Hay un color para cada uno. Y uno, la Diversidad, para todos. No importa quién o qué se sea. No valen credos, políticas ni estilos de vida. Nadie es más moral ni es dueño de la razón. La bandera arco iris no sólo representa a una sopa de letras (LGTB), si no debe englobar a la Humanidad en toda su extensión: los rechazados, los que rechazan a los rechazados, los que integran y los que son diferentes y aquellos que creen ser iguales. Eso es motivo de orgullo para mí y eso es lo que celebro.
There is a color for everyone. But only one to all of us: Diversity. No faith, politics or lifestyles. No one is more moral but enlightened than anybody. The Rainbow Flag is not only a representation for a soup of letters (LGTB) but to Humanity: the ones that are afraid of others; the others that still believe in rights and wrongs, the ones that keep everyone united and the equals and those other that know for sure we are never the same but people. That’s something to be proud. That’s Pride.
Así que déjame decirte lo que llevo dentro desde que te conozco, con esa sonrisa enorme que no te cabe en la boca y esos ojos que palidecen a las estrellas, ese pelo que cae hasta el fin del mundo y esa voz llena de terciopelo y plumas.
Eres fácil de amar.
Con tus movimientos de agua y tu mirada caída. Con tu risa inmensa y esa manera única que tienes de abrazar.
Qué fácil eres de amar.
Callas, hablas y el mundo se mueve. Todo se detiene para verte caminar; la mañana alumbra tu rostro al desayunar; la noche, se acuesta a tu lado para acariciarte lentamente.
Eres fácil de amar. Y yo me dejo mecer en este sentimiento que me sale del pecho lleno de palabras no dichas, lleno de besos que te quiero dar.
Porque seguro que te lo habrán dicho muchas veces y que yo no soy el único.
Pero quiero ser el último.
Eres tan fácil de amar, que las cabezas giran cuando te ven pasar, y el policía hace sonar su silbato y el cartero se equivoca de buzones y al del bar se le borran las cuentas al verte llegar.
Y tienes el corazón más grande que conozco, y la melancolía más intensa, y lloras con las lágrimas más tristes y ríes con la gracia de un planeta nuevo. Y porque, cuando no hablas, tu mirada se llena de cariño y tus manos de caricias y tu pecho, en silencio, se llena de un aire tibio y hermoso.
Eres tan fácil de amar que me he enamorado de ti.
Por eso quiero que me dejes decírtelo, quiero que me quieras, quiero que bailes conmigo el resto de los días que quedan y darte amor a manos llenas, y un beso profundo de noche oscura y una mañana de día sin estrenar sólo para ti.
Para ti, que eres tan fácil de amar.
I know, I know. People have told you many times.
Many.
But I don’t.
So let me say what I have inside me since I met you, with your big open smile and those eyes that put shame on stars, and your hair long as longer is the world and your voice full of obscure and sweet velvet touch.
You’re easy to love.
Your movements like ocean and your caress. Your charme so warm. And that unique way to hold me.
You’re so easy to love!
In silence, or speaking, world moves around for you. If you walk, everything stop for you; mornings only shine to watch you take your breakfast; nights just rest besides you to caress you gently and soft.
You’re easy to love. And I leave myself in this feeling that fills my chest full of never said words, burst of kisses I want to give to you.
And I know, I know for sure many times people have told you so and that I am not the only one to say it.
But I know for sure I’m going to be the last.
Because you have an open heart, and your melancholy like mist in your eyes, and your tears like rivers through your tender cheeks, and your smile so bright like the argent moon and the nearer stars. And because when you remain in silence, your looks full of tenderness and your chest, fill with air, just exhale sweet words of caress and warmth.
You’re so easy to love that I fell in love with you.
So please, let me say it; love me as I do. I want to dance with you until the days remain old and I want to give you my love hidden in my hands and in my lips. I want to give you all the dark nights and a brand new day just for you.
En el Día del donante de sangre es necesario seguir haciendo campaña de concienciación, porque la sangre es vida. Ese líquido viscoso, caliente, de textura aterciopelada, de sabor metálico, que corre por las arterias y las venas llevando la energía y la vida, la enfermedad y la curación, lo es todo para nosotros. Nos une, nos separa, nos diferencia y, en la donación, nos hermana. Somos uno. Por la sangre y por la vida.
Dándole vueltas a mi situación vital, que por momentos parece tan alucinada como todo lo que nos rodea, empecé la guardia de ayer.
La guardia anterior había sido bastante problemática y llena de trabajo. Así que me tocó la labor de continuidad, de pulir los flecos pendientes y vigilar la evolución de los enfermos.
