Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

Riña de gatos/ Much Ado About Nothing.

   A Riña de gatos.Madrid, 1936, la novela de Eduardo Mendoza que ha ganado el premio Planeta este año, me resistía. Curioso, porque novela a la que miro con ojeriza acaba regalándome sorpresas agradables. La mayoría, al menos. Y no se debía a su autor, del que confieso no haber leído nada hasta el momento; ni siquiera por haber sido galardonada con premio semejante, si no por cómo ha sido publicitada, algo que en mi opinión merma mucho las enormes posibilidades de este relato y me reafirma en el pensar que los españoles somos grandes creadores, pero nos vendemos fatal. Es lo único que nos diferencia de Italia: ellos saben cuánto cuesta y cómo exportarlo; nosotros nos conformamos con lo más arduo (hacerlo) y después dejamos todo a la deriva.

   Pues eso, de Riña de gatos me tiraba para atrás su temática, la eterna y ya gastada Guerra Civil Española. Todo lo que ese período pudiera tener de romántico, de único, de explotable desde el punto de vista creativo se ha visto derruido en estos últimos años por un maniqueísmo político ruborizante  y engreído. Nadie puede erigirse en dueño de la Cultura, ni de la Moral, ni de la Historia, y sin embargo en nuestro tiempo parece ser que es así. No me alarmaría tanto si la campaña propagandística no fuese tan apabullante, tan vergonzosa y sonora. Porque estamos en los tiempos de la cultura publicitaria, del pensamiento común, del esfuerzo mínimo, y cualquier idea revestida de novedad prende en el sentir humano con una facilidad que casi raya en el tontería. Y eso es lo que me molesta y me estorba con la Guerra Civil Española: demasiada producción cultural amarillista, caciquista y maniquea ha transformado un período emocionante y complejo, tierra fértil para el desarrollo de historias inteligentes, con poso y reflexión, en una época pesada, aburrida, cargada de tópicos cada cual más ridículo y una vana entronización del tiempo perdido que no va ni con ese tiempo convulso ni con el actual. Sólo los grandes artistas, aquellos cuyo talento no está posado sobre la propaganda o la cambiante moda, han hecho verdaderas obras de arte con este período de tiempo histórico de trasfondo: hace años que no hay nada que valga la pena reflejando esos años de tribulación y locura, y hasta hace nada, toda la producción cultural española parecía necesitar de esa excusa para sustentar los últimos estertores ideológicos de una sociedad difícil de cambiar, pero que ha aprendido a evolucionar a la fuerza.

   Pues todo esto y mucho más está plasmado en Riña de gatos. Hacía ya mucho tiempo que no gozaba con una novela tan celosamente escrita, llena de palabras maravillosas que hacen del español uno de los idiomas más bellos del mundo. La tinta de Eduardo Mendoza está llena de ironía, divertimento, sutileza y de una profunda observación del ser humano; es rica, plena, juega al trampantojo y mueve a la reflexión y a la taimada paciencia.

   No es una novela más sobre la Guerra Civil. Riña de gatos es el retrato de Madrid, de la convulsa y rústica, desdeñosa y sin embargo bella Madrid de 1936. Y es un himno al Arte español (más concretamente del Siglo de Oro y de Velázquez) y es un retrato veraz de cómo son los españoles y de cómo era España en una época de desorden que aboca en el caos y el caos en la transformación de un mundo.

   Riña de gatos. Madrid, 1936 nos es una novela de personajes. A Eduardo Mendoza la historia de Mr. Whitelands y sus improbables amoríos fugaces, con el arte, las mujeres y la sociedad, parece servirle sólo de juego disuasorio, de excusa para hacer lo que en realidad busca: el retrato de un mundo que fue y ya no existe y cuyos ecos resuenan entre nosotros con la misma sutileza que las costumbres palaciegas del Siglo de Oro conviven en nuestra alma cada vez que visitamos el Museo del Prado. Riña de gatos es como Las Meninas, de quien, creo, le debe todo: lo importante es lo que se ve, no lo que pinta. La vértebra de esta novela histórica es la Historia, la Sociedad, el Tópico, lo Utópico, lo Serio y lo Burlesco de la España de 1936: los avatares de sus protagonistas, en realidad, nos dan igual; casi podría decir que no nos importan: son una riña de gatos en el seno convulso de un momento histórico concreto en donde todo puede estallar y cambiar por completo.

   Es un retrato fiel de lo español, carente de apasionamiento pero cargado de humor y de profundos pensamientos. Todos los personajes reales que pululan en la novela piensan y actúan en términos de fin de mundo, en partículas de catástrofe. Esto da pie a reflexiones acertadas, emocionadas (porque es un español quien las piensa y las comprende), carentes de peso ideológico pero no de una pátina de nostalgia, como las imágenes de las fotos antiguas que amarillean de sepia sin borrar del todo los límites que retratan, que las hacen cercanas y comprensibles y, en muchas ocasiones, hasta simpáticas. A través del Arte, Eduardo Mendoza nos explica un mundo (o al menos la parte del mundo que su propia experiencia le ha regalado), que es España, y el Madrid más castizo y encantador de 1936. No es una ciudad oscura, cercada de peligros y carente de alegrías: todo lo contrario. Sin ser ajena a lo que le rodea y a lo que seguro está por venir, la ciudad es un hervidero de gentes de todo pelaje y condición, de fiestas, protestas, juergas nocturnas, sueños alcanzados o rotos, de generosidades y charlas intrascendentes, de comidillas de sociedad, de ideales en gestación y abierta, siempre abierta a lo extranjero para hacerlo sentir propio, suyo: exactamente lo que, 75 años después, aún es hoy. A través del Arte del día a día, Eduardo Mendoza retrata un instante del tiempo en donde todo puede ocurrir, la gestación de un hecho está en marcha, y la vida, si es vida, se vive al día y al límite.

   Riña de gatos. Madrid, 1936 es un fresco de Historia cuyo andamiaje, cuyos personajes ficticios no nos interesan, un poco como en Las Meninas no nos importa que sea el de los reyes el retrato que Velázquez está pintando, pero cuyo corazón, que es Madrid, late con brío y y con esperanza a pesar de las sombríos augurios que la rodean y del oscuro futuro que está por llegar. Un poco el símbolo de nuestros tiempos de hoy.

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