Rojo, blanco y sangre azul: una historia deliciosa

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En estos tiempos de agitación mundial leer una novela vibrante, leve, ambientada en un presente que pudo haber sido posible (¿quién sabe si no lo será alguna vez?), Rojo, blanco y sangre azul nos lleva a la historia de Álex y su mundo, donde gravitan su hermana y su mejor amiga, y una serie de personajes cada cual mejor dibujado, envuelto en una aventura de alta política y, a la vez, de amor.

Es una puesta al día de Jane Austen, autora que admira el otro protagonista de esta leve historia, Henry, a quien debemos la parte de sangre azul del título. Objeto de antipatía, después de simpatía y finalmente de amor, Henry es el causante de todos los cambios que sufre Álex, de arriba a abajo; bajo su influjo se pregunta a sí mismo de dónde viene y porqué, sus valores, y su plan de vida. Porque hay algo que caracteriza a un personaje americano: con veinte años ya tiene la vida trazada, imaginada y parcialmente vivida en su cabeza.

Hasta que tropieza con la revolucionaria Europa.

Decir que es un relato ambientado en la Casa Blanca, que Álex es uno de los dos hijos de la primera presidenta de los Estados Unidos, que procede de una familia mitad latina, mitad norteamericana, con los sabores de México y Texas (la misma cosa desde el Descubrimiento) sólo le aporta estructura. Le aporta cuerpo. Pues Rojo, blanco y sangre azul habla de política, de racismo, de fluidez sexual, de esperanzas, y de la confrontación entre la percepción establecida y la nueva mirada, más amplia pero a la vez carente todavía de libertad añorada. Es todo eso, sin duda, pero sobre todo, es una historia de amor contada con tanta belleza y delicadeza por Casey McQuiston, que nos atrapa en un hechizo divino, no queriendo abandonar ese mundo perfecto que dos seres hermosos crean, con su encuentro, apenas sin darse cuenta.

No es un relato que escape de los clichés actuales: todo está bien aderezado en esta ensalada juvenil. Pero está tan bien escrita, y todos sus personajes son tan maravillosos, que atrapa y nos transporta a un mundo que es por fuerza único, pero sobre todo bello y casi perfecto. Álex y Henry, ese personaje tan maravilloso que se hace necesario, June y Nora, Pez y toda la pandilla, rodeados de descripciones envolventes, transmiten tanta juventud, tanta jovialidad y tanta cabezonería que nos descubrimos riendo casi siempre y viviendo, casi siempre, ese universo fantástico e irreal que es la primera juventud.

Rojo, blanco y sangre azul es una novela alegre, vital, divertida, leve pero con poso, que nos revela una autora con futuro una vez se aleje de los clichés más actuales, que vuela alto sin perder de vista ningún hilo y, mucho menos, la siempre agradecida intención de cambiar el mundo y mantenernos soñando cada vez que leemos una de sus páginas.

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