¿Desde cuándo me siento así?/ How Long Has This Been Going On?

El mar interior/ The sea inside

Después de lo que había ocurrido, me dije a mí mismo que lo mejor era quedarse tranquilo y dedicarse al trabajo, puesto que mucho había y necesitaba toda mi atención para asimilar las novedades que tenía.

Así que me dispuse a cumplir ese trato conmigo mismo desde el primer día, y lo que ocurre es que iba bastante bien. Estaba demasiado absorto en todo lo que me sucedía, intentaba aprender lo más rápido posible y cometer el mínimo de errores, a pesar de que eran muy sonados, al menos para mí; siempre he tenido la mala fortuna de llamar mucho la atención.

Las noches pasaban y los días se diluían. No sentía más necesidades que las de dormir, y tenía de hecho el cuerpo y el alma dormidos. Saciado del deber cumplido, diariamente me entretenía en ese estado de recuperación continuo, que de todas maneras necesitaba. Siempre he sido un poco torpe en cuanto a mis sentimientos (y no querría contar con respecto a los de los otros), por lo que dedicaba lo que me quedaba para mí a disfrutar de mis amigos y lo que nos ofrecía a todos el escaso tiempo repleto de libertad. Risas y bailes, cenas y encuentros. No esperaba nada más de la vida, puesto que la vivía al día, absorbido como estaba en los quehaceres diarios; cuando empezamos a trabajar desde cero, parece que nada puede con ello y, al menos en mí, me llevaba toda la atención.

Y sin embargo, en medio de todo aquello, en las brumas de la noche, en el sopor de los seres que cabecean, entre ruidos de alarmas y semisombras, vi aquella sonrisa sonriéndome y perdí el norte de lo que estaba haciendo por unos segundos.

Me miraba interrogándome con la mirada, pero sonriéndome como si tal cosa. Todo le era nuevo, excepto su habilidad, demasiado experimentada como para asombrarse por la novedad. Es decir, todo lo contrario a lo que a mí me pasaba. Sin embargo era su superior en rango, y esperaba que le dijese qué tenía que hacer. Y, aunque hacía ya algunas semanas que rondaba por allí, aquella noche fue la primera vez que me di cuenta de su presencia sonriente y atrevida.

Sonreía. Siempre recordaré su sonrisa invitadora y confiada, para nada tímida. Y ese mentón y esa voz de ave en vuelo. Y me enseñaba la ampolla ya vacía. ¿Vamos allá? Y yo podría haberme deshecho en aquel momento y hubiera sido lo mismo. Todo lo que me había prometido, todo lo que quería evitar, pareció deshacerse en el infinito cuando aquella voz me preguntó, y aquellos ojos me miraron y esa sonrisa de planeta llenó mi horizonte.

Me quedé atontado y volvió a sonreír. Y preguntó de nuevo y pude recomponerme, apoyándome sobre una superficie de acero resbaladiza y húmeda. Me mojé toda la espalda sin querer, y como no quería que se diese cuenta, seguí sus andares con paso mareado. Una vez que hubo terminado, siempre sin dejar de sonreírme, me preguntó si quería cambiarme, que al parecer estaba algo mojado. Y yo me quedé mirando al monitor con cara de tranquilidad al ver los cambios que habíamos producido y, muy digno, empapado y frío, le dije que lo haría, ya que estaba todo bien. Se ofreció a acompañarme pero le dije que no hacía falta. Le di las gracias y me fui como pude.

No sé qué me pasó ni porqué. ¿Qué había en él que tanto me alteraba? No lo sabía… Pero fue verlo, verlo de cerca, y todo dejó de tener sentido para mí. Todo. Hasta lo que me había prometido…¿Y qué había sido? Ya no lo sabía…

Tenerlo cerca era intoxicante. El perfume de su piel; sus ojos de miel y desierto; su sonrisa desarmante. Su comportamiento siempre correcto; sus comentarios justos pero risueños. Siempre sonriendo. Y esas espaldas en las que esconder universos, y esas piernas retorcidas que escapaban a la gravedad del mundo con paso firme y preciso.

