Negra sombra, brillante luz.

25/07/2013

   DSC00223Llevo viviendo en España más de 20 años. Y he visto de todo varias veces repetido. El dolor de la incomprensión terrorista; cientos de vidas segadas por el ansia de lo diferente; el dolor de un país por el asesinato de un joven concejal; las lágrimas de un terremoto; la marea negra del progreso; el infierno de Atocha. Y he visto cómo de la oscuridad nace la luz, lenta y misericordiosamente.

   Y es algo que siempre les pasaba a otros. A capitales importantes, a centros de poder, a lejanas zonas.

   Pero no.

   El descarrilamiento del tren de alta velocidad a las puertas de la ciudad en la que vivo, por los motivos varios que sean (porque nunca se debe a un solo error, si no a una concatenación de ellos), me enseñó que, por más pequeña y empeñados en que la veamos insignificante ciudad, la tragedia también llega a Santiago de Compostela pare recordarnos, como ya cantaba Rosalía hace dos siglos, que la Negra sombra se acecha con Galicia y que siempre le hará sombra.

   Yo estaba aquí sentado ayer a esta misma hora. Comencé a oír sirenas y el murmullo del helicóptero. Qué raro. Inmediatamente pensé en mi compañera de guardia en la UCI del hospital. Menudo día para estar de guardia: una fiesta que se ha hecho mundialmente conocida, muy visitada, y por encima un accidente temprano, antes de los festejos. Menuda noche.

   Menuda noche, sí señor.

   Poco después vi la noticia en la red: un tren había descarrilado y se contaban cuatro muertos. Y ya me puse en alerta. Aunque puede que no fuese a más. Cuando las noticas, raudas, aumentaban el volumen de lo acaecido, mi madre me dijo si no debería ir al hospital. Yo dudaba. Pero me aferré al sentido común: salvo ser llamado, estorbaría si no era necesario.

   Pero esa duda no cuajó mucho en mí. Sonó el móvil y ya no tuvimos parada. Había llegado un momento único que casi nunca se vive.

   – ¿Puedes venir al hospital?

   Por supuesto, no hubo duda.

   – Voy.

   Diez minutos y entraba corriendo por Urgencias. Y fue como toparse con un trocito del horror. Enfermos que entraba y salían, personal sanitario afanado, sangre por todas partes y cierto caos. Suponíamos que era grave, pero aquello era más de lo que creíamos. De hecho, aquel montón de traumatizados era la punta del iceberg.

   Inmediatamente pregunté dónde era útil. Mi jefe me indicó que subiese a supervisar la UCI siendo que la médico de guardia estaba allí en Urgencias. Allá me llegué: comprobé que mis compañeros de refuerzo no necesitaban más ayuda y volví a chequear aquellos enfermos que podían ser llevados a habitaciones normales donde el resto de compañeros médicos y enfermeras estaban dispuestos a recibirlos.

   Pero yo no me podía quedar encerrado en la UCI a la espera de lo que iba a llegar. Así que bajé a Urgencias y me uní al grupo de mis colegas Intensivistas. Estaban con un enfermo: Desconocido 2. A su lado estaba una de nuestras enfermeras, que se había quedado como el resto de sus compañeras para apoyar al turno de noche: el mismo ejemplo lo siguieron los auxilaires clínicos y los celadores. De lo más pequeño a lo más grande todos, todos estábamos allí.

   Gritos, desesperación, sufrimiento, sangre derramada, pérdida de conciencia, estremecimiento y miedo: así era Urgencias. Nos dividimos el trabajo: grupos de médicos y cirujanos para cada enfermo. Como eran traumatizados, era necesario hacer pruebas radiológicas. Todo el equipo de rayos estaba preparado en la planta siguiente de la que estábamos para hacerlo. Y gracias a mis compañeros, Desconocido 2 y yo éramos los primeros listos para ir hacia allí. Así que nuestra enfermera intensivista y yo lo acompañamos.

