Gracias a Javier Mantrana del Valle, por descubrirlo.
Ludovico Einaudi (1955):
Estando solo, separado de ti por una pared enorme, un salón inmenso, un desconocido vacío, me siento inútil. Y todo lo que me llevó a herirte porque me habías herido; y todo lo que me trajo hasta aquí, tu abandono lento de marea en retirada, tu deseo apagado como llama trémula; rompe sus olas de dolor a mis pies y tengo que esconder la mirada del espejo, pues el fantasma de lo que fue una vez se ríe a mis espaldas y no me deja respirar.
Abro la ventana y el vaho de noviembre todo lo envuelve: mis pensamientos que fluyen hacia ti por la costumbre; el recodo de luz que aún le resta al día y las esperanzas que se labran para morir dando a luz al primer pensamiento que tengo de ti.
Porque me cuesta pensar en ti como en un parto; tu cabeza saliendo de mi mente, tu corazón latiendo en mis manos. Y me pregunto qué he hecho para llegar hasta aquí; qué impulsos sumados uno tras otro consiguieron adicionar en mi ánimo la fuerza necesaria, el ánimo destructor que ha sabido llevarse nuestra vida en común; una relación comida por el tiempo y asentada sobre un cristal que, de tan sucio, ya no brillaba como solía.
No he terminado nuestra historia por gusto. No ha sido un capricho, una mala jugada. Y, si lo ha sido, más bien es casualidad que partida planeada. Nadie puede querer para sí mismo un dolor que nace de las entrañas y las expone sin vergüenza. Porque el fin brotado de mis labios lleva consigo la parálisis de mi vida: mis brazos son incapaces de sentir un abrazo; mis piernas apenas sostienen la integridad de lo que aún no se ha desmoronado, y mis ojos se niegan a cerrarse y la mente a seguir adelante.
No he dicho basta porque quisiera herirte más de lo que tú me has lastimado.
Y sin embargo, en esta noche todo parece reírse en mi cara. Mis intenciones, pensadas una tras otras; sopesadas de nuevo; prefabricadas, talladas, esculpidas en el fuego de la determinación; mis sentimientos, heridos hasta su raíz, tanto que se han secado de repente, dejando sus ramas vacías de hojas y de vida; mi integridad, que apenas balbucea lamentos inconexos. Esta noche parece que todo vuelve hacia mí para traerme recuerdos felices contigo. Que cinco años no se pueden olvidar en una frase pesada; que mil días no se borran de los ojos con un manotazo pueril; que la costumbre, agarrotada en el orín de la vida, no permite más movimientos que los ya aprendidos de memoria. Esta noche hace que mi memoria salte de un lado para otro, y hace que mi cuerpo vuelva a sentir el calor de tu proximidad, la dureza de tus brazos, el suave candor de la mirada perdida, de los labios fruncidos y la sonrisa de ala. En esta noche de luna de plata, las estrellas me traen el arrullo de tu respiración, el suave ronroneo de tus movimientos al girarte en la cama; la nítida timidez del primer día, la firme prestancia del día después; la rotundidez de una presencia clavada a mi espalda como un fardo ligero y único… Esta noche embrujada me trae tu cuerpo ondulante, tu baile de formas sinuosas, tu risa de orquesta y tu tacto de locura…Y mis intenciones huyen asustadas; mi orgullo herido se balancea en el precipicio del arrepentimiento y tu recuerdo y tu mirada y tu calor y tu sensatez y tu dejadez y tu negación y tu rectitud y tu necedad y tu incomprensión hacen que llore las decisiones tomadas, naufragan la frágil voluntad y liberan al corazón salvaje…
Te he dejado porque no podía seguir viviendo así. Sin poder saber dónde estabas, sin saber dónde sentías, sin sentir que ya no estabas conmigo. Tiempo atrás me seguías como a un lazarillo y yo me dejaba guiar; tiempo atrás éramos uno solo: pensamiento, palabra, omisión, deseos, sonrisas y sueños. Sin embargo esa unión se deshizo no sé dónde; mis necesidades ya no eran mías ni tuyas, si no de un reflejo magro en el cristal de la ventana; las noches dejaron de fluir en el arrullo de tu respiración y se fueron no sé dónde, pero lejos de mí, y me sentí perdido por primera vez sin que te interesara demasiado mi angustia, mi desazón, ni mi razón. He tenido que dejarte porque, de tanto perderme tras de ti, ya no sabía dónde me hallaba, cuáles eran mis límites y qué quería de mí mismo. Volverme parte de ti, imbuirme de tu necesidad, lamentar tus pérdidas, disfrutar de tus alegrías, compenetrarme con tus locuras, amarte hasta la extremaunción, agotaron mis reservas, deshicieron mis límites y me arrojaron a un vacío ingrávido en el que flotaba rodeado de nada… Y tú inmóvil, estático, estatua de sal, mármol cincelado, frío y frágil, sin importarte la deriva de mi nave, sin percatarte de mi soledad perdida, de mis deseos incumplidos, de mis sueños rotos por la falta de firmeza, por la ausencia de tu mano, por la necesidad de compartir que ya no me dabas… Y el silencio y el hueco en la cama, y ese desprecio afilado que vamos sintiendo día tras día, noche tras noche, y que se llama indiferencia.
