El día a día/ The days we're living

Enamorarse/ In Love.

Innamorata. Dean Martin.

¿Puedo enamorarme de ti? No lo sé. Apenas te he visto un par de veces, y sin embargo….

¿Puede el amor aparecer en medio de nuestros cuerpos, acurrucados en la calle y abrazados por el frío? No lo sé. Y sin embargo…

Cuando te beso, tus labios se abren dándoles la bienvenida, y noto el cosquilleo y el húmedo vagar por entre esos límites tan suaves. Y cuando me abrazas, tu espalda mullida me recibe cálida, y deposito mi rostro entre tus hombros y todo parece perfecto, suspendido en un momento eterno.

Cuando no te veo, sediento estoy de ti. Palidezco cuando no sé de ti. Cuando no tengo un mensajito tonto, un guiño en la pantalla, un pitido de mi móvil. Cuando no estamos juntos me lleno de ansiedad pensando en ti, con quién estarás y si disfrutarás como lo hacemos cuando estamos juntos. Y tengo celos cuando no estás. Y tengo miedo si no sé de ti. Y a veces eres tan callado…

A veces, si durante el largo día no sé nada de ti, me da un cosquilleo ridículo en el corazón, y me entra un deseo enloquecido por llamarte, por abrumarte, por hacerte saber que sí, que pienso en ti más de lo que debiera; que te extraño más de lo que esperaba; que sólo te he visto dos veces y he oído tu voz de arrullo y echo de menos cada uno de tus gestos, el olor de tu cuello y el sabor de tu piel en mi boca.

¡Oh! ¿Será posible? Cómo en tan poco tiempo me has conquistado y yo sin saberlo. Mi corazón se acelera cuando oigo tu nombre, y adoro la voz que lo pronuncia como a un dios nubio, perdido y oscuro, porque me revela una divinidad que me intoxica.

Sí, eso es: todo se complica. En mis palmas tus manos descansan, y tu espalda contra la mía, pared contra pared, y el sudor que se mezcla con los cuerpos y con las intenciones…

¿Será posible, entonces? ¿Será posible que desee tenerte siempre cerca, llenarte de mis ansiedades, calmarme con tu piel? No lo sé…

Pero algo me pasa. Esta fiebre me consume y tú eres su causa, su origen y su cura, porque apenas te oigo llegar y mi corazón se detiene, tanto que creo congelarme hasta que apareces tras la esquina, escondido tras el árbol, tras mi propio corazón. Y parece que llego al cielo cuando me acoges en tus brazos y me besas, me besas largo como el día que tengo sin verte, sediento como el desierto de frases que quiero decirte y que transformo en besos.

Y en medio de esa locura te miro a los ojos y me sonríes incrédulo. Y yo quiero gritar el mucho bien que me haces. Que llenas mi vida de música y haces que mis pies dancen junto a los tuyos, arrullados por la bruma de la tarde, en el caer de la noche, cuando todo son sorpresas, la chaqueta que te quitas, la camisa que me desabotonas y el cosquilleo de esa barbita que te crece tan rápido y que tanto me gusta…

¿Puedo enamorarme de ti? Cuando te veo en la penumbra, descansando del cansancio de nuestros cuerpos, tan lejos de mí, que te llevo dentro, y tan cerca, tan real y, sin embargo, tan extraño…

¿Qué me está pasando? ¿Por qué siento esta ansiedad que me devora? ¿Adónde me puede llevar esta pasión que me descontrola? No lo sé…

Y sin embargo estoy en las puertas del cielo cuando tus piernas me sujetan una vez más y la sinfonía de tu risa la inunda todo: la pasión y el recreo, el éxtasis y el puro abandono…

Amor, amor, amor… Sería fácil, demasiado fácil enamorarse de ti, y llamarte cariño, vida mía, mi amor, todos esos nombres ridículos que se me antojan maravillosos porque te dibujan, recortado tras las luces del alba, cuando te levantas desnudo y tu piel brilla de sudor, de placer y de olvido…

Bésame, bésame una vez más. Abrázame, abrázame fuerte y di que eres mío, con esa voz cálida y dulce, que envuelve una revolución de estrellas. Y yo te acogeré entre mis brazos y te acariciaré la espalda increíble, el rostro perfecto, esas orejas pequeñas, esas manos de artista y las aristas increíbles del resto de tu piel. Di que puede ser, que quieres ser y yo todo lo traeré para ti, porque sí, sí, sé que es posible, contigo cerca muy cerca, en la distancia de un beso, entre los límites de un abrazo, en las enredaderas del placer y del hartazgo, calmados por el hallazgo y eternamente sedientos de más…

No tengo cura, no quiero cura. Tú lo eres todo, todo, todo y no entiendo la razón y no quiero entenderla…

Sí, me abandono a esta locura de tu nombre, a los deseos insaciables, a nuestra locura y nuestra pasión, sin miedo, sin temor ya y sin más preguntas. Ya no lucho, ya no te analizo. Me entrego, ya ves, a la magia de tus manos, al secreto escondido de tu pasión.

Y sí, en medio de esta sonata que suena por nosotros, lo digo en voz alta, clara y segura: estoy enamorado, enamorado de ti… Y qué feliz soy y qué único me siento gracias a eso, gracias a ti.

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