Ya.

Medicina/ Medicine

   Ruidos de alarmas que se apagan.

   Monitor con sus registros de colores que se aplanan y se ponen a 0.

   Otro encuentro más con la muerte, así en minúsculas.  Con respeto, con dignidad, sin sufrimiento. Con la tecnología actual el límite está en saber cuándo sostener una vida que vale la pena y cuándo administra el confort necesario para que la muerte sea lo que debe de ser: un paso sin molestias hacia la Vida.

   En mayúsculas.

   – ¿No tienes miedo a morir?

   Me pregunta un residente muy serio. Yo me lo quedo mirando.

   – No. El cómo es lo que me preocupa. ¿Morir? Para nada.

   Suspiramos. Y una sonrisa se dibuja en sus labios.

   – ¡Qué raro eres, tío!

   – Ya.

Mike Nichols: un maestro sin ataduras/ Milke Nichols: A Master without Strings.

Arte/ Art

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Bailemos/ Shall We Dance.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Bailemos.

   Dejemos que el día oscuro, las nubes de lluvia y el cansancio se diluyan entre nuestros brazos.

Cierra los ojos y piensa en una noche de luna, llena de estrellas, con el rumor del oleaje al fondo y el suelo de mármol esperando nuestros pasos.

Y miles de velas encendidas y ramos de hortensias y gardenias a nuestro alrededor.

Y tu risa y la mía.

Y el peso de tu cuerpo entre mis brazos. Y tu mano apoyada en mi espalda.

Bailemos con los ojos abiertos.

Y tu sonrisa y la mía reflejadas en la mirada.

Y tus pasos volátiles y los míos. La tierra hecha mar y el cielo uno con nuestros movimientos.

Bailemos hoy que todo parece acabar.

Para empezar de nuevo. Juntos muy juntos.

Tú y yo.

Es suficiente/ Enough Is Enough.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

¿Diferentes?/ Equals.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Enrique Toribio

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El reflejo de mi espejo/ Reflection of a Mirror.

El día a día/ The days we're living

   a Loli Galicia Asturias, que quería un cuento de algo que pudo ser y no fue.

   Tengo una casa en las afueras. Grande, espaciosa. He recuperado un hórreo y el palomar está lleno de palomas de todas las razas que vienen a mí con solo un silbido.

Voy de caza y tengo jaurías de perros que me siguen al mínimo paso. Y una granja en la que no se posa el sol; y cientos de cabezas de ganado y ovejas para la lana y gallinas para el sustento.

Puedo, si quiero, vivir sin trabajar. Pero me gusta lo que hago; ayudo a los demás sin cobrarles, pues por suerte puedo permitirme los lujos de una vida sin ataduras.

Puedo ir de aquí para allá sin problemas ni preocupaciones. Pues vivo solo sin que nadie me acompañe y sin que parezca merecer más compañía.

Hasta que te conocí a ti.

Y por primera vez me acerqué al espejo, del que he huido desde que era infante. Y el reflejo de mi espejo me dejó espantado y sin esperanzas.

Reflejaba mi poco atractivo, mis ojos cansados pero aún con brillo, mi sonrisa desigual, los labios carnosos, el cielo abierto de la frente y la amplitud de una vida trufada de excesos culinarios y de la holgazanería.

Y lo entendí.

Supe que tu vida y la mía eran muy distintas, como las dos caras de mi espejo. Y que nuca podrías mezclar tus brazos de pulpo en mi cuerpo amplio, ni mi aliento de sal lograría besar tus labios cerrados.

El amor que te tengo, el cariño que parece nacer en ti, queda dividido por el reflejo de mi espejo, que me recuerda que no merezco ser amado por más que ofrezca las raíces de mi vida, el amparo de mi riqueza y la sabiduría de mi corazón.

El tiempo pasó y nos entendimos como se quieren los amigos: a trompicones y metiendo la pata. Largas conversaciones hasta el amanecer; lentos paseos en coche de lujo, cenas arrebatas bajo al sombra de la luna de escarcha.

Y nada.  Ni un además, ni un te quiero. Salvo los lamentos que, solo, parecía recitar mirando a mi espejo.

No merezco tu amor porque soy feo; no merezco tu amor aunque viva rodeado de las mejores riquezas. No quieres nada de lo que puedo darte, que es mucho ya ves; mas sólo quieres mi amistad, como si eso fuese suficiente a un corazón enamorado.

Pero te entiendo, créeme que lo hago. Lo que veo en mi espejo no es atractivo, no tiene gracias, no es fácil de sobrellevar. Pero es lo único que tengo que no puedo controlar y, ya ves, puedo ser infeliz…

Hasta que el recuerdo de tu cariño llega a mi corazón y lo sosiega, y me recuerda que, a pesar de lo que en el reflejo vea, aún me queda una esperanza, por pequeña que sea, en la felicidad: el día que aprenda a quererme a mí mismo por lo que soy y no por lo que pueda dar.

Y lo que queda…/ Forward, forward.

El día a día/ The days we're living, Los días idos/ The days gone

   Lo que queda por aprender, por olvidar, por llorar, por reír y emocionarse. Por descubrir y experienciar. Por buscar y encontrar. El equilibrio, la clama. Vencer los miedos, doblegar ese espíritu oscuro que siempre nos impide brillar, que piensa de nosotros lo peor y obstaculiza nuestro desarrollo.

   Amar tal vez de nuevo, y ser por fin correspondido. Amar mejor con amor bueno, por fin, y ser correspondido.

   Ganar en paciencia y en indiferencia hacia lo que no debe importar.

   Escribir como meta. Sanar como dedicación. Encontrar un punto de equilibrio entre lo que pudo ser, lo que es y lo que será.

   Un nuevo año comienza, un año queda atrás.

   Sinsabores, amarguras, pérdidas, encuentros, alegrías, reencuentros y madurez. Algunas hebras plateadas. Alguna arruga de más.

   Y Salud.

   Y Dios.

   Y un amor más, lo que queda está ahí, esperando como siempre ha estado, todos estos años pasados. Siempre hacia adelante, hacia la realidad.