El más afortunado/ The Luckiest.

Música/ Music

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Las Horas/ The Hours.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

12_las_horasLeí Las Horas por el revuelo crítico que causó la película del mismo título, aunque yo no la había visto todavía; lo que es un riesgo a veces y, otras, una bendición. No sabía nada de su autor,  Michael Cunningham, más sí del director de la versión cinematográfica (Stephen Daldry), y del maravilloso plantel de actores de la misma. Es uno de los pocos casos en los que me vi abocado a leer una novela debido a una película. Y ambas me sorprendieron.

Las Horas no es una historia fácil. Ni pretende serlo. Porque no se deja leer con facilidad. Está llena de estuarios que son miradas y gestos; de silencios que bullen con los sonidos de recuerdos sofocados; brota del dolor y al dolor retorna; se asienta en la desesperación llegando, sin embargo, a la calma. Y, a pesar de todo, o debido a todo, la historia fluye, fluye a través de sus páginas con una sutileza admirable sin detenerse nunca, sin dar respiro al lector. La historia imbricada de tres mujeres que en nada se parecen pero que son tan similares; el ambiente de cada una, opresivo, abigarrado, lleno de las naderías de la existencia normal; los sentimientos que las hermanan; la desidia que las corroe; la lucha que las iguala; y, finalmente, el dolor que las reproduce. Porque son mujeres que dan fruto: se quedan en nuestro corazón y se mantienen, flotando como espíritus benevolentes, por muchos días. Y ése es el mérito de Michael Cunningham: trasciende una historia triple, opresiva, dura y desesperada, en la que triunfa el individuo, el ser, y ese triunfo lo mide en intangibilidad, en evocación, en nada. Fascinante.6a00d8341cc27e53ef010535d6d3cb970b-450wi

Las Horas es un libro magnético, escrito con esa sencillez casi minimalista que caracteriza a cierta prosa norteamericana llena de trazos de Hopper, con su desolación y desesperanza, en la que la vida de tres mujeres tan diferentes en tiempo y espacio, se imbrican a través de la fascinación que sienten una por la otra, por la fantasía de una historia que se gesta y que es contada y por las consecuencias que nuestros actos siempre tienen, en los demás (algo tan freudiano que quizá debiera pasar de una vez de moda) y sobre todo, y más que todo añadiría yo, en nosotros mismos. Son tres mujeres llenas de flaquezas; interiormente rudas y plenas; que luchan por salir a la superficie y por respirar el aroma de la verdadera libertad: la ausencia de unas ataduras inútiles, el batir de las alas al remontar el vuelo, y el bramar de la tierra al quedarse atrás… Las Horas contiene en las horas que pasan cada uno de los sueños, cada una de las ideas y de los sentimientos atormentados y atrapados de estas mujeres que luchan, luchan siempre y siempre contra sí mismas, sin importarles nada. Son verdaderas artistas, capaces de desangrarse a sí mismas, y a los que les rodean, para conseguir sentirse plenamente ellas mismas, seres únicos, indiscutibles, serenos y, a la postre, libres.

La versión cinematográfica es igual de fascinante. Engatusa al espectador con la fluidez de las imágenes, con el baile de miradas, de sensaciones (todo se toca, se huele, se saborea en la distancia; todo se observa desde dentro y desde fuera: los besos, las caricias, las soledades) y de angustias, que culminan en el parto de una idea que evoca, en otro tiempo y lugar, la libertad de una mujer hastiada y la angustia de una mujer encerrada entre un amor imposible y un amor que le puede dar lo que más ansía: la libertad. Porque, a pesar de ser una obra de desesperación y de angustia por conseguir ser individuos al completo, Las Horas es el canto a la libertad real, a la libertad de espíritu y de facto, aquella que sólo somos capaces de darnos a nosotros mismos y que, quizá, nos costaría menos, o la saborearíamos mejor, si comprendiésemos que los que nos rodean nos aman lo suficiente como para dejar que seamos lo que deberíamos ser.

Y la belleza de las imágenes, la transparencia de cada una de las extraordinarias creaciones del elenco de actores; la ambientación detallada; las luces, las sombras, las reacciones, los detalles, las flores y los aromas, no valdrían de nada sin la maravillosa banda sonora creada por Philip Glass, llena de incisión, de voluntad; tan amable con el espectador como la misma historia, tan brillante sin embargo en su casi desaparecer, y tan fluida, que hilvana las horas que pasan con el ritmo incesante de lo que no tiene fin. Y que queda grabada en la mente y el corazón, con la resonancia de lo verdadero, una vez se cierra el último plano y cesa el arrullo de su ritmo.

