Todo de mí /All of Me.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Todo de mí. Te lo has llevado todo.

   Mi corazón, mi sentido, mis sueños, mis suspiros.

   Todo de mí. Te lo has quedado todo.

   ¿Por qué no te has llevados mis recuerdos? ¿Por qué me has dejado el sabor de tus besos, el tacto de tus caricias, el peso de tu cuerpo sobre el mío?

   Toma mis brazos, que no saben abrazar a nadie más.

   Toma mis piernas, que no te atraparán más.

   Te has llevado mi corazón, y ahora queda un hueco que tiene tu nombre tatuado.

   Todo, te has llevado todo de mí.

   Menos mi cuerpo, que yo quería pegado al tuyo. Menos mi locura, que nace por ti.

   Sin ti, ¿qué soy? Una locura sin fundamento, un lío, un garabato.

   Te los has llevado todo, y todo es vacío.

   Yo. Mí. Mío.

   Nada.

   Tú. Tuyo.

   Todo de mí.

   Nada.

Septiembre/ September.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

Renunciar, a veces…/ Just let go…

El día a día/ The days we're living

Tal como éramos/ The Way We Were.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Marvin Hamlisch

Respóndeme, amor/ Answer me, my love.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   Los días han ido cayendo. Uno detrás de otro. Como quien no quiere la cosa.

   Y ya van dos meses.

   Silencio.

   Sesenta días de silencio. Ocho semanas de vacío.

   No estás en mi cama, no estás en mi casa. En todo a mi alrededor hay un hueco que grita tu nombre, que busca tu esencia, que intenta atrapar tu recuerdo. Porque hasta la memoria se olvida cuando no estás.

   Tanto tiempo sin saber de ti. Antes que lo sabía todo: vivías aquí, dormías aquí, respirabas aquí. El sabor de tu piel, el sonido de tu pelo, el suave ronquido de tu sueño. Todo. Y ahora nada. Ni un saludo, ni una llamada.

   Tenías dudas. O problemas. Conmigo. Sin mí.  O contigo, o por ti.

   Yo no.

   Y te pregunté porqué temías, qué hacía tu inseguridad en el ancla de nuestro lecho; cómo tomabas por pasajero el río de mis besos y que te sujetara la mano al dormir y que te escuchara hasta el alba sin sopor ni incomodidad. Y no supiste contestarme, salvo yéndote. Y la pregunta quedó aquí, en el aire, en el espacio vacío que dejaste.

   Respóndeme, amor. No más silencio. Que hasta los hiatos son más breves; que toda distancia aniquila el misterio, y el amor sin amor muere.

   Y aunque no quiero morir desfallezco por tu ausencia. Y mi esperanza se marchita con tu silencio.

   Dos meses ya. Los días han ido cayendo uno de tras del otro. Y sigo aquí, solo.

   Respóndeme, amor, para dejarlo todo atrás: este paréntesis ingrávido, este amor que sueña o un corazón roto.

   El mío por ti, amor. El mío, amor, sin ti, y con tu silencio.

Día de Galicia/ Galicia’s Day.

El día a día/ The days we're living

   

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   Me gusta ser Gallego. Con sus cosas buenas, sus cosas menos agradables. Esta hermosa tierra enclavada como un mirador entre la península y el mar, abocada al Atlántico, dueña del mundo, tierra de emigrantes, de agricultura, de ganadería, de pesca, de montes, verde y azul, que por donde miremos la vista lo abarca todo: la solidez del granito, lo etéreo del viento y el cielo, ha dado grandes hombres, no pocos reyes, no pocos artistas, no pocos políticos (sí, hasta en eso) y sobre todo, incansables trabajadores y soñadores , que no dudan en desgarrar sus raíces, pero en cuidarlas, allende los Pirineos, allende los mares.

   En cualquier parte del mundo hay un gallego próspero, hay un español próspero, que jamás olvida costumbres ni de dónde ha venido: soy hijo de la Diáspora; me enorgullezco de ello. Pertenezco a esa raza que no tiene raíces fijas, pero sí un faro que lo guía, un conjunto de humores que lo caracterizan, y una carga genética que lo conforma: soy gallego, sí. Y me enorgullezco de serlo. Porque eso me hace aún más español; y ser de la Diáspora me hace aún más encantador: pertenezco al mundo, que es el objetivo de las personas (no de los políticos, todavía) del siglo XXI.

   Hoy, 25 de Julio, es el día de Santiago Apóstol. Antiguo día festivo nacional, yo lo recuperaría para que el resto de España recuerde siempre que de la unión nace de la fuerza, y que del centro emana todo: los radios que nos diferencian, los rasgos que nos hacen únicos. Puede que la economía nos fuerce a hacer algo que la ceguera política y advenediza todavía niega; no importa, es un empuje más a la clarividencia de un federalismo que no renuncia a ser céntrico, que no renuncia a sus diferencias siendo un mismo país, un mismo continente, un mismo planeta.

   Hoy es el día de Galicia… ¡Viva Galicia! Y ¡Viva España!

   Si no sabemos ver lo que nos rodea, aparte de la vergüenza que sintamos ahora por todo lo que hemos hecho en estos últimos veinte años, no nos merecemos un futuro que seguimos teniendo delante. Todo requiere esfuerzo: un cuerpo atlético, estudiar, encontrar pareja, tener un hijo, enfermar, curar, vivir. Es el tiempo que nos ha tocado vivir. Pues adelante.

