Una vez, en un sueño/ Once Upon a Dream.

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

Hace muchos años, una vez, en un sueño, con cinco años fui llevado a ver mi primera película al cine. El cine se llamaba Radio City y el título de la película era La Bella Durmiente. Su estilo vertical, alcanzando al cielo y sus colores, tan parecidos a lo que mucho después descubriría en los cuadros de El Greco; su banda sonora, basada en la música para ballet de Tchaikosky; su sereno deambular entre lo fantástico y lo cotidiano, y esa bruja ejemplar, transformada en un inmenso dragón oscuro que escupía fuego verde, y que, posteriormente, la propia factoría Disney homenajearía en otro de sus grandes éxitos (La Sirenita):

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Todo era fantástico. Tanto, tanto, que aún la vi hace poco tiempo y sigue generando en mí esa maravilla, esa admiración y ese asombro. Porque es una película llena de Arte y no sólo de técnica; porque la maravilla creada en la década de 1950 sigue vigente en el siglo XXI; porque la visión de aquellos artistas y el tesón creador sigue manifestándose en cada minuto de metraje de esta película.

Sigue siendo un sueño, un sueño vivido una vez que se mantiene intacto, tanto en mi mente como en mi corazón, desde los cinco años.

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Soledad/ Solitude.

El mar interior/ The sea inside

Falling in Love Again, Nina Simone.

The Comet, The Course, The Tail by J. Arenas

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Les Luthiers.

Arte/ Art

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Oporto/ Porto.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lugares que he visto/ Places I haven been

Preciso Aprender A Ser So’, Maria Bethânia.

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¿Alguien más se siente así?/ Anyone else feel like this?

El mar interior/ The sea inside

Del blog BosGuy, esta entrada llena de sentido para mí. / From blog BosGuy, this entry is meaningful to me.

Coloring by Sergio Mazón.

Lacrimosa.

El mar interior/ The sea inside

Lacrimosa, Requiem, Mozart.

Me siento sucio cuando me miro. Rabia contenida, mortalidad que acecha y después nada.

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No sé qué hacer contra la inercia. ni siquiera el volcán que ahora estalla en mi interior puede mover un centímetro de un cuerpo que se niega a cambiar o que cambia en la dirección que yo no deseo.

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¿Qué hacer entonces? ¿Hacia quién suplicar una saida, un cambio?

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Sólo hay silencio y soledad. Nadie acude, a nadie le importa.

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Hay labores que escapan al alma. Causadas por ella a ella vuelven intactas, incpolutas, indescifrables y crueles.

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Soy cruel, duro, inmisericorde conmingo mismo.

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Y lloro. Lloro de rabia, de indefensión. De indecisión. De vacío.

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Porque sólo hay vacío en un cuerpo que nos desagrada, que no es lo que soñamos. Que quizá nunca pueda llegar a ser.

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Florecer antes de la decadencia. Decadencia que no tiene freno.

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Afrodita se casó con Hefesto, un genio feo como el hambre. Y, a pesar de la inteligencia, la inmensa delicadeza de sus obras y la intensa belleza de su actos,  ella lo engañaba, lo flagelaba y lo adoraba al mismo tiempo.

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Ni contigo ni sin ti.

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El Minotauro devoraba a sus víctimas, perdidas en el laberinto de Midas. Sólo Teseo consiguió huir de él con su corazón entre las manos. Ariadna le tendió un hilo, un hilo de libertad. Pero sólo él se introdujo en ese mundo de intrigas y oscuridad y solead. Los aullidos de la criatura eran los de su propio miedo: Teseo sabía que debía matar a su propia imagen, un monstruo mitad hombre-mitad toro, para ser él por completo.

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Imágenes. Vacío. Negación. Desespero.

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¿Alguien puede amar a quien se desprecia a sí mismo?

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Lágrimas, lágrimas, lágrimas.

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Final. Requiem. Fin.

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Lacrimosa.

Historias de Roma o la aventura en avión/ Stories about Rome or a plane’s adventure.

Arte/ Art, Libros que he leído/ Books I have read

Enric González es periodista. Ha sido correspondal en varias de las ciudades más influyentes del siglo XX. Desde Nueva York o Washington hasta París o Londres, yo lo he descubierto leyendo esa pequeña maravilla que es Historias de Roma.

Decir que escribimos sobre aquello que queremos y que añoramos es casi una redundancia. En el caso de Enric González se cumple extraordinariamente. Porque a través de esas páginas, que nos desvela una Roma alocada, desigual, influyente, influída, múltiple, ideosincrática, aristocrática, desmelenada, gatuna y burocrática, se desprende tanta añoranza y tanto cariño que, una vez terminada su lectura, en nuestros labios se dibuja una sonrisa eterna, tan eterna como la Ciudad, centro del mundo, imagen del mundo y quizá de su final.

Lo he leído en un viaje relámpago (he de decir que casi todos mis viajes lo son) y me ha atrapado desde el mismo instante que empecé. Es un libro a blanco y negro, como las mejores fotografías, que, sin embargo, toma prestado los colores del Renacimiento, esos frisos y esos murales, para teñir con horror, amor y delicadeza las cambiantes caras de una Roma que se nos demuestra, quizá por primera vez, más desnuda y más sí misma, es decir, más soñada si cabe, de lo que nunca ha sido descrita, es decir escrita, hasta el momento.

Enric González nos lleva en un viaje marítimo de vaivenes, retratando su propio viaje y el de la Ciudad, caminando por sus calles, descubriendo sus secretos más íntimos y viviendo su día a día, que es como, a fin de cuentas, es la mejor forma de conocer una ciudad.

Adoro los libros que me atrapan desde el principio, y que hacen de un viaje un evento paralelo, de modo que mi viaje físico se superpone plano a plano a aquél que mi mente disfruta gracias a imágenes, retratos y evocaciones que emanan de un libro. Estuve en Roma sin haber estado allí, y puedo vislumbrar, sin haberlo visto nunca, el atardecer de Roma, el suave anochecer desde una plaza, la sutil sorpresa que el alba nos trae envuelta en belleza única y dorada por el sol, y ese juego para siempre incógnita que se establece entre lo más alto y lo más bajo de los hombres y que da como fruto, la sagrada representación de la Belleza.

A través de sus páginas vemos los innumerables gatos de Roma; sufrimos sus interminables planes burocráticos; somos testigos de la herrumbre y el abandono, pero así mismo del arrebato causado por lo bello, y de las intimidades escondidas en un edificio, una expresión lingüística o, simplemente, un sencillo alimento de pasta.

Es un librito delicioso, lleno de anécdotas, lleno de temas serios planteados con una frescura conversacional, salpicado aquí y  allá de cierta erudición contagiosa, y de humor. Gracias a Enric González he paseado por Roma, la Roma que siempre he querido conocer, más allá de lo que la imaginación popular nos vende como necesario y verídico. A fin y al cabo, Roma puede que tenga al final más razón de lo que el autor le supone: la verdad tiene mil caras. Y Roma se refleja en cada una de ellas.