ideales y sentimientos sin miedos ni prejuicios, libres y únicos, enteros por fin.

La clave de toda vida, independiente de cualquier circunstancia o estrato, es llenarse de arte, es descubrir la luz, es ser aquello que debemos ser. Es hablar, sentir y crear libremente y con nuestra propia voz. Vamos allá…

Juan Ramón Villanueva

Un aspirante-a-todo-lo-que-sea, que vive en Santiago de Compostela; dedicado a vivir demasiado en su cabeza; con grandes amigos con los que compartir todo los aspectos de la vida, y que empieza a necesitar expandirse más allá de sus propio límites geográficos. Aspiring-to-everything-that-it-is, living in Santiago de Compostela; dedicated to live too much in his head; with great friends with which to share all aspects of life, and that begins to need to expand beyond his own geographic limits.

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