Enrique Toribio o la Piel/ Enrique Toribio or The Skin.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside
Enrique Toribio es un fotógrafo con una habilidad única, y es la de la sensación. Su trabajo está lleno de tacto, escapa la bidimensionalidad y habla, se mueve, se palpa. Acercarnos a sus fotos es encontrarnos de lleno con una historia que a veces se cuela entre los sentidos y otras nos explota en la cara, sin dejar a nadie indiferente. Pero su característica especial, su duende, es lo sensorial, la sensualidad, y la pasión por el placer, el dolor, la desesperanza y la vitalidad. Sus fotos están vivas, trascienden el espacio, y nos tocan de continuo. Son pura piel.
Enrique Toribio has this unique vision about flesh, passion and life. His wok is a masterful piece of sensuality, pain, troubles and love intertwined, and he plays with light, senses, color an dark with this joyful and passionate universe that flows out of the pictures and touches our senses, our hearts and our own skins. He is the photographer of the Skin, and his work just talks for himself. He’s an artist of light and flesh, making them a divine gift to the eye and soul.
Straight To Number One, Touch and Go.
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Todo de mí/ All of Me.
Música/ MusicLos vídeos de Vodpod ya no están disponibles.
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Los Momentos de Izak/ Izak’s Moments.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ MusicUna mirada fugaz al talento de Izak Amancio, acompañado de la música de cuerdas de Mischa Maisky./ A glance of the immense talent of Izak Amancio, get together with the magic touch of Mischa Maisky‘s chord music.
Adagio in G Minor, Johann Sebastian Bach.
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El Circo del Sol/ Cirque du Soleil.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're livingJorge Ricoy o el Corazón/ Jorge Ricoy or the Heart.
El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside
Jorge Ricoy Gabaldón es un un gran hombre. En todos los sentidos. Nada hay en él que sea pequeño. Sus espaldas de mundo y medio, sus brazos enormes, sus piernas que se clavan al suelo con determinación, y una mirada dulce y un corazón enorme, lleno de cariño, que escapa de su pecho y le llega a la boca.
Jorge Ricoy es un excelente médico, porque es bueno, comprensivo, comprometido, responsable y trabajador. Porque es empático y preocupado; porque ama lo que hace. Y eso lo hace grande. Eso, y ese corazón de atleta que prosigue latiendo, una y otra vez, sin importarle los tropiezos del camino, las decepciones varias, los eternos reveses de lo que llamamos vida.
Es un marido atento y un padre amoroso, un hijo dedicado y un hombre enorme lleno de mimos. Porque a Jorge le encantan los mimos: darlos y recibirlos. Los abrazos, los besos. Y cuando acoge a alguien entre ese pecho de acero y esos brazos infinitos, transmite la energía de las estrellas, porque pocas personas están más cerca de Dios en amor, en cariño, en desinterés y en preocupación que él. Jorge es padre preocupado y amante, y acoge bajo su luz a todo espíritu indomable, herido y necesitado. Jorge Ricoy es un hombre por encima de todo, y es un gran médico precisamente por eso, porque no pierde nunca de vista la integridad, la entidad y el sentido de ser persona.
Sus pacientes son su labor; darles lo mejor de sí mismo, su meta. Y Jorge es aún mejor amigo, porque extiende sus cuidados, sus preocupaciones y sus quehaceres a todos aquellos a los que ama.
Y Jorge Ricoy es amigo mío. Nos conocimos el primer día de trabajo, hace ya diez años, y esa empatía y esa corriente de simpatía ha ido creciendo y fortaleciéndose con los años que han pasado hasta florecer en una amistad que supera las distancias, los ritmos y los cambios. Aún recuerdo una guardia que compartimos en Urgencias, en donde se reveló capaz, eficaz y eficiente: todo lo que siempre he deseado en un compañero de juegos y de la vida… ¡Cuántas cosas han pasado en diez años! Cuántas. Hemos crecido, evolucionado; se ha casado con una mujer excepcional, y ahora es padre de dos niños preciosos, y su ser sigue intacto, más profundo si cabe, y su gran capacidad de dar cariño, exponenciado al máximo y por siempre eterno.
Mi vida no sería igual sin él a mi lado. Yo no sería lo que soy si él no estuviese cerca. Y eso es algo que le agradeceré siempre y siempre tendré en cuenta.
Es un hombre cariñoso, que demuestra su afecto con la generosidad y el desprendimiento de un corazón que late. Porque Jorge Ricoy es muchas cosas, todas buenas; pero, sobre todo, es un hombre todo corazón. Y está de cumpleaños, y desde aquí le saludo, le homenajeo y le digo, como siempre que le veo, que lo quiero desde el primer día, y que ese cariño, gracias a su constancia de jardinero, sigue intacto pese a los años que pasan, y crece, pese a los años que pasan, alcanzando con sus raíces la eternidad.
Emmanuel Pahud: en las alas del ruiseñor/ Emmanuel Pahud: In the Nightingale’s Wings.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music
Emmanuel Pahud (1970) es, quizá, el mejor flautista de la actualidad. Desde su debut a edad muy temprana, Emmanuel Pahud, suizo de nacimiento y única universalidad, ha enaltecido la música para flauta, llevando los clásicos hasta niveles mágicos, alcanzados sólo por los trinos de la naturaleza, remontando su humanidad gracias a las alas del ruiseñor.
Su musicalidad, llena de preciosas delicadezas, rompe el sonido con dulzura y nos transporta, con una suavidad casi inhumana, hasta un mundo más cristalino, más benévolo y, al mismo tiempo, quizá más real que el que habitamos, y nos recuerda que, en el fondo, en el centro de nuestro corazón, somos seres divinos.
Emmanuel Pahud, que ha llevado este instrumento a terrenos como el jazz y otros dominios musicales, con su flauta de oro rosa, nos enseña que no hay límites para el talento ni para la imaginación, y nos atrae con su trinar, y nos enamora y nos abandona y nos recoge y nos eleva y nos devuelve al universo del cual hemos olvidado que formamos parte.
Y, a través de Fantasía: Una noche en la Ópera, en compañía del director Yannick Nézet-Séguin, transforma la voz humana en el bello canto del viento que emana de su flauta, y nos demuestra, una vez más, que el Arte es evocación, es movimiento, es transformación y es, sobre todo o por encima de todo, bello.
Emmanuel Pahud (1970) is the best flautist of our current times. With his gold rose flute, he is capable to transport us to a clear skies, to carry on new sweet adventures, full of soft rain and crystal wings; he, just with the delicate sounds that flow from his flute, transforms dreams into a reality and gives to us the opportunity to fly, with a nightingale’s wings over the whole world that lives within us, and remind to us how beautiful, how tender, how delicate a human soul is.
He came from Switzerland, but actually he’s universal. His music, his gentle touch, that marries with all kind of music, from jazz to classic, is just a sublime example of how powerful, how tender and how passionate human beings truly are, and how near we’re really are from God.
And in Fantasy: A Night at the Opera, with director Yannick Nézet-Séguin, brings to us the joyful of the wind sound of his gold flute, transforming the beautiful arias into a masterfully pieces of novelty, plastic and eternal Art.








