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Casi en el Paraíso/ Almost Paradise.

Almost Paradise. Loverboy.

Durante la noche, mientras dormía, miraba cómo respiraba. El amplio pecho ascendía y descendía rítmicamente, a veces con un sonido leve algo agudo, gracioso porque provenía de aquel rostro labrado por la luz lunar, curioso y callado como un signo de interrogación.

Dormía mientras yo velaba. Y vigilaba su sueño, más preciado para mí que mi propio descanso. Porque esos brazos caídos ligeramente sobre el tronco; esas piernas flexionadas; esos labios discretamente húmedos, justificaban por entero las horas de conciencia despierta. Porque soñaba viéndolo dormir; soñaba con su compañía, con su calor a mi lado; con su cuerpo rodando tranquilamente hacia el mío y tocándolo sin querer, en esas arenas movedizas del ensueño, mezclándose mis deseos con esa imagen de pura realidad, que descansaba abandonada al sueño rozando los márgenes de mi ser.

Y en aquellas horas su ser era todo mío. Todo. Por completo. Todo. Concreto. Absoluto. Todo. Y una alegría más parecida a la culminación del amor me llenaba el pecho y estallaba en mis oídos, se reflejaba en mis ojos y llegaba hasta las estrellas. Porque estar a su lado era como entrar en el Paraíso, como caminar por el océano y nadar hacia la Felicidad.

Pero las horas pasaban. Y el sueño lo devoraba todo y la luz resplandecía en la mirada abierta que sonreía al nuevo día. Y no a mí. Y se levantaba el cuerpo repuesto, dispuesto a emborracharse de vida mientras me sonreía desde la distancia de lo distinto, y el Paraíso vivido por la noche se desprendía como sus ropas y se diluía en el agua de la ducha y se secaba con los primeros rayos de sol. No había luna distante, ni brillo de estrellas; y el calor del acercamiento se entibiaba en la cercanía de la camaradería, y la sonrisa secreta y la caricia escondida desaparecían detrás de los deseos nunca cumplidos, nunca dichos, nunca gritados, a pesar de que cada uno de mis pasos, cada caricia abortada, cada sonrisa disfrazada lo bramara hasta quedarse sin voz.

Sin voz.

Aún añoro esos días en los que casi estuve en el Paraíso.

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