Lo que he visto/ What I’ve seen
Calles de fuego/ Streets of Fire.
Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Música/ MusicCincuenta años sin ella/ Fifty Years Go By.
Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days goneElla/ She.
Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen
Está allí. A la misma hora, sentada en la misma mesa, junto a la vitrina.
Mira la gente pasar. Sobre la mesa, un libro que apenas hojea. Un café a medio tomar y la marca de sus labios en el borde.
Es bella. Melena larga, suelta, limpia. Piel tersa, pero ya no es una niña. Labios rojos, verdes ojos, triste otear.
Debe esperar a alguien o a algo. Quizá a que pase el tiempo. O a que el tiempo pase sobre las cosas.
Siempre elegante, siempre arreglada.
Sentada, sin molestar a nadie y sin ser molestada. Ni un ruido parece alterarla. Ni siquiera pide lo que desea tomar; nadie se lo ofrece; sólo se lo sirven.
Lo sé, porque desde hace tiempo llego antes que ella al café y la espero. Entra silenciosa con su bolso y su libro en la mano, un mohín apreciativo hacia la mesa en la que acostumbra sentarse; apenas si cambia la silla de sitio y ya está, el café servido, los labios rojos, la marca del labial en el borde.
Y un morsdisco en mi corazón.
No sé nada de ella. Ni su nombre. Todo es un misterio; todo menos sus ojos, verdes y callados, que parecen mirar pero no ven, apenas maquillados, y que brillan con el sonido de la tristeza y el susurro de la soledad.
Ella tiene las manos delicadas, con las uñas muy bien arregladas. Y ni una joya, ni un aderezo.
Se sienta en su misterio y permanece callada las dos horas que está en el café. Viendo la vida pasar.
Qué sencillo fue enamorarme de ella. La tengo dibujada en mi corazón junto a la huella de sus labios. Una vez me vio e hizo como si me sonriese. La tarde no fue más brillante, el día más claro.
Fue un momento, un pequeño instante. Fuimos uno en ese segundo que dura una sonrisa de salida. Pero se ha instalado para siempre en mi corazón.
Ella y su silencio. Y sus ojos tristes. Y su pelo largo.
Y yo. Cada tarde, en un café.
She is there. Sitting at the same table, always at the same time.
She looks people go by. On the table a book she barely reads. One sip to a coffee cup, and she left her lips mark in the edge.
She is beautiful. Long, free hair. Bare skin, though she is not young anymore. Red lips; green eyes; looks melancholic and a little sad.
She must be waiting for someone or for something. Maybe just waits to Time go by. Or maybe she expects Time goes by things and people, she included.
Always elegant, always perfect.
Sitting there, disturbing no one, and by no one either. A noise no bothers her. She doesn’t make her order; no one asks for it; they just serve it and then go.
I know it because from some time I arrived at the café before she does and I wait for her coming. Her entrance is silent, with her handbag and her book on hands, she looks towards the empty room looking for her table, barely touches her chair and she sits there, looking outside looking for nothing, and sips her coffee, living her lips marks on the edge of the cup.
And a bite in my poor heart.
I know nothing about her. Even her name. All is a mystery, except her quite green eyes, that sees but don’t look for anything, with almost no make-up, and ring with the sounds of solitude and sadness.
She has the most delicate hands, polished nails, soft fingertips. And no jewels, even a ring, even a sign.
She sits in her mystery and she stays at the café almost two hours in silence. Looking Life goes by.
How easy was to fall in love with her. I have her drawn in my heart near her bite mark. Once she glanced at me and almost smiled at me. That afternoon the sun shined so, that the day never was so brighter.
It was a moment in Time. We belonged together in that brief moment, the moment that a smile fading last forever.
She and her silence. And her sad eyes. And her long hair.
And I. Every afternoon, at a café.
Detrás de una charada/ Behind a Charade.
Lo que he visto/ What I've seen
He ido poco a poco aficionándome a Sexo en Nueva York. Una serie que en sus dos primeras temporadas no me atrajo en lo absoluto y sólo cuando sus personajes evolucionaron captó mi atención.
Que ha sido un éxito, y lo sigue siendo, se debe creo yo (aparte la moda, lo vacuo que también es divertido) a las maravillosas alegorías que sus guiones mostraban. Muchos de sus episodios mostraban muy disfrazados una realidad que nos preocupa a todos: el paso del tiempo, la soledad, la falta de amor. Éste es uno de mis favoritos, y quizá de los mejores de toda la producción.
Está en inglés. No he conseguido insertar subtítulos. Pero aún así, el mensaje se mantiene y está ahí, siempre mágico.
(Los derechos son de la cadena HBO y de la productora de la serie.)Magia y amor/ Love and Magic.
Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone
En una de las mejores series de televisión norteamericanas de todos los tiempos, la verdadera pionera en el rupturismo que sobrevino posteriormente con Los Soprano y A dos metros bajo tierra, éste es un capítulo especial. Quizá sea el que mayor romanticismo y fina ironía tenga, algo que le sobraba, por lo demás, a Doctor en Alaska.
En este episodio (el noveno de la tercera temporada), un circo llega a Cicely, con toda la magia que sus artistas llevan dentro, pero además trae consigo los secretos de la física cuántica, que nos lleva al origen y más allá de nosotros mismos, y trae consigo el amor. Un amor tranquilo, sereno, que embarga al Hombre volador y a Marilyn; un amor romántico cuyo fin no es más que un punto y seguido.
La clave está al final del episodio, cuando Chris, que se pasa emocionado todo el capítulo intentando entender el mundo increíble de la Cuántica, nos resume la verdadera sensación de estar vivo, dentro de la marea de la vida que va y viene, y que deja su huella en el amor, único sentimiento que es eterno, a través del poema Rosa roja, roja de Robert Burns (1759-1796).





