Para A.A. y A.U., que elevan mi vida con su presencia.
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Siempre hemos sido un Mundo: África, Asia, América Latina, Haití, China, Coreas, Vietnam, Nueva York, Madrid, Londres… Allí donde un ser humano sufra por nuestra causa de raza desubicada, allí somos Mundo. Y somos Tierra, Gaia maravillosa.
We’re always been a World: Africa, Asia, Latin America, Haiti, China, Corea, Vietnam, New York, Madrid, London… In where any human being suffer because of our thirst of errant shade of power and give suffering to any other human being, We Are The World. And we’re all Earth, wonderful and generous Gaia.
Por favor, si quieren, donen el coste de la siguiente versión de We Are The World, para ayudar Haití. Ejemplo de lo que va mal en nuestra vida. En el siguiente enlace: We Are The World (Reloaded)
Please, if you feel it right, buy the new version of We Are The World (Reloaded) to help Haiti, an example of the many mistakes we’re still doing in our present. In the nest link you’ll find the way to do it: We Are The World (Reloaded)
Siempre he sabido que, para conseguir ese hermoso sueño que es la libertad, la verdadera y auténtica, que hace saltar alas en los pies y notas de cristal en la boca abierta, tenía que alcanzar primero el amor, el amor verdadero y auténtico, que alborota y enorgullece, que trastorna y enloquece, que calma y adormece y que nos hace soñar.
Siempre he sabido que tú, ese sueño imposible, estaba ahí, esperándome. Buscándome en las tinieblas de ti mismo; luchando conmigo mismo, con mis ideas, mis imágenes y mis deseos; sintiéndome a tientas en la noche; alcanzando los brazos y el cuerpo para tocarte.
Siempre he sabido que tú y yo nos encontraríamos. Que sabrías mi nombre y cómo te llamarías. Que sonreiría al verte y tú al acercarte…Siempre he sabido que tú existías, aún en la lejanía de mi primer pensamiento, y que un sentimiento más fuerte que la vida te materializaría y te haría feliz.
Pero no ha sido fácil. La búsqueda, tu búsqueda, la mía. He estado tanto tiempo perdido en los meandros de mis miedos; he perdido tanto tiempo escalando montañas ajenas, alcanzando horizontes lejanos y ocultándome, que casi pierdo la fe en ti, en mí, en nosotros. Pero así es la vida. Deambulando por el desierto de mi nombre, apenas vislumbraba el cielo abierto, el latir de las estrellas, el arrullo de la mañana que amanecía. Y era un error. Y yo lo sabía, y me ahogaban la desesperación y el desorden. Y eso sofocaba todos mis intentos y me dejaba aún más desesperado, solo y preso.
Siempre ha habido un sueño, un sueño imposible que comenzaba contigo y terminaba en mí. Una estrella inalcanzable que exigía cremar toda mi vida, mi vida vivida hasta ese instante, por ser acariciada, no más que aprehendida. Y miedo me daba sacrificar lo único que sabía de mí mismo a un ídolo lejano, a un sueño informe. Y sin embargo… Ése era el precio de encontrarte; ésa era la salida a mi propia libertad. Pero yo lo ignoraba, lo ignoraba hasta que me encontraste perdido y me llamaste y me ofreciste tu mano y tu abrazo y tu alegría, y todo lo cambiaste para mí.
Me has hecho sentirme amado, aceptado y tan querido. Tanto… ¿Cómo es posible que haya estado tan ciego, tan solo? No lo sé. Y sin embargo ahí estabas, en el fondo de mis latidos esperando a ser encontrado, tropezado por mi vida a oscuras, para hacerte luz, día, estrella y sueño para mí. Y cuando todo eso ocurrió, en medio de la mayor desazón y soledad, el mundo se detuvo en un suspiro, y suspiré hondo en el pecho agitado, porque tus ojos me gritaban la maravilla, y tu boca cantaba los milagros de la vida y tus brazos se abrían a un mundo por descubrir. Y se desplegó el universo con sus múltiples posibilidades y sus eternos colores, colores que fluían de mí hacia ti y hacia mí volvían, y todo cobró sentido, sensación, comprensión y posibilidad.