   Una vez en la planta tuvimos que esperar. Un enfermo más grave bajó en el otro ascensor. El médico de Urgencias que lo llevaba me pidió ayuda. Y así, sin saber cómo y sin comprenderlo, me di de bruces con la realidad de estas situaciones de apremio y certeza: la propia vida, la propia situación, nos pone en nuestro sitio.

   Los enfermos comenzaron a bajar y en un pestañeo ella y yo estábamos a cargo de diez. Debíamos clasificar quiénes deberían ir primero a hacerse las pruebas y terminar, o bien ingresados en UCI y Reanimación, o bien ir directamente a Quirófano.

   Y había que atenderlos, porque necesitaban de nuestros servicios especializados.

   Todo funcionó maravillosamente. Nada estaba planeado, pero el sentido del deber y de Servicio, eso que nos ha llevado secretamente hasta allí y que siempre está escondido en la mediocridad del día a día, afloró y nos guió en aquel instante de locura.

   Los radiólogos informaban al instante, los auxiliares y técnicos se portaban a las mil maravillas, las supervisiones de enfermería me ofrecieron toda la ayuda, y la enfermera intensivista, de esas mujeres estupendas que valen para unas buenas risas y para el trabajo más arduo, me facilitaron una labor que no pedí, que no busqué, pero que me salió al paso.

   Allí conocí a Lluis, con un gran tajo en el tórax, respirando con dificultad. Y a José María y a Aurora, que temblaba como una hoja por perder tanta sangre. Y a Iago, que lloraba por dolor y la falta de vida. Y a Markus, de apellido impronunciable, en un español simple que le bastaba para comunicarse más o menos claro, con un gran hematoma en el abdomen y sangrando a chorro por él.

   – ¿Hablas inglés?

   Le pregunté. Él asintió. Fui incapaz de pronunciar su apellido en alemán. Le dije que si no le molestaba, sería Markus para todos y casi sonrió.

   Llegó el jefe de Cirugía apremiando porque había que cortarle la hemorragia y el resto de su equipo. Les enseñé aquellos que ya tenían las pruebas. Los anestesiólogos que empezaron a  bajar con sus pacientes asignados tomaban también nota de esa pequeña fila de enfermos que teníamos en los pasillos de Rayos. Y le tocó el turno a Markus.

   Lo llevamos hasta la camilla del TAC. Recuerdo que le apreté la mano y le guiñé un ojo. Y le dije que ahora le íbamos a hacer un escáner y después iría al quirófano y que el dolor pronto pasaría. Me miró a los ojos y asintió. Creo que me creyó. Eso espero. Me llamaron para que atendiera a otra urgencia y nunca más supe de él.IMG_6044

   Cirujanos, Traumatólogos, Anestesiólogos, Internistas, Vascualres, Torácicos, Neurocirujanos Intensivistas, Urgenciólogos: todos estábamos allí. Todos teníamos algo que hacer. Y Enfermería y Auxiliería y Celaduría se multiplicaban como por ensueño. Y las Asistentas de limpieza, que bregaron con la escasez de personal para que todo estuviese lo más limpio y aséptico posible.

   Todos, todos teníamos quehacer. Y ni una queja, ni una palabra más alta que la otra. Trabajamos al unísono, como un mismo cuerpo, un mismo brazo, un mismo corazón. Los auxiliares administrativos intentando verificar los nombres de los enfermos, y dibujando estructuras de ayuda para los familiares desesperados y perdidos. No fue perfecto, pero fue único.

   Ni un suspiro de cansancio: no teníamos tiempo ni para respirar. Aquí y allí estábamos todos al quite. Y Desconocido 2 ya en su cama de UCI esperando el bautizo de su nombre.

   Sin embargo, en medio de la refriega yo lo observaba todo y me observaba a mí: mis miedos, que quedaban atrás, mis tristes torpezas, y ese impulso, porque es lo que tironeaba de mí y de todos, de Servir, de Aliviar, de Sustentar… En la Negra Sombra surge lo mejor de cada uno y qué pena que necesitemos de esas sombrías horas para que salga todo a la Luz.

