Reino Celta/ Celt Reign.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Literatura/Literature, Música/ Music

He nacido en el mundo. Formo parte del mundo. Y me considero de todos los lados. Hay cosas que me gustan y me disgustan de todos ellos, como hay cosas que soporto y que no de mí mismo. Así es la vida. La mía al menos. Pero, a pesar de las distancias, o quizá debido a ellas; a pesar de la cultura global y diversa de la que formamos parte; hay algo, algo que tengo en la sangre, que todos los que pertenecemos a esa tribu ancestral llamada Celta, que llevamos impreso, y que nos condiciona. No que nos diferencia del resto; eso es el pensar reduccionista al que nos quieren arrojar personas de miras estrechas y sin más ansia que la destrucción en sí misma. Nos condiciona en la actitud hacia la vida, sea en un momento o en otro; nos condiciona el sentir, el expresar, el saber. Galicia es celta, celta entera. Y el resto del norte de España también. Y la Bretaña, e Irlanda y Escocia, y la mismísima Inglaterra. Todos provenimos de las lejanas tierras del Rin, que fluye libre por los estuarios y limos del tiempo. Hasta nuestro vino Albariño, el mejor de los caldos rubios de España, proviene de esas tierras germanas que tan caras se me han hecho. Y todos tenemos un gusto por el mar embravecido, los días grises de viento restollador, los grandes precipicios que terminan en el océano insomne; los verdes prados; el cielo azul de nubes blancas; los viajes interminables que son peregrinajes hacia nuestro propio corazón;la buena comida, la buena bebida; la añoranza, la morriña, la saudade; y el calor de un hogar vivo, iluminando la música que suena.

Y es aquí en donde todos nos juntamos: la música. Nadie, nadie sin una gota celta en su sangre, puede emocionarse ante el sonido de la gaita, ese lastimero llorar que, sin embargo, puede transformase en alegría o en grito; el leve planeo de la flauta; el sonido firme de los pasos de baile de una Muñeira en un suelo de granito o de castaño; la algarabía de la pandereta o el grave bamboleo del tambor. Nadie puede emocionarse hasta las lágrimas cuando consigue escuchar, incluso en la lejanía de un hogar que ya no existe, esos acordes que siempre empiezan igual, esas notas que emergen de unos labios, de un pensamiento que sirve de unión en la diáspora, que mezcla, emprima, y emociona.

Por eso yo, ciudadano del mundo ante todo, sé que soy celta hasta las raíces de mi cabello; porque, desde el calor tropical de un mundo que ya no existe, hasta hoy, la música de la gaita, el arrullo del viento entre los árboles; el arrebatador vals de las olas en la costa siempre azul; me recuerdan lo que soy y adónde voy, y disculpan, o más bien aceptan, mi marcada melancolía y mi añoranza por los que se han ido, y mi esperanza por los que vendrán.

I’m Celt. I know. I know it by heart since I was a little boy. Though I know for sure that I’m more than that, I’m a proud World Citizen, I knew better, and I always will, that I’m Celt from the core.

And I know because none else can just tear-up, and feel heart beats faster, just listening to the sound of a bagpipe, and watching at the never-ending ocean rushes into the edge of the shore, so fierceful and graceful at the same time; the windy grey skies; the pouring rain; the smell of the eternal emerald forests; the dances; the food, the drinks; the warm of an open fire. No one without celt blood can never understand, even in the distance, this cruelty and this lovely state of perpetual melancholy, of Morriña and Saudade that characterizes us. But everybody can enjoy the greeting, the open spirit, the welcoming heart of these people that I belong to.

Being Celt is a choice to mix cultures; to engage emigration; to enjoy long distances; to be loneliness but never alone, surrounded by people that teach us to be perpetually different but equals; and to dream, always sleepless, with the return to the roots, to the never sleep ocean, and the rush shores, and the smell of the old town, of the sea-food, and the shadows of life and the spirit of the eternal death.

That’s being Celt to me. To me. A citizen of the always turning world. That loves differences above all. Because they make us unique and equals at all levels. But who is Celt without asking, without worries, and that likes being that way.

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