Te he dejado porque mi orgullo devastado no soportaba más sacrificios; porque la pira estaba demasiado llena de unas cenizas que ya no te molestabas si quiera en limpiar. No me es fácil; no me ha sido fácil; no me está siendo nada fácil decirte adiós cuando el amor me ahoga la vista, me atenaza la garganta, me impide dar un solo paso para alejarme de ti… Todo lo contrario, ya ves: la noche que arremete llena de estrellas; la luna, oblea plateada suspendida en el cielo de noviembre; los recuerdos de la mente, que evoca tu sonrisa, tus palabras, ese ser que una vez fue; y los recuerdos del cuerpo, que aún tiembla de gozo con el roce, con el tacto, con el calor del aliento y la fuerza de tus piernas, el ansia de tu risa entrecortada y los dedos crispados en busca de placer… Flaqueo, ya ves, en la inmensa soledad de este cuarto, en el ancho océano de esta habitación, en la noche que se asoma y en el dolor de mi alma. Y tiemblo, y ya no sé qué hacer ni qué es lo correcto y si debería escucharte otra vez, sentirte otra vez, confiar de nuevo en ti.
¿Qué debo hacer? ¿Seguir adelante con esta locura insana que me desgarra y me destroza? ¿Mantener la dignidad del ego, la firmeza del orgullo herido? ¿O escuchar al corazón que retumba una y otra vez por tu nombre; saciar de locura unos poros secos de tu sudor; calmar el temblor de mi boca que, ansiosa, busca la estación de tus besos? No lo sé…
Sólo sé que esta noche estoy tan lejos de ti y tan lejos de mí que no sé dónde me encuentro, y que sólo tu recuerdo parece justificarme y atempera el frío inmenso de mi interior, y parece calmar las aguas agrietadas de mi alma y me llama, una y otra vez, a intentarlo de nuevo, a volverte a amar (¿cuándo he dejado de amarte?), a probar otra vez, a confiar nuevamente, a esperar sin vanidad, a comprender sin esperar, a sentir reciprocidad, a aceptar que no somos la reencarnación de nuestros sueños, y que todos cometemos errores: hasta tú y yo… Y a quizá, sólo tal vez, intentarlo una vez más. Sólo una vez más…
¿Y podré?
No lo sé…
Sueño contigo y, por un momento, esos instantes juntos son de maravilla. El tiempo se detiene. Se detiene. Y miles de cosas suceden a nuestro alrededor sin que seamos conscientes de ellas.
Posas tu cabeza sobre mis hombros; me abrazas, tú, cuyas muestras de afecto son tan escasas como las de un ídolo de piedra; y el mundo giras patas arriba, nada es lo que debe ser, y se me nubla la mente, se me alegra el corazón y dejo de ser yo porque estoy siendo la totalidad de mi yo en esos instantes divinos.
*****
Pero no soporto el desprecio, el abandono, la usura.
Ni contigo ni sin ti.
Miento: siempre contigo.
Pero no te das cuenta. O haces que no te enteras y miras hacia otro lado. Como si hiciera falta la vista para saber que te quiero.
Miento: que te amo.
Pero eso no te interesa.
*****
Eres cruel conmigo, que te lo daría todo.
Pero no te importa que te dé. No te interesa lo que recibes de mí.
Para eso están las cosas hermosas: para ser dadivosas en su gracia, en su dejarse querer.
Y tú eres hermoso.
*****
Hermoso y cruel, como las rosas.
*****
Tú eres mi jardín, mi bosque, mi selva, mi pulmón.
Y mi desgracia.
Pues no dejo de pensar en ti.
