Alrededor de mi cárcel/ Turn Around My Jail.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Soy un solitario. Siempre lo he sido. Y ahora serlo ya no me preocupa. Creo que todos lo hemos sido alguna vez, o que lo somos en algún momento del día. Y está bien que así sea.

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Tengo una manera explosiva y dramática de expresar mi ira. Todo pasa en poco tiempo, quizá cinco minutos, pero tiene la fuerza de la naturaleza, la abrasadora sustancia del fuego que todo lo destruye. Así soy yo. Pero, una vez pasada la tormenta, al contemplar la destrucción que he dejado a mi paso, la culpa se encarga de apagar las llamas y de llenarme de remordimientos.

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Me resulta muy difícil de decir: «Lo siento». Sin embargo soy grácil y generoso con la Gratitud, que no olvido nunca.

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Arrastro una marea de remordimientos. Pero, así como la Vida pasa a través de mí, les hace perder peso e importancia en el mundo. Hoy soy más libre de lo que era diez años atrás. Ésta es una de las múltiples caras de la Libertad.

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Amo lento, hondo y apasionado. No sé hacerlo de otra forma.

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Atesoro grandes esperanzas en aquellos a los que amo. Y eso es una cruz para ellos y para mí. Sin embargo, que ellos lo ignoren es una fortuna. Sólo el fluir del tiempo me ha enseñado que cada quien tiene su propio ritmo, florece en su propio espacio, libera su ser más íntimo cuando se siente seguro de ser querido. Todos vamos alcanzando, apenas reconociéndolo, aquello para lo que hemos venido a hacer aquí, que es vivir.

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Soy una persona extremadamente tímida. Pero me convierto en un payaso nada más me siento cómodo y querido, o tengo un brazo del que apoyarme. Soy capaz de mover el mundo. Y eso es una tontería muy graciosa.

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Me odio a mí mismo la mayoría de los días; los segundos caen y se transforman en días y los días en años. Pero Dios ha dulcificado ese burdo sentir, y hoy soy más indulgente conmigo de lo que fui ayer.

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Soy demasiado perezoso como para ser tildado de adicto al trabajo.

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Estudié Medicina para saber cómo estaba hecho el hombre, qué mecanismos y por qué causas se produce ese maravilloso milagro que es el cuerpo. Pero nunca me imaginé a mí mismo ejerciendo… Y ahora me encuentro en la parte más alta del servicio médico… Si esto no es irónico, nada lo es.

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Amo lo que hago, adoro mi trabajo. Pero no es mi sueño. Y por eso no me entrego a él con la pasión que se merece. Y sé que es un error.

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Amo el Servicio. Ser médico significa eso: Servir. Es la única razón por la que ejercer Medicina. Este regalo, que recibo día a día, me sigue llenando de intrigas y aún me maravilla.

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Escribo en mi soledad. Vana poesía. Pensamientos deshojados. Incluso una novela. Profunda y lírica; quizá demasiado. Pero alguien me dijo hace veinte años que debería esperar hasta tener cuarenta para poder aprehender algo tan vasto. Tenía razón. No estaba preparado de aquélla para escribir una historia semejante. Pero ha seguido viva dentro de mí, y eso de por sí es un milagro. Así que el tiempo ha llegado y he acometido esa tarea con mucha timidez e inconstancia. Pero la acabaré. Lo haré. Porque quiero ver vivos a esos personajes que me han acompañado media vida, y porque se lo merecen.

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Solía dibujar realmente bien y ver la vida con otros ojos. Continúo viendo a la vida llena de colores desbordantes, pero nunca más he vuelto a dibujar. No sé cuándo lo abandoné ni por qué. Ahora tengo miedo de no saber hacerlo, y por eso no lo intento.

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Me encanta la música. Y me dejo llevar por su sonido y, si las letras bañan de significado, me dejo guiar por ellas. Amo a las palabras por encima de toda creación artística. La música me inspira y me ayuda a ver la vida desde otros ángulos. Violines, pianos, flautas, guitarras… Pero las palabras evocan en mí otras sensaciones y otros sueños.

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Leo. Leo muchísimo. Literalmente ingiero libros.

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Sin embargo, sé que debería estudiar más.Pero me aburre. Y por eso he dejado de hacerlo.

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Me hallo en este gran agujero todo el tiempo. Escalar las empinadas paredes que me rodean me roba toda la fuerza, todos los esfuerzos que puedo tener. Pero, a pesar de ello o debido a ello, sigo vivo, por lo que continúo intentando ascender hasta ese borde que asegure mi libertad. Quizá escalar sea la metáfora que mejor describa mi vida en estos momentos.