No podía permitirme esa ansiedad, esa distracción que me llevaba lejos de allí hasta mezclarme con el cielo. No podía dejar que mi corazón brotase a mi boca cada vez que le pedía algo; no podía dejarme perturbar por su cercanía, cuyo calor parecía percibir en la distancia.

Pero de repente me lo encontraba a todas horas, en cada rincón, en cada esquina. Y la misma sonrisa y la misma mirada y la misma soledad. Y el mismo saludo y el mismo caminar…

Intenté acallar las alarmas, traté de cerrar todos los caminos que de repente se abrían a mis pies… Labor imposible. Cerraba mis ojos y sus ojos me miraban; dormía, y su voz me despertaba tiernamente; me duchaba, y sus manos limpiaban mi piel… ¿Desde cuándo me sentía así? No lo sabía… Pero no podía luchar contra aquella marea que todo lo contenía: mi pasado, mi presente, mi corazón encabritado… No podía…

¿Podía confiar en ese sentimiento que de pronto me abrasaba? ¿Por qué esa necesidad repentina de gustarle, de sonreírle a la menor tontería, de verlo a la menor oportunidad? ¿Era sensata la insensatez que me corroía las defensas? ¿A qué luchar, entonces? No sabía nada de él, salvo que parecía tan solo como yo lo estaba, y sin embargo…

¿Cómo era posible encontrarlo allí, en medio de aquella locura del día a día? Todo lo que había deseado, todo lo que calladamente me negaba a ver, en él estaba retratado: aquella cabeza bien hecha, aquellos ojos melosos, aquella boca cincelada y perfecta, aquellos brazos… Me ahogaba pensando en él, y cuando lograba arrancarlo de mi pensamiento, lo añoraba llamándolo por su nombre…

Y sin embargo, todo era bello cuando estaba a su lado; nada era suficiente y todo era posible. Todo… Me sentía metafísico, imparable, imposible, inconmensurable. Consigo a mi lado el mundo se detenía y congelaba su sonrisa en mi corazón, hambriento de tantas cosas…. Y todo era fácil, todo se hacía, y el descanso era un regalo y encontrarlo por casualidad en un pub, de noche cerrada, la mejor de las sorpresas; y por la mañana o la tarde; y en la alameda, y en el interior de mi corazón…

¿Desde cuándo me sentía así? Una nerviosidad me invadía los brazos y la risa de tonto me salía por la boca indetenible y ridícula. Podía estar horas de pie, como si hubiese dormido sobre miles de plumas apiñadas; podía estar encerrado noches enteras y ver el sol nacer y morir cien veces; podía nadar y volver y reflejarme en sus orillas y caminar el mundo y regresar a su lado y todo me parecería perfecto y hasta natural, porque él estaba cerca, a mi lado.

Y, aunque nada había cambiado, todo era distinto. Todo. Porque él estaba allí. Mi mundo pequeñito se había expandido, y mis necesidades, despertado. Y, aunque lo hubiese querido (y lo quería), no podía dar marcha atrás. Ahora no… Sabía que estaba mal, sabía que era un error, pero nada podía hacer, nada ya… Aquella atracción, aquella alegría súbita, aquella indefensión…

Así que, desde la cumbre más alta, salté. Sin paracaídas, sin red. Sólo para aterrizar en sus brazos que me esperaban, y en su corazón, que me daba la bienvenida… Aquella locura que me sacaba el sueño, aquellas leyes que gobiernan la mente en calma y que ya no me eran válidas; todo lo que tiene la sensatez de cuerdo…, nada importaba. Sólo sentir su caricia, oír el timbre de su voz, contemplar el cielo de su sonrisa y perderme en aquel pecho infinito y en aquellas espaldas morenas…

¿Desde cuándo me siento así? No lo sé, pero ya no me importa…

Tipos de Amor/ Concepts about Love.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside

LOVe, por Álvaro Carmona de Nimias Cosas Mínimas

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Il Cuore.

