Con el amor bastaba: el eco de un hombre solo.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

Con el amor bastaba es la nueva novela de Máximo Huerta. Y como siempre, es una aventura hacia adentro, donde la metáfora de volar y refrenarse tiñe cada una de las páginas con un aroma melancólico y, sobre todo, solitario.

Máximo Huerta vuelve, de nuevo, a la familia. De ella brota esta historia de un niño que crece atado a la tierra por no ser diferente, en perenne lucha con su propia identidad, que lo impele (así es la vida) a convertirse en aquello que está destinado a ser. Como nos ocurre a todos.

Con el amor bastaba es una historia de secretos. Y de descubrimientos, y de pérdidas. Elio iridiscente puede volar, no en vano Ícaro es su apellido, y Dédalo, el nombre del absurdo padre que siembra en el niño la duda sobre esa cualidad que lo hace tan diferente y blanco de cualquier ataque social. Como nos ocurre a todos.

Máximo Huerta vuelve a la familia. Como centro, como anclaje y como pérdida. En ella, microcosmos, ocurre el mundo. El de Elio Ícaro, el de su hermano con olor a lavanda; el de un padre que se ausenta y construye (fabrica siempre Dédalo) una nueva vida; y el de una madre que siempre azuza, que anima siempre, que no tiene miedo jamás a ser diferente.

Pero lo que esconde este nuevo relato es que es la historia de un hombre solo. Áureo Elio, Ícaro volador, renuncia por sí mismo, y por las circunstancias, al don, a la maravilla de su identidad para intentar ser un hombre más. Pero el don de volar es precioso y reclama su presencia; el precio es alto y Elio lo paga: su mundo desparece y queda sólo el hombre solo, que no solitario.

Con el amor bastaba es el último lamento de un hombre que mira a su destino cara a cara y comprende que nada más en la vida vale la pena. El amor lleva implícito todo: la libertad, la ausencia de juicios (es decir, la aceptación plena), y la alegría. Y, como nos ocurre a todos, Elio lo descubre una vez la madurez toca la puerta.

Una prosa rítmica, con intenso olor a lavanda; un rito de pasaje y un profundo retrato de un hombre solo, Con el amor bastaba nos trae los ecos de Una noche soñada, de El susurro de la caracola, pero además, como la semilla en el corazón del fruto, nos recuerda también a La parte escondida del iceberg. Todo es bello en una prosa que fluye, pero los pasos sonoros de un hombre solo son los que terminan cerrando las páginas del libro, son los que recuerdan que la vida lo es todo, pero sobre todo, una constante lucha con nosotros mismos, y sus consecuencias.