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El Tiempo pasa y me hago mayor. Nunca me ha gustado, pero me voy acostumbrando a ello. Me gustaría mucho mejorar mi aspecto físico, conseguir en la madurez ese estado que parece reservado sólo a la lozanía de los primeros años y que yo nunca he tenido. Un paso más en la lenta ascensión a la que dedico parte de mi vida. Quizá sea el momento de afrontarlo todo, cambiarlo todo y romper la crisálida de una vez, sin importar las consecuencias que una destrucción sin igual pueda tener. Puede que sean horas de dejar todas las cenizas atrás.

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Me rio. Alto y claro. De forma políticamente incorrecta. Y mucho. Y me encanta. No me importa si eso perturba la quietud de los demás. Ya no.

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Y sin embargo, en lo profundo, soy dueño de una extraña paz ante la Vida. Como si, en el fondo, supiera que una mano me sostiene. En el trabajo han llegado a llamarme, con mucho humor, el Doctor Zen. Quizá porque confío demasiado en mi intuición. Mi instinto me habla, me guía… Y quizá también porque asumo que, una vez se ha hecho todo lo humanamente posible, todos quedamos en brazos del Destino.

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Me encantaría hablar Inglés correctamente. Y aprender algo de Italiano y Alemán. Pero Italiano…

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No tengo habilidad alguna para hacer listas. Eso se lo dejo a un escritor norteamericano, del cual soy seguidor y amigo, porque lo merece. A él le gusta mucho confeccionar listas, de todo y para todo. Y lo hace muy bien. Como prueba, se ve que yo soy un desastre.

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Generalmente reacciono en vez de actuar. Cada vez que he intentado poner en marcha un proyecto, una ideal, un cambio, la Vida me demuestra que mis deseos no se pueden hacer realidad, no como yo sueño que sean. Así que he aprendido a hacer aquello que tengo que hacer y esperar… Las cosas ocurren, las personas aparecen y se van cuando deben hacerlo, no cuando quiero que lo hagan. Y ésa es una lección dura de aprender.

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Amo a Dios. Como a un Padre. Él es mi religión. Me siento seguro, pues siento su presencia, aún en la hora más oscura, por todas partes, rodeándome.

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Adoro el Otoño. Es mi estación favorita del año, con sus rosas, sus amarillos y castaños… Y la Primavera, con sus días eternos y sus atardeceres lentos y perezosos… Soy muy melancólico.

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No puedo tolerar el sufrimiento ajeno. No me puedo resistir ante una caricia o ante una sonrisa escondida. Cualquiera puede conquistarme para siempre con gestos así de simples. Y mi confianza es eterna como el universo, amplia como el espacio y estable como la vida.

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Soy perdurable, confiable y constante. En todo. Hasta en la indiferencia.

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No tolero el ruido. Odio ser interrumpido, molestado, cuando estoy concentrado y rompen ese momento mágico que me atrapa. Me gusta la calma, la música que atrapa y arrulla, y una gran chimenea encendida y el sonido de las olas en la playa y el aroma de la sal marina.

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Me gustaría vivir por siempre contemplando el mar.  Y morir viendo la costa. Adoro la Naturaleza y las montañas, sabias y serenas, pero mi elemento es agua fluida, espuma y sal.

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Tengo los mejores amigos. Desconozco la extraña razón, pero son para siempre. Los amo a cada uno con un amor cada día menos egoísta, que ellos me enseñan. Soy un aprendiz de su cariño. Y me gusta serlo.

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Amé a alguien que nunca me amó, ni siquiera un poco. Y amé mucho, mucho, por dos. Y nadie se fija en mí, que llevo este secreto escrito en los ojos… Así que estoy solo.

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No duermo. Pesadillas; mala conciencia; mala suerte; pensar demasiado. Lo que sea. Lo único cierto es que no duermo. Por eso sueño despierto.

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Crecí a la vera del Mar Caribe.

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Mido 1,97 metros. Es sólo genética. Pero todos, de pequeño, me decían que sería mucho más bajito. No hay que confiar en tanto visionario. No debemos dejar que nadie nos diga qué somos ni lo que seremos. Dios es un gran tipo. Hay que seguir, seguir siempre, y vivir.

I’m a loner. Always have been. And now I don’t care about it. I guess anybody is at some point of life and at some level everyday.

