El día a día/ The days we’re living
Joaquín Sorolla: maestro de la luz/ Joaquín Sorolla: master of light.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're livingJoaquín Sorolla (1863-1923), mágico maestro de la luz y del agua, líquido y transparente, visionario, seductor, familiar y prolífico, nos recibe en el Museo del Prado en una antológica retrospectiva (desde mayo a septiembre, 2009)
Joaquín Sorolla (1863-1923), master of light and water, left us this pure magic power of colour, transparency and vivid sensation of light, water running and the protrayed present of an end era. His masterpieces are now being exposed in a retrospective at Museo del Prado from may to september, 2009. A delight simphony of talent, constancy and prolific affection to paint.
Glee.
El día a día/ The days we're living, Música/ MusicAcabo de ver el episodio piloto de una nueva serie norteamericana de televisión. Su nombre es Glee.
Es una mezcla imposible de géneros, pero me encanta. Y es alegre. Y cínica y tierna y tonta y obvia. Pero me encanta. ¡Ah! Y es un musical.
El primer clip es el número musical donde se versiona la canción Rehab y el en el segundo, el tráiler de la serie.
I just saw Glee (the first epiosde). And I just loved it!
Santiago de Compostela (IV)
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lugares que he visto/ Places I haven been
La belleza de lo espectacular unida a la belleza de lo cotidiano. Desde los techos de la catedral, la ciudad cobra otra dimensión.

Beauty is an espectacle. Beauty created by human’s hands bind to Nature’s beauty on the days that are going through.

Todo es posible en los días de sol.

And the world on this little old town never stops but it still be the same.

Yes, peace and quiet; noise; iridiscent lives living together; solitude; companionship. Enter, please, and enjoy.

