Es lo mismo y es igual / Equals After All.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

I’m From Driftwood.

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Me llamo Andrew Start in soy de Spokane, Washington. Spokane es la típica villa, ni grande ni pequeña, del estado de Washington, por lo que es una ciudad de mentalidad más bien estrecha. Así que crecer siendo gay allí no brinda ningún punto de referencia culturalmente hablando. De pequeño mis intereses se decantaban por lo artístico y los musicales,  como de seguro le pasa a la gran mayoría de gente homosexual en esos años.
Me presenté a una audición en el Teatro Cívico local para una obra llamada “Mi chica y yo”, que era un espectáculo de danza tap, y lo pasé. Allí conocí a una mujer que ya había trabajado previamente en otras producciones del Teatro Cívico y, por la razón que sea, le llamé la atención desde el principio. Así que desde el primer día de ensayo se acercó a mí e intentó iniciar una amistad que se cimentó posteriormente. Era mayor que yo, unos 20 años y yo tenía 15. Y no sé si ella deseaba protegerme; mirando atrás creo que eso es lo que más le atrajo de mí.
Así que nos hicimos amigos rápidamente. Comenzamos a salir cada noche después de los ensayos; ella tenía coche y me enseñó a conducir y a fumar, todas esas cosas que no se me tenían permitido siendo tan joven… Poco a poco desarrollamos un contacto más íntimo y sexual, por lo que creamos una especie de amistad sexual que duró bastante tiempo… Al cabo de un año yo terminé la relación. Le dije que era homosexual, que ya había explorado lo suficiente y que necesitaba experimentar con chicos de mi edad, del instituto y de fuera del mismo, como los que formaban parte del mundo del teatro.
Y lo dejamos pasar. Comencé a salir con un chico del grupo de teatro y, un día, recibí una llamada suya, bastante alterada y llorosa. Le dije que no quería hablar de eso, que ya todo había acabado y que quizá debiéramos dejar pasar algo de tiempo entre nosotros. Ella me respondió que eso sería imposible pues estaba embarazada. En ese momento intenté imaginar cómo pudo haber pasado, pues siempre habíamos usado protección…, excepto una vez. Y en esa vez concebimos a un niño.

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Y el arreglo al que llegamos, puesto que nuestras vidas eran tan distintas, ella con 20 años y yo con 16, sería abortar… Pero creo que el hecho de ser ella más mayor que yo, haber terminado el Instituto y todo eso, la hizo recapacitar y decidir que quería tener el niño. Y me hizo ver que, aunque estaba preparándome ya para ir a la universidad, que podía tener dos posibilidades de actuación: ser parte de la vida de ese niño por venir o simplemente quedar fuera de ella., ya que el niño no tendría si quiera que saber quién era yo.
Y sopesé lo que me estaba ocurriendo. Tenía 16 años, un futuro universitario por delante, a punto de salir del armario… Obviamente no pensamos para nada en vivir juntos o casarnos. No queríamos ser esas parejas que acaban odiándose porque no se permiten vivir siendo lo que son tres años después. Imaginarme divorciado, con 18 años y un niño de tres… Pero lo que sí tenía claro es que quería formar parte de la vida de esa niña que estaba por venir. Porque era una niña…
Así que le dije a mi padre lo que ocurría y no salió de su asombro, ¡ya que pensaba que era gay! y ahora estaba en medio de todo aquello. Y mi madre alucinó desde el principio… Pero se portaron maravillosamente, estando siempre cerca y apoyándome en todo y así, cuando Chandler nació, lo hizo en el seno de una familia para nada convencional pero que la rodeó de asistencia y cariño… Y el resto es historia…
Fui a la universidad. Nunca dije que no lo hiciera, y, aunque me esforzaba por estar junto a ella todo el tiempo que tenía libre, sé que me perdí momentos importantes de su vida y aunque es difícil crear un lazo de unión lleno de ausencias durante los primeros años, a medida que crece nuestra conexión se va haciendo cada vez más fuerte aunque físicamente no esté siempre con ella.
Mi hija está preparándose ahora para entrar en el Instituto el próximo año y es una locura… Pero aún hoy no he recibido esa llamada telefónica en donde me acusaría de haberla abandonado todo ese tiempo y que me odia por eso, aunque muchas veces la espero… Mantenemos el contacto gracias a Skype, que está muy bien porque así nos vemos mutuamente mientras conversamos y así podremos desarrollar una relación más íntima y cordial.
Y aunque probablemente no seré capaz de tener un niño con la pareja que escoja, el tener a Chandler me ha abierto a la oportunidad de aumentar la familia que cree, bien sea a través de la adopción o algo similar. Sin ella en mi vida, probablemente nunca habría sopesado el hecho de ampliar mi concepto familiar hasta este punto, una vez que consiga a la persona adecuada para ello.


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