Ugly Betty.

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen

Ugly Betty fue un éxito en su primera temporada allá donde fue emitida. Una serie fresca, divertida pero tierna; amable pero no almibarada; abierta y muy libre; se atrevía a mostrarnos por primera vez el mundo desde el prisma de nuestro día a día: la venta de los valores hacia la imagen, la codicia y el orgullo; pero también el amor, la diversidad,la libertad y, cómo no, la Moda.

Todo cabía en Ugly Betty, y su historia, basada en la telenovela colombiana Betty la Fea, fue una vuelta de tuerca dulce, novedosa y mucho más profunda de lo que en principio pudimos notar.

Betty Suárez, latina y fea, dueña sin embargo de una inteligencia brillante y un corazón indomable, que acabará madurando y encontrando su lugar en el mundo; Daniel Meade, el niño rico, mimado, que lo ha tenido todo en la vida y que aprenderá a verse a sí mismo, a aceptarse y finalmente a quererse; Wilhemina Slater, la villana con el corazón duro, duro e irrompible, como el oro; Claire Meade, la madre que lucha contra sus demonios, de los cuales emergerá con una nueva alegría y una fuerza renovada; Alexis Meade, transformada en un nuevo ser al que se intenta adaptar y que busca ser aceptada por lo que ha conseguido ser; Marc Saint James, el eterno aspirante, brillante, dandy, que muestra su peor cara porque ha tenido que defenderse siempre en el mundo de fieras que nos rodea pero con una conciencia y un saber estar que brillará a lo largo de la serie; Amanda, que busca eternamente su lugar bajo el sol, locuela, ingeniosa, para nada bisoña, y estelar, que hallará su camino y su integridad; Ignacio Suárez, el padre que todos quisimos tener alguna vez, que demuestra la generosidad de dar y de comprender; Hilda Suárez, la mujer que lucha y que ama y que acepta, con sus virtudes y sus defectos, a los que ama, porque ella misma se sabe contradictoria y tenaz, como cualquier ser humano y, finalmente, Justin, el verdadero alma de Ugly Betty, un niño que crece y que se enfrenta a la vida que eclosiona en su interior, con sus problemas y sus aciertos, rodeado de amor.

Todos ellos conformaron el tejido de Ugly Betty. Una serie que rompió el molde del género del cual nació, como ocurre habitualmente con nuestros hijos, al cual, sin embargo homenajeó desde el primer minuto. Ugly Betty fue más allá en casi todo, a pesar que su historia en sí misma no daba para mucho más.

Bien es cierto que perdió algo de su fuerza después de la segunda temporada, pero era una serie que siguió regalando momentos delirantes, frases imprescindibles, glamour y mucha ternura, mucho orgullo y mucha aceptación por ser diferente.

En Ugly Betty la dulzura templada por el cinismo, la cordura alambicada en la aceptación y la diversidad brillaron por encima de sus tramas; y sus personajes, todos perfectos, tejían el manto de la ilusión en cada capítulo que nos entregaban.

Porque Ugly Betty era un cuento de hadas continuo, y nos arrancaba lágrimas entre las sonrisas sin siquiera darnos cuenta de ello.

Ninguna serie hasta el momento nos ha presentado a una familia latina típica como protagonista, con sus colores estridentes y su manera de ser; a una negra guapa, rica e inteligente, mala como la peste pero tan maravillosa, que todas sus maquinaciones eran perdonadas; a una alcohólica redimida; a un playboy cabeza hueca; a un asistente listo pero cobarde; a una recepcionista cotilla y cabeza loca; a una transexual portentosa y sexy; y a lo Diferente como normal.

Ugly Betty tuvo el mérito de presentarnos, dentro del espejo más cotidiano y elegante posible, la variedad de la vida y la capacidad del ser humano para adaptarse a ella, aceptarla y evolucionar. Algo que nunca hasta la fecha nadie más ha conseguido y que echaremos en falta siempre.