   Pero allí estábamos.

   No todo estaba arreglado. Pero los cientos de heridos estaba ya ubicados y tratados. La treintena de heridos graves iban y venían de Quirófano; los muertos también tenían su sitio, y las esperanzas y los sufrimientos familiares también.

   A las cuatro de la mañana volví a casa. No podía con las ganas de llorar. Y aún hoy no puedo y no sé la razón. No soy de llanto fácil y sin embargo no puedo hablar de esto sin emocionarme.

   Pensamos que sólo le pasa a otros, a ciudades grandes, a grandes momentos de la historia. Pero la Historia que se teje de pequeños instantes, a veces nos lanza una ráfaga semejante para que todo cobre una nueva perspectiva: de la Negra Sombra emerge la Brillante Luz. Y aquella era una hora oscura.

   Afuera se había levantado el viento. No hacía calor pero tampoco frío. Y empezaba a caer el tan famoso orballo galaico. Y recordé lo mucho que esta mi tierra sufre, la indiferencia de todos los gobernantes que en España ha habido, y la resistencia pétrea de mis paisanos. Yo soy como ellos, aunque mezclado con aires caribeños; yo soy como ellos en el aguante, en la sabiduría de ceder a la fuerza del viento y en la resistencia granítica al paso del tiempo.

   Me preguntan a veces porqué los gallegos son tan desconfiados: siglos de historia lo avalan. Y sin embargo, en compensación, son los más entregados y, siendo diferentes, saben ver en esas diferencias la igualdad que nos une.

   Temblaba. Pero no era de cansancio, ni de miedo, ni de frío. Era de tristeza y de alegría, de esa extraña saudade tan propia de estas tierras, y de dolor también.

   No sé si lo he hecho bien; ignoro si mi actuación fue la correcta o la que se esperaba de mí. Sé que pude hacer más. También sé que podía haberme quedado en casa, pero quién puede engañar al corazón.

   Soy médico, a veces contra mí mismo. Y sé que aunque no ejerza más, mi corazón late por la vía de ese servicio y siempre saltará la vena sanitaria cuando alguien necesite ayuda. Y eso me entristece, no lo voy a negar, porque nunca estaré a la altura de otros mis colegas. Y, sin embargo, también me reconforta y me hace reír: de la Negra Sombra emerge, sin yo quererlo si quiera, la Brillante Luz. Y ya no lucho contra ello.

   Espero que Markus haya salido indemne, y que ahora Desconocido 2, ya con nombre, vaya adelante. Y muchos de los cientos que pudieron sobrevivir a nuestra experiencia de humanos. Y mientras eso ocurre, me arrebujaré en mi rincón, viendo a las estrellas, para llorar un poco, niño llorón, por todos los que han sufrido y los que sufrirán por nuestros devaneos y nuestros errores.

   Por ellos, y por la generosidad de los ciudadanos de Santiago de Compostela, y por ese inmenso grupo de sanitarios venidos de cualquier parte, contratados, con plaza fija, en paro o de vacaciones, en cuyo corazón late, como en el mío, la sangre del Servicio y del buen hacer, dedico estas pocas líneas sin sentido alguno, pero llenas de corazón.

26 comentarios to “Negra sombra, brillante luz.”

  1. Estoy totalmente emocionada, con la piel de gallina y lagrimas en los ojos. Sólo puedo decir, gracias por vuestra profesionalidad y humanidad y por supuesto, gracias por este post. Emma

    • Juan Ramón Villanueva said

      Gracias, Emma, por leerlo y por el comentario. Es una labor ingente de la que ésta es una pequeña experiencia sin mucha importancia. Han sido días realmente extraños y únicos, sin duda.

  2. Impresionante. Y, de verdad, gracias.

    • Juan Ramón Villanueva said

      Gracias a ti por leerlo y compartirlo, Javier. Aunque sólo es una experiencia dentro de las miles que hubo aquella noche.

  3. eduardo amarante said

    gracias que hay personas como vos!!!!!!

