
Así soy yo
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Música/ Music




En el mes del Orgullo, el año pasado, la BBC inauguró una jornada televisiva donde celebraba el aniversario de la anulación de la homosexualidad como delito. Una de las joyas que emitieron fue esta miniserie de dos capítulos llamada: Man in An Orange Shirt, en donde retrataban la vida en los años 40 del S. XX y la vida actual de hombres que deben enfrentarse (sí, aún ahora) a esa pulsión, a esa necesidad de ser ellos mismos por encima de todo.

Porque el verano es eterno, sobre todo en nuestro corazón, Jordi Tello reúne un buen puñado de relatos poéticos (me encanta esta definición pues, estando este blog inundado de ellos, no se me hubiera ocurrido jamás) llenos de calor, sudor, sol, sombras, siestas y sensualidad.
La voz del poeta aborda el lenguaje moderno con tristeza a veces, con cinismo y con ternura y muchas veces melancolía del deseo, y nos transporta a todas y cada una de las situaciones a las que nos lleva el amor, la sensualidad, la amistad, la familia, los sueños y las pesadillas y que conforman ese arte que a veces damos en llamar vida que se vive.
Hay vida en las páginas de Todos los días de aquel verano (y alguno más), en edición muy cuidada de Ediciones Urano. Jordi Tello se distingue de otros poetas que acarician la prosa como Chris Pueyo, por ejemplo, en su visión de la vida poetizada, o de la poesía vivida más bien. En todos los relatos que leemos encontramos un poso de nostalgia por el tiempo ido, a veces desperdiciado, siempre rememorado, al ser conscientes de su fugacidad, de su fragilidad y de su eterno vaivén. Jordi Tello sabe que el amor, cualquier clase de amor, es líquido, informe, incapaz de ser almacenado ni de moldearse. Sabe, además, que la vida es un carrusel de sorpresas y decepciones, de hallazgos deslumbrantes y agudas heridas que nos deja ciegos y doloridos por mucho tiempo.
El verano es el epítome de lo fugaz, de lo bello, de la juventud, de lo fácil. Todos los días de aquel verano nos evoca ese período largo, lleno de promesas, que jamás volveremos a vivir con el mismo desparpajo, la misma inconsciencia, la misma piel sin cicatrices. Jordi Tello habla de cada una de las cicatrices de la vida, doradas por la canícula, con voz directa, intensa, incandescente, llena de una sensualidad excitante y libre, y las acepta, retratándolas, a pleno sol.


