Hurgando sin objetivo alguno fue como encontré este libro. De hecho, cuando deambulamos sin rumbo fijo, es el instinto lo que nos guía, y a veces tropezamos con las cosas más encantadoras.
Seventy Times Seven narra los avatares de Vito, un seminarista católico y homosexual, comprometido con su fe y con su sexo de forma abierta y honesta, mientras lucha entre la fe y el deseo, entre el amor de Dios como posta en el camino y el Amor como fin. Y en esas líneas, Salvatore Sapienza dibuja un mundo sencillo, tierno, repleto de sentimientos reales y muy vívidos, y de una ternura encantadora. La historia de amor entre Gabe, un hombre perdido en sí mismo, ansioso de dar amor, y de recibirlo, y Vito, capaz de darlo todo pero con sus desgarros internos y sus dudas, hace de Seventy Times Seven una experiencia única.
La casualidad me llevó a su libro lo mismo a que me llevó a encontrarlo, y forma parte de esa red absolutamente sublime de personas creadoras, comprometidas y únicas que, muchas veces, esta red de virtualidades mundanas cosecha con gran éxito. Y me gusta mucho jugar con su nombre: Sapiencia Salvadora…O, lo que es lo mismo, la aventura humana entre la fe, el amor, la vida y Dios: Salvatore Sapienza.
Salvatore Sapienza is a writer. A good one. Seventy Times Seven is a journey into Vito’s life, struggles, fears, feelings and realities fills with this gentle touch, this warmth sense of joy and greatfulness that made it such a brilliant and tender book.
It’s a love story. A love stroy between two men searching for love, understanding and acceptance. A love story between a soul and a religion and God. A discovery, an open journey into one man cosmos as he discovers the real world, the authentic world, inside him.
Vito and Gabe’s story is tender, touching and refreshing. It’s candid but direct; it’s funny but so romantic; is so real, that maybe it is real life and not fiction. And Seventy Times Seven teachs us that religion, homosexuality, God, sex and love are not too far from our real selves; even though, it’s an example of the ilusion that billions of people are still living: we’re all queer people, we’re all struggling with faith issues, love issues and self acceptance.
I do like to play with Savatore Sapienza’s name: Salvatore’s Sapience… His sapience is a wonderful gift. And I’m honoured to share it with him and with you.