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I have this explosive way to express my anger. It only takes five minutes, but during those minutes, we can figure out a big tsunami leaving all destroyed. That’s me. But I feel guilty right away.

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It’s hard to say I’m sorry. But I never forget a kind gesture. Ever.

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I have tons of regrets. But as Life passes by, they’re cleaning themselves. Now I’m more free than ten years ago. That’s one of the many faces of Freedom.

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I do love deeply. I don’t know any other way to do it. So, I do it.

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I have high expectations from the people I care. But Time showed me that’s better to hide them and just wait that people by themselves develop those magic and unique gifts they have inside at their own pace. Don’t rush things. Everything has an inner rhythm that needs to be respect. So, I do it.

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I’m a ver very very shy person. But when I feel secure and surrounded, I’m a clown.

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I hate myself most of the times. But God softened this insane hate and now I’m more indulge with myself.

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I’m too lazy to be considerer as a workalcholic.

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I studied Medicine to know how this wonderful body we have works and produces its magic. But I never pictured myself practicing… And now I’m on the top of the Medical Services… If in this isn’t ironic, then nothing will be.

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I do love my job. Though, it’s not my dream.

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I do love to Service. Being a Doctor to me mean this: to service. It’s a reason to practice Medicine. This everyday gift is still intriguing me.

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I write in my solitude. Poetry. Random thoughts. Even a novel. A lyric one. But someone told me 20 years back that I was unable to write something so deep until I was 40. She was right. I wasn’t prepared to write that story. But it kept alive inside me through all of these years. And time’s up. So, i’m doing it with shyness and inconstancy. But I’ll do it. I will.

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I used to draw very well. I used to see Life through different eyes. I’m still seeing Life with different colors, but I never draw again. Don’t know why I stopped, but now I’m afraid to discover I cannot do it anymore.

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I do love music. And I listen to the music and, if the lyrics are meaningful, to them too. I love words above all. Music inspires me and helps me to see Life through different ways. Violins, pianos, flutes, guitars… Lyrics evoke inside me other sensations, other dreams.

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I do love to read. I literally eat books.

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I have to study more. But I don’t feel like it.

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I’m trapped in this big hole all the time. To climb the walls that surrounded me takes all the efforts I could have. But I’m still alive, so I’m still trying to. Maybe to climb is the best metaphor of Life for me right now.

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Time passes and I’m growing old. I never liked it, but now I’m getting used to it. I want to achieve a better physical looks, that one I never had. Maybe I’m still on time to achieve that gift to me. Though I don’t know how.

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I laugh a lot. So hard and so loudly. So politically incorrect. That’s fun.

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I have this inner calm in Life. At work, they call me Zen Doctor. Maybe it’s because I trust too much in intuition. It speaks to me, guides me… And, maybe it’s because, once we do all we humanly could do, there’s nothing more than Destiny.

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I would like to speak English correctly. And learn to speak Italian. And some German. But Italian…

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I’m not good at doing lists. I’ll leave to a great writer and good american friend. I’m his fan because he worth it. But he likes making lists too much.

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I react rather than act. Life snapped at my face every time I wanted to achieve something. I just learned to do what I have to do and wait… Things happen when they’re meant to be. That’s not an easy lesson to take.

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I do love God. Like a Father. He’s all my Religion. I feel secure. I feel his Presence everywhere.

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I do love Autumn. It’s my favorite time of the year, with its roses, yellows and browns. And Springtime, with those long days and slow rose sunsets… I’m melancholic.

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I can’t stand suffering. I lose myself with a gentle touch and a shy smile. Anybody could conquer me with those simply gestures.

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I hate Noise. I hate being disturbed while I’m concentrated. I love calm and music and a big fireplace and the sound of the shore and the smell of the salt.

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I’d like to live in front of the sea forever. And dying watching the sleepless shore. I love Nature and Mountains, but my element is fluid water, salt and foam.

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I have the best friends. Though I don’t know why. But they’re forever. Love each of them deeply.

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I loved someone that never returned me love. So I’m hurt. Hurt. And alone.

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I don’t sleep. Bad dreams; bad conscience; bad luck; thin too much. Whatever. But I don’t do it. So, I’m sleepless.

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I grew up by the Caribbean Sea.

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I’m 6 feet 5 inches tall. It’s genetics. But everyone, as a child, kept telling me that I’d shorter. Don’t trust anybody with those psychic powers. Don’t let anybody tell you what you’re or you’ll be. God is a great person. Go on, go on, and live.

4 comentarios en “Alrededor de mi cárcel/ Turn Around My Jail.

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