El Tiempo lo es todo/ Time is everything.
El día a día/ The days we're living
El Escritor Constante/ The Constant Writer.
El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature
Eric Arvin entró en mi vida por casualidad. Supe de él navegando por internet y me interesé por lo que hacía y por su personalidad, que sobresalía claramente entre las líneas que él mismo había escrito sobre su persona. Y después me olvidé de él. Hasta que un día él se acercó intrigado ante ese personaje salido de la nada, a años luz de su vida, en la Norteamérica rural, y se interesó por mí con esa inquisitiva familiaridad que tiene para entablar relaciones duraderas.
Desde ese día fuimos tanteando gustos, confirmando afinidades, ampliando los límites de nuestros mutuos mundos, y disfrutando de un encuentro casual pero fructífero, al menos para mí sin ninguna duda.
Eric Arvin es, entre muchas cosas y por sobre todo, escritor. Su prosa es lírica, llena de una belleza atractiva, física, tierna pero resuelta y, por sobre todas las cosas, redentora. Ama a todos sus personajes, y quizá incluso con mayor fuerza a los más oscuros, y establece a través de ellos, probablemente de forma más que inconsciente, ese lazo con lo divino que parece escapársele en su día a día.
Pero el mérito de Eric Arvin no es sólo que escriba, y que lo haga bien, si no su portentosa capacidad creativa y su inmensa capacidad de entrega. Siempre está creando, siempre está escribiendo. Es un océano de creatividad que se sobrepone a dolencias físicas, a pesadillas anímicas, a los desafíos nimios del día a día. Hace de la escritura una metáfora de su propia vida en todos los sentidos: nunca sabemos cuándo comienza lo real y cuándo lo imaginado en sus libros; nunca sabemos cuánto de su sufrimiento, de sus muchas dudas, de sus pesares desemboca alambicado en esa prosa de oro ni cuánto empeño pone, día tras día, en crear mundos maravillosos, incansables, inamarcables y esperanzadores.
Porque eso es Eric Arvin: un escritor constante, un escritor con esperanza y amor por lo que hace; un hombre comprometido hasta su corazón con lo que ha elegido para vivir. Y es un ejemplo para mí.
He leído casi todo lo que ha publicado, como hago con aquellos escritores que me atrapan. Soy un seguidor fiel. Sus libros tienen más en común de lo que a simple vista podemos encontrar en sus diferencias. Porque en todos ellos late el corazón de la redención, del amor perdido y encontrado por fin, del abismo de la enfermedad, del dolor del abandono y la alegría de encontrar, en medio del peor de los escenarios, la verdadera razón que nos impulsa a seguir con vida.
The Rest is Illusion es su primera novela, y es una historia de amor a cuatro bandas; de descubrimientos; de aperturas; de aceptación y de redención suprema. Está escrito con sapiencia, con amor y con un lenguaje tan elegante como fresco, tan preciso como etéreo. Subsurdity es un divertimento, un vodevil que esconde en su interior historias desgarradas, miedos hondamente afincados y, nuevamente, la redención a través del reencuentro con uno mismo y con la persona deseada. Slight Details and Random Events es un compendio de cuentos cortos que encierra, como la semilla en el interior del fruto, una tierna y dura historia de amor que queda inacabada como ocurre casi siempre con los encuentros anhelados de nuestra vida. Y Mr. Right Now posee entre sus páginas el mejor cuento corto que yo le haya leído hasta la fecha, pues su protagonista, Deacon, logra inmiscuirse en nuestro corazón a través de las pocas líneas que este relato nos brinda de su vida como si fuera un regalo caído del cielo.
Estimo mucho a Eric Arvin. Tengo el placer de decir que me enseña muchas cosas. Algo en mi interior siempre ha deseado poder devolverle tamaño favor con regalos igual de semejantes. Es una carrera que comienza, es un trabajo de día a día, es un ejemplo a seguir de enterza y constancia. Es un jardinero fiel de su arte, y como tal merece ser seguido, porque pronto nos sorprenderá con una obra maestra. y me gustaría estar a su lado para poder disfrutar de ese éxito que supondrá la vuelta de una prosa artística, etérea y musical, y de la exposición de puros sentimientos en el mercado actual, saturado ya de muchas líneas huecas y vanas historias carentes de la pureza necesaria, y de la magia necesaria, para hacernos soñar.
I do like Eric Arvin. We met on line, searching for someone interesting to talk to and to share opinions about life and art and music and books. He found me, emerging in my life asking direct questions about my favourite authors (having much points in common with his.) Since then a kind of strange relantionship was on.
I learned about his work, the passion he puts in almost anything he does, the fight and struggle he lives in everyday, and the most admirable quality I can point in him: his constant surrender to his passion, that is writting. Because Eric Arvin is an author, a very fine and pure indeed. His prose is pure poetry, soft and direct as a gentle breeze, and its made with the most pure gold.
I have read all his published work until today (I wish he allows me some day to read all his body of work) and I love each one of his books. In The Rest is Illusion we can find a love story with four squares but, most important of any, a rendemption tale, a narration of liberation from the darkness side of the human beign to his pure spirit, to the last freedom.
Because Eric Arvin loves what he writes, so he loves every character he creates, and give to them all the opportunities to redifined their lifes, to refresh their facts and let them the wonderful grace of rendemption. He is closer to God that he ever thinks he is, but let’s don’t say it to him yet.
In Subsurdity we find the same prose: sweet, inconoclastic and funny, but disguising a more deeper tale of fear, self acceptation and, once more, rendemption to love. He is capable to buid the most romantic love couples no matter which gender, which race or which sex they share.
In Slights Details and Random Events, we can find a bunch of short tales written with this marvelous prose that transforms itself into angelic draws in the center of the book with a tale of inconclusive love, as they are in real life as well. And leaves us thirsty for more.
And, finally, in Mr. Right Now, we could find the most beautiful short tale I’ve read from him until now: Deacon Decides. He is capable to make us fall in love with Deacon in so short time, that his reaction towards what he wants and his fearless abandon to the Now is just a pure sense of joy.
Eric Arvin is an avid artist, and even he has to struggle with so many things in his life, none of them easy, he shows us the most powerful virtue of all: constancy. And I’m proud to know one of the most prominent young authors English market is in need for, so full of bored bad written pages, follow obsolete clichés and unconstantly stories.