El sonido de un alma de cristal/ The Sound of a Crystal Soul.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Nigel Kennedy (1956)

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Era un aire suave…/ The Air Was Gentle…

Arte/ Art, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

Rubén Darío (1867-1916):

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Era un aire suave…

Era un aire suave, de pausados giros;

el hada Harmonía ritmaba sus vuelos,

e iban frases vagas y tenues suspiros

entre los sollozos de los violoncelos.

Sobre la terraza, junto a los ramajes,

diríase un témolo de liras eolias

cuando acariciaban los sedosos trajes,

sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias.

La marquesa Eulalia risas y desvíos

daba a un tiempo mismo para dos rivales:

el vizconde rubio de los desafíos

y el abate joven de los madrigales.

Cerca, coronado con hojas de viña,

reía en su máscara Término barbudo,

y, como un efebo que fuese una niña,

mostraba una Diana su mármol desnudo.

Y bajo un boscaje del amor palestra,

sobre rico zócalo al modo de Jonia,

con un candelabro prendido a la diestra

volaba el Mercurio de Juan de Bolonia.

La orquesta perlaba sus mágicas notas;

un coro de sones alados se oía;

galantes pavanas, fugaces gavotas

cantaban los dulces violines de Hungría.

Al oír las quejas de sus caballeros,

ríe, ríe, ríe la divina Eulalia,

pues son su tesoro las flechas de Eros

el cinto de Cipria, la rueca de Onfalia.

¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!

¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!

Con sus ojos lindos y su boca roja,

la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.

Tiene azules ojos, es maligna y bella;

cuando mira, vierte viva luz extraña;

se asoma a sus húmedas pupilas de estrella

el alma del rubio cristal de Champaña.

Es noche de fiesta, y el baile de trajes

ostenta su gloria de triunfos mundanos.

La divina Eulalia, vestida de encajes,

una flor destroza con sus tersas manos.

El teclado armónico de su risa fina

a la alegre música de un pájaro iguala,

con los stacatti de una bailarina

y las locas fugas de una colegiala.

¡Amoroso pájaro que trinos exhala

bajo el ala a veces ocultando el pico;

que desdenes rudos lanza bajo el ala,

bajo el ala aleve del leve abanico!

Cuando a medianoche sus notas arranque

y en arpegios áureos gima Filomela,

y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque,

como blanca góndola imprima su estela,

la marquesa alegre llegará al boscaje,

boscaje que cubre la amable glorieta

donde han de estrecharla los brazos de un paje

que, siendo su paje, será su poeta.

Al compás de un canto de artista de Italia

que en la brisa errante la orquesta deslíe,

junto a los rivales, la divina Eulalia,

la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.

¿Fue acaso en el tiempo del rey Luis de Francia,

sol con corte de astros, en campos de azur,

cuando los alcázares llenó de fragancia

la regia y pomposa rosa Pompadour?

¿Fue cuando la bella su falda cogía

con dedos de ninfa bailando el minué,

y de los compases el ritmo seguía,

sobre el tacón rojo, lindo y leve el pie?

¿O cuando pastoras de floridos valles

ornaban con cintas sus albos corderos

y oían, divinas Tirsis de Versalles,

las declaraciones de los caballeros?

¿Fue en ese buen tiempo de duques pastores,

de amantes princesas y tiernos galanes,

cuando entre sonrisas y perlas y flores

iban las casacas de los chambelanes?

¿Fue acaso en el Norte o en n el Mediodía?

Yo el tiempo y el día y el país ignoro;

pero sé que Eulalia ríe todavía,

¡y es cruel y eterna su risa de oro!

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The Air Was Gentle…

The air was gentle, circulating clamly;

the fairy Harmnoy  made rhythmical flights,

and vague phrases and soft sighs mingled

with the sobs of the violoncellos.

On the terrace, besides the tree branches,

it was like a tremolo of Aeolian lyres,

when the silken dresses were caressed

by the white magnolias tall of their stalks.

The marquise Eulalia was uttering laughter and cold remarks

at one and the same time to two rivals:

the blond viscount fond of issuing challenges

and the young abbé who composed madrigals.

Nearby, garlanded with vineleaves,

the bearded statue of the god Terminus laughed into his mask.

and like an ephebe who porved to be a girl,

a Diana was displaying her marble nudity.

