La estrella inalcanzable/ The Unreachable Star.

Siempre he sabido que, para conseguir ese hermoso sueño que es la libertad, la verdadera y auténtica, que hace saltar alas en los pies y notas de cristal en la boca abierta, tenía que alcanzar primero el amor, el amor verdadero y auténtico, que alborota y enorgullece, que trastorna y enloquece, que calma y adormece y que nos hace soñar.

Siempre he sabido que tú, ese sueño imposible, estaba ahí, esperándome. Buscándome en las tinieblas de ti mismo; luchando conmigo mismo, con mis ideas, mis imágenes y mis deseos; sintiéndome a tientas en la noche; alcanzando los brazos y el cuerpo para tocarte.

Siempre he sabido que tú y yo nos encontraríamos. Que sabrías mi nombre y cómo te llamarías. Que sonreiría al verte y tú al acercarte…Siempre he sabido que tú existías, aún en la lejanía de mi primer pensamiento, y que un sentimiento más fuerte que la vida te materializaría y te haría feliz.

Pero no ha sido fácil. La búsqueda, tu búsqueda, la mía. He estado tanto tiempo perdido en los meandros de mis miedos; he perdido tanto tiempo escalando montañas ajenas, alcanzando horizontes lejanos y ocultándome, que casi pierdo la fe en ti, en mí, en nosotros. Pero así es la vida. Deambulando por el desierto de mi nombre, apenas vislumbraba el cielo abierto, el latir de las estrellas, el arrullo de la mañana que amanecía. Y era un error. Y yo lo sabía, y me ahogaban la desesperación y el desorden. Y eso sofocaba todos mis intentos y me dejaba aún más desesperado, solo y preso.

Siempre ha habido un sueño, un sueño imposible que comenzaba contigo y terminaba en mí. Una estrella inalcanzable que exigía cremar toda mi vida, mi vida vivida hasta ese instante, por ser acariciada, no más que aprehendida. Y miedo me daba sacrificar lo único que sabía de mí mismo a un ídolo lejano, a un sueño informe. Y sin embargo… Ése era el precio de encontrarte; ésa era la salida a mi propia libertad. Pero yo lo ignoraba, lo ignoraba hasta que me encontraste perdido y me llamaste y me ofreciste tu mano y tu abrazo y tu alegría, y todo lo cambiaste para mí.

Me has hecho sentirme amado, aceptado y tan querido. Tanto… ¿Cómo es posible que haya estado tan ciego, tan solo? No lo sé. Y sin embargo ahí estabas, en el fondo de mis latidos esperando a ser encontrado, tropezado por mi vida a oscuras, para hacerte luz, día, estrella y sueño para mí. Y cuando todo eso ocurrió, en medio de la mayor desazón y soledad, el mundo se detuvo en un suspiro, y suspiré hondo en el pecho agitado, porque tus ojos me gritaban la maravilla, y tu boca cantaba los milagros de la vida y tus brazos se abrían a un mundo por descubrir. Y se desplegó el universo con sus múltiples posibilidades y sus eternos colores, colores que fluían de mí hacia ti y hacia mí volvían, y todo cobró sentido, sensación, comprensión y posibilidad.

Tú me has conquistado, y conmigo, has hecho que yo alcance la cima de mi propio universo. Eres mi combustible, mi guía. Porque has hecho que desvelara la energía de mi corazón, que destapase de una vez la gloria de mi destino, que me empañaba en vano en ocultar. Todo será revelado… Y tú desvelaste mi vida y mi vida alumbró mi destino, y ese destino es brillante, y ese sueño inalcanzable de pronto se ha hecho posible, y las alas de mis pies hacen que vuele lejos, muy lejos, alcanzando las estrellas. Y las notas de cristal que manan de mi boca, tocan ya los planetas y me acercan, en un viaje mágico que ocurre en mi propio interior, a la calma y a la placidez, y al éxtasis de sentir y de ser libre, libre de verdad, sin miedos ni flaquezas, ni dudas ni tropiezos, fuerte y ligero como pluma, hoja, haz o luz, niño y hombre, sexo y amor.

Paz, esa estrella inalcanzable. Honor. Amor. Libertad, ese sueño imposible de un eterno soñador que creyó perderlo todo, pero cuya más íntima ilusión, la primera de su vida y la única en realidad que le importaba, le regaló la magia y la locura y la saciedad y la anchura y la devoción y la certeza y la emoción, y le arrancó de las tinieblas de los deseos ajenos, de los sueños perdidos, ofreciéndole la más delicada estrella, el sueño más inmaterial, en sus palmas abiertas, por fin, a la verdadera vida, llena de ancha libertad. Una libertad pavimentada en mi vida pero que lleva, ahora sí, tu verdadero nombre.

Atrás quedan las dudas, los deseos frustrados, los errores. Ya no más… El viaje ha empezado, ha empezado por fin. No importa cuán tarde, cuán auténtico, cuán material. Ha empezado, para ti y para mí, y no tendrá nunca fin.

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