    • Juan Ramón Villanueva said

      Gracias a ti por leerlo y a todos aquellos que han puesto su grano de arena en esa labor ingente.

  4. YOLY said

    Solo puedo decirte que eres MUY GRANDE!!!! Niño llorón?? No NIÑO CON CORAZÓN!!!! Tus palabras me han llegado al alma, lágrimas corren por mis ojos, de dolor, tristeza pero también de orgullo al poder comprobar la calidad HUMANA de médicos, auxiliares, celadores…. TODOS!! Gracias por compartir tu experiencia, tus sentimientos, tu dolor y sobre todo por abrir tu alma. GRACIAS!!!!

    • Juan Ramón Villanueva said

      Es un gusto, cuando se quiere trabajar, ver cómo lo hacemos en conjunto. De que salga bien depende la labor de todos. Esto no es más que un pequeño aporte dentro de ese océano de trabajo y sentimientos. Muchas gracias.

  5. […] En el otro, un médico, Juan Ramón, amigo de un amigo, Alberto,  explica en primera persona esa experiencia que sin duda, al igual que a todos los que allí estuvieron, le marcará de por vida: Juan Ramón Villanueva: Negra sombra, Brillante Luz […]

  6. Tom Glez said

    Brillante, emocionante y sobre todo emotivo. Esto si vale la pena compartirlo con tu permiso y no lo que todo el mundo comparte en las redes sociales.
    Un abrazo afectuoso de un compostelano.

  7. totemstgo said

    Brillante, emocionante y emotivo. Esto si vale la pena leerlo, no los videos virales que circulan por las redes sociales aprovechando no se lo qué.
    Un abrazo afectuoso de un compostelano agradecido.

    • Juan Ramón Villanueva said

      Muchas gracias por haberte detenido en el blog y leer la entrada. Es sólo una milésima parte de todo el ingente trabajo que se ha llevado (y se sigue) a cabo. Desde los vecinos del lugar, al 061, los centros de salud y el CHUS finalmente. Todos ellos lo merecen. Gracias.

  8. Lo primero, un millón de gracias por tu ayuda. Sé que es vuestro trabajo, pero no por ello debemos restaros ni un ápice del mérito de vuestro trabajo tan bien desempeñado en esta desgracia. Todos habéis sabido responder con total eficacia y de forma masiva, ante la situación. Y eso, es de agradecer. Me han conmovido tus palabras, tu testimonio. Llevo más de 2 días volcada en internet y en la televisión, siguiendo cada novedad del accidente, conmocionada ante la magnitud de todo, impotente por no poder hacer nada. Tan solo me consuela el leer a personas como tú, que sí han podido ayudar, y el comprobar la solidaridad y la humanidad de las personas, que voluntariamente se ofrecían en todas partes. Tantas, que parece ser que finalmente había más personas para atender que para ser atendidas, más personas para donar de las que eran necesarias, además del sin fin de vecinos de Androis que se unieron a ayudar, hosteleros que ofrecieron comida y camas de forma altruista, etc. No hay forma de remediar lo que ha ocurrido, no hay forma de devolverle la vida a los fallecidos, pero aplaca el dolor el saber que se hizo todo lo que se pudo, que sobraban voluntarios en todas partes para ayudar en lo que fuese necesario. Gracias también por compartir con nosotros, esas conmovedoras vivencias del momento. No muestran más que la enorme fortaleza que tenéis. Admiro la entereza que mostráis los profesionales en situaciones así, es como si aparcaseis corazón y sentimientos quedándoos solamente con vuestros conocimientos y las necesidades de la persona que requiere vuestra atención, y eso me resulta increíble, impresionante, loable, admirable…Me he quedado con el nombre de ese alemán con apellido impronunciable. Marcus. Aunque de querer, podrás comprobarlo con más fiabilidad, La Voz de Galicia ha publicado una lista provisional de fallecidos y heridos (aunque desconozco hasta qué punto será correcta), a la que he echado un vistazo hace unos minutos. No me he parado a leer nombres, porque si no necesité sus nombres para que mi corazón y mis pensamientos estuviesen con ellos estos 2 últimos días, tampoco los necesito ahora. Pero sí me fijé en el último nombre de la lista de los heridos, y casualidades de la vida, su nombre era Marc Wurwoz. Supongo será ese el que se ha cruzado contigo, y al que en medio de la tragedia que vivía, casi has logrado arrancarle una sonrisa. No me preguntes por qué, será que estoy sensible con todo lo ocurrido, pero hasta por eso siento la necesidad de darte las gracias. Mis mejores deseos para ti y para todos los tuyos. Un saludo, Beatriz.

