Hasta el final/ Until the End.

Arte/ Art, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   A veces es un dolor punzante, que atraviesa el pecho de parte a parte, del este al oeste. Otras veces es sordo, callado, constante y enloquecedor.

   El dolor nos transforma. Dejamos de ser quienes somos y barre nuestra historia con escoba de hierro. Lo destroza todo: pasado que se olvida, presente que es todo dolor, y un futuro que nunca llega.

   El dolor no tiene fin. Hasta que éste llega. Y es un alivio. Una hermosa tranquilidad. El norte toma su lugar y el sur, detrás, lleno de sol y alegría.

   Tengo dolor.

   Tengo dolor.

   Y recuerdo lo que pude ser y no he sido. Y evoco aquel que fui y se ha perdido.

   Nada permanece inalterable. Nada, hasta el final.

   Todo se transforma: es energía. Hasta el final.

   No siento ni padezco. Estoy suspendido en una burbuja que parece aire. Parece. Pero es muy pesada. Puede que sea de plomo.

   Plomo. Plúmbeo. Como mi corazón.

   Y duele.

   Hasta que pasa. Porque todo pasa. Y estás tú.

   Al final estás tú curándome las heridas, calmando el dolor, haciéndome ligero como la espuma.

   Eres mi premio, mi meta.

   Pero, mientras llegas, debo esperar con dolor y soledad, hasta el final.

   Hasta el final: tú.

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Al despertar/ Waiking Up.

El día a día/ The days we're living

   Siento que he vuelto a mi cuerpo. Intento desperezarme un poco. El placer del peso sobre el colchón, la frescura de la mañana recién estrenada después de una noche de calor y cierto sofoco, la suave delicia de los ojos cerrados. Y estirarse lentamente sobre la cama.

   Ah…

   Venido del sueño, los recuerdos se agolpan en mi mente. Pero los acallo. Ya habrá tiempo; siempre hay tiempo en el fragor del día para volverlos a pensar, quizá para revivirlos si lo merecen y para olvidarlos de nuevo. Ahora sólo siento el placer de mi cuerpo al contacto con las sábanas, el cosquilleo del frescor matutino y los brazos estirados y los párpados caídos, pesados y golfos para abrirse. Y el olor…

   Imagino el desayuno sobre la mesa. La luz por la ventana. La jarra de agua fresca, el zumo exprimido, el café al fuego, el mantel y la fruta, la copa tallada. Y tú.

   Sonrío. Sonrío como un tonto porque no abro los ojos, no me ve nadie y me causa más despereza.

   Sonrío. Sonrío de gusto, del sencillo placer de saberte cerca, de tenerte a mi lado antes de que el día comience. De que seamos uno del otro antes que del resto del mundo. Un lazo que nos une sin ataduras, una especie de complicidad que se renueva cada mañana.

   Tu piel. Mi piel. El chasquido de la electricidad entre ambas. Un cosquilleo y el ahogo de una risa. Y la búsqueda del placer y el hallazgo de la paz. Todo a la vez.

   Volver del sueño es como incrustarme en un caparazón rígido y sin embargo cómodo, usado de viejo conocido. Y mío. Además, retorno del sueño para volver de nuevo a ti. Siempre a ti. A nuestro plan, a nuestro proyecto, a nuestra complicidad.

   Al despertar, el olor a tostadas, mantequilla derretida y a canela fresca inunda de aromas la habitación. Por la ventana abierta pasa el fresco de la mañana recién estrenada, que se cuela entre las sábanas hasta rozar mi piel. Y sonrío. Y extiendo mis brazos para encontrarte a mi lado.

   Abro los ojos lentamente… Estás aquí…

   Qué felicidad.

Carlos de Nóbrega: Poesía sin palabras/ Carlos de Nóbrega: Poetry without Words.

Arte/ Art

   Carlos de Nóbrega es Artista: actor, escritor, fotógrafo y músico, su talento se vierte en todas las expresiones artísticas de nuestro tiempo y llena de vitalidad aquellas que han sobrevivido al paso de la historia.

   Personaje fascinante y una persona estupenda, Mi respiro, su novela, su trabajos actorales, en roles de gran potencia dramática, su música, llena de actualidad y su fotografía, en la que nos demuestra la visión del mundo a través de esos ojos llenos de sensibilidad, sólo nos regalan poesía más allá de las palabras: una poesía en silencio.

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