******
Te sorprendes: sí, quiero toda una vida contigo. Una buena vida, una vida buena.
Me asombra que te sorprendas; como un juego de tontos en el que ambos intentan hablar sin escucharse.
Pero has estado cerca de mí; me has tocado; has dejado que yo te toque. Te he venerado; has dejado que te adore. Me has hablado; abres las puertas y cierras las ventanas.
Juegas conmigo como un gato con su pelota de estambre. Me enamoras a gusto para dejarme después, lamiéndome las heridas de tu abandono.
Me dices que sí pero me dices que no.
Me sigue sorprendiendo que, conociéndote, no consiga olvidarte. Y que mantenga encendida, muy dentro de mí, esa llamita absurda, ese sueño inútil: sí, quiero una vida, una buena vida, contigo.
*****
¿Qué es ficción?
¿Y qué es realidad?
Tú. Imbricado en mi ser hasta el centro del universo de mí mismo, mi entera persona, mi todo.
Y mi nada. Porque nada eres ya y yo soy vacío.
Un vacío lleno de ti.
*****
¿Por qué el amor, si es amor, es tan doloroso?
*****
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿POR QUÉ?
¿Por qué soy incapaz de olvidarte?
*****
Vivo con la tristeza como otros con la esperanza o la riqueza.
*****
El día que ni parches, ni muletas, ni brujerías puedan contener un dolor hiriente; una herida despegada; un alma rota; el amor se apagará de repente, como si nunca hubiera existido. O, aún peor, vivirá rodeado de las quemaduras del dolor.
*****
He luchado denodadamente por mantener un amor destructivo, por tenerte cerca, en mi cuerpo y en mi mente, para nunca olvidarme de ti.
Pero no mereces este esfuerzo titánico. Si te lo preguntase, nunca te interesaría saber el precio de esa batalla ni el resultado.
He luchado, rompiéndome en el proceso, destrozando en esa guerra contra lo imposible mi propia estabilidad, mi sentido común, mi integridad y mi alegría.
*****
Pero tuve un sueño, un sueño de ti, contigo.
Para crear me, mi, conmigo
Tuve una vez un sueño, en el tiempo en que soñar parecía no costar nada, y todo parecía posible.
Todo: hasta tú.
*****
Pero tuve. Y ya no tengo.
No tengo sueños. No sueño nada. Pues intento estar despierto, viviendo esta realidad vacía.
Para no soñar contigo.
Una recurrente pesadilla.
*****
Porque soy incapaz de olvidarte.
*****
Despertar tras un largo período de insomnio, de inerte ingravidez.
Los pasos se hacen grávidos; el corazón se detiene y la razón se erige en juez y parte, en demandante y sufriente; en castigador y pena.
El amor muere el día que nos damos cuenta de su fragilidad, de su tontería o su inutilidad.
*****
Pero yo aún no despierto de ti.
Elmer Bernstein (1922-2004):
Ennio Morricone (1928):
Max Steiner (1888-1971):
Jerry Goldsmith (1929-2004):
Gracias a/ Thanks to: benydebney’s YouTube Channel.
To you, guys. Love is beyond and above pride, wounds and consequences. It’s about Healing Time, after all.

Muchas gracias por las 2,288 visitas que ha recibido este blog en este mes. Si ya haber rebasado la cota de mil vistas (el mes anterior) me llenaba de asombro, este récord me deja sin habla. Este blog pequeñito, nacido para compartir aquello que me absorbe, me sorprende y agrada, nació con voz baja y con ninguna expectativa, pero poco a poco ha conseguido, gracias a sus visitantes, ir creciendo lentamente. Y, aunque comparado con muchos otros tal cifra es nimia, a mí me resulta la cima de una alta montaña.
Así que muchísimas gracias de corazón a todos los que alguna vez han pasado por estas puertas y han compartido conmigo la ilusión de que, pese a todo o gracias a todo, siempre alcanzamos el Tiempo de Curar.

Thank you so much to everyone that once, or twice, or daily has crossed the door of this blog. Last month it hit 2.288 visitors and, for me, that’s amazing! I’ve never thought it could be possible and I never dreamed something like that could ever happened to. It’s a wonderful thing and I’m humble and honored and touched and moved and thankful. So, thank you so much for such a gift. And, as maybe you’ll never known, this blog is dedicated to everyone of its visitors, it’s dedicated to anyone who, at least once, has thought that it is time to reach Healing Time.
So, Thank You. Thank you.