La espera/ Waiting.

11/04/2014

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 © Sergio de Luz

 Esperando la llegada del día. El lento amanecer. El reflejo de tu piel.

   El tiempo pasa, a veces demasiado lento, en esta espera infinita.

   Cierro los ojos y el aroma de tu cuerpo llega hasta mí y es como recrearte en la nada y llegar a tocarte y desearte sin fin.

   La espera es de goma y me envuelve en su arrullo. De bronce, de hierro. Sus dedos me aferran y me inmovilizan.

   Y pienso en ti.

   Tu sonrisa. Tus ojos de arena tostada. El ocaso de tu voz y la caricia firme, que se atenúa dibujando el camino de mi espalda hasta el cuello.

   Y tus besos de sal y de almendra.

   En la espera te dibujo. El deshielo de tu recuerdo apacigua mi sed. Y me vuelve loco.

   Esperando la llegada de la noche el viento se agita. La soledad sonora grita hasta dejarme sordo.

   Y pienso en ti.

   En tus dedos de alambre, en tu torso desnudo, en el reflejo de la luna en el balcón de tu piel.

   El tiempo pasa y me sobrepasa, se hace eternidad en un día y miles de segundos en las pestañas. Y estoy solo. Y me vuelve loco. Y no llegas.

   Intento oír tu voz oscura en el trasiego de la espera eterna. Y me hago de piedra y de salitre y de pan mientras espero.

   Mientras espero que vuelvas a mí.

   La espera es mi esperanza y también mi prisión, mi anhelo y mi castigo. Y me siento inútil y muchas veces también vacío. Mi imaginación se seca, mis latidos se enlentecen. A veces incluso parece que estoy muerto.

   Pero el dolor de tu ausencia me recuerda que sigo aquí, lleno de piel y sangre y ganas y soledades.

   En la espera el amanecer no llega. Y continúo extrañándote.

   842e6e36bcb111e3a245124b25c24b3c_8Recuerdo que cerré los ojos.

   Me lancé sin pensar, sintiéndolo mucho, sabiéndolo mucho.

   Estaba todo oscuro. Sólo podía sentir el latido de su corazón y oler el aroma de su pecho.

   Mi rostro se hundía con cada respiración suya y me mecía en un arrullo parecido al mar.

   Era el océano.

   Su piel suave, su pensar discreto.

   Entre sus brazos el mundo era otro en el que ni siquiera yo tenía nombre. Porque poseía el suyo.

   Entre sus brazos el tiempo transcurría lento, como un atardecer cansado. Y lleno de color, cielo atravesado por el sonido de su risa de cristal.

   Recuerdo que me dejé llevar. Así. Sin pensar. Sintiéndolo todo. La fuerza de su abrazo, el cosquilleo de su pelo, el sabor de sus labios.

   Me perdí entre sus brazos para saber quién era yo. Para saber que era yo. Para sentirme, para conocerme, para olvidarme y ser un sólo ser, escindidos por un juego del destino.

   Y su perfume en la piel clara, y su arrullo en la voz suave, y el constante rumor de su corazón, que era todo amor…

   Me perdí entre sus brazos para encontrarme con él. Para ser él. Y ser yo.

   Qué felicidad.

   

   _DSC2778fgCallado. Los ojos risueños. Pupilas verdes.

   Labios plegados. Aliento suave. Ademanes discretos.

   Él es uno más. Pero es alguien más.

   No es una vida cualquiera. Es él.

   De repente una sonrisa. Y el cuello que nace en el pecho al descubierto.

   Y mi mirada se turba.

  Podría ser él. Podría ser un sueño de piel y sentidos. Podría ser todo lo que yo hube esperado.

   Pero yo no.

   Soy invisible. Soy imposible. Balbuceo y callo. Y se me caen las cosas de la mano. Y un manojo de nervios en el estómago. Y sonrisa tonta cuando me llama.

   Yo soy una cara más en su mundo singular. Un momento pasajero en su tiempo sin igual.

   De repente se acerca. Y hasta me sonríe. Y extiende su brazo fuerte y, en ademán, aprieta mi mano.

  Siento que me deshago con su contacto cálido, con su firmeza de madera y y rosas.

   Él huele a rosas. Y mi corazón late desbocado sin que nadie lo detenga. Ni siquiera yo.

   No me importa soñar mientras esté así de cerca. E imaginarlo a pocos centímetros de mí, con el calor de los cuerpos que se encuentran y el rumor de unos labios en la piel y el baile de los dedos por la espalda.

   Y cierro los ojos…

   Me habla. O no. O lo imagino. O me deja a un lado.

   Y abro los ojos.

   Y allí está él, con una sonrisa única en su rostro perfecto. La camisa entreabierta, y el cuello partiendo de la nívea clavícula, y el brazo alado que nace del cuerpo de paloma…

   Y se va. A saludar a alguien más. A esa persona que sí le ama, o que él cree que ama.

   Que no soy yo.

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   1517038_1466177073612484_183375538_nLa noche soñada, Premio Primavera de novela 2014, es la nueva aventura literaria de Màxim Huerta.

   Desde la preciosa edición, con una cubierta evocadora y dulce, llena de brío y libertad, La noche soñada es una novela de múltiples capas que absorbe el paso del tiempo y lo descompone en un mar enorme de sentimientos y sentidos y quereres que se pueden oler, sentir y tocar.

   Màxim Huerta no miente como escritor: todo lo que le ha llevado hasta aquí está presente. El amor por la gastronomía, que hiende en los sentimientos de los personajes y los retrata; el mar azul, con aires de Mediterráneo, que los define y los acuna; la música, donde el bolero nada rítmico con el batir de las olas; la oscura presencia de la violencia y sus consecuencias, y la pérdida y el encuentro del amor.