Tú me has conquistado, y conmigo, has hecho que yo alcance la cima de mi propio universo. Eres mi combustible, mi guía. Porque has hecho que desvelara la energía de mi corazón, que destapase de una vez la gloria de mi destino, que me empañaba en vano en ocultar. Todo será revelado… Y tú desvelaste mi vida y mi vida alumbró mi destino, y ese destino es brillante, y ese sueño inalcanzable de pronto se ha hecho posible, y las alas de mis pies hacen que vuele lejos, muy lejos, alcanzando las estrellas. Y las notas de cristal que manan de mi boca, tocan ya los planetas y me acercan, en un viaje mágico que ocurre en mi propio interior, a la calma y a la placidez, y al éxtasis de sentir y de ser libre, libre de verdad, sin miedos ni flaquezas, ni dudas ni tropiezos, fuerte y ligero como pluma, hoja, haz o luz, niño y hombre, sexo y amor.
Paz, esa estrella inalcanzable. Honor. Amor. Libertad, ese sueño imposible de un eterno soñador que creyó perderlo todo, pero cuya más íntima ilusión, la primera de su vida y la única en realidad que le importaba, le regaló la magia y la locura y la saciedad y la anchura y la devoción y la certeza y la emoción, y le arrancó de las tinieblas de los deseos ajenos, de los sueños perdidos, ofreciéndole la más delicada estrella, el sueño más inmaterial, en sus palmas abiertas, por fin, a la verdadera vida, llena de ancha libertad. Una libertad pavimentada en mi vida pero que lleva, ahora sí, tu verdadero nombre.
Atrás quedan las dudas, los deseos frustrados, los errores. Ya no más… El viaje ha empezado, ha empezado por fin. No importa cuán tarde, cuán auténtico, cuán material. Ha empezado, para ti y para mí, y no tendrá nunca fin.
Bien Dotado es un libro de relatos compilados por su autor, Lawrence Schimel, bajo el prisma de un elemento común: la pornografía homosexual. En la introducción del libro, Lawrence Schimel diserta breve pero muy acertadamente, sobre la literatura erótica de cualquier género, pero haciendo hincapié en cuán importante es para la realidad homosexual, o para el mundo gay, la necesidad de reflejos de sus conductas sexuales, algo de lo que la población heterosexual nunca se ha privado y, por lo mismo, desconoce su necesidad de existencia.
En modo alguno he sido lector de este género literario, de la estirpe que sea. Recuerdo, siendo muy joven, las novelas llamadas best sellers, escritas habitualmente por mujeres (o cuyo seudónimo era femenino), en los que daban rienda suelta a una imaginación erótica que me excitaba pero que, al mismo tiempo, me dejaba frío y me incomodaba. No por su explicitud, más bien pobre, sino porque me revelaban detalles que no me interesaban en lo más mínimo, o que a mí no me importaban en lo absoluto, en la evolución de la historia en la que me encontraba inmerso. Lo mismo me ocurría con las películas, y me sigue pasando en la actualidad. Las escenas sexuales me incomodan, si no me irritan, y siempre me han parecido más el roce de dos trozos de carne que un acto que reverbera la historia sentimental que estoy viviendo. No me gusta que me expliquen todo lo que ocurre con un personaje, ni sus detalles, ni su día a día. Puesto que así no es la vida. La vida está llena de claroscuros, de detalles ignotos que impulsan actitudes y reacciones, y que muchas veces permanecen ocultos para todos, y los personajes de un relato no deberían escapar a ese misterio insondable que nos caracteriza a todos los seres vivos.