And in a grove that was an exercise ground of love,

on a rich pedestal of the Ionan order,

with a candleholder grasped in his right hand

Giambologna’s Mercury was flying.

The orchestra poured out its magic notes like pearls,

a chorus of winged sounds could be heard;

gallant pavanas, fleeting gavottes

were sung by the sweet Hungarian violins.

On hearing the laments of her suitors,

divine Eulalia laughs, laughs, laughs,

becasue in her own treasury she possesses the arrows of Eros,

the girdle of Cyprus, the spinning of Omphale.

Woe is the man who gathers the honey of her speech!

Woe is the man who truts her song of love!

With her pretty eyes and red lips,

divine Eulalia laughs, laughs, laughs.

She has blue eyes, she is malicious and beautiful;

when she gazes she sheds a strange vibrant light;

from her moist, starlike pupils there peers out

the soul of the yellow glass of Champagne.

It is festive night, and the fancy-dress ball

blazons forth its glory of social triumphs.

Divine Eulalia, dressed in lace,

picks apart a flower with her smooth hands.

The harmony keyboard of her elegant laughter

is equal to the merry music of a bird,

combined with a ballerina’s stacatti

and the madcap pranks of a schoolgirl.

Amorous bird that utters its warbling,

sometimes hiding its beak under its wing!

It hurls rough words of disdain from under its wing,

under the perfidious wing of its light fan!

When Philomel heaves forth her song at midnight,

moaning in golden arpeggios,

and the ivory swan imprints its wake

on the still pool, like a white gondola

the merry marquise will come to the coppice,

the coppice awninged by the charming arbor,

where the arms of a page will hold her close;

only her page, but he will be her poet.

To the beat of a sung by an Italian performer,

which orchestra diffuses into the wandering breeze,

besides the rivals divine Eulalia,

divine Eulalia laughs, laughs, laughs.

Was it perchance in the days of King Louis of France,

a sun with a court of stars, in asure field?

When palaces were filled with fragance

by the royal, pompous Pompadour rose?

Was it when the beauty gathered up her skirts

with nymphlike fingers, dancing the minuet,

and followed the rhythm of the musicians’ beat

on her high red heels, lovely and light of foot?

Or when shepherdesses in blossoming valleys

adorned their white lambs and ribbons,

and, like divine Thyrsies of Versailles, listened

to their suitor’s declarations of love?

Was it in the good old days of ducal shepherds,

amorous princesses and tender wooers,

when the dress coats of the chamberlains walked

amid smiles and pearls and flowers?

Was it perchance in the North or the South?

I don’t know the time or day or country,

but I know that Eulalia is still laughing

and is cruel and eternal her laughter of gold!

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A través del Universo/ Across the Universe.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

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A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

To the boys.

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Ignacio Izquierdo. Crónicas de una Cámara.

Lo siento, he cambiado.

El mar interior/ The sea inside

Para Piernas de Alambre, que de tan cobarde se fue sin despedirse.

broken-heart-resized-and-jpeg-format1Quisiera decirte algo. Siéntate, por favor, quizá sea mejor así. No, no quiero que insistas por ahora, déjame hablar a mí… No, no será por mucho tiempo, es que tengo que irme… Sí, sé que es un poco raro que te haga sentar, te pida silencio y poco tiempo, pero es que me tengo que ir inmediatamente…Reconozco la incongruencia, y no, no me pasa nada. Bueno, no me pasa nada malo…Digo, es importante lo que tengo que decirte, pero sin mal rollo, ¿sabes? Que no es para tanto… O, bueno, no debería serlo…Aunque, contigo, nadie sabe… Puedes quedarte callado sin decir ni mu o te puedes poner a pegar gritos como un poseso. Oh sí, te conozco. Según el día o el momento, si te pilla de bajón o estás distraído, si no te importa o… Vale, tienes razón, que me voy por las ramas. Pero es que parecía más fácil antes, cuando no estabas aquí. El ensayo es que me había salido fenomenal, que hasta calladito estabas y todo y a mí me salían las palabras de corrido, como si recitara una lección muy sabida. Y es que debería ser así. Quiero decir lo de la lección sabida. Porque entre nosotros ya hay poco que aprender.

