Las ocho montañas: masculino, plural.

El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read

9788439734123

 Las ocho montañas es la nueva novela de Paolo Cognetti, escritor italiano que es traducido y publicado por el Grupo editorial Random House.

Siempre he puesto en duda la existencia de etiquetas en el arte. La exploración interna, el viaje a las profundidades humanas que el artista realiza durante la aventura de creación de una obra de arte es similar en todos: la expresión hace única esa búsqueda, pero la revelación de un viaje semejante se me antoja universal.

Sin embargo, asistimos cada vez más a la clasificación en compartimentos estancos de las actividades creativas. No es algo novedoso: como todo en la historia social humana, se viene gestando paulatinamente desde la llegada de la era industrial, cuando pasamos de seres a objetos a estudio y el planeta de habitable a fábrica de provecho. La imposición de un sistema científico tan rígido como el religioso que le precede, no hace más que dividir y subdividir el conocimiento, y por tanto sus frutos, en múltiples estanterías donde se almacena etiquetado, clasificado y, a la postre, olvidado. Marguerite Yourcenar padecía de algo así: se le señalaba, como mujer, una literatura masculina. Marguerite Duras escapó algo más, como Simone de Beauvoir, a esa etiqueta, cayendo sin embargo en el limbo en el que Teresa de Ávila o Emilia Pardo Bazán se hallaban olvidadas; ni siquiera los poetas escaparon de ese sistema cartesiano de disección y análisis (Rosalía de Castro, por ejemplo, o Sor Juana Inés de la Cruz). De suerte que, actualmente, no sólo triunfa una economía de lenguaje aprendida del Periodismo (casi todos los escritores de nuestro tiempo son periodistas, no escritores que fungieron de periodistas, como hubo sido durante el pasado siglo) si no que se potencia la innecesaria clasificación de género que me ofende como lector, pero que quizá como autor me sonrojaría de ira.

Con estos mimbres leí Las ocho montañas. Un relato sobre la amistad entre dos hombres y su relación con la familia. Aquí cabría preguntarse, ya que el mismo autor refiere su paralelismo con Annie Proulx, si su libro cabría en el cajón un tanto estrecho de literatura queer (siendo como es el relato de una amistad profunda entre dos hombres heterosexuales en la Italia a caballo entre los siglos XX y XXI) o simplemente, a falta de otra gaveta en la que guardarlo, le vendría mejor esa etiqueta para hacer entender que entre dos hombres puede nacer una amistad, florecer cariño, verdadero afecto, sin que medien deseos físicos que levanten sospechas en una sociedad todavía reacia a aceptar la igualdad no ya como un derecho (que, obviamente, es) si no como una realidad.

Pero Las ocho montañas es mucho más que todo eso. Paolo Cognetti, desde su fascinación por las montañas, el alpinismo y la vida en las cumbres, logra tejer un relato realista, es decir meramente observador, sobre los secretos, los meandros y las características más íntimas que la amistad encarna en el mundo masculino. Aparte de tópicos paterno-filiales e incluso de frustraciones matrimoniales, construye un relato cuyo eje central, lleno de desencuentros y de encuentros en lo que todo ocurre como si nada (así es la amistad entre los hombres) Pietro (Berio) y Bruno tejen una amistad sincera, un cariño único, que sobrevive al roce del tiempo y a las necedades humanas.

Las montañas y la filosofía budista, marcan la diferencia entre los mundos alpinos y nepalíes. Y sin embargo, los hermanan. Berio es el que viaja,el que se desplaza, el que se busca en el exterior; Bruno es el inmóvil, el que se encuentra en en su propio medio, el que lucha por ser diferente sin conseguirlo del todo. Ambos fracasan en ser lo que no pueden ser, porque sólo somos quienes debemos ser; Berio lo piensa y lo cuenta en este relato que es un eterno retorno, y Bruno, que siente tan profundamente esa realidad, termina yéndose para no volver jamás.

Toda vida mediocre es triste. Ambos hombres se piensan así. Ignoran que así es para todos, pues oropeles y fama sólo esconden el latido de un corazón asustado. Pero para aquellos que luchan, ya sea ascendiendo las ocho montañas o bien llegando sin circunvoluciones al centro de uno mismo, lo importante es el viaje y quienes encontramos en él. Que hay muchas clases de amor, todas válidas, y que un apretón de manos, una palabra dicha con una cadencia particular o un gesto de cabeza sirven para unir por siempre vidas y corazones y llenar de fugaz felicidad la vida más pequeña posible. Y que eso puede que resuma la esencia de la amistad masculina y, en el fondo, la amistad sin etiquetas ni riesgos ni interpretaciones inútiles de todos los seres humanos.

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