Marguerite Yourcenar comentó una vez la difícil singladura de la literatura erótica (del arte erótico en general), que corre el riesgo siempre de no saber en dónde está el límite, subiendo el tono de voz y el color de las acciones hasta rozar el mal gusto. Y no es que la sexualidad sea maleducada; la expresión cruda de la misma, como de todo sentimiento y pulsión extrema, por ser ellas mismas, puede llegar a turbar y perder lo maravilloso que encierran, en aras de una asimilación errónea y de un ansia por comprender y aprehenderlas en exceso racional y pueril. En otras palabras, escribir sobre sexualidad no es fácil ni terreno seguro, la crudeza puede degenerarse y la sutileza tornarse vil en el ansia de retratar como sea ese misterio insondable y que nos toca tan de cerca y que es el roce de una piel hambrienta con su propia piel o con la de ese extraño que es todo aquel al que amamos, aunque ese amor sólo dure un segundo fugaz.
Lawrence Schimel lo sabe y lo clarifica y asume su capacidad y abandera una literatura difícil con gran éxito. Bien Dotado es un conjunto de relatos de pornografía homosexual, o pornografía en cuanto a explicitud sexual, juego y encuentro, desencuentros, pulsiones, ilusiones y deseos; pero va más allá. Y en ese ir más allá es donde la capacidad de Lawrence Schimel brilla en todo su esplendor. En contra de la pornografía audiovisual, sus relatos no se basan en la narrativa sexual, sino que se sirven de ella para mostrarnos personajes complejos, llenos de dudas, de miedos e inseguridades; muy norteamericanos, muy neoyorquinos, muy judíos, pero a la vez universales, con los cuales nos identificamos con extrema facilidad: buscan, se alimentan de ese deseo de amor, de esa necesidad de experimentar y de sufrir, y de esa angustia de olvidar y ser olvidados, de recordar y ser recordados y de dejar huella indeleble en un pensamiento, en una caricia y en un orgasmo que siempre tiene la misma característica: ser insaciable.
Los personajes de Bien Dotado son como nosotros, o como nosotros pudiéramos ser, y viven no por el sexo sino con el sexo, y sus actos son sólo reflejo de tormentas interiores que todos conocemos: religión y fe; desesperanza; abandono; amor no correspondido; infidelidad; deseos reprimidos o descontrolados; actitudes sociales desdibujadas; límites insospechados que carecen de línea divisoria. La sensualidad explícita que Lawrence Schimel imprime en sus relatos consigue el fin de toda pornografía, pero la trasciende en su brevedad: excita sin llegar a cansar, ansía y reinvindica sin rozar el mal gusto o la irrealidad. Y eso nos demuestra que es un escritor de mano templada, que sabe dar en buena medida sensualidad, deseo y vigor al mismo tiempo que profundidad, esperanza y paz a unos personajes que buscan, que buscan siempre, en los meandros de esa jungla de asfalto que es la gran ciudad.
Enrique Toribio es un fotógrafo con una habilidad única, y es la de la sensación. Su trabajo está lleno de tacto, escapa la bidimensionalidad y habla, se mueve, se palpa. Acercarnos a sus fotos es encontrarnos de lleno con una historia que a veces se cuela entre los sentidos y otras nos explota en la cara, sin dejar a nadie indiferente. Pero su característica especial, su duende, es lo sensorial, la sensualidad, y la pasión por el placer, el dolor, la desesperanza y la vitalidad. Sus fotos están vivas, trascienden el espacio, y nos tocan de continuo. Son pura piel.
Enrique Toribio has this unique vision about flesh, passion and life. His wok is a masterful piece of sensuality, pain, troubles and love intertwined, and he plays with light, senses, color an dark with this joyful and passionate universe that flows out of the pictures and touches our senses, our hearts and our own skins. He is the photographer of the Skin, and his work just talks for himself. He’s an artist of light and flesh, making them a divine gift to the eye and soul.
Straight To Number One, Touch and Go.
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Una mirada fugaz al talento de Izak Amancio, acompañado de la música de cuerdas de Mischa Maisky./ A glance of the immense talent of Izak Amancio, get together with the magic touch of Mischa Maisky‘s chord music.
Adagio in G Minor, Johann Sebastian Bach.
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