España, lo que me gustas/ Spain is (not) different.

Haber nacido fuera de España da una visión del país muy distinta de alguien criado en su seno. Nos da cierto distanciamiento muy útil tanto para  valorar lo malo como lo mejor, aunque ofrece ciertas desventajas, como cierto desarraigo de todo, una falta de pertenencia, de raíces, que no acaban de pasar por completo. De todas maneras, hay más cosas positivas que negativas en tener una vida escindida por la emigración, o lo que consideramos emigración en este nuevo siglo, que todo lo cambia y lo amolda a la situación que más le conviene.

Aunque habría que preguntarse realmente si, tras pasar exactamente la mitad de una vida en el país de nuestros genes, de nuestros antepasados, de nuestros padres, nos da derecho a sentirnos sin raíces, o con las raíces al desnudo, que viene casi a ser lo mismo. No lo sé. Lo que sé de cierto es que aún hoy, y quizá con más motivo, me considero lo bastante afortunado de vivir en un país como España, lleno de problemas reales e imaginarios, y que me ha dado tantas oportunidades como dificultades me ha regalado, y que me va permitiendo, conforme nos vamos conociendo y aceptando, crecer en su seno.

Todos sabemos los males que aquejan a este hermoso país. Somos nosotros quienes encarnamos esos males. La enorme belleza natural, el incalculable valor cultural que esta piel ibérica tiene, no sabemos valorarla y es una pena. Lejos de la dejadez italiana por su historia, en España la historia de ser español cae como una losa que no tiene sentido: vivimos rodeados de esa riqueza maravillosa, de esos errores que se transforman en lecciones, y de una lección de pluralidad (que no de diferencias) que nos hacen únicos y deseables. España es un país que gusta a todos menos a los españoles, y como gusta tanto, nos avergonzamos tanto, que procuramos ensalzar sus defectos puesto que nos abruman tanto sus virtudes, que decirlas en alta voz nos parece un error o una falta de discreción vergonzosa.

¡Nunca más! España es un país maravilloso, lleno de problemas, de costumbres arraigadamente antiguas, financieramente algo paradójicas y, personalmente, a veces irritantes, pero es un lugar bendecido por Dios, lleno de belleza, que adora la belleza, algo brusca, algo salvaje (y quizá por eso tan hermosa) y tan llena de vergüenzas que hasta mueve la compasión a veces y la calma.

Es curioso que los países más bellos de Europa sean casi un caos. Italia es una península que siempre se viene abajo, y allí está, navegando entre naufragios continuados. España, que la sigue en riqueza cultural, se niega constantemente los puestos de cabeza en que la historia la ha lanzado desde el principio, con su fruto de literatos, filósofos, artistas, deportistas y algún que otro político sagaz. Los demás países, por temor, emplean como samuráis, esa sensibilidad errónea y traslucen en sombras chinescas un presente que no existe y un pasado que, a fuerza de manipulaciones, llegan a transformar en algo irreal… Pues sí: Francia se empeña en regodearse de una belleza elegante, bruñido de oros y cobres, que esconde algo menos dulce en sus entrañas; Gran Bretaña, en el espejismo de su riqueza de última hora, se empeña en disfrazar de modernidad una mentalidad que cambia mucho más lentamente que la mentalidad del mundo, y esconde un rechazo a una diversidad que se le impone de fuera, con rabia contenida; los maravillosos países del Este, de una raza melancólica de rubia tez, esconden en el interior de sus bosques una cultura fragmentada por sus constantes luchas internas, un ansia de libertad ensuciada por siglos de yugos impuestos por otros; el Norte, tan norte, esclavos de su lejanía y de su clima de eternas nieves y primavera de luz, miran con excentricidad todo aquello que no conocen, como si fuese algo separado de su propia realidad, y naufragan en esa visión del mundo, del que no difieren ni siquiera en las costumbres ni en las enfermedades; la sufrida América, tan rica, tan productiva, tan poderosa, enfrenta su juventud con las exigencias de los nuevos tiempos, y son un reflejo en el que nuestra sociedad debe reflejarse: lo tenemos todo, lo queremos todo, pero sin aceptar esfuerzo y lucha a cambio. La poderosa China, que basa su riqueza en la explotación esclavizante de una población analfabeta, en el que la superstición campa a sus anchas y que parece enclavada en la Edad Media europea, pero con la tecnología del siglo que nos ocupa, caerá pronto en nuestros mismos errores a poco que esa gente vea la luz de una cultura que se les niega; la variada India, ese Asia remota tan diferente al Asia cercana, en el que las supersticiones de una raza apegada a sus religiones impiden el brillo de la luz de la verdadera libertad, arenas eternas que no dejan paso al verdor de la juventud y la verdadera alegría; el África más lejana, con años y años de luchas intestinas que no encuentran sosiego, empeñados en recrear una sociedad como la nuestra, en la que el producto es más importante que el individuo que lo genera, ahogada su riqueza y su diversidad en enfermedades, abandonos y pobreza real, que no única…

Los países más bellos de nuestra cultura son los menos queridos por sus propios habitantes y eso es un error. España es un paraíso de diversidad, de belleza natural, de maravillosa cultura. No se merece la política que tiene ni sus dirigentes, pero ellos mismos son reflejo de nuestra neutralidad, de nuestro desinterés, de nuestro poco amor por esta península llena de sol, mar y tranquilidad. España no es un país amable, ni hay panderetas ni hay siesta ni hay modorra ni abandono. España es un país duro, en el que hay que trabajar y luchar; en el la gente mira a los demás y en vez de encontrar orgullo y aliento, sólo encuentra envidia y desasosiego, y muchas veces el infantil deseo de ser igual, lo mismo, o más alto o más guapo o más rico o más feroz. España es un país cruel consigo mismo como el que más y sin embargo… Hay tanto de bello, de dulce, de merecido en esta tierra en la que llevo ya la mitad de mi vida, hay tanto mar azul, tanto qué comer, tanto de lo que reír y de lo que llorar, tanto que admirar…, que hace mi amor por sus costas, por su continente, por la belleza de su arquitectura, por la profundidad de su pensamiento y de su cultura, crezca día a día  a pesar del día a día y de ese secreto empeño que ponemos en destruirnos a nosotros mismos.

España es única y forma parte del mundo que la rodea. España es diferente en sus similitudes con el resto de Europa, y tan diferente…, que todos queremos estar aquí, vivir aquí un sueño, una historia y un presente… España es maravillosa, y siempre vale la pena el esfuerzo.

Juan Ramón Villanueva

Un aspirante-a-todo-lo-que-sea, que vive en Santiago de Compostela; dedicado a vivir demasiado en su cabeza; con grandes amigos con los que compartir todo los aspectos de la vida, y que empieza a necesitar expandirse más allá de sus propio límites geográficos. Aspiring-to-everything-that-it-is, living in Santiago de Compostela; dedicated to live too much in his head; with great friends with which to share all aspects of life, and that begins to need to expand beyond his own geographic limits.

2 comments

  • Precioso artículo sobre España, Juan. Y muy acertado. Yo siempre hablo de un país en el que los complejos de superioridad e inferioridad es como una especie de marea que mece las mentes de la gente. Nos gusta, lo criticamos…lo odiamos, lo defendemos frente a todo.

    Un saludo, amigo!

    • Es fascinante y frustrante a la vez ver el derroche de potencial por estar envueltos en esa marea.
      ¡Un abrazo, Bohemio!

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