Las estrellas de cine no mueren en Liverpool: son para siempre

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Me gustan las películas con esencia. Y casi siempre son sorpresas, pequeñas cintas hechas con una pasión increíble y que cuentan una historia basada en un guión poderoso y, después, en interpretaciones memorables. Las estrellas de cine no mueren en Liverpool es una de ellas.

Es difícil entrar en el lenguaje que narra. Pero una vez dentro, todo, todo es maravilla. Una historia de amor, de tiempo que pasa, de descubrimiento, generosidad y despedida. Pura vida.

Annette Bening ganará, sin duda, los premios que se le han negado gracias a esta interpretación máxima, llena de detalles, como la de Timothée Chalamet en Call Me By Your Name, otra cinta bella donde el guión lo es todo, y todo es un conjunto fantástico. Ella consigue con una generosidad y una entrega arrolladora, que Gloria Grahame nos sea muy querida y muy comprendida, su fragilidad y su generosidad y su carácter, que la hicieron única en un momento de la historia del cine. Y Jamie Bell sigue enseñándonos que, desde Billy Elliot, es un hombre que hace inmensas las historias pequeñas, o cómo hacer un gran papel lleno de vida cotidiana.

La realización juega con el teatro; una vez que entramos de lleno en ese juego, esas idas y venidas nos llevan a comprender de verdad esas dos historias que se entrelazan, esos dos amantes que se entregan con conciencia y generosidad y con gran verdad (se lo dicen todo sin ocultarse casi nada), y vemos desde los ojos de cada uno cómo un relato lineal se transforma, en realidad, en un meandro lleno de estuarios donde la vida pace, viaje, y se apaga.

Cine grande en envoltorio pequeño. Pura vida. Vida de la buena.