Una idea, un cuento/ An Idea, a Short-tale.
23/01/2012
Hace un año, Cris Montes me preguntó si era capaz de escribir una historia partiendo de una idea que ella me diera. Y de ahí nació Cigarrillos y cenizas.
Creo que fue un ejercicio fascinante y siempre es un lazo que nos une más a las personas que leen nuestras creaciones, nuestros pequeños cuentos y poemas narrativos.
Así que he pensado que sería una idea divertida pedir a los lectores de este modestísimo blog que, si quieren una historia de la que sentirse partícipes, lancen al aire una idea, y veremos qué pasa.
Una idea, un cuento para crear algo distinto y divertido de lo que todos seamos autores.
Al enamorarse/ Falling in Love.
22/01/2012
Atado a ti/ Tied on to you.
21/01/2012
La cama vacía/ An Empty Bed.
20/01/2012
Cama vacía. Ni la sombra del peso de tu cuerpo, ni un pliegue de más.
Vacío interior. El cuarto está callado, atontado por un silencio que no le es propio. Extraña los susurros, los roces, algún ronquido y los gozos.
Interior lejano. Ya no soy yo. Porque tú no estás. Y tú eres más que yo y yo debería serlo también. Pero miro la cama vacía, sin sombra de tu peso, sin marcas de consuelo y de algarabía, y sé que no puedo. No todavía.
Lejano renacer. Desde la ventana parece que llega el alba. Y sólo ilumina una cama vacía. Con sus pliegues intactos, con sus cojines y sus almohadones de plumas y sueños rotos. Con mi corazón en pedazos acostado junto a mi cuerpo, que yace solo en el suelo, abandonado.
Renacer pesado. Qué lento es caminar hacia el olvido. Que está hecho de pasado perdido entre las sábanas intactas, que ya no huelen a ti, si no a jabón y suavizante, a lágrimas secas y anhelos congelados. Qué triste es volver a nacer en silencio, acostumbrado a hablar por la boca y por el corazón.
Pesado silencio. En nuestro cuarto todas las cortinas están cerradas, como el telón de una obra ya concluida. Y se oye el crujido del parquet y a veces el lamento de mi corazón. Creo escuchar tus pisadas y giro alguna vez, todavía, para encontrarte. Pero sólo hay aire y nada flotando entre tú y yo.
Silencio vacío. Como la cama vacía. Que abre sus brazos para acoger un amor que ya ha caducado; que parece erguirse a saludar un amor que ya es pasado. Como tú y yo.
Etta James: At Last.
20/01/2012
La primera vez…/The first time…
18/01/2012
La primera vez que te vi no he podido olvidarla. Tropezamos, creo, y te sonreí todo torpe y tú ni me miraste, pensando que era otro más.
La primera vez que vi tus ojos quedé prendado de su brillo. Entre azul y castaños por la sombra o la lluvia, y tus pupilas fijas. Llovía, y las gotas caían por tu pelo y por tu frente y se quedaban prendadas en tus pestañas como cristales maduros. Y cuando pestañeaste, rodaron hasta el suelo tintineando. Apartaste tu mirada de mí y seguiste tu camino.
La primera vez que te vi la tierra tembló bajo mis pies y un escalofrío me recorrió por entero. Llovía, y bajo la capa de agua que caía, me atreví a tocarte como quien acaricia a una estatua. Y al pasar a mi lado detuviste tu marcha y volviste tu rostro intrigado. Tus ojos descendieron hacia los míos y yo quedé petrificado, sonriendo todo torpe y mudo.
- Hola.
Dijiste. Y la voz más profunda salió de esa boca perfecta de un color rosa pálido, por el frío quizá, y quisquillosa por la lluvia.
La primera vez que oí tu voz quedé paralizado. Porque era oscura como un secreto, envolvente como una ola, fresca como la lluvia que caía sobre nosotros y hacía ríos de mis mejillas y de mis pies.
Y sonreíste. Y la sonrisa maravillosa salió de tu cara como el sol tras de las nubes. Y dejó de llover, o yo dejé de sentir la lluvia que caía, prendado como estaba del brillo de tu sonrisa, del fulgor de tu rostro, de la mirada acuática que salía de tus ojos. Y sonreí.
La primera vez que nos besamos fue en aquella esquina, bajo la lluvia. Yo estaba mudo y calado hasta el corazón. Pero fue sentir la carnosidad de esa boca de rosa y convertirme en un ser líquido, moldeable, maleable, acuático. Un cosquilleo divertido sembró desde mi boca hasta el corazón un recorrido de lirios en flor, y la caricia de tus labios en los míos y de los míos en tu cuello de alabastro me llevó lejos de allí, más allá de las estrellas, hasta donde nace el sol.
Y fue interminable aquel beso de tu boca y la mía. Y de mucho más.
La primera vez que yacimos juntos, el mundo sufrió una revolución. Los planetas no fueron los mismos, la gravedad perdió su significado mientras nos abrazábamos, y la lluvia se detenía en nuestra piel, evaporándose y condensándose en nuestro interior. Los nervios y las cosquillas, las expectativas y los desmanes, el amor recién nacido y la pasión que todo lo devora, la piel que gime y el ansia que busca y descubre. La primera vez que yacimos juntos, tú encima de mí y yo a tu lado, el tiempo se detuvo y se hizo una bolita de estambre que escondimos bajo las almohadas. Y las sonrisas eran nuestra música y el repiqueteo del cabecero, como las gotas de lluvia en la ventana, arrullaron nuestro sueño agotado y las ganas de más, mucho más.
La primera vez que besé tu piel saldada, y que tus piernas me abrazaron; la primera vez que me tocaste y conseguiste arrancar un gemido de placer; la primera vez que escuchamos juntos una canción de moda; la primera vez que, tumbados y agotados respiramos juntos y acompasados, unidos por algo más que los cuerpos, en una comunión casi divina, supe que había llegado a mi playa, a mi puerto. Y que era feliz.
La primera vez que vi tu rostro supe que había llegado a mi hogar. Y que tu cuerpo era mi costumbre, y tus labios mi copa, tu corazón mi fuente y tus ojos, mi canción. La primera vez que te vi, supe quién eras y supe a quién pertenecía. Y ese sentido se ha hecho eterno, y ese sentimiento, como un huracán, me ha llenado hasta rebosarme y ha sembrado de amor mi vida, hasta ahora vacía sin ti.
La primera vez que te vi me enamoré. Y de eso hace ya casi veinte años. Como el primer día.