Uno de esos flecos era un chaval de veintipocos años, accidente de tráfico, con traumatismo craneal y abdominal, que estaba ya en quirófano y que ocupaba la cama doce. Mientras esperábamos su vuelta, repasé todos los demás enfermos e intenté ponerme un poco al día después de un hiato importante de tiempo sin guardias. No es fácil estar en en una situación como la mía, en la que se depende de la buena voluntad de otros para poder trabajar; esa inestabilidad genera una sensación de vacío y de indefensión ante las consecuencias de los actos y de las cosas difícil de describir, pero que desgraciadamente muchas personas vivimos en la actualidad.
Después de doce años de trabajo más o menos ininterrumpido no me imaginaba estar así. Después de tantos años estudiando, no esperaba estar así. Muchos nos enfrentamos a esto día a día. Y el clima que genera es lo que vivimos y así parecemos estar malhumorados y faltos de esperanza, a sabiendas que nadie resolverá la situación (o al menos no como deberían estar haciéndolo) ni se responsabilizará de ello. Cuando se tienen veinte años o treinta, estas circunstancias se afrontan de otra manera. A otras edades, se lucha además con la decepción, con el abandono de los sueños, e incluso con la certeza de sentirse perdido en un limbo del que es difícil escapar quizá por falta de fuerza o sencillamente por indiferencia y abandono.
Nada ha salido como lo imaginé. De hecho ahora dudo si alguna vez soñé mi vida. Desde luego, si lo hice, no era así. Cerrando los ojos veo a un chaval perdiéndose a gusto entre libros, juegos y responsabilidades; después vino el amor y las decepciones que lo secundan; la música que ayudaba a todo, el cine que lo concebía todo, la fantasía que hacía que todo fuese posible porque siempre se podía obtener, hasta que pasó el tiempo. Ignoro dónde me metí todo este tiempo que ha pasado, pero ahora que despierto, parece que estuve imaginando la vida de otro, porque lo que me ha quedado muy claro es que la vida es dura no importa el color ni la sonrisa que le pinten, y que por mucho que nos esforcemos, el pillo obtiene su puesto y el que se esfuerza, si tiene suerte, también: la vida no es sueño, aunque lo que se sueñe en ella sí lo sea.
El chaval salió de quirófano después de habérsele practicado una resección intestinal: el golpe había desgarrado parte del intestino y había sangrado dentro del abdomen. Del posible daño que el trauma craneal podría ocasionarle poco sabíamos por ahora, así que nada podía informar salvo malas noticias. Delgado, guapo, con unos ojos color del acero, volvía de una noche de farra como cualquier otra persona de su edad (y de otras edades). Pero ahora estaba allí. Jugando entre la vida y la muerte; sedado, intubado, conectado a un respirador; con sangre en la cabeza, con sangre en la barriga, sin un trozo de intestino, pero vivo. Y en nuestras manos. Verlo y recordarme nuestra situación actual fue todo uno. Mientras firmaba las órdenes de tratamiento me sentía responsable, como las enfermeras y auxiliares y celadores, de esa vida frágil que teníamos entre manos. Cuando fui a informar a la familia, a enfrentarme con aquella madre, con aquel padre preocupados y perdidos, sabía que era el máximo responsable de esa vida en ese momento y que debía asumir decisiones rígidas, probablemente no fáciles, y que era mi deber comunicarlas tal cual eran, para que comprendiesen si pudieran, pero sobre todo para que comenzasen a asumir una situación límite, delicada y cruel. Todo podría pasar, pero siempre había esperanza.
Nuestro país está enfermo y la diligencia política es la causa, y siendo la causa no se diagnostica, y siendo la enfermedad, no la elimina. Como si yo asumiese que esa familia no debiera saber nada del paciente porque no podrían entenderlo, y yo no me dedicase a atenderlo porque no me siento responsable de su evolución… La vida, que no es sueño, está llena de espejos.
Cada mes trabajo menos; cada mes se me recuerda que tengo algo de trabajo por la generosidad ajena. Es como vivir pendientes de un país vecino: España y yo somos uno. Por lo tanto la solución es la misma: o nos echan fuera del sistema o nos fuerzan a vivir según ciertas normas, según qué protocolos, intentando no forzar la máquina de la buena voluntad y a la vez demostrar cada vez que se nos deja, que sería un horror prescindir de nosotros, no sólo por lo que significa para nosotros, si no también por lo que valemos para los demás.
No sé qué pasará mañana. Adónde me llevará esta ventisca en la que se ha transformado nuestra vida. Alguien gana; me esfuerzo en no recordar que siempre hay quien pierde y que, en general, siempre son los mismos. Pero lo que sí sé es que todo pasará. Y aunque la vida no es sueño, y nada, pero nada es como una vez imaginé, aquí estaré, un día sí y otro también, como ese chaval, hasta el final.
Haciendo lo que tenga que hacer. Es decir, viviendo. Como ese chaval de la cama doce.