No pretendo que me entiendas. Miento: deseo que lo hagas. Como deseo muchas cosas que no siempre se pueden tener. Tu comprensión es una de tus facetas que más admiro, porque cuando quieres eres mejor que la Madre Teresa. ¡Oh!, no exagero…Qué vas a ser más feo que ella, no digas tonterías. Cuando te pones tonto no hay quien te aguante. Eso siempre me ha molestado. Porque eres repugnante. Picajoso e insistente como un niño pequeño y mimado, por añadidura. Te cierras a entendederas y de ahí no hay quien te saque, con lo cabezota que eres… Pero he de admitir que ha cabeza dura no hay quien te gane y que, gracias a eso, has conseguido muchas cosas, todas increíbles, incluso que yo te amase…Porque te he amado casi sin darme cuenta. Te colaste en mi vida despacito, como la lluvia tonta; y fuiste mi mejor amigo y mi mejor compañía; muchas veces la única que toleraba en esos días horribles. Horribles porque estaba solo, y no me gusta despertarme en medio de la nada sin nadie a quién acariciar. Y sin embargo allí estuviste tú: soportaste mis borracheras, que, total, de nada me servían, salvo para hacerme sentir más miserable. Y allí estuviste tú: por las noches al acostarme; al mediodía para el desayuno tardío; una buena sesión de gimnasio y un par de cañas de despedida. Allí estuviste tú siempre. Y eso es de agradecer, pero también es cansino.

No, no te preocupes que no tardo nada. Es que tampoco tengo tiempo. ¿Qué hora es? ¡Ah, sí, es verdad! ¿Te apetece picar algo? Pero, ¡qué digo!, si seguro acabas de comer… Pero un café sí, ¿no?

Por años hemos sido muy amigos y, durante una época,incluso algo más… Aún somos algo más, así, sin haberlo planeado. Porque te me metiste con tu sonrisa de dientes separados, con esa boca enorme de labios carnosos que sí, sabían a menta y a madera, y esa mirada de niño pequeño… A veces, después de haber estado un rato echado a tu lado, me preguntaba porqué me atraía ese olor extraño, por qué tu presencia, que nunca, nunca me ha atraído porque eres todo lo que yo no soy (y sabes que eso es algo que definitivamente no me gusta), encendía en mi interior esta mezcla de sentimientos contrapuestos, de deseos de agradarte, de complacerte… No lo sé. O sí que lo sé. Es que eres bueno. Una buena persona. Poco atractiva, casi nada más bien, aunque tienes tu punto; vamos, como que todo el mundo lo tiene, tampoco es plan… Tranquilo, tranquilo. No, no hemos quedado para ofenderte. De hecho, es lo último que quiero. Nunca he querido herirte, aunque a veces creo que no lo he logrado. Tampoco tú has sido muy bueno; no, quizá sólo has sido un poco egoísta. Y no es que esté mal, pero es que llegabas a ahogarme y eso me pone nervioso. Y sabes cómo me pongo cuando estoy nervioso. No soy yo mismo, o lo soy pero más desordenado, y eso es una locura. No me gusta perder los papeles. Y contigo no sólo los perdía, es que ni los encontraba. Y eso me eriza. Y me pone malo. Y me pongo tonto y hago memeces como decirte lo que no deberías oír, pero es que me desbordo de tanto contenerme, y mi ira acaba por salir enloquecida salpicándote todo el rato. Pues todos mis intentos han sido un fracaso. Y tampoco es cuestión de seguir así.

No, no te levantes, por favor. ¿Te es muy urgente ir al baño? Es que me queda poco y sé que, si me detengo, no tendré otra oportunidad de decirte lo que tengo que decirte y no quiero que pienses mal de mí. Ya sé que me quieres mucho y que eso no cambiará las cosas. Pero eso es mentira. Las cosas siempre cambian después de lo que te voy a decir, y me odiarás…No: me despreciarás primero y posteriormente me odiarás, lo tengo asumido. No me asusta, para nada. Yo ya he pasado por eso. Y sólo quiero que lo sepas. Quiero que lo sepas por mí y por nadie más. Así sólo yo seré el responsable. Si algo he aprendido de haber estado contigo es que soy capaz de asumir mis decisiones y de decírtelas. Eso es algo que me enorgullece. Y es que algo, algo, has dejado en mí.

¿Qué hora es ? Las cuatro y cinco… Sí, tengo que irme. Y me voy. Quiero decir, me voy. De aquí. De ti. De nosotros… Bueno, nunca hemos sido un nosotros, ¿verdad? Al menos yo… Sí, hemos pasado nuestros momentos, también en la cama. De hecho, ha sido casi un descubrimiento para mí… Pero es que no soy yo, ¿sabes? No… ¿Adónde vas? Para nada, para nada, siéntate. Que el que se va soy yo. No me mires con esa cara; si te pones a llorar ahora mismo, yo no podré seguir con esto… ¿Crees que me es fácil?