He is a constant writer. And I admire him for it.
Un mundo borroso/ A blurry world.
El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside Dudo. De todo. De mí.
A veces no sé quién soy. A veces me parece que lo ignoro siempre.
Dudo de mí. De lo que soy, de quién soy. De lo que hago, de cómo lo hago y de la razón.
La muerte acaricia mis manos como la vida se escapa por entre mis dedos. La decisión de intentar esto o aquello; de proseguir, de detener la marcha; de encontrar nuevas salidas si las hay; de aceptar los hechos, y que esos hechos sean comprensibles, aprehensibles y lo menos dañinos posibles, no es fácil. Y lo peor: ignoro los mecanismos internos que me impulsan a establecer esos lazos, esas decisiones, esas ráfagas de conciencia borrosa.
Vivo en un mundo de incertidumbre, donde en cualquier momento una decisión errada me llevará al abismo y una maniobra acertada me arrojará al vacío. Y me gustaría saber si sólo a mí le ocurre este vagar por un mundo en sombras.
Dudo de mí. Constantemente. Y no puedo permitirlo. Pero lo hago. Porque no puedo engañarme a mí mismo.
Intento decirme que todos los actos acarrean consecuencias y que, al fin y a la postre, una vez hecho todo lo humanamente posible, el destino hace su entrada y juega a los dados de la vida. Aunque a veces ese juego nos haga sufrir, nos plantee un sin fin de problemas, o guarde para nosotros una sorpresa inesperada.
Soy miope. De mi propia vida. Y no hay lentes divergentes que consigan enfocar con claridad hacia dónde voy. Me aterra ser un buen ejemplo de física cuántica.
Sin embargo aquí sigo. Un día y otro más. Tomando decisiones que afectan a mi vida y a la de muchos otros: subordinados, amigos, compañeros en el viaje entre la vida y la muerte. Cada paso es definitivo, como una ruleta rusa que no tiene fin. Y con cada paso, con cada decisión, el entramado borroso de mis conexiones cerebrales, esa red aúrica, ancestral, espectral e inmaterial que gobierna mi cabeza, mueve los hilos de mis decisiones como parece tensar las cuerdas de mi vida. Y es esa incapacidad para discernir mi capacidad de decisión es lo que me angustia muchas veces; pues parece que no le ocurre a los demás, o los demás se callan, que viene a ser lo mismo.
Ser diferente ya es una carga; serlo hasta en la ciencia es casi un error. En un mundo que basa su existencia en al repetición exacta de un mismo resultado bajo las mismas condiciones en cualquier momento en el que se produzca; que intenta gobernar la ingobernabilidad del cuerpo unido al alma con protocolos, con decisiones sopesadas de antemano y que, por fuerza, todos debemos saber y manejar; llegar a ser consciente de la propia ignorancia, o de la incapacidad para adaptarse a las reglas del juego, es si no paralizante, al menos desolador. Y enfrentarse con ello día tras día no puede garantizar otra cosa sino ansiedad, cansancio y una aguda locura, por lo demás transitoria y fugaz.
No es fácil vivir en un mundo borroso. No es fácil intentar explicar a unos ojos ciegos o a unos oídos sordos que algo en nuestro interior, una conexión desconocida, una ruta ignota pero veraz, toma las decisiones, susurra las soluciones, establece los contactos, previsualiza los errores, adivina el futuro, arroja las acciones y sopesa las consecuencias de cada acto, de cada caso a atender. Porque el ciego no quiere ver ni el sordo quiere oír, y lo informe, lo inmaterial no puede medirse, evaluarse ni pesarse. Por lo que acabo vagando, como Israel durante cuarenta años, por un desierto desalmado y sin compañía.
Por eso necesito salir al balcón de mi corazón para refrescar las inmensas dudas que interrumpen esas autopistas informes. Por eso cuando yerro, son de mis dudas las responsabilidades. Cuando intento imitar al resto de los mortales, cavo mi propia tumba, cometo errores y me siento desconectado, vacío, agotado e incapaz. Por eso, y a pesar de las desgracias a las que nos enfrentamos día tras día, hay momentos en los que debemos parar, disfrutar del paisaje de nuestro interior, y confiar. Ir a tientas en un mundo borroso. Y con fe.
Aunque eso nos haga distintos del resto para siempre.
I doubt. Doubt about myself every single day: whom I am, what I do and how I do it.
Every single day death caress my hand as well as life and I do not know, I-don’t-know what mechanisms make me act the way I do, think the way I do and fail the way I do.
I live on an uncertainty world, in which at any moment, a bad decision, a correct decision, has its own possibilities and its own consequences, and all of them lying in me, coming from me and go beyond me to the others: co-workers, patients and friends.
I do not know which rules rule my inner world. I’m living in a blurry world and it reflects into my life, into my work life, and affects my own vision about my work and about myself.
I am different. I know. And it’s hard. It’s difficult trying to explain the unspected ways my thoughts emerge into the surface of my mind with the most correct way, or the most pleasant way to achieve a resolution, a way out of a problem. It’s hard to explain in a scientific language what it has no form, no structure of thinking, no way of draw into the material world.
And, when I doubt about my inmaterial capacity, I lack, I fail and I make mistakes. And I do hate make mistakes. But they’re the best way to learn, to comprehend the real connections between life and death and to make me realized the great gift I have inside me, no matter the fact that it makes me so different from the rest, so unexpected unique, but, in a real way, so normal, so human, so real.
I failed today. I doubted today. I made mistakes today. I tried to pretend to be a different kind of man. So I failed. And I made mistakes. And death took life again. And, even if I know for sure that those mistakes didn’t have a scientific connection between the fact of death over life, I know in my own self that my doubts made me took the reasonable but wrong decisions of mimic others and silenced my true spirit of action, my inner blurry connections with myself.
I am not always right. Sure I am not. But as well as I keep facing the balcony of my inner self, I know for sure that I’d give the best of me, even in the most tired moments of consumption, of lack of sleep, of deepest dark doubts. As long as I keep my connection with the blurry world that reigns me, I’d be allowed to do the best I can for anyone, and more so, for me either.
Even if that decision marks my difference with everybody, even if it makes me carry a scarlet letter on my chest… Because that is life after all.