Arte/ Art, Los días idos/ The days gone

Manuale d’amore, Giovanni Veronesi (Italia, 2005).

«El corazón tiene las dimensiones de un puño cerrado y su forma es similar al de una pera con la punta hacia abajo. El corazón es el símbolo del amor, sigue el ritmo de las emociones. Normalmente en una persona adulta el corazón late entre 60 y 70 veces por minuto, pero el de una persona enamorada muchas más; a veces llega hasta 100 sin que ni siquiera se dé cuenta… El corazón es el último en rendirse; continúa latiendo incluso cuando está separado del organismo, incluso cuando nos abandona la persona amada, incluso cuando ya no queremos sufrir más… Porque perdemos su control cuando está enamorado; cuando nuestro corazón late fuerte por otra persona, ya no somos quienes gobernamos, sino él… Este Manual sobre el Amor os guiará sobre las diversas fases de este eterno sentimiento. Es una guía sincera y veraz que no pretende enseñar nada, pero parte de la idea de que algunas personas, cuando están enamoradas, tienen serias dificultades y necesitan ayuda… En este manual se recorren las arterias más cálidas del Amor… El hombre no sabe porqué se enamora; el hombre se trastorna y punto. A veces se vuelve ridículo, a veces confuso; a veces, incluso hasta peligroso… Nosotros os ayudaremos. Si tenéis constancia y seguís este manual hasta el final, llegaréis a comprender muchas cosas sobre el Amor… Ahora, coger el mando a distancia e ir hasta la pista número uno de este CD… Y buena suerte…»

Lawrence Schimel: buena medida/ Lawrence Schimel: Good Measured.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

Bien Dotado es un libro de relatos compilados por su autor, Lawrence Schimel, bajo el prisma de un elemento común: la pornografía homosexual. En la introducción del libro, Lawrence Schimel diserta breve pero muy acertadamente, sobre la literatura erótica de cualquier género, pero haciendo hincapié en cuán importante es para la realidad homosexual, o para el mundo gay, la necesidad de reflejos de sus conductas sexuales, algo de lo que la población heterosexual nunca se ha privado y, por lo mismo, desconoce su necesidad de existencia.

En modo alguno he sido lector de este género literario, de la estirpe que sea. Recuerdo, siendo muy joven, las novelas llamadas best sellers, escritas habitualmente por mujeres (o cuyo seudónimo era femenino), en los que daban rienda suelta a una imaginación erótica que me excitaba pero que, al mismo tiempo, me dejaba frío y me incomodaba. No por su explicitud, más bien pobre, sino porque me revelaban detalles que no me interesaban en lo más mínimo, o que a mí no me importaban en lo absoluto, en la evolución de la historia en la que me encontraba inmerso. Lo mismo me ocurría con las películas, y me sigue pasando en la actualidad. Las escenas sexuales me incomodan, si no me irritan, y siempre me han parecido más el roce de dos trozos de carne que un acto que reverbera la historia sentimental que estoy viviendo. No me gusta que me expliquen todo lo que ocurre con un personaje, ni sus detalles, ni su día a día. Puesto que así no es la vida. La vida está llena de claroscuros, de detalles ignotos que impulsan actitudes y reacciones, y que muchas veces permanecen ocultos para todos, y los personajes de un relato no deberían escapar a ese misterio insondable que nos caracteriza a todos los seres vivos.