   La noche soñada no es la historia de Justo Brightman. Desde un cristal masculino, Màxim Huerta nos retrata un mundo femenino único, regalando un abanico de personajes encantadores, llenos de secretos y socarronería; que luchan incansablemente para dibujar la felicidad en cristales de vapor y en letras de canciones; que crean su propio universo escapando de la prisión de la realidad. Y la realidad siempre es más caleidoscópica, más poliédrica de lo que jamás pensamos.

   La noche soñada es una novela de mil capas y un solo corazón. Quizá es la historia que todos quisiéramos vivir. Aún con su lado amargo y pedregoso. O tal vez es la historia que todos hemos vivido pasado por el filtro de su pluma y de sus gafas. Es decir, un mundo único, una evocación irrefrenable, una melancolía dulce, una disección delicada, sentimientos profundos y cierta desazón nada escondida, que fluye sin casi decirnos nada.

   Lo dulce… Lo dulce esconde un lado amargo. Lo brutal, la delicadeza más pura. El miedo, las alas para vivir en libertad. Y siempre, siempre, la herida del dolor, la búsqueda de lo que llamamos a veces felicidad, que justifica cualquier acción, todos los actos, incluso los más oscuros y callados, que a veces llevamos con nosotros como una cruz imaginaria. Justo Brightman es más parecido a nosotros de lo que jamás imaginamos.

   La noche soñada es un sueño de amor filial, fraternal y vital. Un viaje nada fácil, un retorno y una constante huida hacia adelante. Es el Màxim Huerta de El susurro de la caracola más que de Una tienda en París, y sin embargo… El sonido envolvente del mar, las luces de colores, los barquitos de papel que penden como estrellas en el cielo, los tapices donde se dibujan viajes increíbles, las partituras trabucadas que calman su enredo con el beso del viento; el descubrimiento del amor, que trastoca mundos e inflama deseos… Es leer vida y saborear el baile de los años desde una sencillez nada simple y desde una lucidez nada aséptica.

   Es Màxim Huerta en estado puro. Y de felicidad.

ADOLFOSUAREZ

Entre la Libertad y la Concordia. Entre le Servicio y el Honor. Entre la Inteligencia y la Ambición. Entre la Sencillez y el Donaire. Entre el Silencio y el Ruido atronador. En la Memoria siempre estará él.

Querido, odiado, admirado, deseado, por siempre incomprendido, tenaz y voluntarioso, Adolfo Suárez, quizá el mejor político que hubo en España, quizá el único hombre de Estado con poder que lo ha ejercido con seriedad, dedicación y, lo más raro de todo: Servicio.

No: ya no hacen hombres así. Y por eso España, y el mundo, están desnudos. Los políticos no tienen esa talla, no le llegan a la altura de la mirada. No son lo que él siempre fue.

No necesitó nunca emplear un arma, sólo con la fijeza de su ambición, de su claridad de ideas, de su corazón. Y su entera dedicación a ser lo mejor que pudo haber sido.

Hasta otra, presidente. Usted sí merece una gloria bendita. Y más.

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Aquí/ Here.

22/03/2014

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 Siempre supe cuándo llegaría el amor. Cuando llegarías, el lugar y la hora exacta, y cómo serías.

   Tengo el corazón revuelto. Y las ideas fundidas.

   No como, no duermo, y sin embargo me lleno de ti y te sueño.

   Siempre supe que rondabas cerca. Porque los dedos latían con las ganas de tocarte y la risa se me escapaba tonta de la boca, los dientes al aire y la voz entrecortada llena de suspiros.

   Lo supe cuando te vi. Cuando te acercaste. Cuando me saludaste y me inundó tu olor, a mar y a arena. Y al ver tu piel de bronce y el guiño gracioso del sol en tu pelo.

   Si, lo supe aquí mismo: el amor me llegó como la marea y lo impregnó todo: mi cabeza que ahora no piensa y mis pies, que llegan volando hasta ti.

   Aquí, a mi lado, un corazón late lento, y unos brazos me rodean. Aquí, cerca de mí, alguien desea ser amado como yo, desea ser deseado como yo, sueña con ser idolatrado y comprendido y aprendido como yo siempre lo he querido ser. Y ese alguien eres tú.

   Tú: quien siempre supe que llegaría. Y a quien he amado toda la vida en secreto. Un secreto que brota de mi pecho y llega hasta tus labios dejándonos sedientos.

   Te quiero, te dije. Te quiero, dijiste. Te necesito, dijiste. Te necesito, te dije. Aquí. Sí. Y ahora.

   En esta noche, mientras nos enredábamos en un lío de pieles y brazos y piernas. En esta noche, cuando recibía el oxígeno de tu aliento y la calma que yace tras la pasión y quizá la locura serena y también las esperanzas, supe que eras tú aquél por el que valía la pena esperar, y ensayar y desear. En esta noche, aquí, junto a mí, lo supe. Y no puedo más con el corazón, que hace que llore una y otra vez, enjuagando tu sudor y tragándome las palabras.

   Aquí, contigo a mi lado tan dormido que pareces una estatua cansada, mi amor se funde con tu cuerpo y somos uno, y soy más feliz de lo que nunca hube sido. Porque estás junto a mí.

   Alguien que desea que le ame, que le cuide, que le proteja, y que le deje libre, de esa manera única que nos regala el verdadero amor.

   Aquí yaces, conmigo. Y todo es felicidad.

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