A Celebration of MGM Musicals.
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A veces es un dolor punzante, que atraviesa el pecho de parte a parte, del este al oeste. Otras veces es sordo, callado, constante y enloquecedor.
El dolor nos transforma. Dejamos de ser quienes somos y barre nuestra historia con escoba de hierro. Lo destroza todo: pasado que se olvida, presente que es todo dolor, y un futuro que nunca llega.
El dolor no tiene fin. Hasta que éste llega. Y es un alivio. Una hermosa tranquilidad. El norte toma su lugar y el sur, detrás, lleno de sol y alegría.
Tengo dolor.
Tengo dolor.
Y recuerdo lo que pude ser y no he sido. Y evoco aquel que fui y se ha perdido.
Nada permanece inalterable. Nada, hasta el final.
Todo se transforma: es energía. Hasta el final.
No siento ni padezco. Estoy suspendido en una burbuja que parece aire. Parece. Pero es muy pesada. Puede que sea de plomo.
Plomo. Plúmbeo. Como mi corazón.
Y duele.
Hasta que pasa. Porque todo pasa. Y estás tú.
Al final estás tú curándome las heridas, calmando el dolor, haciéndome ligero como la espuma.
Eres mi premio, mi meta.
Pero, mientras llegas, debo esperar con dolor y soledad, hasta el final.
Hasta el final: tú.
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Carlos de Nóbrega es Artista: actor, escritor, fotógrafo y músico, su talento se vierte en todas las expresiones artísticas de nuestro tiempo y llena de vitalidad aquellas que han sobrevivido al paso de la historia.
Personaje fascinante y una persona estupenda, Mi respiro, su novela, su trabajos actorales, en roles de gran potencia dramática, su música, llena de actualidad y su fotografía, en la que nos demuestra la visión del mundo a través de esos ojos llenos de sensibilidad, sólo nos regalan poesía más allá de las palabras: una poesía en silencio.
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Thanks to Philippe Servais, to show it to me.
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Hace muchísimo tiempo no había planes ni proyectos porque todo era árboles que crecían, sin personas que diseccionasen ni erigiesen monumentos de piedra, ni murallas, ni puentes.
Los árboles eran muy jóvenes y tenían toda la vida por delante. La inmensidad del tiempo y su potencial los rodeaba, así que unieron sus raíces como dedos unos con otros, íntima y firmemente, formando sobre la tierra una red suave y resistente.
Los árboles crecieron y dibujaron formas de luces y sombras sobre la tierra, y la hierba nació a su través siguiendo los patrones de esa red suave y resistente. Pequeñas arañas comenzaron entonces, arriba y abajo, hacia atrás y hacia adelante, a tejer sus redes en las que aprehendían al rocío, que quedaba encerrado en pequeñas gotas que atrapaban la luz que lo iluminaba todo.
Silencio. Había mucho silencio porque los árboles necesitaban concentrarse en su vida, pues no es nada fácil crecer tan alto y por tanto tiempo. Algunos árboles, cansados de su labor, se recostaron sobre la blanda tierra; otros, con más suerte, se apoyaron en los demás, alcanzando la cima del cielo con esa ayuda. Y cuando un árbol dejaba de crecer, otro le tomaba el relevo, en esa labor continua que es llegar hasta el cielo amplio y libre.
Y su credo se oye en el frotar de sus hojas: Crecer es para siempre.