    • Juan Ramón Villanueva said

      Muchas gracias a ti por tan sinceras palabras y por identificar a quien llamé Markus en una camilla. Eso es un detalle enorme y una grata sorpresa verle todavía entre los no fallecidos. Ahora podré saber algo más de él. En general cambio los nombres de los pacientes para proteger su intimidad; todos son reales, desde luego, pero altero sus patologías para protegerlos. Es mi deber. Sin embargo hago algunas excepciones: Markus es una de ellas. No sabía la ortografía de su nombre y, pese a que lo repitió obediente varias veces, no es de extrañar que no atinase a pronunciar su apellido… ¡Menuda sorpresa! Muchas gracias, Bea.

      • Marta said

        Hola Juan Ramón, por casualidad acabo de descubrir tu blog. Quiero que sepas que “Markus”, Mark, está bien, es amigo mío y no para de repetir la suerte que ha tenido, Muchas gracias por todo. Por cierto, es inglés.

      • Juan Ramón Villanueva said

        Muchas gracias por pasar por aquí, Marta y por tu comentario.
        ¡Qué alegría me has dado! Me alegro que Mark esté bien de veras. Obviamente le cambié el nombre y la nacionalidad para proteger sus señas, aunque en ese momento hubiera sido alemán o chino-mandarín y no hubiera acertado. En aquellos instantes era particularmente difícil manejarse con algo más que el sentido común a flor de piel.
        Dos días después lo busqué por el sistema informático del hospital y supe que, al menos hasta aquel momento, seguía vivo. Ahora me has dado una gran alegría al decirme que está bien…¡A veces vale la pena todos los esfuerzos!
        Muchas gracias de nuevo por este regalo y dale a Mark un gran saludo y que conserve la salud muchos, muchos años!

  9. Carmen said

    Me ha conmovido todo lo que he leído… es como, volver a creer en la gente, en las personas, aunque siempre he creído, pero bueno… pero aparte de su grandiosidad como profesional de la medicina, me ha asombrado su capital humano. Me ha gustado que haya confesado que ha llorado con esta tragedia, porque eso me demuestra que no es solo médico, sino, una persona que ejerce de médico. Aparte de eso me ha maravillado que haya destacado la labor de todos/as en ese hospital, sin olvidarse de los de más abajo: auxiliares, celadores, limpiadores.. porque ese me demuestra que usted no se cree un dios, como muchos de su profesión, sino, uno más que contribuje en la enorme labor de curar, salvar, remediar, consolar. Como conocedor de la rama sanitaria, me consuela saber que hay profesionales que valoran trabajar en equipo, coordinadamente, para ofrecer el mejor servicio. Gracias.

    • Juan Ramón Villanueva said

      Gracias a usted, Carmen, por pasar y leer y comentar y sus palabras tan emotivas. Nada de lo que hacemos, ene general, es una labor solitaria. A veces sólo se nombran a unos pocos, pero en esos conceptos lingüísticos están encerrados otros muchos que, quizá en la sombra, trabajan al unísono para conseguir todos los fines: sean estos buenos o malos.
      La labor sanitaria es un trabajo en equipo: desde lo más bajo a lo más alto, y a todos doy las gracias en lo pequeño y en lo grande. Y a lectores y personas como usted, que se toman la molestia no sólo de pasar por aquí, si no de detenerse a leer y comentar. Muchas gracias.