Marguerite Yourcenar comentó una vez la difícil singladura de la literatura erótica (del arte erótico en general), que corre el riesgo siempre de no saber en dónde está el límite, subiendo el tono de voz y el color de las acciones hasta rozar el mal gusto. Y no es que la sexualidad sea maleducada; la expresión cruda de la misma, como de todo sentimiento y pulsión extrema, por ser ellas mismas, puede llegar a turbar y perder lo maravilloso que encierran, en aras de una asimilación errónea y de un ansia por comprender y aprehenderlas en exceso racional y pueril. En otras palabras, escribir sobre sexualidad no es fácil ni terreno seguro, la crudeza puede degenerarse y la sutileza tornarse vil en el ansia de retratar como sea ese misterio insondable y que nos toca tan de cerca y que es el roce de una piel hambrienta con su propia piel o con la de ese extraño que es todo aquel al que amamos, aunque ese amor sólo dure un segundo fugaz.

Lawrence Schimel lo sabe y lo clarifica y asume su capacidad y abandera una literatura difícil con gran éxito. Bien Dotado es un conjunto de relatos de pornografía homosexual, o pornografía en cuanto a explicitud sexual, juego y encuentro, desencuentros, pulsiones, ilusiones y deseos; pero va más allá. Y en ese ir más allá es donde la capacidad de Lawrence Schimel brilla en todo su esplendor. En contra de la pornografía audiovisual, sus relatos no se basan en la narrativa sexual, sino que se sirven de ella para mostrarnos personajes complejos, llenos de dudas, de miedos e inseguridades; muy norteamericanos, muy neoyorquinos, muy judíos, pero a la vez universales, con los cuales nos identificamos con extrema facilidad: buscan, se alimentan de ese deseo de amor, de esa necesidad de experimentar y de sufrir, y de esa angustia de olvidar y ser olvidados, de recordar y ser recordados y de dejar huella indeleble en un pensamiento, en una caricia y en un orgasmo que siempre tiene la misma característica: ser insaciable.

Los personajes de Bien Dotado son como nosotros, o como nosotros pudiéramos ser, y viven no por el sexo sino con el sexo, y sus actos son sólo reflejo de tormentas interiores que todos conocemos: religión y fe; desesperanza; abandono; amor no correspondido; infidelidad; deseos reprimidos o descontrolados; actitudes sociales desdibujadas; límites insospechados que carecen de línea divisoria. La sensualidad explícita que Lawrence Schimel imprime en sus relatos consigue el fin de toda pornografía, pero la trasciende en su brevedad: excita sin llegar a cansar, ansía y reinvindica sin rozar el mal gusto o la irrealidad. Y eso nos demuestra que es un escritor de mano templada, que sabe dar en buena medida sensualidad, deseo y vigor al mismo tiempo que profundidad, esperanza y paz a unos personajes que buscan, que buscan siempre, en los meandros de esa jungla de asfalto que es la gran ciudad.

Como el tiempo pasa/ As Time Goes By.

Arte/ Art, Los días idos/ The days gone

Enrique Toribio o la Piel/ Enrique Toribio or The Skin.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Enrique Toribio es un fotógrafo con una habilidad única, y es la de la sensación. Su trabajo está lleno de tacto, escapa la bidimensionalidad y habla, se mueve, se palpa. Acercarnos a sus fotos es encontrarnos de lleno con una historia que a veces se cuela entre los sentidos y otras nos explota en la cara, sin dejar a nadie indiferente. Pero su característica especial, su duende, es lo sensorial, la sensualidad, y la pasión por el placer, el dolor, la desesperanza y la vitalidad. Sus fotos están vivas, trascienden el espacio, y nos tocan de continuo. Son pura piel.

Enrique Toribio has this unique vision about flesh, passion and life. His wok is  a masterful piece of sensuality, pain, troubles and love intertwined, and he plays with light, senses, color an dark with this joyful and passionate universe that flows out of the pictures and touches our senses, our hearts and our own skins. He is the photographer of the Skin, and his work just talks for himself. He’s an artist of light and flesh, making them a divine gift to the eye and soul.

Straight To Number One, Touch and Go.

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Todo de mí/ All of Me.

Música/ Music

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