Intimidad improvisada: mi nombre es Máximo

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

El Paraíso está en las teclas. El Infierno, más allá de las ventanas que el Escribidor contempla mientras se haya imbuido en el desarrollo de las ideas, en el retrato de la realidad que observa y que juzga.

La verdad no está allá afuera, como rezaba una serie de televisión de culto de los años 90. La verdad vive en el corazón de cada ser humano y por lo tanto es parcial, profunda y única; nace de la observación y se alambica con la experiencia vital. Las conclusiones que conseguimos de esa alquimia eterna llegan a definirnos como seres humanos, como individuos capaces de transmitir y sojuzgar todo lo que nos rodea.

Pero cada pensamiento escrito es íntimo, es muy nuestro; compartirlo le presta resonancia; publicarlo en un medio de comunicación, una catapulta a la controversia, una plataforma al Infierno de la Opinión.

Intimidad improvisada, la nueva y mimada publicación de Máximo Huerta, es un compendio de ese sí mismo que piensa en voz alta, que escribe con la ventana abierta y que se lanza al ruedo de lo Público con las armas de su prosa y su corazón. Porque hay mucho Máximo Huerta en sus novelas, sí, pero sólo se retrata por entero en sus columnas de opinión, compiladas en este precioso volumen ilustrado por él mismo. Y es una muestra más de esa valentía única que le nace de las entrañas y que le hace destacar por encima de muchos periodistas de cualquier generación.

Siempre he defendido que los medios escritos están para destacar las ideas y las intimidades de aquellos que publican en ellos, y no las televisiones, cuyo poder de resonancia es mayor (y por lo tanto su mala o buena influencia), al entrar gratuitamente en nuestras casas y por tanto ser armas más factibles para (de)formar el espíritu humano. ¿Por qué? Porque significa un acto total de voluntad: compramos un periódico o una revista y buscamos y leemos la columna de aquellos que deseamos leer, que nos invitan a entrar en su hogar virtual y compartir ideas y puntos de vista. Es un acto voluntario más allá del click de encendido del televisor y escuchar los bramidos de los agitadores de conciencias (curiosamente, han pasado de la plaza del pueblo a los platós de televisión; la vida no para de repetirse, qué cansina parece a veces). Es una decisión consciente: la puerta está abierta y entramos sigilosos en el salón de estar del Opinador y establecemos con él una intimidad improvisada que dura segundos, pero que nos regala un universo que se expande, un nueva manera de ver el mundo.

Máximo Huerta ha vivido su vida entre los focos (de largo alcance) del qué dirán. Eso es lo que pasa cuando el patio de vecinos es un país entero. Como todo, tiene sus ventajas y sus desventajas. Intimidad improvisada es una balanza donde el autor nos muestra este conflicto sin juzgarlo, donde nos retrata el ritmo de una vida que vive, observa, piensa, juzga y opina en alta voz. Intimidad improvisada es un libro que nos enseña cómo Máximo Huerta cambia, se moldea y se adapta siendo siempre él mismo; contemplando, parafraseando un dicho italiano (heredado de una cita oriental de seguro), cómo los perros ladran mientras la caravana sigue su camino.

Nada detiene un pensamiento independiente, un corazón que late. E Intimidad improvisada en una buena prueba de ello.

2 comentarios en “Intimidad improvisada: mi nombre es Máximo

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