Llevo tiempo dándole vueltas… Sé que he estado más taciturno de lo habitual, lo que es casi imposible, lo sé. Pero tú también sabes a lo que me refiero… No conectamos, no servimos, no soy suficiente para ti… Tú te mereces alguien que te quiera de verdad, que te desee de verdad y que no sienta… ¿Por qué quieres que te lo diga? ¿Acaso te hará algo de bien que sea tan sincero? Está bien… ¡Huy! Qué difícil es esto… Alguien que no sienta pena por ti…

Pero te quiero, de verdad que te quiero. Si así no fuera, no estaría aquí diciéndote esto a la cara, ¿no crees? En eso he crecido, y gracias a ti, lo admito. Ahora soy capaz de irme con más tranquilidad, porque sé que me entiendes… Cada caricia me suponía un problema desde hace un tiempo. Cada encuentro no era más que una pasión fingida…. Ahora, ahora… Espera, espera, que me voy yo… No, no, quédate quieto… ¿No estarás llorando? Lo sabía… Te encanta una escena…

Sí, te estoy dejando.

¿Estás bien? Tienes mala cara… ¿Seguro que no quieres un poco de agua? ¿De verdad? El café no ha sido una buena idea, ¿verdad?…Pero quería verte en un lugar neutral, ya sabes, lejos de tus cosas y de las mías. No es que crea que vayas a lanzarlas por la ventana, pero quién sabe… Sí, estoy siendo un poco melodramático, pero es que te conozco. Hemos cometido muchos errores, y quizá ése ha sido de los peores. Compartir piso es como compartir el futuro, y yo siempre he sabido que eso ni tú ni yo lo tendríamos jamás… ¡No! No me interrumpas, por favor… ¿Dónde iba? ¡Ah, sí! El futuro… ¿Crees que eso es posible? Vaya tontería… Bueno, no me mires así, que tampoco es para tanto… Quiero decir… Bueno… Ya sabes que tú y yo…

No hay química, no hay nada. Hemos estado juntos porque…, bueno…, porque… No lo sé. Estaba de bajón, me sentía miserable: el trabajo, el amor, nada me servía. Y allí estabas tú, regalándote siempre y mirándome siempre con ojos de deseo… Y, bueno, que me esponjaba el ego saber que al menos a alguien tenía bajo mi embrujo, que sería capaz de hacer todo por mí… Hasta dejarse seducir una y otra vez, una y otra vez, hasta el final.

Me levanto, que tengo que irme… Para ya de llorar, por favor. Me gustaría habértelo dicho con más tacto. Pero me conoces y sabrías que te estaría mintiendo, como lo he hecho estos últimos meses, y eso sí que quería zanjarlo de una vez. Tú no te mereces que te engañe y yo me merezco algo mejor que esto… No es fácil decirle a alguien a quien quieres que hemos cambiado, pero es así. ¿Si hay alguien más? Puede. Pero puede que haya habido mucha gente entre esta decisión y tú y eso no tiene importancia. Porque el cambio ha sido mío, desde mi propio interior, desde las noches en vela y tu presencia a mi lado. Me has ayudado a recuperar al hombre fui y eso es algo que te he de agradecer mientras viva. Y por eso tenía que ser sincero contigo e irme.

Espero que sigamos siendo amigos… Pero procura no llamarme. Sabes que apenas contesto y no es plan de que suene y suene y no lo haga, ¿no te parece? Y sí, ya te diré adónde me mudo, porque, con esto del cambio de categoría y el entrenamiento pues aún no sé qué horarios manejaré de ahora en adelante. Ya te llamaré yo, si acaso, contándote los detalles…¿Qué hora me dijiste que era? Las cuatro y diez… Sí, tengo que irme… ¿Podrías invitarme al café? Ya sabes, por los viejos tiempos… Eso está bien…

Seguimos bien, ¿verdad? Seguro que sí… Lo veo en tu cara… Pero deja de llorar, ¿vale? Que yo no valgo la pena, no lo he valido nunca. Ni cuando estábamos juntos, ni antes de estarlo. Pero, gracias a ti, ahora soy capaz de ser más abierto y de enfrentarme a mis sentimientos casi sin miedos… Después de estar contigo he cambiado tan profundamente, que he sentido la necesidad de decirte que lo siento. Que lo siento, de verdad, porque he cambiado y soy otro. Otro. Que no quiere seguir a tu lado.

Así que…Adiós.