   Y venid, venid sin miedo a una tierra sin miedos. Conoced la belleza de lo natural, la comida primigenia, los restos de un mundo que aún perduran y que en otras partes ya no existen: acantilados desbordantes, mar azul único y profundo, hermosas playas de arenas rubias,vino generoso, alimentos naturales, sin salsas ni escondrijos; Arte magno, perdurable en granito perenne; una fe que mueve montañas y acerca continentes, y una verdad desnuda, vislumbrada a través de velos que la adornan. Eso es Galicia, eso es una parte de España.

   Bienvenidos.

Maquillaje/ Makeup.

El día a día/ The days we're living, Medicina/ Medicine

   Ayer, mientras informaba a los familiares tuve que enfrentarme a una situación singular, no por extraña, si no precisamente por lo contrario: lo usual que es.

   El paciente de la cama 15 estaba muy grave. problemas respiratorios sobreañadidos a un linfoma de mala evolución; pronóstico reservado; puede dar un susto en cualquier momento. Es decir, en estado crítico. Exactamente como estamos en España. En la UCI, rodeados de medidas que nadie parece querer tomar y mucho menos explicar (las raíces del titubeo político se hunden en la casta que se han organizado y de la que ningún político se salva, pero ésa es otra historia). Pues bien, en el día de ayer había alguien que sí iba a explicarles la situación tal cual era.

   Se llevaron una pequeña sorpresa pues no se esperaban tal grado de crudeza. A mí me sorprendieron menos de lo que cabría esperarse, porque en conjunto y con nuestras diferencias, solemos dar una información lo bastante uniforme para que la picaresca gallega no haga de las suyas y, por lo demás, solemos contar la verdad tal cual es, con matices un poco más humorísticos, un poco más secos, a veces más positivos y a veces negros como un oscuro pozo. Digamos que la información de ayer era así: profunda y oscura, con escasas esperanzas. Y es que en un momento tan delicado eso es lo que hay que hacer: ser conscientes de lo que ocurre, explicar las medidas a tomar en caso de desarrollar esta u otra compilación, y dejar claro que la vida del paciente está en juego.

   Sí pero no.

   En general nos gusta el maquillaje. Tapamos imperfecciones, resaltamos rasgos, ocultamos experiencias, obviamos algunas tristezas y temores, en el rostro y en el alma. La sorpresa que se llevaron estos familiares sólo era en parte fingida: un médico les había dicho ayer por la tarde que estaba un poco mejor. El médico aquel  no mentía, sólo se limitó a describir la situación en aquel momento, interpelado de forma rápida durante la visita familiar a los pacientes. La situación era distinta en la sala de información, donde se tiene más tiempo libre para poder explicar la situación clínica de los pacientes. Como era mi caso. Y esa respuesta era menos falsa por la propia actitud de los familiares, tendientes a negar una gravedad que saben ya de antemano, para no pensar en eso realmente durante el tiempo que pasan en el pasillo de la Salud Perdida. Encarar la verdad requiere unos arrestos que pocos tienen, y una plasticidad poco frecuente y un sentido común difícil de encontrar hasta en las personas más preparadas intelectualmente. El mundo del sentimiento es un lío, y el de un sentimiento alterado, un tornado del que es difícil salir indemne.

   Pero es mi obligación y mi lealtad para con el paciente y para con ellos ser lo más sincero posible ante una situación tan crítica: no valen escondrijos ni maquillajes ni falsas esperanzas. Sólo afrontar el instante presente y lo que se avecina con la mayor consciencia y la más entregada voluntad. Sin embargo, esos familiares no lo entendieron. Me miraron con expresión extraña, y me interpelaron un tanto airados lo diferente que había sido aquella información con ésta y a ver si nos poníamos de acuerdo en cómo decíamos las cosas y así. Esperé unos segundos respetuosos a que acabaran con su perorata. En mi impulso luchaba decirles que se fueran de allí (realmente es lo que me apetecía, manipuladores hay en todas partes y estos eran de ese grupo) o bien intentarles explicar la situación de la información de la mejor manera posible.

   Me vi a mí mismo vendiendo el presente del enfermo para que, sin entenderme (que no lo hicieron), comprendiesen la enorme gravedad y el instante crítico que estábamos pasando todos: el enfermo, ellos y nosotros. Y me di cuenta que ésa es la actitud que muchos tomamos ante la vida y que los políticos con su síndrome del avestruz agravaron todavía más. No creo que deba vender una explicación que cae por su peso; si embargo, hay momentos en los que las artes de la diplomacia deben entrar en juego para que la comprensión se establezca, para llevar a buen puerto las mejores intenciones (y también las malas, todo hay que decirlo.)

   En cierto sentido me sentí un tanto estúpido intentando aclararles el asunto. Por otro, me pareció mi deber clarificar las dudas intensas que parecía haber en aquellas personas. Quería que se fuesen de allí con la idea bien clara que el paciente podía fallecer en cualquier momento y que la terapia podía ir bien como podía ir mal. Quería que supiesen las sorpresas que podríamos encontrarnos y que supieran que estaríamos allí para evitarlas o afrontarlas caso de aparecer en el horizonte. Exactamente lo que yo exijo de la clase política y exactamente lo contrario que, como ciudadanos, recibimos.

   Y en medio de la sala de información me vi a mí mismo como un político que intenta engatusar al electorado con sus ideas o sus ideales (baratos) para conseguir su apoyo; aunque en mi caso la entrega a la solución del problema es muy real y en cambio en ellos, más empujados por las circunstancias que por la entidad de servidores públicos que han perdido, es mínima o ya no existe tal como esperábamos.

   Cómo nos gusta disfrazar la realidad, cómo nos gusta anteponer una máscara al rostro. Seguimos prefiriendo el maquillaje, los sueños, a la realidad….

   ¿No es irónico?

   Y así nos va.