    • Anonimo said

      Carmen, conozco a este médico y, te puedo asegurar que no es sólo un buen médico, es una maravillosa persona que respeta a todos y tiene en cuenta a todos los componentes de un equipo.

  10. Teresa said

    Amigo , compañero…

    Extrañé tu calma ,tu experiencia y esa seguridad que me trasmites cuando trabajamos codo con codo…te extrañé a Ti y al abrazo de oso que necesité ,más que nunca ,esa noche de Negra Sombra…

    Mi teléfono comenzó a sonar hacía las 21.15 ,yo misma estaba delante de un telediario que comenzaba a contarnos sin contarnos…y me salí para el Hospital “pequeño” en donde los medios y las manos son más justos pero se compensan con esfuerzo y equipo…te extrañé a mi lado , reconozco ,en mí, tus sensaciones y sentimientos … Miedo, inseguridad, dolor , rabia , felicidad…de poder hacer ,de estar haciendo,de no saber si se hacía bien …reconozco que yo también lo sentí…

    Ayer leí tu corazón en palabras y lloré …Gracias…a Ti ,a Ellos,a los Suyos y a Nosotros,a todos y cada uno…Mi Pueblo , cuanto orgullo.

    Ellos y los Suyos…
    Adrián ,17 años,muy roto, con dolor y miedo que me preguntaba a cada momento si se iba a morir…
    Carlos ,13 años de valor que viajaba solo para encontrarse con su padre ,escuchó su voz al otro lado de mi móvil…Y me mostró la felicidad…
    Verónica de 15 años ,caribeña como tu,que sólo quería dormir y que se aprendió mi nombre a base de preguntárselo cada cinco minutos…busqué a su madre en nuestra “Casa grande ” en la mañana siguiente ,la encontré en nuestro Servicio y volví esa tarde para contárselo…Ya me conoces siempre tan pesada…
    Rosana ,más de 30,la de los ojos bellos,eso me dijo cuando vió los mios ,eso le dije después de limpiar los suyos y repetía como un mantra gracias ,gracias ,gracias…
    José Antonio, hombre maduro, que aguantó cada una de mis “dolorosas caricias” sin un solo quejido…
    Ramón, maduro también , que escondía sus venas detrás del dolor y que se quedó dormido tras encontrárselas y aliviarsélo…
    Antonio ,84 años de sabiduría ,lo cuidé esa noche y la tarde posterior ,durante todo ese tiempo me preguntó 3 veces por su mujer aunque su mirada ,dulce y agradecida,lloraba ya por la pérdida…
    Y Carmen ,menos capaz para hablarme de su dolor que los demás , me agarraba la mano con tanta fuerza que paraba mi corazón ,cirugía ,como casí todos ,analgesia y al fin descanso,se la llevaron cuando llego la asistenta social para sustituir a su madre que viajaba con ella y que siguió viaje con la Negra Sombra…

    Brillante Luz …

    Mi admiración y gratitud para éste mi Pueblo ,los Vecinos ,mis Vecinos …cuanto orgullo de ser gallega y picheleira.

    Mi amor y cuidados que junto con los tuyos y los de todo el Equipo de Profesionales … nos esforzamos en dar esa noche y seguiremos dando mañana cuando se vayan apagando las voces de este horror …

    Todo mi esfuerzo para Ellos y los Suyos…

    Gracias mi amigo, mi compañero ,me siento muy orgullosa de formar parte de tu Equipo…

    • Silvia said

      Sois sencillamente geniales. Gracias

      • Juan Ramón Villanueva said

        Hay mucho tesoro escondido en las personas, Silvia. Todos lo tenemos y lo merecemos. Gracias a ti.

    • Juan Ramón Villanueva said

      Las historias como la tuya, Teresa, son las que la gente debería conocer. Ese es el verdadero cariño que no se ve en otro lugar. Gracias por compartirlo!

  11. Monica said

    Medico y un gran escritor… Cuantas sensaciones acumuladas. Como gallega te agradezco tu labor, y la de tantos compañeros q en estas letras incluyes. Gracias por ser como sos!

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